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Bernardo y la plata.

Por Bernardo Nieto
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En la tertulia del 23 de mayo pasado, decidimos intercambiar las experiencias que cada uno había tenido con el dinero…

Creo firmemente que el dinero es un instrumento para construir la dignidad del ser humano. Cuando me vaya de este mundo no me llevaré nada, excepto la tranquilidad de haber hecho el bien a todos los que haya beneficiado con mis acciones, mi trabajo y con el dinero compartido para vivir mejor. Las siguientes anécdotas recogen experiencias en las que explico lo que ha significado “la plata” en mi vida.

· La propina pa´ los acólitos.

Estuve de acólito en la Parroquia de nuestra Señora del Perpetuo Socorro de los padres jesuitas en Bogotá, desde cuando cumplí los 7 años. Recuerdo muy bien que, antes de la ceremonia de bautizos de los sábados por la tarde o en un matrimonio elegante de los domingos, con la ilusión y la picardía propia de la “banda” de los acólitos, nos poníamos de acuerdo sobre quién o quiénes serían los encargados de pedir “la propina para los acólitos”. Nuestro trabajo tenía que ser reconocido por su calidad por los financiadores de las ceremonias.

Los encargados del recaudo tenían que dejar de lado la vergüenza o la timidez para acercarse al padrino de la novia o a los enternecidos padrinos del muchachito recién bautizado y pedir la alcabala inmisericorde inventada por nosotros.

Después de la ceremonia, cuando ya los sacerdotes se habían ido, en algún lugar de la iglesia o en la sacristía, vaciábamos nuestros bolsillos delante de los demás acólitos para contar el recaudo. Sumábamos y nos dividíamos en partes iguales lo recogido y nos íbamos para la casa o para la tienda a comprar una paleta o una gaseosa con un trozo de salchichón.

En ocasiones, nos íbamos a la bicicletería cercana y alquilábamos un par de ciclas. Así, en compañía de los demás miembros de la banda, ayudábamos en la iglesia, cobrábamos por nuestro servicio y nos gastábamos solidariamente el producido, aprendiendo a montar en cicla y vivíamos alegremente nuestra niñez.

Los padrinos en ocasiones eran muy generosos. Nosotros nos justificábamos diciendo que Dios estaría contento porque los acólitos estaban aprendiendo a compartir. Cuando nos prohibieron cobrar por ayudar en las ceremonias, hasta ahí nos llegó la dicha y el empleo.

· Lo que me den, para la comunidad. Aporto al grupo.

Cuando estábamos en la etapa de Ciencias, íbamos a dar clases de religión a un colegio de niñas en el barrio Kennedy de Bogotá. Preparábamos las clases y al final del mes algo nos daban como pago por lo que hacíamos. Además de la experiencia de ser maestros, la “platica” iba al fondo común que manejaba el gordo Botero, con aprobación del superior, el mono Luis Carlos Herrera. Era una buena manera de cumplir el “todos para uno y uno para todos”. Solidaridad en el uso del dinero. Mis necesidades cubiertas, lo demás para el grupo.

· Mi primer sueldo.

Cuando me llegó el momento de responder por mis gastos y aportar para los de mi familia, recibí mi primer sueldo del Colegio San Carlos y de la Universidad Javeriana, en donde trabajaba. Le di mi cheque a mi mamá con mucha alegría. Y desde ese momento, hasta cuando salí de la casa paterna para formar mi propio hogar, el dinero fruto de mi trabajo se repartió entre mis modestos gastos personales, el aporte a los gastos de la casa y para las atenciones a Myriam, las salidas a cine o a un paseo familiar. Pudimos comprar una nevera para mamá y, más tarde, se renovó la lavadora.

· Los ahorros durante mi beca en Alemania, los casetes y mi primera guitarra propia.

Con el dinero de mi beca en Alemania tuve especial cuidado en ahorrar para el futuro con Myriam. Eso sí, me compré mi primera guitarra, mi amiga viajera y solidaria que tanto me ha servido para alegrar el espíritu, cantarle a la vida y dar gracias por todo lo recibido.

