Pensé en las novenas de Navidad en la casa de mi familia, con mis padres y hermanos desde pequeño; pensé en mis Navidades en la familia de la Compañía de Jesús, en la familia que formamos con Pily…y no tuve la menor duda: lo que todas han tenido en común y siempre las identificó claramente: el pesebre. Y creo haber adivinado su mensaje oculto que ahora entiendo mejor.
Aquel pesebre que se construía inutilizando la totalidad del baño de las visitas, debajo de las escaleras en nuestra casa de Bogotá, cuando simulábamos un tremendo pueblito pobre construido sobre cajas y encerados, donde se colocaban las casitas con luces, con la quebrada y sus paticos en el espejito que simulaba el lago, los pastores con sus ovejitas, el trencito moderno que conectaba muchas épocas en una, los reyes magos junto a la grutica hecha en el encerado adornado con musgo de los montes de Bogotá, previamente traído por mis hermanos.
En el centro o arriba, dependiendo de la creatividad de mi hermano Gonzalo y de mi madre, se colocaba cada año la chocita de paja con San José, la Virgen, el buey y la mula, mirando hacia una cuna de palos donde se colocaría al niño Dios, solo la noche de Navidad, como reflejando todo el carácter de humildad y pobreza que, nos enseñaba la novena, fueron las señales de convocatoria que Dios utilizó para reunir ricos y pobres de todas las naciones, encarnadas en un niño que todos esperábamos durante nueve días y que había sido recibido por los ricos y pobres de entonces…
Alrededor del pesebre, la familia organizaba reuniones con familiares y amigos para rezar una novena incomprensible para casi todos, cargada de palabras solemnes de benignísimos y omnipotencia y reinados y ángeles y arcángeles que solo se suavizaban cuando sacábamos todos los instrumentos: maracas, dulzainas, tambores para cantar los villancicos de toda la vida: Tutaina, Campana, El tamborilero, y el clásico rezo de las estrofas (también incomprensibles) de cada villancico….
Además de rezar, la fiesta, el baile, los chistes y las anécdotas con las familias que nos visitábamos, cada noche, hasta celebrar la Navidad en nuestra casa. Había vida de familia, de barrio, de grupo y todos nos sentíamos mejor cuando nos reuníamos, cantábamos juntos, celebrábamos, cada cual a su manera, pero juntos…
Al establecernos en Miami, esta tradición, común para muchísimos de nosotros, la continuamos, convocando a los primos, a los nuevos amigos y a los conocidos que llegaran a la ciudad. Desde que nacieron nuestros hijos, hemos ido adaptando la incomprensible novena a un mensaje sin arandelas, para niños, y luego para jóvenes, que les trasmitiera la realidad y concordara con nuestra evolución en la percepción de nuestra cambiante creencia en lo esencial del mensaje de Jesús y la simplicidad del “reunir”, del “convocar” para compartir.
Sin pretenderlo, nuestra vida familiar se ha caracterizado por ese continuo “reunir”. Y no solo hacerlo con familiares y amigos, sino también, porque las circunstancias personales y profesionales nos lo han permitido, hacerlo con los grupos a los cuales pertenecimos y para quienes trabajamos. Ellos siempre formaron parte de nuestro crecimiento personal y de nuestra tradición familiar.
Hoy, al mirar atrás y enfocándome en algo especial, sí quisiera recordar un momento único, en una novena inolvidable en mi casa de Miami. Habíamos invitado a mi amigo y compañero del alma, el P. Julio Jiménez S.J. a estar con nosotros durante los días de Navidad, a finales del año 2001 o 2002.
Estuvimos antes en Disney, toda la familia con él, y luego nos acompañó la noche de Navidad. Decidimos celebrarla con una misa que él presidió, en la sala de la casa, junto al pesebre. A los 20 o 25 adultos y niños que nos acompañaban, Julio nos sugirió que pasáramos a la mesa donde se celebraba la misa, colocáramos allí una velita encendida y compartiéramos “lo que significaba la Navidad” para cada uno.
Fue un momento muy solemne, respetuoso y revelador. Para unos, era la alegría de entregar los regalos; para otros, cenar en familia, compartir la vida, cantar juntos, la alegría de volvernos a ver, o jugar al amigo secreto (lo hacíamos desde el día de acción de gracias). En la diversidad de nuestras creencias, y en la evolución que muchos habíamos tenido descubrimos la riqueza de “desacralizar la Navidad” y hacer más humana nuestra conexión con “el de arriba”, a través de “los de abajo”, nuestros amigos y familiares…
Al terminar la participación de todos, luego de un breve silencio, se escuchó, de repente, la melodía (el silbido) de un borracho en porcelana nostálgico, alrededor de un poste, que adornaba el comedor; era el regalo de matrimonio de mi padre que hacía meses había dejado de sonar por fallo en sus pilas… Para todos fue una “señal milagrosa”, extraña pero inconfundible: mi padre, quería hacerse presente desde donde estuviera, en ese encuentro familiar alrededor del pesebre, 8 o 9 años después de muerto, a pesar de haber sido masón grado 33, no creyente y anti-clerical, muy distante de un exjesuita, su hijo.
Esa noche, el encuentro, la convocatoria de Jesús, no tuvo ni la diferencia de edades, ni de países o familias, ni de creencias presentes o pasadas. Esa es una convicción que creemos que nos acompaña y nos acompañará en prolongar, mientras podamos, esa misma fe y espíritu en el Jesús que renace cada Navidad alrededor del pesebre y nos convoca, nos reúne, nos comparte su vida. Ese Jesús sí nos convence. No el de las pompas y ceremonias de las instituciones que respetamos y admiramos, pero que no nos llevan al Jesús auténtico que convocó, reunió, sanó, y luchó por la justicia y la transparencia. Este año, esa convocatoria la repetiremos en Alicante, de nuevo con nuestros hijos que nos visitarán, junto con otros amigos locales y de otras épocas. Nos reuniremos junto al pesebre para celebrar la diversidad de nuestras vidas, alegrarnos por el encuentro y el recorrido de cada uno de nosotros, para compartir experiencias, para seguir creciendo juntos. Es el espíritu de la Navidad que se repetirá cada año mientras permanezcamos en este plan
Darío Gamboa
Alicante, Diciembre de 2025


3 Comentarios
Dario, muy bonito el recorrido al rededor del mismo Centro. Felicidades
FELIZ NAVIDADL, CON MUCHA ALEGRÍA EN COMPAÑID DE TODOS LOS FAMILIARES Y AMIGOS. CORDIAL SALUDO
Gracias Dario por invitarnos ejemplarmente a la coherencia con una tradición evolutiva en su significado, pero esencial en su mensaje: renacer constantemente como mejores seres humanos.