Home Cultura Bobadas dialécticas 

Bobadas dialécticas 

Por Hernando Bernal Alarcón
194 vistas
Download PDF

La presentación que sobre “lo que somos como país” nos hizo Germán Puyana el pasado jueves 7 de Diciembre, nos lleva a realizar una autocrítica sobre las realidades que somos y que proyectamos hacia el mundo. 

No es discutible la tacha que existe sobre el poco respeto por la propiedad ajena que se traduce en el calificativo de “colombianos ladrones”, frecuente en muchas oportunidades. Sin lugar a dudas, el narcotráfico y la figura desmesurada de Pablo Escobar son una nota permanente en la configuración de la imagen del colombiano hasta en las regiones y países más remotos del mundo.

Las guerrillas, los paramilitares, las masacres son otros de los elementos que promueven la característica de “violentos”, traducida en películas, series televisivas y artículos de opinión de los medios de comunicación global. Y así sucesivamente como ocurre con muchas de las características derivadas de los paros, el debacle del tráfico ciudadano, la inseguridad en las calles de nuestros barrios, los robos tanto financieros como a mano armada, planeados con estrictas medidas de eficiencia, los feminicidios que se multiplican y afectan aún a menores de edad, la prostitución infantil en nuestras ciudades costeras, los índices económicos de las diferencias protuberantes entre ricos y pobres, el incremento de la informalidad ocupacional, y demás indicadores que producen las agencias internacionales para establecer los rankings de desarrollo de las sociedades. 

Pero, como fue el resultado posterior a la discusión con Puyana, también es cierto que sobre los colombianos existen imágenes enormemente positivas, derivadas ellas de los grandes éxitos de muchos de nuestros compatriotas como García Márquez y Fernando Botero en el campo de la literatura y de las artes, de nuestros deportistas que se proyectan con enorme potencialidad en los eventos internacionales y mundiales, de nuestros académicos que logran aceptación y reconocimiento en contextos de excelencia educativa, y de nuestros profesionales que acceden  a posiciones directivas y de enorme responsabilidad en la gestión de organismos nacionales e internacionales. 

Se suma a esto la trayectoria institucional de nuestra democracia. A pesar de las situaciones de conflicto predominantes en los dos siglos de país independiente, la seriedad del manejo de la economía en el ámbito de los escasos recursos financieros y de la generación limitada de capitales, nuestra vocación agropecuaria, el gran impacto de nuestros productos alimenticios y de la provisión de otros bienes y servicios; la solidez y trayectoria innovadora de muchas de nuestras empresas, y muchas otras condiciones de reconocimiento que, en el contexto de naciones emergentes nos ubican en posiciones privilegiadas, aunque de mediano posicionamiento internacional. Súmese a todo esto también, nuestra riqueza y diversidad biológica, geográfica, física y cultural que nos posiciona entre los países de enorme atracción tanto para el turismo, como para la inversión foránea.

La autocrítica ha sido necesaria y afortunada y es conveniente profundizarla como mecanismo para la superación de muchos de nuestros problemas y como aporte para el diseño del futuro de nuestra sociedad.

Sin embargo, yo como sociólogo pienso que sería necesario elaborar un instrumento de análisis que nos permitiera superar el enfrentamiento, el dualismo y la polarización que nos caracteriza, y que solo sirve para agudizar, en lugar de solucionar nuestros problemas.  

Ciertamente tengo que reconocer que no soy un sociólogo dialéctico, es decir, de aquellos que dogmatizan que solo mediante la dialéctica marxista se puede lograr una “justa y apropiada” visión y un contundente análisis de la realidad social. Prefiero el análisis positivista y cuasi-experimental de los factores sociales. 

Aunque reconozco el enorme valor que tiene el enfrentamiento dialéctico para acelerar los procesos de cambio social, tiene también un valor aniquilador, con resultados negativos y calamitosos, si no se le añade un componente constructivo, capaz de adoptar, modificar y complementar la lucha revolucionaria. Tal el caso de la China de Mao, que solo a finales del siglo XX comprendió la necesidad de incorporar los principios de construcción y reproducción del capital para construir desde el estado, las nuevas realidades que la están proyectando hacia un liderazgo económico mundial.

Ahí es donde yo veo el enorme impacto que tiene una posición como la de Mariana Mazzucato, que propicia el paradigma del diseño e implementación de “misiones”, a lo Kennedy, como herramienta indispensable para el manejo y construcción de las nuevas realidades. Pero hacerlo solo ocurre si se disminuye el verbalismo dialéctico y acusador que acentúa en forma irreverente e irracional la dialéctica dogmática de los que predican solo la lucha de clases, dentro de una arcaica y superada visión marxista/leninista. 

