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El Icetex y los retrocesos del progresismo

Por Francisco Cajiao
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La educación siempre ha sido un tema preferido por este blog. Por la naturaleza de muchos de nosotros, por la importancia que tiene para el progreso del país. Porque es unos de los derechos fundamentales del ser humano. En esta semana, dos de nuestros colaboradores estrella dedican sus contribuciones a analizar críticamente el funcionamiento del ICETEX como organismo clave destinado a asegurar la educación superior de los colombianos.

Las dificultades presupuestales para 2025 amenazan las oportunidades de miles de jóvenes que dependen de créditos y becas. En medio de promesas incumplidas y polémicas decisiones, el debate sobre el acceso a la educación superior está más vivo que nunca.

En los últimos días se ha conocido que los recursos del Icetex para el año 2025 están seriamente comprometidos, por lo cual no parece claro si se abrirán nuevas convocatorias o habría modo de cumplir los compromisos ya adquiridos con miles de jóvenes que sin esos créditos o becas tendrían que suspender sus estudios.

El ministro de Educación declara inicialmente que ese no es su problema, ya que el Instituto no depende de su cartera, aunque él preside su junta directiva. Luego dice que el responsable es el ministro de Hacienda, quien responde que los recursos presupuestales se asignan a educación y ese ministerio los gestiona a sus entidades adscritas. Se señala que el representante del ministro en la junta es un enemigo declarado de la institución y, como si fuera poco, se propone convertirlo en un banco de carácter privado en el gobierno de lo público. Finalmente se asegura que sí habrá dinero para los que ya están estudiando, pero no para nuevas convocatorias. Todo esto, y más, en solo una semana de brillante gestión ministerial.

Lamentablemente, muchos colombianos desconocen qué es el Icetex (Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior) y la función que ha cumplido desde su creación en 1950, bajo la iniciativa de Gabriel Betancourt Mejía, quien buscaba proporcionar acceso a la educación superior a estudiantes de escasos recursos y facilitarles la posibilidad de estudiar tanto en Colombia como en el exterior. De igual manera se pretendía estimular la formación técnica indispensable en el proceso de modernización del país —el SENA se creó siete años más tarde— y facilitar el acceso a estudios altamente especializados que por aquel entonces solo eran posibles en el exterior.

Vale recordar que en ese momento la educación superior era de muy difícil acceso para los sectores menos favorecidos, como sigue siéndolo en la actualidad, a pesar de los miles de promesas que cada aspirante a gobernar hace para conseguir el favor de los jóvenes y sus familias en las urnas.

Inicialmente, el ICETEX operó como una entidad privada sin ánimo de lucro, hasta que en 1968, mediante la Ley 19, se transformó en una institución pública, lo que le permitió expandir su alcance y consolidarse como un pilar del sistema educativo colombiano. Desde entonces, ha evolucionado con el objetivo de adaptarse a las necesidades educativas y económicas del país. Desde su creación ha financiado los estudios de más de 5,3 millones de estudiantes en Colombia. Esta cifra incluye a beneficiarios de créditos propios y de fondos administrados por la entidad. Solo entre 2018 y 2021, 4,22 millones de estudiantes fueron apoyados a través de fondos administrados, mientras que 1,08 millones accedieron a créditos propios.

La educación superior a partir del 2000

En el 2000, la cobertura neta de la educación superior en Colombia era del 13,8 %. Esto reflejaba una muy baja capacidad de acceso a la educación superior en comparación con otros países de la región. En 2010, países como Argentina y Uruguay tenían coberturas del 75 % y el 63 %, respectivamente, mientras que Colombia alcanzó el 37,1 % en ese mismo año y para el 2024 se estima que puede estar en el 51 % o el 52 %, en el mejor de los casos.

De acuerdo con cifras oficiales de la entidad, en las últimas dos décadas, el ICETEX ha otorgado más de 1,5 millones de créditos educativos. Durante este tiempo, el número de beneficiarios y el monto desembolsado han crecido significativamente. Por ejemplo, en 2010 los créditos representaban cerca de 1,5 billones de pesos, mientras que para 2023 esta cifra superó los seis billones. Esta tendencia está asociada al incremento de los costos educativos y a la necesidad de contar con educación superior en el país.

