Las instituciones educativas tendrán que reinventarse para poder sobrevivir en un mundo que las necesita más que nunca.
Lo que hace cinco años era una preocupación aislada, hoy se ha convertido en un fenómeno que parece irreversible: la demanda de educación formal se ha reducido de forma dramática. Esto, que es resultado de fenómenos demográficos, económicos y culturales todavía poco claros, ha provocado el cierre de centenares de sedes o instituciones educativas tanto públicas como privadas en los últimos años.
La clausura de colegios privados de muy reconocido prestigio y tradición en diversas ciudades ya se ha convertido en una rutina, mientras el cierre de decenas de sedes de instituciones oficiales se hace evidente cuando se circula por sectores rurales en los cuales edificaciones escolares, relativamente grandes, permanecen vacías.
La semana pasada se anunció que el Gimnasio Campestre y el Marymount, dos colegios de amplia tradición y preferencia para las élites de la ciudad de Bogotá, se fusionarían en una sola institución. No está claro si la decisión se dio por el descenso de matrícula y la necesidad de fortalecimiento financiero, por razones pedagógicas relacionadas con el tránsito de educación segregada hacia la educación mixta o por una combinación de factores que incluyen juiciosos estudios sobre los cambios necesarios en los modelos educativos vigentes.
Parece que hay gran descontento de parte de muchas familias que sienten que se está traicionando el espíritu de estas instituciones que por cerca de ocho décadas habían ofrecido proyectos con una identidad específica que ahora queda amenazada.
Este es un punto muy interesante de analizar, pues poco se habla de la importancia que tiene la construcción de una cultura escolar que se va afianzando a lo largo del tiempo en forma de rituales y tradiciones y que, más allá de los currículos explícitos, los planes de estudio o las mil arandelas que se ofrezcan como ganchos de mercadeo, constituye el verdadero currículo oculto, ya no solo de un colegio, sino de comunidades enteras que a lo largo de los años comparten relaciones, valores y creencias fundamentales adquiridas desde la infancia.
Colegios como los mencionados son capaces de formar verdaderas cofradías que se reproducen a partir de asociaciones de exalumnos, aportes económicos, matrícula de los hijos de exalumnos, reuniones periódicas de las promociones de graduados, comunicaciones con la comunidad extensa, festividades, etc.
Tal vez por esto los colegios y las universidades no han aprendido a comportarse como otras empresas privadas que siempre están generando fusiones, alianzas, integraciones, compras y ventas accionarias o creación de proyectos y negocios compartidos. Si bien se trata de negocios, no suelen desarrollar estrategias propias de este tipo de empresas. Esto quizás se deba a que durante los últimos cincuenta o sesenta años tenían asegurada su clientela y, además, podían darse el lujo de seleccionar a quiénes admitían y a quiénes no.
También podían, en el caso de los colegios privados, establecer costos y condiciones con la certeza de que habría demanda para todos los modelos posibles. Hoy las cosas han cambiado y es importante comenzar a pensar en nuevas estrategias que permitan al mismo tiempo asegurar la sostenibilidad y elevar significativamente su nivel de calidad, haciéndolas verdaderamente atractivas.
En el mundo actual muchas cosas han tenido que cambiar. Las grandes salas de cine desaparecieron y se convirtieron en pequeños teatros en los centros comerciales. Los circos populares que llenaron las ilusiones de millones de niños durante décadas desaparecieron, dando paso a espectáculos sofisticados como el Circo del Sol.
Ahora les está tocando el turno a los colegios que tendrán que reinventarse para poder sobrevivir en un mundo que los necesita más que nunca, como espacios contra la soledad y la desesperanza, así como para aprehender el mundo con las manos.
Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia


2 Comentarios
Se vaciaron los monasterios y los conventos, se vaciaron los colegios, se vaciaron las logias…Y poblados enteros se han vaciado poco a poco…Como diría el poeta: “qué soledad tan sola”…
Muy serio y profundo el análisis, y muy necesario el llamado para encontrar nuevos caminos.