Desequilibrio Externo

Por: Mauricio Cabrera Galvis
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Ante las grandes fluctuaciones del precio del dólar, que ya se cotiza cerca de los $4.100,  nadie se atreve a pronosticar si va a seguir bajando o volverá a subir. Yo tampoco.

Lo que sí es posible es examinar lo que los economistas llaman los “fundamentales” de la tasa de cambio, es decir los factores reales que inciden en las tendencias de largo plazo del precio de la divisa. 

Uno de ellos es el balance de las transacciones de bienes y servicios con el exterior que se resumen en la cuenta corriente de la balanza de pagos (CCBP); el otro es el balance de los flujos de entrada y salida de capitales que determina el endeudamiento neto del país con el exterior. Son las dos cuentas que conforman la oferta y demanda de dólares.     

Compramos afuera más de lo que vendemos.

En la CCBP el país viene registrando saldos negativos desde principios del siglo, llegando el año pasado a un máximo de USD 21.500 millones, equivalentes a 6.2% del PIB. Este déficit significa que estamos importando más bienes y servicios de lo que exportamos, es decir que la demanda de dólares es mayor que la oferta. No hay duda que esta es una de las razones que impulsó el aumento del precio del dólar hasta $4.800.

En 2014 y 2015 el país había registrado unos déficits en la CCBP similares a los del año pasado, pero con una diferencia muy importante, pues en esos años se acabó la bonanza petrolera y el precio del crudo cayó de 100 a menos de 40 dólares por barril. Por el contrario, el año pasado los precios del barril de petróleo fueron otra vez cercanos a USD 100, de manera que el déficit se produjo por el enorme crecimiento de las importaciones que llegaron a un máximo histórico de USD 72.000 millones.

Sin embargo, el primer trimestre de este año hubo un cambio de tendencia y el déficit de la CCBP se redujo a USD 3.422 millones (4.2% de PIB), mientras que en el mismo período del año anterior había sido de USD 5.372 millones (6.2% del PIB). En otras palabras, se redujo un poco el exceso de demanda de dólar, lo que disminuyó la presión alcista en el mercado y debe haber contribuido a la caída del precio de la divisa.

La mala noticia es que esa mejoría no se dio por un aumento de las exportaciones sino por la caída de las importaciones. Hasta abril, las exportaciones mostraban una disminución de 11.8%, producida por los menores precios del petróleo, la caída de la cantidad de café exportado y de los productos manufacturados (-3.1%) que no han reaccionado todavía al estimulo de la devaluación del peso.

En cuanto a las importaciones, cayeron 13.2% por las menores compras de materias primas (-17.0%) y de bienes de capital para la industria, mientras que las compras de bienes de consumo se mantuvieron casi iguales, con algunas excepciones como los textiles y prendas de vestir que sí disminuyeron cerca del 30%. Esto significa que el desplome de las importaciones no se dio por la devaluación, sino por la desaceleración de la economía y por la caída de la producción que requiere menos materias primas. Así sucedió en la gran recesión de 1999.

La prosperidad al debe

Cuando alguien gasta más de lo que tiene, o cuando un país compra en el exterior más de lo que vende, alguien debe financiar ese déficit; cuando esto se repite por años, el país va acumulando pasivos con el exterior que lo van haciendo más vulnerable a las fluctuaciones de los mercados de capitales internacionales.

Colombia ha tenido la fortuna de contar con abundantes fuentes de financiación externa que le han permitido cubrir su déficit en la CCBP. De una parte, recursos de inversión extranjera directa que en lo corrido del siglo, suman USD 227.000 millones, de los cuales el 38% ha ido para hidrocarburos y minería, el 16% para el sector financiero y el 15% para la industria. El sector agrícola solo ha recibido el 1.6% de ese total. 

La otra fuente de financiación han sido los créditos externos por valor de USD 151.000 millones, de los cuales el sector público ha recibido el 56% y el privado el restante 44%. En consecuencia, como proporción del PIB, la deuda externa del país pasó del 36% al 55%.

Por supuesto, en economía no hay almuerzo gratis, y hay que pagar por esos pasivos externos. En el período los inversionistas extranjeros han recibido dividendos por un valor de USD 166.000 millones (casi el 75% de lo que invirtieron), y por intereses se han pagado USD 82.000 millones. Estos dos rubros se contabilizan dentro de los egresos de la cuenta corriente y explican parte del déficit.

Por supuesto, además de acumular pasivos con el exterior, los residentes del país también adquieren activos en el exterior. Los colombianos han invertido cerca de USD 73.000 millones en empresas extranjeras y otro tanto en bonos y fondos de inversión internacionales; además, el Banco de la República ha acumulado reservas por USD 58.000 millones.

De todas maneras son más los pasivos que los activos externos del país, por lo que es negativa la posición de inversión internacional neta. Como se observa en el gráfico, es negativa en USD 180.000 millones. No es extraño este valor, dados los déficits de la CCBP de este siglo, pero sí es alarmante el ritmo de crecimiento, toda vez que a principios del siglo era de solo USD 25.000 millones.

Más allá de lo números absolutos, lo que importa para un país -como para cualquier deudor- es su capacidad de pago. Utilizando un indicador que no es muy preciso porque mezcla un saldo (las reservas internacionales) con un flujo (los ingresos anuales por exportaciones), pero sí da una idea de los recursos con que cuenta el país para atender sus pasivos externos, se puede observar cómo ha aumentado la vulnerabilidad externa del país, pues de un nivel de 1.15 al principio del siglo, ha bajado hasta 0.62.

La continuidad de la estabilidad macroeconómica del país y su tradición de buen deudor que nunca ha incumplido sus pagos, han permitido que se financien los crecientes déficits de la Balanza de Pagos. Hacia el futuro es indispensable mantener esas condiciones, pero también se requiere un gran esfuerzo de los sectores público y privado para aumentar las exportaciones y sustituir importaciones de manera que se disminuya el déficit y se requiera menos financiación. 

Mauricio Cabrera Galvis

Junio, 2023

Artículo publicado en la revista CAMBIO, Colombia

1 Comentario

JUAN GÓMEZ 28 junio, 2023 - 9:11 am

Muy claro y educativo. !Gracias!. Reversar la tendencia será lento y costoso, requiere mayor inversión (por ejemplo para mejorar la producción agrícola que reduzca, al menos, las importaciones de alimentos y materias primas relacionadas), y sobre todo la educación que no solo permita una mayor uso de la tecnología, sino menos corrupción. La ineficiencia y corrupción (hermanas siamesas), son quizá las mayores barreras al desarrollo.

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