En el segmento anterior, el Dr. Marco Antonio Villamizar reconocido como una autoridad en el país, nos contó de sus raíces familiares, de sus inicios y motivos para convertirse en médico oftalmólogo y de su viaje con su esposa y su hija al Parque Nacional de Shenandoah, cerca de Washington, con 75000 hectáreas de un bosque cundido de garrapatas.
Es el protagonista de una experiencia personal y profunda que, a su juicio, fue una ECM (Experiencia cercana a la muerte). Le agradezco nuevamente su apertura y su sencilla disposición para contarnos lo que le pasó, lo que vivió y lo que ha significado esa experiencia en su vida.
BN: ¿Me puedes describir lo que experimentaste, cuando estabas en la UCI en el Hospital Prince William, inconsciente y con encefalitis?
Es muy difícil describirlo, porque es una experiencia… indescifrable. Yo escuchaba, pero no era con los oídos; yo veía, pero no era con los ojos. Era un espacio infinito, de un color como una especie de gris con amarillo. Digamos … ¡la belleza! Pero era una belleza que llegaba no sé de dónde. Después, me quería ubicar… Quería ver el horizonte, pero eso no tiene horizonte. Y la sensación global de todo eso era un mensaje que básicamente resume todo: ¡Esto se trata del amor! (Pausa larga)
Así que, si es esto o aquello, más para acá, más para allá, pues… ¡Yo no puedo decir nada! Porque en ese momento yo no tenía ni idea de dónde estaba, ni quién era, ni nada. Es una percepción que no es con los sentidos.
Digamos, tú que eres músico. Hay gente que dice que puede ver la música. Y sí. Hay una cantidad de percepciones que no necesariamente son estrictamente con los sentidos. Eso de que uno tiene un séptimo sentido y, entonces, por allá algo le mueve sin tener ni idea de… por qué… Es, más o menos, una sensación así. Pero es una cosa muy complicada de explicar…
Era la percepción de un espacio infinito, lleno de amor, de paz... No es una percepción auditiva ni visual como tal. Es ese espacio, con ese color. Pero no era que yo estuviera mirando una cosa. No. Pero era absolutamente agradable. Es que la paz lo dice todo. Y, digamos, si uno piensa: “Esta es una paz producto del amor… ¡Yo creo que más de eso no hay nada!
BN: En este momento recuerdo que San Pablo dice que “Ni oído oyó, ni ojo vio… ¿Es algo así?
Pues digamos, por mi manera de ser, por haber sido educado y formado, yo lo interpreto como una experiencia mística, sin duda. Una experiencia mística. Pero, si alguien dice “esto es una experiencia mística”, se pensará que uno es un santo o no sé qué… ¡Pero esto no tiene nada que ver con eso!
Es la sensación infinita, inmensa, de una realidad que no es “dimensionable”. Porque está salido de las dimensiones, está salido de las percepciones que uno tiene con los sentidos. Si uno puede sentir sin los sentidos el amor pues, uno puede haber sentido el amor, pero es que es un amor totalmente distinto. Eso no es un amor de ninguna dimensión física…
En la transfiguración del Señor que narran los evangelios, los apóstoles no se querían ir de ahí. “¿Por qué, Señor, no armamos 3 tiendas: una para ti, otra para Elías, ¿otra para Moisés?” ¡Qué delicia estar aquí! Y era una luz que les invadía.
Yo no podría comparar, es imposible. Yo no tendría ninguna manera de comparar dos eventos así. Para mí, ¡claro, digamos, es una sensación abrumadora… que lo llena a uno; mejor dicho, ¡es sentir el amor infinito! Es eso. ¡Paz, pero infinita!, Una sensación absoluta de sentirse uno querido, amado. No tiene ninguna ubicación posible porque es como ver la infinitud y eso… Yo no sabría cómo definir esas cosas.
Después, cuando ya me fui recuperando, la sensación de estar ahí en el hospital era absolutamente ¡fastidiosísima! Porque no había ventanas, yo no veía nada, no sabía ni dónde estaba realmente ni nada.
