Home ¿En qué creo hoy? Hablando con mis amigos -Con Marco Antonio Villamizar, MD: “Mi experiencia cercana a la muerte”-PRIMERA PARTE

Hablando con mis amigos -Con Marco Antonio Villamizar, MD: “Mi experiencia cercana a la muerte”-PRIMERA PARTE

Por Bernardo Nieto
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Marco Antonio es hijo de la noble y gentil payanesa, Doña María Cajiao Paris y del General del ejército colombiano pamplonés, Marco Antonio Villamizar Villamizar. Es el séptimo de once hermanos, y ha sido siempre “buena persona”, decente, cordial y tranquilo. Nació en Pasto en febrero de 1949, cuando el general prestaba sus servicios en la ciudad. Siempre estudioso, el militar asistió a las aulas de derecho en la Universidad del Cauca. En su casa las labores se distribuían entre todos los hijos y se rotaban bajo la guía de la madre y la sonrisa aprobatoria del padre. Con su familia aprendió valores fundamentales: la lealtad, la verdad, la fe, la responsabilidad, la solidaridad, la fraternidad, el servicio. Es un apasionado de la VIDA y de la familia.

Coincidimos en El Mortiño y en el noviciado de Santa Rosa de Viterbo y, después de muchos años, volvimos a vernos cuando él ya vestía su bata blanca de médico javeriano. Los años de internado en El Mortiño y el fugaz paso por el noviciado los tuvo que asumir con valentía por lo mucho que le costaba la separación de su entrañable y amorosa familia. Ese tiempo, sin embargo, dejó en él una imborrable impronta humanística y de servicio a los demás. 

Marco Antonio es un reconocido y destacado oftalmólogo y es el protagonista de lo que, a su juicio, fue una experiencia personal y profunda conocida como ECM (Experiencia cercana a la muerte). Le agradezco su apertura y su sencilla disposición para contarnos lo que le pasó, lo que vivió y lo que ha significado esa experiencia en su vida. 

“Soy médico oftalmólogo, trabajo en retina y vítreo. Mi interés básico en términos genéricos es la vida: las plantas, las aves, la VIDA. La familia es importantísima para mí. Y, en este momento, las cosas toman un sentido muy distinto después de haber pasado por una situación tan crítica de salud. 

En un momento de mi vida yo no sabía ni qué iba a ser en este planeta. Por recomendación de un hermano mío que trabajaba en una entidad que se llamaba “Estaca” y que después se convirtió en la CAR, hablé con Malú Bruno, una psicóloga que formaba parte de un grupo de investigadores franceses que estudiaban el comportamiento biológico del ganado normando en la altura de Bogotá. En Francia ese ganado vive a nivel del mar y aquí se volvió una de las mejores razas para la altura. Ellos querían averiguar por qué había pasado eso. También investigaban los hábitos sociológicos y los rasgos psicológicos de las comunidades.  

“Malú me hizo muchas pruebas y me dijo: Te conviene ser médico. Tienes una formación humanística muy importante. Y sería una combinación muy interesante porque vas a tener también una formación biológica o médica”. 

Con permiso de monseñor Castro Silva, vinculado a la Universidad del Rosario y al Hospital San José, Marco Antonio pudo pasar unos meses conociendo por dentro el hospital, atendido por profesores y estudiantes de la facultad de medicina de la Universidad del Rosario. 

“Eso me ayudó muchísimo. Me presenté en la Universidad Nacional y pasé. Pero la universidad estaba cerrada por una de sus habituales huelgas y mi papá me dijo: ¡Váyase para la Javeriana que eso es como más organizadito! Pues terminé en la Javeriana a pesar de que éramos vecinos de la Nacional, pues vivíamos en la avenida 28 con 40”. 

Se trataba, también, de estudiar una carrera que no tuviera que ver con los números. Pero tuvo que enfrentarse a las matemáticas más avanzadas por el grupo de compañeros ingenieros al que fue asignado. Así, estudió matemáticas 1, 2, 5, 8, 200…, además de física y química. 

