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Mi confesión

Por Luis Alberto Restrepo
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Yo voté por Gustavo Petro Urrego, aunque no propiamente por él, sino más bien contra Rodolfo Hernández (q.e.p.d.), y tampoco contra el mismo Hernández, sino contra lo que el personaje representaba: el pasado de Colombia, las instituciones y personajes que la habían constituido, algunos de muy dudosa reputación, hasta llegar al gobierno de Petro.

Ante lo que para muchos como yo aparecía como una ausencia de verdaderas alternativas, algunos recurrieron al voto en blanco. Sin embargo, queriéndolo o sin quererlo, ese sufragio es un gesto de una pretendida superioridad moral: “yo no soy como los demás, soy mejor”. Además, el voto en blanco es una falta de compromiso con el país, ya que uno de los deberes del ciudadano es decidir por quién vota, así ninguno le convenza. El hecho es que inevitablemente habrá un perdedor y un triunfador y el voto el blanco le cede su papeleta al triunfador. Así, el voto en blanco se convierte en testaferro del ganador.

Y vuelvo al pasado de Colombia. Los tiempos pretéritos del país no son blancos ni tampoco negros, como los ve Petro. Están llenos de luces y sombras, de buenas y malas intenciones, de logros y fracasos. Con todo, en ese largo vaivén hemos construido la Colombia que somos. 

Hemos avanzado con una falla: la gente rica o acomodada siempre creció sobre una implícita visión errada de la sociedad, como si esta fuese una pirámide en cuya cúspide se encuentran los billonarios, y abajo, muy abajo -en la base social- los pobres y los miserables. En la mitad, se hallarían las clases medias: media alta, media-media y media baja. La creencia compartida de las elites, ingenua o interesada, era que, desde la cúspide de la pirámide, se irían derramando dinero, algunas comodidades y el supuesto ‘progreso’. De año en año habría más gente que iría trepando, como alpinistas, pirámide arriba. Y así ha sido en realidad. 

Sin embargo, lo que nunca percibieron, o si lo intuyeron, una de dos: no le encontraron solución a pesar de intentarlo, o -lo que era y sigue siendo más frecuente- consideraban que ‘esas gentes’ -negros, indígenas y campesinos que malvivían en tierras lejanas- carecían de importancia. Nunca se preguntaron por ellos. “Son perezosos, torpes, inútiles…”. 

Así, al ritmo del crecimiento nacional, aumentaban también la pobreza y la miseria, hasta llegar a crear la Colombia actual que, en cuanto a desigualdad social, económica y cultural, ha llegado a ser el segundo país más desigual de América Latina, después de Brasil, y uno de los más desiguales del mundo. Y luego se preguntan: ¿por qué protestan? ¿por qué se tornan violentos? ¡Pues que intervenga el Esmad y que caiga quien caiga! Bien merecido lo tienen!!!

Y todavía nos preguntamos de dónde han surgido guerrillas como el ELN, las disidencias de las exFARC-EP, clasificadas por el gobierno de Colombia como Grupos Armados Organizados Residuales (GAOR). Entre estos se encuentra el así llamado Estado Mayor Central comandado por Iván Mordisco, La Segunda Marquetalia, supuestamente dirigida por Iván Márquez, y otras bandas y grupos emergentes como los Pachencas y sobre todo, el mayor de ellos, el Clan de Golfo.

Con esto, en modo alguno pretendo justificar a los GAOR. Simplemente busco entender y explicar su nacimiento y proliferación actual. 

La violencia está desatada en las ciudades y en los campos. Ya es muy difícil, si no imposible, saber quién asesinó a quién y por qué. Surgen bandas que se disputan el territorio. Hay bandolas más grandes como el Tren de Aragua, surgido y manejado desde Venezuela, y muchas más pequeñas de pequeños ladrones de celulares, que se roban los faros o los espejos retrovisores de los automóviles. En fin, todos los GAOR y los grupos criminales más pequeños se disputan los distintos territorios, haciendo que ciudades y agros colombianos se conviertan en campos de Agramante, donde reina la confusión. 

Hasta allá nos ha llevado la paz total de Petro. Lo que sí le reconozco al presidente es la inclusión de afros, indígenas y campesinos. Ningún gobierno, por derechoso que sea, podrá ignorarlos sin pagar por ello un alto precio. 

Pueden reprimirlos, pero eso sólo logrará que retornen más tarde con violencia.

Luis Alberto Restrepo

Noviembre, 2024

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2 Comentarios

Vicente Alcalá 2 diciembre, 2024 - 8:03 am

Luis Alberto, tu “confesión” complementa muy bien el artículo tan claro de Mauricio Cabrera de ayer. Falta decir ¿cuál es la “reparación de obra”?

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John Arbeláez Ochoa 3 diciembre, 2024 - 8:00 am

Luis Alberto, pensé que ibas a confesar tu despecho por las ejecutorias que ha “realizado” Petro, luego de tu voto por el cambio que él anunciaba y que, los esperanzados por un país mejor, votamos por él. Muy cierto lo que afirmas sobre la indolencia de las élites y su marcada segregación entre las clases sociales. Para muestra, la iniciativa “volátil” de una Paloma confundida en las alturas de su ego familiar para dividir el Cauca entre ricos y nadies… Pero, yo sí confieso mi decepción al haber votado por un verdadero cambio en este país, cambio que poco a poco se va esfumando, como esa paloma que emprende vuelo y nunca regresa…

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