Eres médico. ¿Cómo definirías el vivir en ese momento?
Pues, digamos…, es como un paréntesis en lo que uno llama vivir. Ahí comienza un enredo, porque, en realidad, ¿qué es vivir? Yo me acuerdo de que, hablando con el padre Alfonso Llano, él siempre me insistía: ¿usted sigue pensando en el dualismo? Yo no creo que uno sea alma y cuerpo, sino uno es una sola estructura. Pero ahí surgen unas preguntas que son muy complicadas de contestar. Porque nosotros decimos: “se murió”. Entonces, se murió, ¿qué? ¿Todo? ¿De ahí para allá no existe absolutamente nada?
En ese dilema de qué es vida y qué es lo que me toca vivir, suena redundante; pero mi quehacer, es la parte vivencial de todos los enfermos. En ese momento, eso que me pasó, es como un paréntesis.
O sea que, si yo estoy vivo o no estoy vivo, eso, a mí ¡ni se me pasaba por la mente! Porque estar en un espacio en donde el amor lo colma a uno, eso…, ¿que si eso es en la vida? ¡En la vida eso nunca ocurre! Porque nosotros, desafortunadamente, estamos limitados en nuestras percepciones.
Yo trabajo en los ojos, entonces, lo que vemos… ¿Es eso? Comenzando porque ni siquiera estamos viendo lo mismo los dos, mientras conversamos frente a frente… La realidad tuya es la espalda mía. ¿Y esa es la realidad mía? No, no, porque lo que tengo atrás, ni lo percibo. Eso es un espacio indefinible desde el punto de vista de situaciones vitales y que yo pueda decir: esto se parece a esto o aquello, no. ¡En absoluto!
¿Tú crees que eso que experimentaste es la divinidad?
Entender o pretender entender a Dios de manera intelectual…, eso se sale de toda dimensión, ¡porque eso no es posible! ¿Que, si es una manera de haber tenido una vivencia espiritual, digamos…, ¡Sí! Para mí, sí. ¿Que si eso es aplicable a… o que cualquiera lo pueda entender…? Lo que pasa es que uno es producto de una cantidad de experiencias y de cosas… Que la vida mía no es igual a la vida de nadie. Y entonces ahí es bonito lo que decía San Juan Pablo II: la vida es única e irrepetible. Y ahí viene un valor infinito en las vivencias y en la vida.
Hoy en día, con los nuevos telescopios, estamos hablando de… millones de años luz… Y yo, en la dimensión microscópica, dentro de esa dimensión, ¿yo que vengo siendo?
¿Cómo regresaste?
Es difícil describirlo, porque el estado de conciencia no era muy claro. Por eso te digo que el fastidio hacia ese espacio era total. Porque pasar, sí, pasar de un espacio donde el amor es infinito a una cosa que es totalmente… llena de pitos y volver otra vez a estar ubicado a través de los sentidos, de ver, oír, respirar, oler, eso…, ¡Nada que ver!
¿Cuánto tiempo duró eso?
No tengo ni idea. Es una sensación absolutamente atemporal. ¿Que si fue mucho o poco? No tengo ni idea.
¿Cuál es la finalidad de la vida?
El amor. Lo que pasa es que en estas dimensiones nuestras se complica mucho eso. Pero el destino del ser humano es el amor, sin duda, indiscutible. ¿Qué es el amor? ¿O cómo se define el amor? Me parece que hay, digamos, una especie de situación metafórica: los millones de caras que tiene Dios. Es que nosotros estamos, lamentablemente, dentro de nuestra propia dimensión. Pues tenemos que imaginarnos… Dios tiene que ser, por lo menos, similar a nosotros en dimensiones, medidas. ¡Pero esto, es otra cosa…!
¿Hoy, después de esa experiencia, cómo te sientes? ¿Te cambió la vida?
Sí, claro, sí.
¿En qué sentido? ¿Hoy como eres?
