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Por más niñas y mujeres en las ciencias

Por Edna Bonilla
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Hace algunos años vi una publicidad que invitaba a celebrar el día de la niñez. Eran dos pancartas. Una, con la imagen de un niño con casco de automovilista y sus brazos levantados en posición de victoria, lo acompañaba la frase: “Con C de campeón”. Justo al lado, estaba la imagen de una niña detrás de una cocina de juguete, con sus brazos también levantados, pero esta vez con un cucharón en la mano y la frase que la acompañaba era: “Con C de cocinera”. No podía ser peor.

Estigmatizaciones como ésta le dan aún más valor al 11 de febrero, fecha cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esta jornada nos invita a reflexionar sobre la importancia de motivar a que nuestras niñas y jóvenes confíen en sus capacidades para ser científicas, o para avanzar en cualquier profesión relacionada con áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). También es un momento propicio para reconocer a aquellas mujeres que históricamente han sido ignoradas, a pesar de ser grandes impulsoras del cambio científico.

Las cifras demuestran que aún queda un largo camino por recorrer en materia de equidad de género en el campo de la ciencia y la tecnología. Según la Unesco (2019), solo el 21 % de los profesionales que se gradúan en carreras de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son mujeres. También, apenas el 33% de los trabajadores en sectores STEM son mujeres, y únicamente el 21% ocupa cargos de liderazgo en empresas como Amazon, Facebook y Google. 

En el ámbito científico los datos de la Unesco muestran que las mujeres siguen enfrentando importantes barreras: representan solo el 33,3% de los investigadores a nivel global, y apenas el 12% de los miembros de las academias científicas. De hecho, solo 22 mujeres han sido premiadas con el Nobel en las áreas de las ciencias. Por otro lado, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, en 2021 solamente el 16 % de las patentes registradas fueron creadas por mujeres.

En 2024, el informe ‘Cambiando la ecuación: asegurando el futuro STEM para las mujeres’, identifica herramientas para mejorar la participación y la retención de niñas y mujeres en los campos STEM y destaca la poca participación de las mujeres en los estudios y profesiones científicas. En los países del G20, la proporción de mujeres en STEM es del 22 %. Y este grupo experimenta brechas salariales considerables y, generalmente, reciben menos apoyo financiero que los hombres. Las mujeres que trabajan en estas áreas ganan el 85 % de lo que reciben sus pares hombres, y se enfrentan a obstáculos sistémicos como “la escasez de financiación, menores oportunidades de publicación y una falta de representación en puestos de responsabilidad”. Y en campos de vanguardia como la inteligencia artificial, la participación de las mujeres no llega a la cuarta parte del total de investigadores.

La situación en América Latina es similar. Según el BID, solo el 30 % de los profesionales en áreas STEM son mujeres. Si bien cada vez hay más estudiantes en los sistemas universitarios de la región, es interesante observar que, aunque la mayoría son mujeres, en ningún país se alcanza la paridad en carreras STEM. En los países donde predomina la educación pública universitaria (Argentina, México y Uruguay), la participación de mujeres estudiantes supera en un 20 % a la de los hombres. Y, de nuevo, esta mayoría no se refleja en las áreas STEM.

En Colombia, las cifras son similares. Aunque las mujeres son mayoría en el sistema universitario (55%), son minoría en las disciplinas STEM (33%). En el campo TIC y de carreras de programación, la participación de las mujeres es de apenas el 17 %, y cada vez hay más estudiantes varones en las carreras de desarrollo tecnológico. Del total de los graduados en estas carreras, solo el 21% son mujeres.

Las explicaciones suelen ser las mismas: estereotipos de género, falta de modelos de referencia, desestímulo familiar y escolar, brechas en el acceso a la educación de calidad y recursos tecnológicos, ausencia de pedagogías que fomenten la curiosidad y el aprendizaje práctico, deficiencias en espacios educativos seguros y motivadores. Las cifras son una alerta que motiva a seguir avanzando en programas, proyectos y planes que nos permitan que cada vez más niñas y mujeres se interesen y se destaquen en el ámbito científico.

En el país hay avances importantes, especialmente en ciudades como Bogotá. Instituciones educativas, universidades y centros de investigación han comenzado a crear espacios que favorecen la participación de las mujeres en áreas tradicionalmente dominadas por hombres. Esta transformación es fundamental, pues diversos estudios han demostrado que las niñas pierden el interés en las ciencias durante la adolescencia, en gran parte debido a estereotipos de género que les restan confianza y al entorno social que aún limita sus opciones.

En respuesta a esta brecha de género, en Bogotá y otras ciudades se han implementado programas que buscan darles a las niñas y jóvenes, herramientas y referentes para que se vean como científicas. Un ejemplo claro es la implementación de iniciativas en colegios públicos y privados que promueven el acceso a la educación STEM y la consolidación de la Red de Mujeres Científicas, que no solo brinda asesoría y mentoría a jóvenes, sino que también hace visibles a científicas que se destacan en sus campos. A nivel nacional, el programa ‘Orquídeas: Mujeres en la Ciencia’, liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, busca impulsar proyectos de investigación liderados por mujeres. Aunque su financiación es poca, es un comienzo importante. 

