Mis tres grandes maestros

Por: Alberto Betancourt
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Mientras estudiaba en la Compañía de Jesús fui aprendiendo la música por mi cuenta, convirtiéndome en mi propio maestro, y logré llegar a ser músico a pesar de ser jesuita. 

Al retirarme de la Compañía de Jesús pasé a ser maestro en el Liceo Javier de Guatemala. La pensión donde vivía quedaba muy cerca del Conservatorio. Fui allí a la secretaría para tratar de inscribirme en la carrera de órgano, pero el secretario me dijo que primero debía cursar dos años de solfeo y cuatro de piano antes de iniciar la carrera de seis años de órgano. 

Entonces, pedí una cita con el director, maestro José Castañeda, fundador de la Orquesta Sinfónica de Guatemala. Le conté mi historia musical y le dije que mi gran sueño era estudiar en el Conservatorio. Llamó al maestro de órgano, el padre Emigdio Papinutti, y al organista de la catedral, el maestro Elías Blas, quien también impartía clases allí. Los tres me hicieron un examen de validación, dieron por aprobado el tercer año y autorizaron mi ingreso a cuarto. En tres semestres cursé los tres años finales de la carrera.

El padre Papinutti era el maestro de órgano en la Escuela de Música de Santa Cecilia en Roma. El superior de los Franciscanos lo había enviado como misionero a Guatemala. Por los días en que yo finalizaba el sexto año de órgano, el papa Pablo VI le preguntó al superior de los Franciscanos por el padre Papinutti y él le respondió que estaba en Guatemala como misionero. Pablo VI le ordenó el traslado inmediato a Roma para hacerse cargo del órgano de la Basílica de San Pedro. Ese fue el gran maestro que me había reservado el destino para cumplir mi sueño, con cuyas enseñanzas pude aprender a interpretar las grandes obras de órgano.

En música sacra ya me sentía muy competente en mi profesión, pero mi ambición musical iba mucho más allá. Necesitaba dominar el piano, la armonía moderna, la improvisación y el jazz. Recién casado fui con mi esposa a cenar al restaurante del nuevo Hotel Ritz y encontramos un excelente pianista negro que tocaba un jazz de película. En un descanso lo invité a mi mesa. Era nada menos que Harold Blanchard, un pianista fabuloso de New York, que se había convertido en pastor y lo enviaron de misionero a Guatemala. Otro gran regalo que me tenía reservado el destino para cumplir mi sueño. Fui su primer discípulo en Guatemala: me enseñó los grandes secretos para interpretar el jazz, la improvisación y la armonía moderna.

Otro gran maestro que me tenía reservado el destino era el gran director artístico Guillermo Acosta, dueño de la empresa Discos Gas en México. No daba clases, pero me dio lecciones valiosísimas en las sesiones de grabación que me dirigía. En la primera pieza que grabé bajo su dirección me dijo: Tocaste las notas exactas, pero la gente no compra solfeo, sino pasión, sensualidad, nostalgia, alegría, despecho y sentimientos profundos. 

Cuando sentía que mi interpretación transmitía sentimientos profundos, me la aprobaba. Durante mi estadía de nueve años en México grabé 13 discos de larga duración bajo su dirección artística. Fue mucho lo que aprendí para mi desempeño como músico profesional.

Alberto Betancourt

Mayo, 2022

13 Comentarios
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13 Comentarios

Rodolfo de Roux 2 mayo, 2022 - 4:54 am

Fata volentem ducunt, nolentem trahunt. Felicitaciones, Alberto. Tanto yo como los otros compañeros del Berchmans te recordamos con cariño.

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Alberto Betancourt 2 mayo, 2022 - 9:25 am

Gracias Rodolfo por tu comentario. Te recuerdo muy bien como uno de mis mejores alumnos en el Bechmans.
Traducción del latín: “El destino guía a los dispuestos, arrastra a los que no quieren”.

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Antonio José Sánchez Murillo 2 mayo, 2022 - 8:12 am

Gracias querido Alberto por compartir tan íntimos y bellos recuerdos. Yo he tenido el inolvidable placer de escucharte. Renovados abrazos y aplausos.

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Alberto Betancourt 2 mayo, 2022 - 9:38 am

Gracias Antonio José por tu estimulante comentario.

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Alberto Betancourt 2 mayo, 2022 - 9:33 am

Gracias Darío Gamboa por esa hermosa consola de órgano tubular que me pusiste en la portada, idéntica al órgano Walker de Chapinero, que tran gratos recuerdos me trae. Con ese órgano apagado estudiaba las grandes obras, pues sus potentes tubos resonaban en todo el convento. Yo iba tocando las teclas imaginando los sonidos, y así la comunidad no se enteraba de mis errores, ni escuchaba las repeticiones de los pasajes difíciles.

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Dario Gamboa 2 mayo, 2022 - 4:11 pm

Te imagine tocando esa maravilla de instrumento y,aunque no tuve la fortuna de escucharte nunca creo, si disfrute mucho de las liturgias acompanadas por Joaco o Julio Cesar Botero en mi epoca de Jesuita. Bellos recuerdos!!

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Jaime López Vélez 2 mayo, 2022 - 10:13 am

Alberto: fui testigo de tus inicios en el órgano en Santa Rosa. Todo un prodigio. Fui también, acaso, tu primer discípulo en el piano, aunque fallido y claudicado. Puse la letra a varias de tus creaciones musicales en “El Ocaso”. Recuerdos imborrables. Estimulantes.

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Alberto Betancourt 2 mayo, 2022 - 11:12 am

Querido Jaime: Con tu mensaje revolcaste gratos recuerdos en mi memoria, pues fuimos compañeritos desde segundo de bachillerato en El Mortiño.

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Hernando+Bernal+A. 2 mayo, 2022 - 11:13 am

Alberto, maravilloso artículo que sintetiza no solo tu carrera sino tu genialidad. Imborrable. Recuerdo haberte oído improvisando en estilo barroco las melodías bailables de los años ochentas. Una sola muestra de tu gran musicalidad y de la versatilidad con que interpretas toda la música. Un gran abrazo. Hernando

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Alberto Betancourt 2 mayo, 2022 - 11:57 am

Gracias Querido Hernando por tu comentario. Jamás olvidaré la primera clase que me diste en Santa Rosa enseñándome las notas en el pentagrama y su correspondencia con el teclado. Los primeros años yo era quien te pasaba las páginas, y aprendí a seguir las partituras con gran facilidad. Cuando me soltabas alguna misa o bendición, yo disfrutaba mucho tocando el órgano. Abrazos!

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EDUARDO JIMENEZ 2 mayo, 2022 - 11:35 am

Los comentarios y la bella historia de Alberto, son un bálsamo en esta época de noticias no tan agradables. ¡Gracias Alberto!

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Alberto Betancourt 2 mayo, 2022 - 11:59 am

Gracias Eduardo por esa linda metáfora del bálsamo.

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Alberto+Betancourt 3 mayo, 2022 - 4:28 pm

Harold Blanchard improvisando sobre “All the things you are”: https://youtu.be/E7Xut9-F0lU
Improvisaciones de Harold sobre “Stella by star light”: https://youtu.be/x4vFccdeogc
Un album grabado en 1965: https://youtu.be/zdaBA2_JlyM

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