Digamos que le hace a uno entender que la vida es como una especie de paréntesis. Es que uno se pone a pensar… Un año o diez años, cien años…, nosotros medimos el tiempo solar. Y es válido; es una experiencia sensorial absolutamente válida; pero es que ese tiempo es únicamente válido y es tan relativo como que, si tú te mueves un poquitico, el tiempo es totalmente distinto al que estaba acá. Pero cuando se ve eso, uno entiende que eso no tiene ningún sentido. El tiempo nuestro es ¡nada!
Bernardo Nieto Sotomayor
Abril, 2025


8 Comentarios
Soy amigo personal de Marco Antonio y de Bernardo, admirador de ambos.
Qué experiencia de vida, qué hito de antes y después tan puntual. Enunciar creencias, sentires, sensaciones inexpresables, pausa de vivir en un sentirse vivo en plenitud, sin saber cómo, ni cuándo, ni cuánto… para despertar regresando a otro plano menos valioso pero con la virtud de ser más tangible… y desconociendo si el ser un ser está en un allá o en un acá…
Toda esta manifestación me plenifica más de dudas que de constancias de quién o qué nos concretó, quiénes somos, para qué somos, y, todo lo que nos rodea, ¿qué función tiene…?
Querido Tavo, amigo de siempre. La experiencia que nos cuenta nuestro amigo Marco Antonio, lo que vivió mientras estaba en un coma profundo es su experiencia (la envidio y anhelo) de paz y amor infinitos, profundamente espiritual y de contacto místico con el amor. Me deja con un profundo sentimiento de agradecimiento por compartirnos eso tan íntimo y tan respetable. Deseo que mi vida y mi conciencia puedan fundirse con esa plenitud, sin ningún temor, pleno de alegría, cuando me llegue el momento de entrar en contacto eterno con el Absoluto, a quien he buscado toda mi vida. Agradezco a Marco Antonio habernos dado un motivo tan valioso para reflexionar e intercambiar nuestra expectativa sobre esta cuestión fundamental para nuestras vidas.
Personalmente, he conocido a tres personas que tuvieron lo que hoy muchos “experiencia cercana a la muerte”. Los tres fueron clínicamente declarados muertos. En uno de los casos varias veces. En dos casos, me relataron sus experiencias y el tercero, un apreciado amigo, aunque muy discreto sobre su experiencia, por su comportamiento posterior, permitió que lo adivinase. Mi interés se despertó al haber leído el libro “Vida después de la vida”, un serio estudio del Dr. Raymond Moody editado en los años 70 y otras de sus publicaciones y haberme interesado por este apasionante tema.
Igualmente, la vida y trabajo de la Dra. Elisabeth Kübler Ross, y sus experiencias como médico en cuidados paliativos en la culminación de su carrera, son muy ilustrativas sobre experiencias cercanas a la muerte.
Existen otros investigadores sobre este tema, pero desafortunadamente, igualmente ha sido manipulado por sensacionalistas en diversos medios con alguna recurrencia desde hace algunos decenios.
Muchas gracias por tu comentario sencillo, claro y erudito. Respeto profundamente la investigación y el esfuerzo serio y concienzudo de quienes han querido profundizar en estos hechos y en lo que significan para quienes los han vivido. Por supuesto que me llaman poderosamente la atención. En lo que narran y expresan quienes han tenido esas experiencias encuentro respuestas muy valiosas a preguntas que nos hacemos muchos sobre lo que puede ser la continuidad de nuestra vida más allá de lo que todos llamamos muerte. Hacer comercio y negocio de la comunicación de estos hechos me parece desvergonzado, simplemente. Pero eso también forma parte de lo que somos en este breve lapso de tiempo en el que transcurre nuestra existencia. Espero y deseo encontrarme al final de mi vida con el amor y la paz absoluta, como me la describe Marco Antonio. Y procuro que mi vida tenga sentido expresando y comunicando mensajes tan poderosos como los que encierra la narración de nuestro amigo. Saludos cordiales.
Bernardo y Marco Antonio, tal como lo dije al leer la primera parte, este testimonio de vida es espectacular por ser una realidad vivida y narrada por un ser conocido por muchos compañeros y amigos de Marco Antonio, y lo que al final me queda como regalo es confirmar que “El Amor lo puede todo”. Gracias de nuevo Marco Antonio y Bernardo por transmitirnos esta bella experiencia de Vida y de Amor. Un fuerte abrazo.
