Home ¿En qué creo hoy? Mi paso a paso hacia la meta (1)

Mi paso a paso hacia la meta (1)

Por Luis Guillermo Arango
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Prácticamente, desde pequeño, he pasado año tras año buscando el sentido de la vida. Algunas veces me he definido como un ser en búsqueda. Ha sido un recorrido fantástico. Con satisfacciones, luces, oscuridad, temores y nuevas luces y satisfacciones.

Intentaré escribir, a grandes rasgos, los pasos más decisivos de mi caminar.

1. Época del Colegio. 

    Fe ciega en la autoridad, en lo que los demás me iban diciendo que era la verdad, la única Fe verdadera, fuera de la cual no había salvación. 

    Autoridad encarnada en mis padres, con su fe católica, de carbonero, a toda prueba. Padre, Hijo, Espíritu Santo, Virgen María, cielo, infierno, purgatorio, pecado, confesión, misa. 

    Había que creerles y decirles “sí”, a lo que dijeran los sacerdotes, los obispos y los Papas. Estos últimos no podían equivocarse cuando hablaban “ex catedra” en temas de fe y costumbres. Había que creerles a pie juntillas.

    2. Época de Jesuíta, durante 18 años.

    Fe meditada, documentada, apologética. Más vivencial que en la época anterior. Básicamente las mismas creencias. Intensificación en que el camino es servir y amar al otro. Comencé a fijarme más en la Naturaleza, a presentir que algo en ella me llevaba no solo a admirarla, sino a escucharla. Era la “contemplación para alcanzar amor” de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

    3. Época del descubrimiento del amor a una mujer.

    Apertura a un mundo completamente desconocido para mí hasta mis 35 años. Retiro de la Compañía de Jesús. Matrimonio. 

    Al comienzo, mi vida interior continuó igual, como por inercia, sin mucho cambio ni muchas dudas. Continué admirando a la Naturaleza. Quería aprender a escucharla.

    4. Época de alejamiento. 

    Los sermones insulsos en la mayoría de las misas dominicales me hicieron sentir que salía de la misa peor de lo que había llegado. Poco a poco renuncié a la práctica de los sacramentos, entre ellos a la Misa dominical, a la cual ya solo veía como símbolo del compromiso en comunidad de amar a todos y a todo. Así continúo viéndola hoy.

    Comencé a comprender que todo en el universo es energía, que somos energía.

    5. Época de búsqueda intelectual religiosa.

    Fue una etapa en la que comencé a sentir libertad interior para pensar por mí mismo, sin tener que creer en lo que los dueños de la Fe decían u ordenaban. 

    En todo este tiempo conté con la ayuda del mejor especialista en sagradas escrituras que había en Colombia, el Padre Gustavo Baena, jesuita, quien, después de 30 años de ser profesor en la Universidad Javeriana, en Bogotá, vive en Medellín su merecido descanso académico. Escuché todos sus cursos, incluso algunos de ellos los transcribí. Me leí y subrayé su obra principal, el libro “Fenomenología de la Revelación. Teología de la Biblia y Hermenéutica” (1.244 páginas). 

    Terminé con más dudas que certezas. Sentí que, poco a poco, casi sin darme cuenta, se me fue derrumbando todo el andamiaje religioso que sostenía mi Fe.

    6. Época de reflexiones.

    Época de preguntas internas que se fueron volviendo cada vez más apasionantes sobre el sentido de la vida y del universo mismo. Largas horas, muchos días y muchos meses reflexionando. Ya, como pensionado, disponía de todo el tiempo posible para dedicarlo a “pensar pensamientos”, como suelo decir.

    Sentía en mí una fuerza interior que me impulsaba a seguir preguntándome y a revisar las respuestas burdas que me iba dando a mí mismo.

    La sensación de que todo el universo es energía se me volvió más clara e intensamente comprendida. Me convencí de que soy energía y de que, como tal, soy parte integrante de todo el universo.

    Luis Guillermo Arango Londoño

    Septiembre 2024

    2 Comentarios
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    2 Comentarios

    John Arbeláez Ochoa 22 septiembre, 2024 - 9:40 am

    Esa bonhomía que se manifiesta con tu sola presencia, apreciado Luis Guillermo, parte de tu energía interior que compartimos todos los seres del universo con aquello que Spinoza nos describe en sus inquietantes y profundas reflexiones. Somos parte de esa Natura y como tales, participamos y compartimos toda su energía vital. Tu periplo me recuerda la tesis de Teilhard al ir del punto Alfa al Omega en un proceso individual de crecimiento, gracias al “conato” de esa energía interior.

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    LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 22 septiembre, 2024 - 6:39 pm

    Gracias, John, por tus comentarios. De Spinoza solo conozco lo que nos has compartido en el blog. La Naturaleza toda es una maravillosa y continua manifestación de su interior.

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