Mi experiencia en un viñedo francés

Por: Eduardo Pardo
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En el departamento de La Corrèze, a 450 km de París en dirección a Toulouse (suroccidente), hace varios siglos existían unos viñedos que producían un vino muy apreciado por los papas de Avignon. El terreno se extiende en forma de colinas de unos 400 metros de altura, pero lo interesante es que su suelo es rico en minerales, concretamente pizarra, lo que le da al vino un sabor particular.

Viñedos sembrados en una colina en La Corrèze

En 1876, llegó a la región la plaga de la filoxera, un insecto que ataca la vid, la cual acabó con casi todos los cultivos. Solo hasta los años 1950 los viticultores volvieron a sembrar y cultivar viñedos.

El papá de mi amigo René tenía una viña para su consumo personal, cuyo vino él mismo procesaba y que sus hijos consideraban horrible. A su muerte, René le compró a sus dos hermanos la casa y su terreno y entró como socio capitalista a la cooperativa vinícola de la población vecina. Gracias a su formación de economista descubrió que el gerente de la cooperativa la estaba llevando a la bancarrota. Logró que lo destituyeran y fue nombrado en su reemplazo. 

Desde que me jubilé en el año 2014 he ido todos los años a ayudar unos días en la vendimia y seis meses más tarde al proceso de la embotellada.  En el 2018 pasaron al cultivo biológico, que es mucho más respetuoso del medio ambiente. No usan abonos ni pesticidas químicos. Es más costoso, pues la maleza se quita manualmente y no con un producto que acabe con ella. Todos los productos Bio están de moda en este momento. Se venden más caros y requieren un certificado del Ministerio de Agricultura.                                                                            

En este momento la cooperativa cuenta con 23 hectáreas cultivadas y tiene proyectado llegar a 30. Esto lo hace comprando terrenos de la región para sembrar nuevos viñedos. René, personalmente, compró un terreno junto a la casa paterna y ya está produciendo vino.Las parcelas no conforman un todo, sino que estan esparcidas en la región alrededor de la cava y el pueblito de Allasac. Algunas pertenecen a sus propietarios y otras a la cooperativa. Las cepas que tienen sembradas son variadas: Cabernet Franc, Pinot Noir, Chardonnay, Chauvignon, Chenin y Merlot. 

Tractor que lleva las uvas de la parcela a la planta

Para la vendimia se contratan jornaleros de la región y también ayudan los amigos de los propietarios en forma gratuita. Suele llevarse a cabo entre septiembre y octubre, pero con los calores de este año se inició a fines de agosto. Las parcelas para la recolección se escogen de acuerdo con el grado de maduración de las uvas. Empezábamos nuestra labor a las 7.30 de la mañana. Se trabaja en binomio, uno a cada lado de la hilera de vides. Se van cortando los racimos y se llenan las cajas que luego pasa a recoger el tractor para llevarlas a la cava. A mediodía hacíamos un alto, pues nos ofrecían el almuerzo a todos. A veces nos reuníamos hasta 30 personas y disfrutábamos un rato de camaradería. Algunos nos conocíamos, pues llevábamos varios años seguidos viniendo.

Cubas en aluminio y barriles en madera de roble
Prensa que extrae el jugo de las uvas blancas

El procesamiento de las uvas varía. El vino blanco se hace a partir del jugo de las uvas verdes. Los racimos se meten directamente en la prensa durante dos horas y el jugo se deposita en cubas de aluminio o de madera (roble), según el sabor que quiera dársele al vino. En el caso del vino rojo los racimos se ponen en una máquina que los desgrana y los granos se depositan en cubas para su fermentación. Lo que queda de las pepas y de las cáscaras se deposita en el fondo de las cubas. En el momento de la embotellada, el vino se pasa por filtros para purificarlo.

Los vinos que se ofrecen en la venta son rojo, rosado y blanco seco, semiseco y suave. La cava los vende directamente, a restaurantes y supermercados de la región y a mayoristas. Tambien participa en varias ferias del vino y en concursos donde ha ganado medallas de oro, plata y cobre. Estos reconocimientos han propiciado un esfuerzo de mejoramiento continuo de su calidad.

Oferta variada de vinos. A la derecha, certificado de un premio

Al terminar la jornada a rayo de sol, regreso hacia las 4.00 de la tarde a la casa de mi amigo a disfrutar un rato en la piscina. Un descanso merecido, ¡ganado con el sudor de la frente! Habíamos estado a una temperatura de 35° C y lo merecía.

La casa de René fue construida con materiales de la región, como la pizarra del techo y las piedras de los muros. Para contar con agua caliente y calefacción en época fría usan el método geotérmico que consiste en buscar a más de 100 metros de profundidad agua relativamente caliente y después hacerla pasar por una bomba de calor para llevarla a la temperatura deseada.

La casa de campo de mi amigo René

Aquí termino este relato, que a lo mejor tendrá un segundo capítulo cuando participe en la embotellada en el  2021.

Eduardo Pardo M.

Diciembre, 2020

3 Comentarios

Jorge Luis Puerta 2 diciembre, 2020 - 10:43 am

Enviaré esta nota a un grupo internacional de catadores de vino, al cual pertenece mi cuñada. Estarán encantados de conocer estos detalles…

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John Arbeláez 2 diciembre, 2020 - 12:59 pm

Eduardo, qué envidia tu jornada anual en la vendimia. Ya me habías contado sobre esta experiencia que me parece alucinante, pues todos los pormenores de la producción del vino desde la siembra, la vendimia, la producción del vino, la reserva en cavas me parecen espectaculares. Esperamos con ansuas tu próxima narración. Felicitaciones, Muy instructivo. abrazos

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Hernando Bernal 2 diciembre, 2020 - 3:45 pm

Muy interesante la relación sobre la vendimia, un tema un tanto desconocido para muchos de nosotros. Gracias

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