En los colegios, vale la pena destacar y potenciar un trabajo adelantado desde 2013 por la profesora Adriana Paola González. Se llama PrinCiencias: La Ciencia es Cosa de Chicas, un proyecto diseñado para incentivar y motivar a niñas y jóvenes a desarrollar sus habilidades en ciencia y tecnología, con el objetivo de incrementar el número de estudiantes que deciden construir su futuro en profesiones STEM. Desde su implementación en colegios oficiales de Bogotá, PrinCiencias ha permitido que muchas estudiantes descubran referentes femeninos en la ciencia, cambiando la percepción de que estos campos son exclusivos para los hombres. Gracias al proyecto, algunas egresadas han logrado ingresar a programas universitarios de alto nivel. Más allá del impacto académico, este programa ha contribuido a romper estereotipos de género en STEM. Estas jóvenes se han convertido en referentes para sus pares en el colegio.

Y también en el ámbito universitario se van rompiendo estereotipos. Un ejemplo es que hoy la facultad de Ciencias de la Universidad Nacional tiene una mujer decana. La profesora Lucy Gabriela Delgado, con su grupo de investigación, ha indagado por la forma cómo productos naturales vegetales pueden ser útiles en el tratamiento contra la leishmaniasis. Después de la pandemia, este grupo ha examinado los efectos causados por la inmunidad frente a las vacunas contra el COVID. La profesora Delgado y su grupo han levantado su voz para reclamar financiación para la ciencia y necesitamos que sea escuchada.  

Es importante cambiar la narrativa desde la infancia. Necesitamos que las niñas puedan identificar soluciones a problemas cotidianos. Se deben promover investigaciones que respondan a sus intereses y curiosidades, que estimulen su creatividad en la resolución de problemas, que fomenten el trabajo en equipo y permitan diseñar estrategias de comunicación para difundir los avances de los proyectos. Los gobiernos y los medios de comunicación deben fortalecer la confianza de las niñas para que sepan que la ciencia no tiene género, y que pueden ser tanto ingenieras como astronautas, biólogas o científicas. La sociedad necesita más mujeres en las ciencias. Las políticas públicas y los recursos para la ciencia deben garantizar que la brecha de género disminuya. Este es el camino.

Posdata. En septiembre del año pasado escribí la columna ‘De la reprobación a la frustración y la deserción escolar’, en la que llamé la atención sobre la enorme problemática de la deserción y la repitencia en el país. Creo que más que un fracaso de los niños y niñas es un fracaso de los adultos. Las cifras presentadas hace unos días por el Ministerio de Educación ratifican la tragedia que estamos viviendo. La deserción va en aumento y las vidas plenas de esos niños están en riesgo. Seguimos fracasando.

Edna Bonilla

Publicado en la revista SEMANA, Bogotá

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4 Comentarios

Vicente Alcalá 4 marzo, 2025 - 9:33 am

Edna, excelente tu artículo; a pesar de eso, la realidad hoy nos está demostrando que la mujer desmiente las deformaciones y prejuicios atávicos sobre ella. Mi hija emigró hace 28 años para culminar el doctorado en Biología molecular; desde entonces vive en el exterior y trabaja en investigación con todos los esfuerzos, sacrificios y satisfacciones que implica aportar al progreso y bienestar humanos.

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Edna Cristina Bonilla Sebá 8 marzo, 2025 - 2:11 pm

Querido Vicente, gracias por leerme y por tu comentario. Felicitaciones por tu hija!! Necesitamos más niñas y mujeres como ella! Un abrazo.

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Reynaldo Pareja 4 marzo, 2025 - 9:57 am

Edna, tu articulo pone el dedo en una de las realidades discriminatorias del pais – aunque a nivel mundial es aun mas dramatica. No es posible concebir un avance nacional o internacional – mientras las mujeres sigan siendo marginadas en la participacion equittiva en todos los puestos y niveles de la vida economica, cientifica, productiva, y de decisiones politicas que afectan a las mujeres en su desarrollo integral. La humanidad entera depende de esta paridad de genero en todos los ambitos productivos -incluidos las ciencias – para que la evolucion colectiva de la raza humana alcance las metas potenciales cuando ellas son integradas plenamente en dicho proceso evolutivo. Que tu reflexion sirva para que los que puedan revisar normas y estatutos los puedan cambiar para que dicha participacion de la mujer sea un realidad y no una idea bonita que no tiene traduccion en la practica.

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Edna Cristina Bonilla Sebá 8 marzo, 2025 - 2:12 pm

Gracias apreciado Reynaldo por tu lectura y comentario. Lo comparto totalmente. Un abrazo.

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