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Historias para pensar

Por Samuel Arango
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Nuestro blog está pleno de alegría desde hoy, por contar con este inigualable aporte de José Samuel Arango, que él mismo ha titulado “Historias para pensar” y que iremos publicando periódicamente en nuestro blog. Decimos esto con mucho orgullo porque sabemos que, a pesar de los obstáculos de salud que la vida le puso a José Samuel, él ha salido airoso, recuperando sus facultades. Reconocemos también el esfuerzo que esto ha significado para él, en su plan de recuperación.

Prólogo

Son historias recogidas en los libros, en la calle, en Internet, en el hogar. Son historias que enseñan, que ponen a reflexionar. Positivas, didácticas, impactantes. No es posible identificar a todos los autores, así que en este sentido hay que dar excusas. Pero las historias valen la pena.

1. Aterrizaje

El maestro y su discípulo se encontraban en el campo dedicados a la oración y a las conversaciones edificantes. Ya tarde en la noche apagaron la hoguera y se durmieron. A la madrugada, el maestro se despierta y codea al discípulo.

– ¿Qué ves arriba?, pregunta el maestro.

– Millones de estrellas, maestro.

– Sí, ¿y eso qué significa?

– Pues maestro, si es desde el punto de vista teológico, que Dios es grande y poderoso. Desde el punto de vista de la meteorología, que mañana hará un magnífico día. Desde la astrología, que Júpiter y Saturno convergen.

El discípulo entonces le pregunta al maestro:

– ¿Y usted qué ve, maestro?

El maestro medita un momento y exclama:

– ¡Tonto, que nos robaron la carpa!

(Sherlock Holmes).

2. Punto de vista

Un padre lleva a su pequeña hija a visitar un centro comercial en donde se respira el espíritu de la navidad. Todas las vitrinas están adornadas con motivos típicos de la época. El padre miraba entusiasmado mientras la niñita, al cabo de un rato, empieza a llorar para que la lleven a casa. El padre estaba desconcertado. A todos los niños les gustan los arreglos de navidad, los trineos, los Noel, los pesebres, las guirnaldas, los regalos. La niña ya estaba armando una pataleta. Entonces el papá nota que el cordón del zapato de la niña está suelto y se agacha a amarrarlo para evitar que se caiga. Cuando lo hace, mira hacia los lados y ve que desde esa altura, en las vitrinas, sólo se observan los andamios o paredes lisas, no los arreglos de Navidad.

Entonces carga a la niña y ahora la niña llora para que no la lleven a casa.

(Gonzalo Gallo G)

3. La Carta

Ruth fue a su buzón de correo y solo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla y notó que no tenía estampillas, ni sello del correo. Sólo su nombre y dirección.

“Querida Ruth:

Voy a estar en tu barrio el sábado en la tarde y quisiera verte. Te quiere siempre, Jesús”.

Sus manos temblaban mientras colocaba la carta en la mesa. ¿Por qué Dios querrá visitarme si no soy nadie especial?.

También recordó que no tenía nada que ofrecerle. Pensando en eso, recordó su alacena vacía. “Oh, no tengo nada que ofrecerle. Tengo que ir al supermercado y comprar algo para la cena”

Tomó su cartera que contenía unos pocos pesos, “Bueno, puedo comprar pan y embutidos por lo menos”, se puso el abrigo y corrió a la puerta. Compró un pan, media libra de salchichón y un litro de leche, lo que le dejó con tan solo unos centavos hasta el lunes.

Se sentía bien a medida que se acercaba a su casa, con su humilde compra bajo el brazo.

– Señorita, por favor, ¿puede ayudarnos?

Ruth había estado tan sumergida en sus planes para la cena que no había notado dos figuras acurrucadas en la acera. Un hombre y una mujer, ambos vestidos de andrajos.

– Mire señorita, no tengo trabajo y mi esposa y yo hemos estado viviendo en las calles, nos estamos congelando y tenemos mucha hambre y si usted nos pudiera ayudar, se lo agradeceríamos mucho.

Ruth los miró. Ellos estaban sucios y mal olientes y pensó que si ellos en verdad quisieran trabajar, ya habrían conseguido algo.

– Señor, me gustaría ayudarlos, pero soy pobre también. Todo lo que tengo es un poco de pan y salchichón y tendré un invitado especial a cenar esta noche y pensaba darle esto de comer.

– Está bien, comprendo. Gracias de todas maneras, dijo el hombre.

El hombre puso su brazo sobre los hombros de la mujer y se fueron rumbo al callejón. Ella los miraba alejarse y sintió mucho dolor en su corazón.

– Señor, espere…

La pareja se detuvo, mientras ella corría hasta ellos.

– ¿Por qué no toman esta comida?, puedo servirle otra cosa a mi invitado, dijo ella, mientras les entregaba la bolsa del supermercado.

– Gracias. Muchas gracias señorita. Sí, gracias, le dijo la mujer y Ruth pudo ver que estaba temblando de frío.

– Sabe? tengo otro abrigo en casa; tome éste, le dijo mientras se lo ponía sobre los hombros.

Ella regresó a casa sonriendo y sin su abrigo ni la comida para ofrecerle a su invitado. Se estaba desanimando a medida que se acercaba a la puerta de su casa, pensando que no tenía nada que ofrecer al Señor. Cuando metió la llave en la cerradura notó otro sobre en su buzón.

– Qué raro, usualmente el cartero no viene dos veces el mismo día. Ella tomó el sobre y lo abrió:

“Querida Ruth:

Fue muy agradable verte de nuevo. Gracias por la comida y gracias también por el hermoso abrigo. Te quiere siempre, Jesús”.

(Desconocido)

Continuará….

José Samuel Arango

Abril, 2024

4 Comentarios
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4 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 23 abril, 2024 - 7:07 am

Hermosísimas historias. Muchas gracias.

Respuesta
LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 23 abril, 2024 - 10:37 am

Excelentes, José Samuel. Esperamos las siguientes!

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Humberto Sánchez Asseff 23 abril, 2024 - 10:39 am

Excelente selección y magnífico regalo. La ironía picaresca que se encuentra en los “relatos” de Samuel me traen a la memoria al compañero y amigo de la Compañía de Jesús. Estaré pendiente de los siguientes envíos. Gracias.

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Antonio José Sánchez 23 abril, 2024 - 1:40 pm

Bellos relatos. Me hicieron recordar vivencias relativamente recientes. Estoy seguro que vas a encontrar un sobre debajo de tu puerta que dice: “Querido Samuel gracias por tus relatos. Están haciendo mucho bien entre tus amigos. Te quiere siempre, Jesús”

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