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Pensamientos sobre la “energía vital”

Por Luis Guillermo Arango
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Cuando hablo de “Energía” me refiero a la energía física que abarca por completo todos los seres. No soy científico, ni mucho menos, pero sé que esa energía es perfectamente medible con la infinidad de aparatos superespecializados que se han ido inventando.

En una sola célula hay cantidad de energía con protones, neutrones y muchos más “seres”, cuyos nombres desconozco, los cuales se relacionan permanentemente entre sí de una manera particular que se manifiesta en la vida propia de esta célula. Y esa célula, a su vez, se relaciona con otras células similares o diferentes hasta llegar a conformar organismos completos con su vida propia. Así se va conformando esa infinita variedad de seres del universo, cada uno con su propia identidad o cohesión. A cada una de esas identidades o formas de cohesión les damos nombres: desde simples elementos químicos hasta astros, galaxias, plantas, animales o seres humanos. Todos y cada uno de ellos son manifestaciones particulares de esa “Energía”.  

Cuando se rompe esa cohesión o identidad, ese ser u organismo desaparece como tal, muere, y sus componentes se dispersan. Pero la energía existente en ellos continúa, no se acaba, sino que se transforma en identidades o cohesiones o manifestaciones diferentes, nuevas. Me imagino las células del organismo que acaba de perder su cohesión en búsqueda de una nueva forma de ser, como los trozos de metal que, al acercárseles un imán, salen disparados para unirse a algo nuevo. Así esas células o elementos químicos tienden hacia una nueva unión hasta conformar un nuevo ser u organismo. 

Soy consciente de que esa comparación puede contener cantidad de errores científicos, pero es una simple imaginación, ya que no encuentro otra manera de explicarme a mí mismo lo que pienso que sucede al desaparecer un determinado organismo. 

Gracias a esa energía física podemos comunicarnos unos con otros. A diario utilizamos diferentes tipos de comunicación fuera de la oral. Existe la comunicación telepática o la cuántica, por ejemplo, mediante el uso de la energía programando o activando el subconsciente o la energía cuántica, como lo explican Alberto Betancur y Guillermo Sanz. Dos maneras de activar esas energías que hay en el otro y en nosotros mismos, aún a distancia, lo cual es posible porque esa distancia no es un vacío, sino un “continuo” de energía “sin solución de continuidad”. Esto he podido comprobarlo en el mejoramiento de la salud, tanto conmigo mismo, como con personas distantes de mí. 

A esa “Energía” existente en cada ser la llamo “Vital” porque constituye la esencia, la vida de todos los seres del universo. Es la que da vida a todo. Es decir, esa “Energía” va “creando” todo en cada instante como una poderosa corriente vital inagotable. En cada ser se manifiesta de manera específica, pero diferente y le ponemos nombres: astros, animales, plantas, seres humanos, cosas. Pero todos son seres vivos, llenos de energía, así los llamemos “cosas”.  

Por eso me asombra tanto la Naturaleza. Ver cómo de una semilla pequeña va brotando, por ejemplo, una planta, cómo va creciendo hasta estallar en una maravillosa flor multicolor que más tarde va a participar en su propia multiplicación, o cuando una flor luego se convierte en una deliciosa fruta. Esa es la permanente corriente vital de energía que percibo en el universo. Cada nuevo ser lo veo como fruto de la generación o creación continua que en cada instante va produciendo esa misma fuerza o energía vital. 

A esa “Energía vital” he estado tentado de llamarla Dios. Pero no, correría el riesgo de desfigurarla o tergiversarla, porque ese nombre arrastra una cantidad enorme de atributos que se le han ido aplicando a lo largo de milenios en todas las civilizaciones y culturas. Atributos creados por nuestra condición humana, tan limitada dentro del tiempo y el espacio, que hace que nos imaginemos algo especial que supere las debilidades e imperfecciones de nuestra naturaleza.  

Miremos solo algunos de esos atributos: 

  • “Todopoderoso”: Porque nos sentimos impotentes en muchísimos aspectos. Si fuera Todopoderoso, ¿por qué permite los frecuentes y terribles desastres naturales o el asesinato de personas inocentes que dejan viudas y huérfanos? 
  • “Eterno”: Porque somos mortales, perecederos. Además, viviendo nosotros dentro del tiempo y del espacio, no tenemos manera de imaginarnos qué es eternidad, por más que la definamos como que no tiene ni principio ni fin. 
  • “Justo”: Porque continuamente encontramos injusticia. Pero, ¿qué entendemos por justicia?: ¿el que la hace la paga? ¿La ley del talión? ¿Castigar al culpable? ¿Así obraría ese Dios “justo”? 
  • “Sufriente por nuestros pecados”: ¡Qué dios tan limitado es el que “sufre” y necesita “desagravio” por parte de sus creaturas! 
  • “Seducible o comprable”: Si hacemos esto o aquello, le pedimos que cambie de una manera positiva su modo de actuar. ¡Cuántos sacrificios de animales o aun de seres humanos, dizque para lograr que ese dios no castigue a su pueblo!  