“Terminé los requisitos de las matemáticas más avanzadas. Y la oftalmología es repleta de números, porque la física y la parte óptica tienen sólo números. Y terminé ahí a trancas y mochas…

Con mi especialidad fue un amor a primera vista. Realmente la oftalmología es algo impresionante. Por ejemplo, mirando la retina de un paciente yo le puedo decir a su cardiólogo: “Mira, este paciente tiene una valvulopatía mitral”. Es una cosa increíble. Yo quería una especialidad que fuera quirúrgica, pero que fuera ultra-delicada. La cirugía de la oftalmología es impresionante. Siempre con microscopio, para permitir la minuciosidad con la que se requiere afrontar las heridas o las suturas, porque los “puntos” son 1000 veces menos gruesos que un pelo.

¿Qué te pasó en Estados Unidos?

Nosotros fuimos a visitar a Luli, mi hermana mayor, y a Brad, su esposo, a Estados Unidos. Vivían cerca del Parque Nacional de Shenandoah, de 75.000 hectáreas de bosque. Y eso es cundido de garrapatas. Sin embargo, sólo una de las cuatro clases de garrapatas de esa región puede afectar a los humanos. Las otras garrapatas no tienen mayor problema. En esa latitud, porque es igual en Alemania y en Europa, la garrapata transmite la enfermedad de Lyme, una enfermedad bastante compleja, a través de una bacteria que produce muchos problemas de salud, afecta el corazón y es una afectación multisistémica.

Cuando te pica la garrapata, ¿se siente el piquete? 

No necesariamente, porque la saliva de la garrapata adormece los nervios. Por ejemplo, uno ve un novillo con 500 garrapatas y el personaje no se fastidia porque la saliva de la garrapata hace que la piel quede insensible. Por ese motivo no molesta tanto el piquete de la garrapata. La que se dio cuenta fue Sarita, mi hija. “¡Te picó una garrapata y aquí está!”. El efecto se demoró en aparecer, más o menos, entre 10 y 12 días. Los síntomas no eran muy evidentes. Yo sí me sentía incómodo, pero no tuve fiebre.

Después de un par de semanas ya nos regresábamos para Colombia. Yo tengo la costumbre de que, cada vez que me dan un dulce, le hago un nudo al papel. En el carro, camino al aeropuerto, Sarita me pasó un dulce y yo no le hice el nudo al papel. Entonces Sarita dijo: “Aquí hay algo raro: ¡no le hizo el nudo al papel!”. Luego me preguntó algo y les dijo: “Mi papá está mal porque tiene la mirada distinta”. Brad decidió llevarme al hospital inmediatamente. Y ahí ya no me acuerdo de nada. Cuando llegamos al hospital dijeron que, por la edad y las condiciones, podría tener un accidente cerebrovascular, o sea, una trombosis, una hemorragia cerebral. Después de colocarme los medicamentos, hicieron el TAC y no era un accidente cerebrovascular. Luego me hicieron TAC con contraste y ¡nada! – ¡Se tienen que ir para un hospital de mayor nivel! 

Me llevaron al hospital Prince William a la unidad de cuidados intensivos y me hicieron toda clase de exámenes. En un momento dado, yo quedé fuera este planeta. El diagnóstico fue una encefalitis y quedé completamente inconsciente. 

¿En qué consiste la encefalitis? ¿Cómo se cura y qué pasó contigo? 

La encefalitis es una inflamación del cerebro. Fue producida, de acuerdo con lo que decían los neurólogos, por una situación medio alérgica y no únicamente por la bacteria que transmite la garrapata con la enfermedad de Lyme, como una reacción gigantesca en el cerebro. Es una catástrofe total, porque el cerebro es el que “organiza” la mayoría de las cosas del organismo. Hay acciones que son automáticas y por eso uno no se muere. La respiración, por ejemplo, es totalmente autónoma. El corazón es automático. Pero si sube la inflamación, si se hace más severa, se hernia la amígdala que une el cerebro con la médula espinal y eso produce un paro respiratorio y la persona muere. O sea, que el manejo inicial es importantísimo. Es necesario el soporte vital, porque se va perdiendo el manejo automático en muchas cosas. 