Pueden ser “bobadas mías”, pero pienso que no se está logrando el camino de cambio con análisis objetivos y búsqueda sincera de acuerdos  como las que predominan en la dirección de planeación nacional, pero que no se vuelven prácticas desde el alto gobierno. Todo lo contrario. En la acentuación de las contradicciones, cada vez nos alejamos más del camino  real y adecuado para el “enriquecimiento”, para el logro de la calidad de vida, para la incorporación de tantos ciudadanos marginados y la solución real de los problemas de la desigualdad e injusticia, que estoy seguro una gran mayoría quiere sinceramente alcanzar. Si predomina el “complejo de Adán” y si prevalece el sentido de aniquilación, todo lo existente es abominable y es indispensable destruirlo para “comenzar de cero”.  

Sindéresis, sería la palabra final, si realmente se quieren construir nuevas y más adecuadas condiciones para el cambio que tanto necesitamos; esto será imposible si solo predomina el “resentimiento” como única pauta de la acción política.

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

4 Comentarios
0

También te gustara

4 Comentarios

Vicente Alcalá 18 diciembre, 2023 - 6:56 am

Hernando, frente a la realidad social que dibujas con trazos realistas, también podemos percibir el amor de las madres, la responsabilidad de los padres , el deseo de estudiar de niños y jóvenes, el trabajo honrado de campesinos, obreros, empleadas, profesionales de tantas especialidades, el esfuerzo de superación de la mayoría… realidad diálectica de la otra. Misterio de lo humano y de la historia. Gracias y vamos pa’delante !

Respuesta
LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 18 diciembre, 2023 - 10:47 am

HERNANDO. Plenamente de acuerdo contigo. La necesidad más imperiosa en esta época es la de volver a crear valores. Y esto, a nivel mundial. Son ellos los únicos que mueven a obrar con respeto a sí mismo y a los demás, con acogida espontánea al otro en vez de desconfianza instintiva, con solidaridad sentida (compasión) y no tendencia espontánea a abusar o aprovecharse del otro, etc.
El gran problema por resolver es quién, cómo y cuándo hacer algo concreto para que no se quede en formulaciones muy bonitas, en simples deseos.
A mi juicio, si no se arranca desde la primera infancia, me atrevería a decir que es tiempo perdido, pues los jóvenes de hoy están descarrilados en muchos de esos valores esenciales, y ellos serán los próximos “pilares” en las nuevas familias.
¿Quién define cuáles son ese valores fundamentales que sean aceptados por la inmensa mayoría de la población? ¿Quién o quiénes diseñarían los pensum desde las guarderías hasta los años superiores, con sus respectivas estrategias y metodologías para que los niños comiencen a vibrar y vivir esos valores en sus juegos y convivencia del día a día? He leído que en Japón existen hechos reales que van en esa dirección.
Tú, con tu gran experiencia de toda una vida dedicada a la educación, puedes dar luces y orientaciones “aterrizadas” que puedan llevarse a la práctica.

Respuesta
John Arbeláez Ochoa 18 diciembre, 2023 - 11:27 am

Esa radiografía de nuestra nación se completaría con un análisis de la realidad de la educación que se ha implementado desde hace varias décadas para nuestra juventud. Competitividad, en vez de cooperación. Individualidad en vez de fraternidad y colaboración, Astucia en los negocios, en vez de Ética y honestidad. La Ética desapareció del país hace ya mucho tiempo.
A esto se añade el peor de nuestros males: No tenemos un ideario de nación al cual apunten todos nuestros esfuerzos en el diario vivir. Cada uno quiere sacar su tajada del pastel sin importarle quien se queda sin tajada. Somos un pueblo sin rumbo identitario, sin un objetivo claro como nación, navegando al garete. Todo esto, acumulado con el pésimo ejemplo que recibe la población desde la conducta de nuestros gobernantes, pésimos gobernantes, elegidos por un pueblo sin conciencia política y sin reflexión, arriado por medios de comunicación, propiedad de élites mezquinas y codiciosas. La cuesta se divisa muy pronunciada…

Respuesta
Juan Gomez 20 diciembre, 2023 - 6:54 am

En más indicadores estamos cerca de los promedios mundiales que lejos. Hay áreas de atraso y otras de adelanto, pero no creo en la singularidad ni la excepcionalidad de Colombia ni del Colombiano. Esa percepción de creernos especiales es nociva y dificulta los verdaderos remedios que tú mencionas.

Respuesta

Deja un comentario