Cuando me regalaron una grabadora mis amigos y patrocinadores alemanes, los ahorros en dólares se los mandaba a Myriam dentro de los casetes en los que le grababa mis serenatas y cartas habladas. Enrollaba los billetes en apretados rollitos amarrados con hilo, desatornillaba y destapaba el casete, ponía el rollito en el pequeño espacio superior sin que se trabara el mecanismo de la cinta, tapaba y volvía a atornillar la tapa del casete y lo marcaba con un pequeño letrero: “Este va premiado”. Dentro del sobre de la encomienda, ponía una nota a mano y le daba a Myriam instrucciones sobre cómo abrir el casete y sacar los dólares que mandaba. Era un ingenioso método de remesa oculta que nos ayudó a tener nuestros ahorros para comprar más adelante nuestro primer apartamento, con otros ingresos fruto del trabajo.

· Mi amigo, Eberhard Gaumer, un gran economista que en ese entonces era el Gerente de la Oficina católica de Dortmund, me dio buenos consejos sobre el manejo de mi beca y mi manera de manejar la plata. “Es ist aber sehr wichtig” (“Pero es muy importante”) Además de atender los gastos de la supervivencia, el ahorro debe existir con un verdadero propósito para el futuro.

· Un día nos encontramos Myriam y yo con Pachito de Roux y hablamos de nuestro próximo matrimonio. Me dio un buen consejo sobre el manejo de nuestros ingresos. “No gastes en arriendo o en pago de tu vivienda, más de la tercera parte de tus ingresos”. Vas a necesitar lo demás para atender la alimentación, el vestuario, la salud, la educación de tus hijos y el descanso.

Tiempo después, cuando fuimos a conocer a Carito, la preciosa recién nacida, hija de Alberto e Isabelita, Alberto me dijo: “Anda a mirar unos apartamentos que está vendiendo Colpatria y en donde están comprando Jaime Quevedo, Mauricio Archila y otros, en el conjunto Acapulco. Ustedes pueden comprar allá”. Al día siguiente nos fuimos a conocerlos con Myriam y Doña Alicia, mi amorosa suegra. Yo entré al apartamento modelo, lo caminé rápidamente y me senté junto a la vendedora, mientras mi suegra y Myriam miraban todos los demás detalles. “¿Cuánto hay que pagar para separarlo?” Y sin dudarlo, giré el cheque. Doña Alicia lo único que dijo fue: que sea en el segundo piso. Y, por supuesto, nos pegamos una endeudada mayúscula que me obligó a buscar un trabajo mejor pagado que el de la Javeriana.

Entré a la División Internacional de ACPO y Hernando Bernal nuestro jefe de toda el área de Planeación de ACPO, nos permitió producir los audiovisuales que necesitábamos para los cursos de ACPO en horas extras bien pagadas, tomando las fotografías y armándolos, después de las horas de trabajo. Era la única manera que teníamos para pagar la cuota inicial del apartamento y cumplir con el sabio consejo de Pachito que siempre seguí: “No gastes más de la tercera parte de tus ingresos en vivienda”.

· Cuando regresamos de los estudios en Nueva York, se acabó ACPO. Y fui nombrado en Punch Televisión como director de Investigación y Desarrollo. Iniciamos otro camino. Entré al mundo de la televisión comercial, en donde aprendí mucho, pude prestar un buen servicio durante más de 25 años, con un sueldo tres veces mayor que el de ACPO y pudimos darles a nuestros hijos el hogar, la educación y la familia que merecían.

· Hoy creo firmemente que el dinero es un instrumento para construir la dignidad del ser humano. Cuando me vaya de este mundo no me llevaré nada, excepto la tranquilidad de haber hecho el bien a todos los que pueda beneficiar con mi trabajo. El dinero es necesario y debe ser la justa remuneración por el servicio que demos a los demás. Debe permitir que tengamos con qué vivir sin angustias, cómo ser solidarios y mostrar en obras a los demás nuestro agradecimiento a Dios por los bienes recibidos.

Como cuando salíamos con mis amigos a montar felices en bicicleta con la propina recibida en las misas o comernos un buen pedazo de salchichón con pan francés y Colombiana.

Bernardo Nieto

Junio, 2024

2 Comentarios
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2 Comentarios

Vicente Alcala 19 junio, 2024 - 4:52 am

Bernardo complementó, en la tertulia, que Myriam, además de aportar con su trabajo y sus ingresos, administró siempre “sabiamente” los recursos para la familia. Gratitud para ambos.

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Cesar Torres 19 junio, 2024 - 9:04 am

Comparto totalmente los conceptos financieros elementales dados y el ahorro. Agradezco profundamente la generosidad de compartir su historia personal que sirve de ejemplo para tener y disfrutar una vida tranquila compartiendo con los demás el triunfo y el dinero. Gracias.

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