Las izquierdas de todo el mundo tienen una pretensión inalcanzable: cambiar el sistema capitalista por otro ordenamiento económico más humano. Hasta China, que introdujo un capitalismo de Estado y cada día parece abrirse un poco más.
Para adelantar la lucha contra el capitalismo, las izquierdas protestan, se rebelan y luchan contra el sistema, sin que hasta el momento hayan logrado derribarlo y más bien han dejado a su paso innumerables víctimas. El intento más osado y duradero fue el de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que, tras un siglo de guerras internacionales, de incondicional sumisión de sus habitantes al poder, de crueles hambrunas y masacres de su propio pueblo, la trágica ilusión se derrumbó. El borrachín Boris Yeltsin cerró la puerta del imperio y se marchó. Ante su derrota, la potencia dominante, los Estados Unidos, creyó tocar el cielo con las manos y proclamó la vigencia universal de la democracia (Francis Fukuyama). Se trataba, en realidad, de una falsa democracia: la liberación de los mercados de todo el mundo. La globalización y el famoso neoliberalismo, que barrió el Estado de bienestar europeo y la tranquilidad de sus habitantes.
Ante la misión imposible de asaltar y destruir la hidra capitalista, conviene buscar las raíces que la alimentan.
A partir del Renacimiento en el siglo XVI, el capitalismo comenzó a desarrollarse al compás del surgimiento del individuo humano -el Hombre- con sus crecientes e insaciables apetitos. Nació entonces la cultura moderna y, ante sus terribles fracasos -el colonialismo, las dos guerras mundiales- le sucedió la posmodernidad. Que cada uno haga lo que quiera y lo que pueda.
En Colombia, “el libre desarrollo de la personalidad” (propuesto por el magistrado Carlos Gaviria Díaz, de extrema izquierda liberal). Ambos períodos -modernidad y posmodernidad- entronizaron el consumo como prenda de la felicidad. El hedonismo consumista: estrenar vivienda, cambiar de vehículo, nuevo vestuario, celular más reciente, fiestas, restaurantes y… ¡que viva la fiesta!
He ahí las raíces del capitalismo. Esa es la savia que lo nutre. Eso somos nosotros. Y esa lucha sí está en nuestras manos. Es el esfuerzo de cada uno por disminuir su consumo inútil e incrementar el tiempo que se dedica al descanso, la reflexión, la familia, los amigos y la gente más necesitada. La paz del corazón y del bolsillo.
En suma, la vida ha perdido su sentido. Sin tiempo para el descanso, la familia, la amistad, la lectura, la meditación… Y si no, que lo digan Trump y Petro.
Luis Alberto Restrepo
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3 Comentarios
“In medio est virtus” pareciera ser la consigna de la filosofía China actual para poder tener ese avance tecnológico y la calidad de vida que parecieran tener.
Sin embargo, sin muchos alardes, Finlandia desarrolla un estilo de vida muy gratificante para la población con su excelente educación a la niñez y juventud y una posición equilibrada económica y políticamente.
Quizá más que “la vida ha perdido su sentido”, es “el sentido de la vida ha cambiado”. O así por lo menos se observa en los jóvenes. Nosotros crecimos en tiempos de más escasez y desarrollamos unos “sentidos”, que en su momento nos ayudaron. Ahora todos tenemos celular y acceso a las redes sociales, donde mayoritariamente por algún consenso “mágico” se establece una “filosofía popular”, que da “sentido” a la vida.
Buena reflexión, Luis Alberto. Cuando uno observa la “vida” de Trump y Petro, ambos igual de prepotentes y pegados a sí mismos, no los envidia. En estos momentos es cuando más valoro las enseñanzas y ejemplos que recibimos en nuestros hogares y, después, en la Compañía de Jesús, nuestra segunda madre. Aprendimos a buscarle sentido a la vida en lo más profundo de nosotros. Profundamente agradecido con “la Ínfima”.