¿Por qué no creen en una “religión organizada’? (1 de 4)

Por: Reynaldo Pareja
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Es frecuente escuchar a personas que afirman enérgicamente que no creen en la “religión organizada”. ¿Cuáles son las raíces de tal afirmación?

Una razón poderosa para sostener que no se cree en la “religión organizada” es la crítica al comportamiento institucional de la manera como las religiones se han expresado en la historia de la humanidad. Otra son los comportamientos de los individuos que son la cabeza visible o los representantes oficiales de ellas, cuya conducta contradice flagrantemente las enseñanzas de los fundadores de dichas religiones. 

Describiré ambas razones para ayudar a comprender por qué hay personas que expresan esa forma de considerar la religión. 

Comportamiento institucional

Todas las religiones han tenido un comienzo muy vibrante, basado en las enseñanzas (Revelación) de sus fundadores: Krishna, Zoroastro, Moisés, Buda, Jesús, Mahoma, Bahá’u’lláh. Sus enseñanzas tenían tal atracción espiritual que los convertidos comenzaron a abrazarlas por cientos y luego por miles. Esas religiones crecieron hasta el punto de que fue absolutamente necesario organizar y dar al movimiento religioso una estructura que pudiera convertirse en una institución estable a largo plazo, capaz de manejar la gran cantidad de seguidores.

Uno de los primeros pasos fue definir quién o quiénes serían los sucesores del Profeta fundador de la religión. Desafortunadamente, lo que la historia ha codificado de varias de esas religiones mundiales fue una lucha por el poder para definir a los representantes oficiales de la nueva fe. 

Si los nominados por los fundadores fueron o no aceptados por los primeros seguidores, el hecho es que uno de ellos se convirtió en su primera cabeza visible y en representante oficial de la religión. Él, a su vez, nombró en distintos puestos a quienes podía confiar la administración del cuerpo cada vez mayor de creyentes. En el judaísmo fueron los rabinos; en el budismo, el jefe de un monasterio budista o lama; en el Tíbet, el “superior”.

En el catolicismo, el Papa, seguido en rango por cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes. Cuando surgió el movimiento protestante reformista, una versión de la Iglesia católica la adoptaron las principales ramificaciones: Calvinismo, Luteranismo, Episcopalismo, los Bautistas, los Adventistas del Séptimo Día, los Mormones, los Testigos de Jehová y muchas más. La mayoría con un ministro principal y asistentes administrativos de la organización.

En el Islam chiita, el Imam era el jefe; luego, venían los mullahs. En los sunitas, el califato era un territorio bajo el dominio islámico: el Califa ostentaba el liderazgo. Mullah es un título honorífico para el líder de una mezquita, que ha estudiado la teología islámica tradicional y la ley sharia.

En general, no hay religión que haya durado cientos de años y que no se haya organizado para llevar a cabo sus tareas administrativas, difundir las enseñanzas del Profeta fundador, realizar las ceremonias litúrgicas aprobadas, concentrarse en desarrollar instituciones paralelas de servicio a las necesidades de la comunidad, establecer escuelas o universidades, participar en proyectos sociales e incluso realizar manifestaciones de protesta contra gobernantes tiránicos.

Decir que uno no cree en la “religión organizada” lleva a la conclusión lógica de que uno cree en la “religión desorganizada”. Probablemente, la mayoría dirá que no quería decir esto.

Si eso no es lo que afirman, ¿qué descreen acerca de la religión organizada? Cuando uno mira de cerca los registros históricos de cómo se comportaron los representantes de la religión organizada, no es de extrañar que muchas personas rechacen la religión organizada, basados en comportamientos inaceptables, tanto de individuos como institucionales. 

Para tener un marco de referencia y comprender por qué tantas personas no desean adherir a una religión organizada, haré un recorrido histórico rápido. 

Comportamientos rechazables de los representantes de las religiones organizadas

No es necesario hacer una lista extensa de conductas inadmisibles perpetradas por representantes de religiones organizadas. Basta señalar las más reprobables que han desvirtuado los principios, las leyes morales y la esencia de la Revelación de esas “religiones organizadas” rechazadas.

Me referiré a las religiones con las que estoy más familiarizado: judaísmo, cristianismo e islam que, además, son las más conocidas en Occidente.

Judaísmo

Es común encontrar en el Antiguo Testamento narraciones de conductas reprochables y hasta despreciables entre los sacerdotes de la nación israelita, que nada tenían que ver con los principios morales expuestos por Moisés en los Diez Mandamientos, la carta de conducta moral que aún sigue vigente. Este Decálogo ha guiado el comportamiento ético y el culto de la nación judía. Una breve revisión de la versión de la biblia Reina Valera permite ejemplificar cómo lo tergiversaron los líderes sacerdotales, que debían dar ejemplo de vida: 

– Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

–  No tendrás dioses ajenos delante de mí.