Te devuelvo el abrazo y el agradecimiento, querido Jaime. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Tal como nos lo dice Marco Antonio, tuvo la dicha de encontrarse con la paz y el amor de un modo difícil de dimensionar. Inmenso, total, pleno. ¡Qué dicha tan maravillosa! Nadie le podrá arrebatar esa experiencia y espero que puedas disfrutar, como lo hice yo, de lo que nos cuenta en la tercera parte de esta experiencia, próxima a ser publicada en este blog. Le da pleno sentido a la vida. Felices pascuas, Jaime.
La experiencia de Marco Antonio es válida porque se suma a miles de experiencias cercanas a la muerte recogidas por doctores dedicados a su documentación como el Dr. van Lommel (3,500 sujetos) y el doctor Jeffrey Long (más de 3,700 casos). (+)
Lo más valioso del testimonio de Marco Antonio es que coincide con los miles de testimonios documentados. Primero y ante todo es que hay un registro oficial de que el paciente ha sido clínicamente declarado muerto. Esto quita inmediatamente que sea un “invento o imaginación” de una mente afiebrada por la enfermedad.
Segundo, que él vivió y experimento no tiene forma de compararlo adecuadamente con ninguna experiencia terrenal porque ésta está esencialmente constreñida por el espacio y el tiempo y por los sentidos que operan en esta dimensión que creemos y afirmamos ser la realidad.
Tercero, que lo experimentado supera a todo el dolor, sufrimiento, desesperanza, incertidumbre, o miedos característicos de la vida terrenal común y corriente. Por el contrario, lo que Marco Antonio conscientemente experimento es estar en una dimensión inmaterial en donde el Yo se siente Uno con la totalidad de la Vida y Existencia. Su vivencia coincide con las descripciones de los que han pasado por dicha experiencia dentro de la cual el individuo siente que el alma-consciencia está inmersa en una plenitud de Paz y de Comunión con el Amor que no tiene comparación alguna con lo que vivimos en esta dimensión.
Que esa vivencia de Amor Puro, Total tiene una dimensión de infinitud, de inmortalidad que envuelve completamente al que lo experimenta al punto de no querer volver pues ese estado de Paz Amorosa supera cualquier vivencia de amor terrenal que ya no desea mas.
Pero lo más excelso de todos los que han narrado lo vivido en esa dimensión es la certitud de que es una dimensión real, superior, extraordinaria que abre la puerta a una realidad infinita, inmortal tal como se nos ha sido prometida en las más puras y auténticas Revelaciones del pasado y del presente. Estamos destinados a la Inmortalidad en un estado absoluto de Paz y de Amor incondicional como la realidad más sublime de quienes somos y para qué hemos sido invitados a Existir.
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+ The Handbook of Near-Death Experiences, the Handbook.
Dr. Jeffrey Long, Evidence of the Afterlife, The Science of Near-Death Experiences.
Gracias, Reynaldo por tu comentario. La narración de Marco Antonio me impresionó mucho por su sencillez, su claridad y su humildad. Sin ninguna pretensión diferente al interés que yo, junto con otros compañeros “ex-mortiños” teníamos por conocer eso que experimentó durante su gravísimo estado de coma ocasionado por la encefalitis. Su experiencia espiritual y “mística” de paz y de amor son la esencia de esta comunicación. El amor como razón fundamental de la vida, el servicio, la bondad y el bien que podamos hacer a otros, como razón y motivo primario de la vida. Otros estudiosos e investigadores actuales sostienen que, a través de la meditación, con un adecuado y serio entrenamiento, podemos conectarnos con nuestra “supraconciencia” y con la “conciencia primera”, de la que surge la totalidad de lo que somos y de lo que constituye el universo. Aún debemos profundizar más en este conocimiento, apasionante y que puede responder a las preguntas fundamentales de la vida. Cordial saludo.