Y así podríamos seguir con cantidad de ejemplos de atributos que se le han aplicado a la palabra “dios” como contraposición a nuestras debilidades e imperfecciones.  

Lo máximo que podría decir de esa “Energía vital” que nos está creando en cada instante, es que es nuestro “Padre” o “Madre”, precisamente por eso, porque nos está creando, porque somos su fruto.  

Personalmente me siento pleno comprobando la existencia de esa “Energía Vital” en cada partícula de mi propio ser y de todo lo que veo. 

Cualquier concreción de esa “Energía vital” en cualquier creencia religiosa la percibo como un salto monumental hacia algo que no puedo comprobar, pero que respeto, pues no puedo atreverme a creer que lo que estoy diciendo es LA verdad, la ÚNICA verdad. Es únicamente el punto en el camino de búsqueda donde me encuentro en estos momentos. 

Constato que la “Energía Vital” llega a todos y a todo, sin distinciones de ninguna clase. Por eso, cuando cualquier religión hace distinciones, preferencias o condenas, siento que no está transparentando la esencia misma de esa “Energía Vital” es decir, obrando así, la está desnaturalizando o desdibujando burdamente, está desfigurando su naturaleza misma. 

Ese “darse” por completo la “Energía Vital” a cada ser que va creando en cada instante, sin distinciones de ninguna clase, es la esencia misma de ella. Y eso es lo único que todos los seres, es decir, todo el universo, está llamado a hacer durante su existencia particular: darse por completo, sin distinciones. Ese es el único mandamiento inscrito en la naturaleza misma de cada ser, sin ningún yugo o mandamiento adicional. 

Ese “darse por completo”, propio de la “Energía Vital”, a cada una de sus creaturas (hijos), sin distinciones entre buenos o malos, creyentes o no creyentes, es la única herencia que todos los seres recibimos. Es nuestro ADN, seamos o no conscientes de eso. Lo llevamos en lo más íntimo de cada una de nuestras células. Ese ADN es lo que nos da la fuerza para abrirnos a todo lo demás, sean seres humanos, animales, plantas o cosas. 

A ese ADN, a ese “darse por completo” solemos darle un nombre: AMOR.  También con esa palabra corremos el riesgo de desfigurarlo y volverlo añicos. Cuántas catástrofes y daños causados en nombre del amor. Cuántas guerras dizque por amor. Las famosas Cruzadas, los ajusticiamientos de la Inquisición, la Yijad creyéndose mártires cuando, por amor a sus creencias, mueren asesinando a quienes no creen lo mismo. Cuántas guerras por amor a la patria. 

No obstante, a pesar de ese riesgo tan grande, y, sobre todo, por no encontrar otra palabra diferente que abarque ese “darse por completo y sin distinciones”, propio de la “Energía Vital”, le llamo AMOR. He encontrado, pues, que la “Energía Vital”, en su esencia misma, es VIDA, es CREACIÓN y es AMOR.  

Por lo tanto, para mí, hasta ahora, en mi camino de continua búsqueda, he llegado a la conclusión de que el universo entero es VIDA y que la VIDA es, por sí misma, AMOR CREADOR. A esa VIDA, a ese AMOR CREADOR me acojo con gratitud y entrega.  

Como dice Violeta Parra y que tan hermosamente canta Mercedes Sosa: “Gracias a la VIDA, que me ha dado tanto…”  

Luis Guillermo Arango Londoño

Mayo, 2024

7 Comentarios
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7 Comentarios

Vicente Alcala 28 abril, 2024 - 5:54 am

Luis Guillermo, brillantes pensamientos, muy bien comunicados y dignos de meditar.
Admirable la humildad con la que reconoces: “Es únicamente el punto en el camino de búsqueda donde me encuentro en estos momentos”.
Caminemos, juntos, adelante, más allá… Un abrazo

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Hernando+Bernal+A. 28 abril, 2024 - 7:19 am

Luis Guillermo: Posiblemente tu, como ninguno de nosotros, hayas podido “comprender” a Dios. Pero a través de la parábola de la “energía” no solo lo sientes como algo personal, sino que haces lo posible por manifestarlo y por entregarlo a los demás vivientes, especialmente a los pensantes como nosotros. Muchas gracias. Hernando

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Dario Herrera M 28 abril, 2024 - 9:45 am

Concuerdo 100%. es lo que Greg Braden llama la Matriz Divina y encontrarla es lo que el Dr. Eric Pearl llamó La Reconexión. los Católicos del común la llamamos Espíritu Santo.

