Bajar los estándares a los funcionarios del Estado da a entender que los pobres no pueden alcanzar la excelencia.
La disciplina es esencial en la educación, así haya diferentes formas de entenderla. Para Aristóteles era un componente central del desarrollo humano, pues a través de la formación de hábitos virtuosos, la capacidad de controlar las pasiones y ser la guía de la razón se lograba alcanzar la excelencia en todas las áreas de la vida.
Kant, el gran filósofo de la Ilustración, afirma que “la disciplina o la crianza transforman la animalidad en humanidad” y que “la disciplina tiene que ser aplicada muy pronto; pues si ello no ocurre, es entonces difícil modificar después al hombre, que luego seguirá todos sus caprichos”. Menciona a los príncipes a quienes no se pone límite cuando niños y luego se convierten en peligrosos tiranos, pero su mayor énfasis está en la convicción de que el verdadero progreso humano radica en el perfeccionamiento de la educación a lo largo de las generaciones.
Es urgente insistir en la disciplina, entendida como condición ineludible para superar los retos y desafíos que presenta un mundo cada vez más complejo y competitivo en todos los aspectos de la vida. No es posible desarrollar un deporte, interpretar un instrumento musical, avanzar en un campo científico o tener éxito en un negocio sin una enorme constancia y todo el esfuerzo y sacrificio requeridos. Si desde la infancia no se adquiere la disposición necesaria para sortear los obstáculos, superar las frustraciones y aprender de los errores, tendremos muy pocas posibilidades de progresar al ritmo de las sociedades que inculcan esto en la mayoría de sus ciudadanos.
La disciplina implica sacrificar muchos impulsos espontáneos y someterse a normas, procedimientos y límites, dentro de los cuales es posible avanzar hacia metas cada vez más ambiciosas. Según Kant, el salvaje es el que vive sin ley, concepto que se extiende a los límites éticos que permiten vivir en sociedad en un clima de confianza mutua. Deportistas, profesionales y científicos progresan en el marco regulatorio de su “disciplina” y eso es lo que da valor a sus logros. Un ciclista no puede poner motor a su máquina alegando que los otros no lo dejan ganar; un científico no puede falsear los datos de su investigación porque está enfermo, ni quien comanda un avión de pasajeros puede cancelar un vuelo porque estaba de fiesta. Y, por supuesto, un gobernante disperso que se rodea de gente ignorante, corrupta o incapaz de cumplir con eficiencia y disciplina sus funciones no puede decir que no lo dejan gobernar.
En su Estudio de la historia, Arnold Toynbee señalaba que los pueblos ubicados en las zonas templadas, donde el invierno era una gran amenaza para la supervivencia, lograron enormes avances tecnológicos y sociales al verse forzados a una estricta disciplina de ahorro y previsión, frente a otros pueblos que no requerían esforzarse para sobrevivir en medio de la abundancia ofrecida por su entorno natural durante todo el año.
Sobrevivir y progresar hoy es imposible a partir de la improvisación. Entender cómo funcionan las instituciones, los conflictos sociales, los procesos productivos, las comunicaciones, las relaciones internacionales, los intercambios comerciales o las implicaciones de decisiones económicas o políticas en el largo plazo, requiere gente muy bien preparada, sin importar si su origen es rico o pobre, urbano o rural. A esto se le llama sociedad del conocimiento.
Bajar los estándares de exigencia en las condiciones profesionales y éticas de los funcionarios del Estado, responsables del destino común, con el argumento de dar oportunidad a los pobres o a quienes están en rehabilitación es estúpido y tramposo, porque da a entender que los pobres nunca podrán conseguir la excelencia en lo que se propongan.
Lo que se debe asegurar es que la educación pública sea de excelente calidad para que todos los niños puedan acceder a las mejores oportunidades de progreso individual y colectivo.
Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia


3 Comentarios
Pacho, tu ya lo sabes: una de las disciplinas bàsicas que necesitamos en la escuela, la famiilia y la comunidad es la del respeto y aceptaciòn del otro (a) como legìtimo otro; con todas las diferencias, pero con la disciplina de verlo como igual, como un tù, no como enemigo, ni como inferior o superior; como compañero y colaborador, no como contrincante ni como del otro bando o nivel despreciable.
Esa disciplina comienza con el lenguaje, las actitudes y los comportamientos.
Totalmente de acuerdo querido Pacho. Es imperativo trabajar y asegurar la calidad de la educación pública.
Más que la disciplina, la auto disciplina para lograr personas autónomas y responsables. Nada de que ” la letra con sangre entra” como nos grabaron a fuego las cartillas de leer de aquellos años…