Los libros que más me gustan – Mis nivolas

Por: Carlos Enrique Velasco
142 Vistas
paper, heart, symbol

A raíz de mucho elucubrar sobre el libro o los libros más importantes de mi vida decidí transcribirles lo que Luciano Mendieta Arroyave, un desconocido escritor, escribió en uno de sus frecuentes momentos de ensoñación.

“Y como si desfilasen uno tras otro, percibo entre mis ensueños a decenas de autores que se asoman en mis recuerdos y solo vislumbro a algunos de ellos que me observan y me reconocen por las innúmeras pláticas habidas con ellos en tiempos pretéritos. Encabeza Homero, mítico padre de la épica, con su lúcida calva y barba ensortijada, que agita su clámide mientras ambula despacio departiendo con el constructor de Macondo de liquilique blanco y mariposas amarillas que aletean en su entorno, mientras este narra a su par la epopeya fática de los Buendía, y presta oídos a los avatares del rey de Ítaca en su penoso periplo de aventuras y tentaciones en aguas turbulentas y de Aquiles el héroe de Troya y amante de Patroclo. 

Míticas y palatinas también fueron las sagas de Sófocles, quien los sigue de cerca, inspiradoras precoces de complejos y traumas en siglos venideros. Detrás, altivo y luciendo en sus sienes la corona de laurel, transita il Sommo Poeta, como si aún estrechase la mano de Beatriz mientras recorre los meandros del empíreo en su Comedia, epítome magistral de razón y fe en el medioevo; tras su sombra marcha el esclarecido manco, sabio de la sinrazón y de la sensatez, que funde en el mismo crisol, durante su trasegar manchego, a sus protagonistas para erigir el sublime paradigma del hombre de carne y hueso. Cervantes departe en su camino con su coetáneo y vecino insular, genio también este y escultor eximio de las furias y pasiones que nutren y corroen al lobo irredento que llevamos encajado en las entrañas. Me ven los dos y me saludan porque conocen lo mucho que me han embriagado. 

Discuten y agitan rosarios y bordones los de la triada conventual hispana, Teresa, Juan y Luis, arrobados por el éxtasis divino que expresan con sus plumas inspiradas, seguidos por Rousseau, el polímata pensador, que nació en el Edén inmarcesible de la bondad natural del hombre. El vasco bilbaíno, rector vitalicio de la universidad de Salamanca, delirante en la fe irracional, vestido de negro, con su chivera ya nevada y sus espejuelos redondos, camina solitario y erguido con el orgullo de su lucidez en la incertidumbre y al distinguirme se acerca y me abraza porque él supo de mis delirios durante los muchos coloquios habidos durante años. Lo siguen varios personajes, imperdible, entre ellos, Balzac con su robusta complexión y su balandrán inmarcesible atestado de figuras y personajes, Tolstoi el doctrinario de la no violencia con su barba luenga y descuidada, y el solitario Conrad con su amplia frente y su chivera acicalada. Cierra la romería el gran Borges, ultraísta hermético y subjetivo, en compañía de otros cuyos rostros se difuminan entre los recuerdos, pero todos maestros y guías que mi librero Emilio me fue haciendo conocer y disfrutar”. 

Estos autores queridos y admirados por todos nosotros, y muchísimos más, estarán siempre en nuestra lista de mejores libros por su innegable valor perenne. Sin embargo, debo decir, que son tres libritos desconocidos, de una editorial más desconocida que los propios libros, los que más han influido en mi vida de estos últimos veinte años, y les voy a contar por qué.

El personaje de una novela, como mi Luciano Mendieta Arroyave a quien escuchamos hace un momento, no es un homúnculo, es un ser humano de carne y hueso que habita en el mundo de los sueños, tiene su hogar en la capital, lleva nombre y apellidos, sufre cuando su hijo se enferma, ama a Teresa su esposa y a su vieja amante Cristina; odia, fracasa, triunfa y ha leído a Homero, a Gabo, a Dante y a Borges, entre otros. Y esa creatura se gestó en las entrañas del escritor y una singular placenta aferrada en la propia mismidad del autor nutrió al embrión y lo construyó como persona. De ahí que novelar exija del escritor un permanente y profundo acto de introspección en los entresijos de la naturaleza humana. 

Para mí, novelar ha sido el momento de mis revelaciones interiores, la comprensión de la razón de ser de mis acciones y la conciencia de las profundas limitaciones de mi libre albedrío. Mi camino, mi ruta interior, desde que escribo, ha tomado un sendero de encantamientos y ensoñaciones, y una nueva forma de juzgar a los seres humanos. De ahí que mis mejores libros, aunque no tengan ningún mérito literario, son mis nivolas*, como las llamaba Unamuno, porque me han sumergido entre mis propias trastiendas para conocerme más y conocer mejor a los demás.  

Carlos Enrique Velasco Angulo

Eleonora y yo. Recuerdos tardíos de un renegado (2019); La calle de la cuesta (2019) y Paulina y sus contiguas (2020). Popayán: Samava Ediciones.

6 Comentarios

John+Arbeláez 4 julio, 2021 - 7:00 pm

Carlos Enrique, maravilloso tu relato sobre los libros que te han acompañado durante largos lustros y que te han impreso un rico vocabulasrio como el que demuestras en estas magníficas líneas. Corto pero sustancioso y a la vez largo en experiencias literarias.
Felicitaciones.

Responder
Jaime López Vélez 6 julio, 2021 - 3:14 pm

Me quito el sombrero ante el escritor de tan excelente artículo. Fascinado me dejó la primera parte con tan acertada cita sobre sus escritores más acogidos; y la seguna parte, de su propia cosecha, me asombró por lo bello de la prosa, a la altura justa de tan valioso contenido.
Algo para agradecer, de un lado; y para felicitar, por el otro.

Responder
Humberto Sánchez Asseff 5 julio, 2021 - 4:00 am

Un escrito prolifico en vocabulario que nos permite ver en el interior del amigo y conocerlo más. Gracias Carlos Enrique por abrirnos tu alma.

Responder
Reynaldo+Pareja 5 julio, 2021 - 7:30 pm

Carlos Enrique, por un instante crei que te habias equivocado de palabra en el titulo. Pero no, al final esclareces que es el vocablo inventado por Unamuno que no deja, en nuestra picardia colombiana, de sugerir otra cosa que “boberias de novela”. Que estas nibolas, perdon, nivolas, sigan derramando imagenes magicas que nos permitan entrar en tu mundo de ensueños y nuestro deleite al leerte.

Responder
Carlos Velasco 6 julio, 2021 - 6:15 pm

Agradezco las cariñosas palabras que me estimulan a continuar en esta ardua y maravillosa traer de darle vida a tantos personajes que luchan por escaparse de su ficción. Es una labor con pretensiones de convertirme en Creador. Un Creador muy limitado por cierto!

Responder
Julio Hidalgo 17 julio, 2021 - 12:42 pm

Quedo admirado con tu prosa y tu riqueza de vocabulario. No conocía estas facetas tan agradables que me han permitido conocerte más profundamente y acercarme a ti después de tantos años de silencio y de un pasado compartido. Eres ya un verdadero creador…

Responder

Dejar un comentario