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Dario Gamboa 28 abril, 2024 - 10:35 am

Luis Guillermo. Tu escrito resume perfectamente mi búsqueda hoy, como lo hace contigo. No podría escribirlo mejor. Solo me atrevería a incluir en tu reflexión la paz que la muerte física ( que no sería más que otra transformación en la evolución de esa energía) adquiere una perspectiva menos dramática y triste y se torna en el gran interrogante de mi propia evolución donde creo que volveré al eterno presente de mi existencia con quienes nos han precedido en este paso. Mientras tanto, seguir gozando y encontrándome con esa entrega que hablas del amor con quienes se crucen en mi camino… y seguir “haciendo camino al andar” y descubriendo la belleza de esa energía vital que nos invade por todas partes. Gracias por tu tremenda contribución para nuestros afortunados lectores del blog!! Sigue entregándote como lo haces!!!

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Reynaldo Pareja 28 abril, 2024 - 7:25 pm

Luis Guillermo, que bella y concisa reflexión que nos has compartido de cómo concibes, percibes y vives esa “Energía” que abarca por completo todos los seres, y que después la completas con la expresión de la “Energía Vital”, que se “da a cada una de sus creaturas (hijos), sin distinciones entre buenos o malos, creyentes o no creyentes”.
Novedoso el giro que le das a la expresión de “Energía Vital” (elan vital) que fue propuesta por Henri Bergson en su obra «La evolución creadora» (1907) para designar una concepción de la vida opuesta al mecanicismo pues la vida no es reductible a meros fenómenos físicos o químicos. Para Bergson ese elan vital es un impulso que posee una cierta orientación abierta.
Lo que me parece valedero es añadirle a tu descripción de la Energía Vital es que, si es la que anima toda la creación del universo, de la Tierra, de toda la multitud de seres vivos, cada uno con la complejidad que anotas, que esa Energía Vital tiene que ser una Energía con una Creatividad organizadora capaz de darnos la multiplicidad de todo lo vivo que se sigue reproduciendo en constante flujo de su vitalidad creadora.
Esa capacidad exige un atributo creador que nos queda imposible de conceptualizar, visualizar y hasta entender en su misma esencia. Nos supera inconmensurablemente la limitación que tenemos como seres creados que no podemos comprender a su Creador, así como el mineral no puede entender y conocer al mundo vegetal vivo, ni este mundo vegetal puede entender, captar ni expresar lo que es el reino animal con sus sentidos de visión, olfato, oír sonidos, gustar lo que se come y tocar conociendo. Tampoco el reino animal puede comprender, captar el abismo creativo que tiene el hombre a través de su facultad sublime de crear la realidad con sus pensamientos. Mucho menos puede cualquier animal comprender y asombrarse a la complejidad de nuestro ADN.
Lo que sí se puede afirmar con suficiente certeza, es que, al contemplar la realidad en todos los niveles mencionados, esta no es posible que se haya organizado por si sola, ni por una evolución de prueba y ensayo. La expresión continua de la Energía Vital postula con mucha claridad la necesidad de que dicha Energía es consciente y creativamente organizadora para poder hacer que la evolución del universo y la expresión de vida de nuestro planeta continue su ininterrumpida expresión de vida vital organizada y con orientación de existencia.
Después haces una descripción de Dios que pones en cuestionamiento la descripción religiosa aparentemente contradictoria. De nuevo reconocemos tu valerosa duda. Lo que si queda sin resolver – eterna pregunta del hombre a lo largo de la historia – es cómo se puede describir una realidad Incognoscible en su Esencia si no es usando palabras-conceptos humanos que mínimamente nos brinden una imagen, una concepción entendible de aquello que nos supera en todos los ámbitos de nuestra limitada comprensión. ¿Quién puede afirmar algo de ese Dios que mínimamente se aproxime a lo que se puede entender que es su Esencia Incognoscible?
En este momento por lo menos se puede postular que solo lo puede hacer un extraordinario ser que está en un grado de comunicación con esa Energía Vital que supera a todos los humanos que están haciendo el más sincero esfuerzo por tratar de darle “rostro” y “comprensión” a dicho Ser. ¿Ha habido en la historia un individuo que ha podido afirmar algo sobre dicho Ser, sin equivocarse en su descripción, por más que se sea en términos humanos?
Buena pregunta que merece todo un artículo para abordarla.

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LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 29 abril, 2024 - 4:05 pm

Gracias, Reinaldo, por tus comentarios tan profundos. Sí, esa Energía física la llamo Vital, porque percibo que permanentemente está produciendo nuevos seres, es decir, los está creando, les está dando vida. Y cada nuevo ser veo que brota o nace con una manera especial de organización que lo hace distinto de otros, así sean semejantes. Hasta ahí he podido llegar con mis “pensamientos”.
Mil gracias, de nuevo.

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Vicente Alcalá 7 mayo, 2024 - 6:08 am

Contribuiré con el artículo: “Energía física, Energía psíquica,ENERGÍA”

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