Con estos datos y teniendo en cuenta que más del 70 % de los beneficiarios proviene de familias con ingresos inferiores a dos salarios mínimos, es fácil entender la importancia que ha tenido esta institución en el desarrollo del talento humano del país, máxime cuando la educación superior pública cubre un poco menos del 50 % de la matrícula total, incluido el Sena, que representa casi el 20 %, de manera que muchos de quienes aspiren a completar una carrera profesional universitaria forzosamente deben buscar alternativas en el sector privado.

Todos estos méritos institucionales no eximen al Icetex de problemas en sus mecanismos de crédito que han desbordado en muchos casos la capacidad de pago de los deudores y han obligado a revisar a fondo su estructura financiera, lo que se viene haciendo desde hace varios años.

La incoherencia del Gobierno

Bajo estas circunstancias y en este contexto, el gobierno actual prometió crear universidades y construir más de treinta sedes, crear 500 000 cupos nuevos, gratuidad total en todas las instituciones públicas, incrementar el presupuesto a las universidades para resolver problemas de déficit estructural, vincular con contratos indefinidos a todos los profesores, incrementar los recursos del bienestar universitario y reformar la Ley 30 que regula la educación superior, entre otras cosas. Además, se ofreció a reformar el Icetex, rebajar los intereses a los deudores y condonar las deudas pendientes.

De todo esto se ha cumplido muy poco, entre otras cosas por la ineptitud de quienes han tenido a su cargo la dirección del ministerio. Desde el inicio era claro para cualquiera que supiera sumar y restar que la meta de 500 000 cupos nuevos no era posible financieramente y mucho menos, sin contar con la capacidad instalada de las universidades privadas. De mil maneras se ha dicho que hacer una universidad es algo muy diferente a construir un edificio, lo cual ya es de enorme dificultad en el sector público y eso lo debía saber el presidente Petro, que había pasado por la vergüenza de no hacer ni el 5 % de los preescolares y colegios que ofreció en Bogotá.

El problema ahora no se limita a incumplir las promesas de educación pública gratuita y de excelente calidad, o a cumplirlas en un porcentaje muy inferior a lo que han hecho otros gobiernos con menos alharaca. Una cohorte de bachilleres acaba de terminar su año escolar y de ellos solamente unos pocos encontrarán cupo en las universidades públicas (no siempre los más pobres, porque el sistema selecciona por mérito), mientras muchísimos más no tendrán ninguna alternativa dado que sin una fuente de crédito educativo accesible, sus familias no podrán llevarlos a donde sí hay cupos disponibles. Entonces el cuento de la gratuidad se vuelve casi un chiste, porque solamente será para quienes, desde antes, ya pagaban muy poco y solo favorecerá en serio a los más adinerados, que en teoría pagaban matrículas altas en las universidades públicas de alta calidad.

La última paradoja es que en vez de un instituto de crédito reformado con mecanismos aceptables de pago, con libertad para condonar deudas, con herramientas para administrar becas y fondos de las regiones o las empresas, ahora se propone un banco fondeado con recursos del sector privado, en el

cual —si es que se trata de un banco— su fin primordial será generar utilidades. Para este propósito, el señor ministro de educación puede consultar todas las líneas de crédito educativo que desde hace décadas ofrecen los bancos comerciales del país, pero si se trata de abrir puertas, de garantizar el derecho a la educación superior y de ofrecer a los jóvenes que acaban de terminar su educación media una oportunidad para continuar su trayectoria educativa, no parece razonable decirles que esperen con paciencia hasta que el Gobierno haga unas grandes universidades públicas gratuitas en vez de permitirles aprovechar los cupos disponibles que sí están dispuestos a pagar.

Francisco Cajiao

Publicado en Razón Pública

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2 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 10 diciembre, 2024 - 7:29 am

Pacho; Ciertamente las promesas, como tu lo dices, SON SOLO UN CHISTE: Saludos. Hernando

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Daniel Romero 18 diciembre, 2024 - 9:11 am

Pacho, muy grato encontrar personas tan expertas en el medio Educación. Disfruto mucho tus opiniones. Un abrazo.

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