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Transformación pedagógica en Bogotá

Por Francisco Cajiao
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Ninguna sociedad puede progresar sin ocuparse de lo que ocurre en los procesos educativos.

En su primer año de administración, Claudia López convocó a una ‘Misión de educadores’ para que se ocupara de proyectar la educación de Bogotá al 2038, entendiendo que jamás las miradas de corto plazo podrán dar respuesta adecuada a niños cuyo trayecto educativo, desde la primera infancia hasta la edad en que pueden incorporarse plenamente a la vida productiva, puede durar entre quince y veinte años.

Es largo el camino para irnos haciendo humanos gracias al desarrollo de nuestras facultades motrices, cognitivas, sociales y emocionales. Por eso la educación es un derecho fundamental, ya que gracias a ella acumulamos humanidad, capacidad de cooperar con otros, responsabilidad para buscar soluciones pacíficas a los problemas colectivos y curiosidad para explorar el mundo que nos rodea y desarrollar los conocimientos necesarios para transformarlo y conservarlo. Ninguna sociedad puede progresar material y espiritualmente sin ocuparse con seriedad de lo que ocurre cotidianamente en los procesos educativos.

La ‘Misión de educadores’ no se detuvo en las conclusiones de esa gran consulta ciudadana que se extendió por casi un año. A ella le siguió la expedición de un documento Conpes[1], que es un plan de largo plazo como ruta para conseguir las grandes metas que se vislumbran para una generación. Un asunto central de esa mirada al futuro es la inaplazable necesidad de hacer profundas transformaciones pedagógicas.

El mundo está cambiando a una increíble velocidad. Las tecnologías de la información, la ingeniería genética, la inteligencia artificial, la química molecular, la agricultura o la comprensión del universo exigen generaciones capaces de abordar problemas complejos, comprender fenómenos inesperados e idear nuevas maneras de vida y adaptación en un mundo superpoblado y con creciente limitación de recursos. Es claro que la educación que recibimos las generaciones anteriores no es suficiente para las nuevas necesidades. Es claro también que es imposible predecir con precisión cómo serán muchas cosas en veinte años.

Por eso se requiere pensar y actuar en nuevas direcciones. Es exactamente lo que ha venido haciendo todo el equipo de la Secretaría de Educación de Bogotá en este tiempo. Hablo del equipo, porque son muchos los frentes donde se vienen cumpliendo las recomendaciones plasmadas en los documentos mencionados. 

La semana pasada fue la premiación de las Olimpíadas STEM 23, en las cuales participaron durante todo el año, más de 3.700 estudiantes de todas las edades, agrupados en 453 equipos de trabajo, provenientes de 267 colegios públicos y privados. Miles de niños y maestros ocupados de comprender el mundo desde la investigación científica y las aplicaciones tecnológicas. Durante este tiempo las mentes infantiles estuvieron ocupadas con galaxias, sistemas de transporte, agricultura urbana, fenómenos atmosféricos, programas de cómputo… y con ellos hubo universidades, centros de ciencias y empresas. Unas semanas antes, otros miles de estudiantes cerraban el segundo Festival escolar de las Artes.

Estas acciones materializadas en la cotidianidad de los colegios, que convocan diversos sectores de la sociedad y que permiten la plena realización profesional y humana de los maestros, representan los verdaderos cambios. Si las cosas no ocurren en el colegio, todos los discursos y todas las leyes serán irrelevantes. Se requieren directivos que conozcan a fondo los complejos problemas de la educación, pero sobre todo que sean capaces de liderar equipos técnicos y comprometidos. Eso es lo mejor que ha sucedido en estos cuatro años.

La elección de Carlos Fernando Galán le da a la ciudad la seguridad de que los niños, niñas y jóvenes de Bogotá contarán con un dirigente que entiende profundamente la importancia de lo que se ha venido construyendo y le dará la necesaria continuidad a todo aquello que necesita tiempo, conocimiento y dedicación para madurar.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá

7 de noviembre 2023


[1] Consejo Nacional de Política Económica y Social.

1 comentario
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1 comentario

Vicente Alcalá 16 noviembre, 2023 - 9:44 am

Pacho, gracias por ponernos al dia, a los que nos alejamos hace años del ambiente de la educación básica y media (no importa si los nombres ya son otros)

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