Home ¿En qué creo hoy? Crónicas de arriba desde abajo – El Dios del espacio y el espacio de Dios 

Crónicas de arriba desde abajo – El Dios del espacio y el espacio de Dios 

Por Alberto Echeverri
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Que Dios esté en todas partes es una idea que gusta a muchos de nosotros. Más todavía, Dios sería el todo y toda la realidad, aun aquella posible, sería Dios. Cosas de filósofos, diría alguno. Sin embargo, este tipo de invasión de la divinidad no parece sorprender al mundo del siglo XXI. 

El buen Dios tendría los rasgos de un ser sideral que vive en todas partes y, al mismo tiempo, en ninguna parte. En suma, un Dios sin espacio porque, afirman los simpatizantes de esa teoría, no puede tener un cuerpo físico. 

El Evangelio nos muestra una realidad absolutamente diversa. Jesús de Nazaret encuentra a Dios, ninguno distinto de su Padre, presente en todos y en toda la realidad. El mantiene los lirios del campo y los pájaros del cielo: obvio, a través de la colaboración del hombre que crea las condiciones para que continúen con vida. Pero Jesús halla a Dios en el interior de toda mujer y todo hombre, porque aquello que llamamos espíritu resulta no ser otra cosa que la presencia del Espíritu en cada uno de nosotros.

Lo que significa que hay un espacio que compete a Dios. El espacio de Dios está poblado por los seres humanos. Y por sus obras. Sin El, aquello que llamamos la realidad simplemente no existiría. En conclusión, hay que respetar el espacio de Dios, la mujer y el hombre vivientes, y los seres que los rodean. Aquellos y estos no viven en un lugar sagrado, como prefieren afirmar tantos: ese sería un espacio para Dios. Del que Él, el Santo, no tiene necesidad, porque el Señor, al menos el Padre de Jesús, se niega a ser manipulado.  

Quizá lo exprese mejor un místico alemán del siglo XVII, Johannes Scheffler[1]: “¡Oh ser incomparable! Dios está del todo fuera de mí, / y también del todo en mí: todo, allí y todo, aquí”. Y para otros gustos, el sevillano Antonio Machado, del siglo XX[2]: “Todo hombre tiene dos / batallas que pelear: / en sueños lucha con Dios; / y despierto con el mar”. 


[1] El peregrino querúbico, IV, 154.

[2] Proverbios y cantares, XXVIII.

Alberto Echeverri

Enero, 2026

8 Comentarios
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8 Comentarios

Rodolfo R. de Roux 12 enero, 2026 - 3:51 am

Alberto, son muy atractivas tus sutiles reflexiones teológicas que suponen, sin embargo, la previa aceptación del dogma de la Trinidad, formidable “salto de fe”. Que sigan tus crónicas celestiales removiendo nuestros terrenales cerebros.

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Alberto Echeverri 25 enero, 2026 - 5:31 am

Lo del salto de fe, Rodolfo, depende de la experiencia de vida. En mi caso euto del encuentro. De muchos encuentros. Un abrazo.

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Hernando+Bernal+A. 12 enero, 2026 - 6:28 am

Alberto: Muy hermosa y muy cierta tu reflexión sobre el lugar de Dios en nosotros y de nosotros en Dios. Gracias. Hernando

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Alberto Echeverri 25 enero, 2026 - 5:32 am

Estimo mucho tu comentario, querido Hernando. Con un abrazo.

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Julio Hidalgo 12 enero, 2026 - 7:09 am

Gracias por este aporte que me ha hecho pensar y reflexionar sobre el pensamiento y actitudes frente a la concepción de Dios en este momento de la historia.

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Alberto Echeverri 25 enero, 2026 - 5:33 am

Muy gentil por esa conclusiòn, Julio. Un abrazo.

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John Arbeláez Ochoa 12 enero, 2026 - 8:19 am

Alberto, me gustaron las dos batallas, con dios y con el mar, pero la más dura de todas: con tu propia interioridad…

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Alberto Echeverri 25 enero, 2026 - 5:21 am

Asìi sea, John. Un abrazo.

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