– No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en 

   la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás.

– No tomarás en vano el nombre de Jehová, tu Dios.

– Acordaos del día de reposo, santificadlo.

– Honra a tu padre y a tu madre.

– No matarás. 

– No cometerás adulterio.

– No robarás.

– No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

– No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni sus esclavos, ni sus animales. 

El Antiguo Testamento narra cómo representantes del judaísmo se convirtieron en transgresores a nivel nacional de algunos de estos mandamientos y que siendo figuras de autoridad de la religión le dieron a la misma una imagen reprochable y reprobable, que aún hoy es válida.

Según el libro de Josué (6, 1-27), Jericó fue conquistada por los israelitas, quienes, siguiendo las instrucciones que Dios dio a Josué marcharon alrededor de las murallas una vez al día durante seis días, con los sacerdotes llevando el Arca de la Alianza. Al séptimo día, dieron siete vueltas alrededor de los muros: cuando los sacerdotes tocaban sus cuernos de carnero, los israelitas dieron un gran grito y cayeron los muros de la ciudad. Entonces, mataron a todos los hombres y mujeres, y bueyes, ovejas y asnos. Esta masacre puede juzgarse como violadora del mandamiento de no matar. 

La interpretación de ese evento dio a los israelitas un permiso institucionalizado para cumplir la voluntad de Dios por medio de la espada. Esto sucedió cuando el rey David subyugó a los pueblos que se convirtieron en súbditos de la nación de Israel. En un momento específico, David ‒elegido por Dios como cabeza de la nación‒ reunió a todo Israel, cruzó el Jordán y llegó a Helam. Los arameos huyeron y David ordenó ejecutar a setecientos tiros de carros, cuarenta mil jinetes, e hirió a Sobac, comandante de su ejército, quien murió allí (2 Samuel, 10, 16-18). Una vez más, una religión que justifica la matanza masiva de enemigos aparece como una religión organizada, pero repudiable.

La Biblia narra que el rey Salomón (quien reinó entre 968 y 928 a.C.) tenía un harén de 700 mujeres con rango de princesas y 300 concubinas (1 Reyes, 11, 3). De este modo transgredía el mandato de no cometer adulterio. Además, ya anciano, violó el primero de los mandamientos cuando sus esposas lo persuadieron de adorar a otros dioses:

“…siguió a Astarte, la diosa de los sidonios, y a Milcom, la abominación de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió completamente a Jehová, como había hecho su padre David. Entonces, Salomón edificó un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, y a Moloc, ídolo abominable de los amonitas, en el monte al oriente de Jerusalén. Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras, que ofrecían incienso y sacrificios a sus dioses”

(1 Reyes, 11, 5-8).

Esta fue la máxima expresión del líder de una religión organizada que se volvió contra el primer y más importante mandamiento: no adorar a otros dioses además de Yahvé.

Los escribas y fariseos –representantes directos de la religión– que trajeron a Jesús a la adúltera para condenarla por ese pecado tuvieron que retirarse de primeros porque no estaban sin pecado (Jn 8, 1-11). Por otra parte, en Jerusalén los sacerdotes habían montado un sistema de usura con el “dinero del templo”: había que comprar las monedas a los comerciantes que controlaban esta casa de cambio con una tasa arbitraria a su favor. En la gestión más refinada, el dinero de las “ofrendas por la culpa” y el dinero de las “ofrendas por el pecado” no se traían a la casa del Señor; se entregaba a los sacerdotes (Esdras, 7, 15-18). Esto iba en contra del mandamiento que dice “No robarás”.

Entonces, no creer en una “religión organizada”, como la practicada por los representantes oficiales, ha sido una razón muy poderosa para rechazarla por quienes son conscientes de esta contradicción.

Reynaldo Pareja

Abril, 2022

2 Comentarios

Arturo Arango 18 abril, 2022 - 7:35 pm

Reynaldo:
me gustó mucho el planteamiento inicial del artículo, pero nos dejaste antojados al no ampliar sino el caso de la religión judía. Nos quedas debiendo los casos de la musulmana y cristiana. Vale la pena porque muchos de los más graves problemas de nuestra madre iglesia nacieron cuando los cristianos aceptaron ser religión oficial del imperio romano y adquirieron muchas de las mañas corruptas de un estado político. Prebendas económicas, títulos nobiliarios, estructura monárquica, impuestos rebuscados, etc.

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Dario Gamboa 19 abril, 2022 - 9:53 am

Arturo. Como puedes ver, este artículo de Reynaldo es el primero de cuatro… la deuda de Reynaldo con sus lectores viene en 4 cómodas cuotas…… para digerir lentamente……

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