Dualidad de opuestos compatibles: en las primeras, arraigo, fijación, permanencia, solidez, fundamento, estabilidad… en las segundas, desarraigo, soltura, movilidad, liviandad, despliegue, riesgo.
Son naturales y múltiples las dualidades opuestas y compatibles que encontramos o comprendemos en nuestra vida: día y noche, individuo y sociedad, frio y caliente, ciencia y creencia, mundo subatómico y mundo astronómico, inteligencia y emoción, mujer y hombre, producción y consumo, verdadero y bello, raíces y alas …
Son dualidades porque son diferentes, pero igualmente reales; son compatibles porque no son contradictorias sino complementarias.
El título del artículo se refiere al ámbito familiar: a la experiencia dual de dolor y alegría, de unión y separación, de cercanía y distancia… a la educación que fortalece con las raíces del hogar y que forma e impulsa las alas para volar. La educación y la experiencia hogareñas fijan las raíces firmes y propician el vuelo independiente.
Cuando los hijos crecen… se desprenden, se separan, -muchas veces- se alejan… pero siguen unidos, cercanos, presentes, arraigados en el corazón. Los medios actuales de comunicación ayudan, pero lo más importante es la unión -el pensamiento y el afecto- permanentes.
Las despedidas producen nostalgia, tristeza… pero también alegría, ilusión. Las despedidas son nostálgicas porque desprenden del pasado, tristes por un sentimiento de desapego, pero son alegres porque es la vida de los hijos que avanza llena de ilusiones, tras un futuro promisorio.
Los árboles quedan plantados mientras que el viento vuela lejos. Hay raíces físicas y hay raíces axiológicas (compuestas de valores y emociones): éstas son las que crecen en el hogar y nos afianzan a lo largo de la vida. Hay alas físicas y hay alas existenciales: que se desarrollan en el ámbito familiar y que se despliegan en la vida adulta independiente. Las raíces dan estabilidad y las alas tienen que sortear riesgos.
Y cuando los hijos se van ¿qué hay de los que nos quedamos?
Para nosotros, los padres, comienza una nueva etapa: no es que dejemos de pensar y “cuidar” a nuestros hijos, pero necesitamos sentir y alimentar más la mutua compañía. Ya no podremos “dedicarnos” a ellos tanto como antes, pero podemos profundizar nuestra relación recíproca.
A veces coinciden la despedida de los hijos con el cese de las actividades laborales, lo cual invita a iniciar nuevas ocupaciones, personales, sociales; recreativas, solidarias.
Permanece la satisfacción de haberles ayudado a echar raíces y haberles dado el ánimo para que con sus propias alas vuelen alto.
Vicente Alcalá Colacios
Octubre, 2024


1 comentario
Vicente: Una gran vivencia personal. Lo vives y lo has vivido. Una gran verdad además: “no todos los contrarios son contradictorios. Existe la complementariedad”. Saludos. Hernando