Primero se hacen pruebas serológicas para la enfermedad de Lyme y, luego, antibióticos, antiinflamatorios… Me pusieron dos ciclos de antibióticos específicos para la enfermedad de Lyme y tomaron todas las medidas de soporte con los medicamentos para desinflamar el cerebro. El estado de conciencia era muy precario. ¡Es como si uno se perdiera en la séptima con tercera! Entonces uno dice, ¿esto qué será? Naturalmente que, por el entrenamiento que he tenido, hay una cantidad de cosas automáticas. Y uno, lógico, reconoce que esto es una UCI, un hospital, las enfermeras. 

La recuperación fue muy lenta. Comenzando porque me tocó quedarme en Estados Unidos dos meses. La aerolínea dijo que no aceptaba que subiera al avión, sino con el concepto médico. Los médicos dijeron que en Colombia no hay enfermedad de Lyme y que sería una irresponsabilidad llevar esa enfermedad al país. Yo importaría una bacteria peligrosísima a Colombia. Y no estaba en condiciones. Estaba enfermo y de una enfermedad grave. Hay dolor, pero como el estado de conciencia es tan vago, es más una incomodidad. Después con el tiempo, el dolor de cabeza sí es muy fuerte. 

¿Puede haber parálisis?  

Depende de la parte del cerebro que se inflame. En esta situación se inflamó la parte temporo- frontal. Entonces, se afecta más el afecto, la audición, el equilibrio. Pero depende la zona del cerebro que se inflame.

¿Y tu familia cercana, tu esposa, estaban allí?

Ah, sí. Sarita, mi hija, también. 

¿Qué experimentaban ellos?

 Pues, ¡terrible para ellos! El doctor ya le había dicho a mi familia que era una situación sumamente grave. Y, leeeeentamente, para mí también fue terrible a medida que fui tomando conciencia de la situación. 

¿En ese momento sentías que te ibas a morir?

No. ¡Los demás, sí, claro!

Bernardo Nieto Sotomayor

Abril, 2025

4 Comentarios
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4 Comentarios

Jaime Gerardo Villarreal Gómez 18 abril, 2025 - 9:48 am

Excelente e impresionante entrevista, una experiencia de vida increíble la que vivió Marco Antonio, en el fondo de todo pienso que estuvo la Mano de Dios en cada una de las personas que estuvo a su lado, su hermosa familia, los médicos y en sí mismo, pues para mí a pesar de sólo haber compartido con él 4 años en Nazareth, siempre fue el compañero sencillo y amable. Gracias Bernardo y Marco Antonio por compartir. Un fuerte abrazo.

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Bernardo Nieto Sotomayor 20 abril, 2025 - 1:18 pm

Conversar con Marco Antonio sobre esta experiencia tan íntima y valiosa, me provocó una reverencia profunda, un gran respeto. Él supo poner el contexto de lo que le pasó en su viaje a Estados Unidos, en esta primera parte. En las dos próximas publicaciones que completan la entrevista, Marco Antonio nos narra un hecho que le ha dejado profundas y bellas secuelas en su vida. Muchas gracias por volvernos a encontrar en estas páginas, querido Jaime.

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Gabriel Meneses 18 abril, 2025 - 10:15 am

Un saludo para Bernardo N. y Marco Antonio, quienes recuerdo muy especialmente. Marco A. fue un gran líder scout en El Mortiño y un excepcional ser humano. Terrible experiencia lo de la “garrapata gringa”. Increíbles momentos vividos por culpa de ese animalito intruso.

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Bernardo Nieto Sotomayor 20 abril, 2025 - 1:24 pm

“No hay mal que por bien no venga”, querido Gabriel. Ya verás lo que ese animalito intruso facilitó a nuestro compañero y amigo común, Marco Antonio. Me alegro mucho por leerte en este blog de amigos y compañeros de toda la vida. Te recuerdo gratamente también, desde nuestras épocas de “El Mortiño”. De la pandilla de amigos que fuimos, a este grupo de veteranos que hoy somos, si bien el tiempo ha pasado, nos quedan los lazos profundos de solidaridad, valores y fe que compartimos y valoramos. Literalmente, la garrapata gringa le permitió a Marco Antonio ver y experimentar la paz y el amor más profundo, que cualquiera de nosotros quisiéramos experimentar también. Te mando un gran abrazo, querido Gabriel.

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