Las emociones de la Copa Mundo

Por: Dario Gamboa
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¿Quién no se ha emocionado al escuchar las notas del himno nacional de su patria en las grandes ocasiones de celebración histórica y quién no llega hasta las lágrimas, acompañadas de erizada de la piel, cuando escucha las notas del himno de su patria estando lejos, en otro país? 

Imaginemos lo que pasa dentro de cada jugador de fútbol cuando, al comienzo de un partido de la Copa Mundo, suenan las notas de su himno patrio y él sabe que dependiendo de su desempeño y el de sus diez compañeros, millones de personas tendrán felicidad o decepción al final de los próximos minutos de juego. Mucho más, cuando desde las tribunas, sus compatriotas que han venido de muy lejos corean a gritos fuertes la letra de su himno en un estadio abarrotado de fanáticos. Las cámaras de la televisión mundial recorren uno a uno los rostros serios y respetuosos de los futbolistas ante el himno de la patria y de sus ojos brota una que otra lágrima de emoción por estar en un momento culmen de su carrera profesional. 

La Copa de Fútbol del Mundo es el torneo deportivo más prestigioso y no sorprende que suscite gran cantidad de emociones, sobre todo entre los fanáticos de las selecciones nacionales participantes. Cada cuatro años, millones de personas en todo el planeta se reúnen para animar a sus equipos y jugadores favoritos, y las emociones que acompañan esta experiencia son incomparables. Desde la emoción de un gol ganador, que lleva a muchos a celebrar con abrazos y gritos de alegría, hasta la decepción por una derrota que se llora con angustia, la Copa Mundo genera una variedad de sentimientos en personas de todos los estratos sociales y ámbitos de vida de todos los países del mundo. 

El apego emocional a una selección nacional en la Copa Mundo es algo poderoso. Es una conexión que trasciende el idioma, la cultura e incluso las fronteras. Es una conexión que une a las personas de una manera que nada más puede hacerlo. Cuando un equipo gana, es una victoria de toda la nación, y cuando un equipo pierde, es una derrota para toda la nación. Este apego emocional es algo que pueden sentir personas de todo el planeta, independientemente de su nacionalidad o antecedentes. 

El vínculo emocional con una selección en este evento futbolístico también es motivo de orgullo para muchos. Es una forma de que la gente apoye a su país y su equipo. Es como un vínculo umbilical con la tierra que vio nacer a cada uno de nosotros o con la tierra a donde le llevaron sus padres o donde tuvo que emigrar y que lo acogió como hijo adoptivo y lo integró como a uno de los suyos. Es una forma de demostrar que son parte de algo más grande que ellos mismos y que están orgullosos de ser parte de eso. Es una manera de demostrar que están orgullosos de su equipo y del arduo trabajo que han realizado para llegar a la Copa Mundo tras superar una eliminatoria que privó a otros países de participar. El apego emocional a un equipo nacional en este torneo es algo que puede unir a las personas de una manera que nada más puede hacerlo. Es una conexión que puede sacar lo mejor de ellas y es algo que debe celebrarse y apreciarse. 

El fútbol es un deporte que existe desde hace siglos y es amado por millones de personas. Es el juego que cualquiera puede jugar, independientemente de su condición social, su estatura o su fortaleza. Es un juego fácil de aprender, que se puede jugar en una calle, un parque, una playa, un campo o un estadio. El balón es fácil de conseguir o fabricar y pocos  en la vida pueden afirmar que jamás han pateado una bola desde su infancia hasta la edad que tengan. Es un juego que se tiene que jugar en equipo, donde el esfuerzo individual debe sumarse a un colectivo armonioso, que para tener éxito debe sumar la capacidad y el talento de cada uno para llegar al anhelado momento del GOL, que es como una explosión de la creatividad colectiva, cuando el balón logra inflar la malla del arco rival, contagiando a millones en un grito universal de júbilo.

Al compartir esta breve reflexión sobre la emoción y la Copa Mundo que hoy presenciamos en todo el planeta me viene a la mente la increíble variedad de nuestras culturas, la increíble diversidad de razas, colores nacionales, estados de desarrollo de los países y la emocionante realidad de un baile de atletas alrededor de un balón en escenarios gigantescos que se llenan de fanáticos de sus equipos, sin mencionar los probables miles de millones que los acompañamos desde todas las naciones del mundo. ¡Qué fiesta de la unión, qué fiesta de la emoción, qué fiesta por el esfuerzo conjunto por el trabajo de equipo, qué pasión la de los jugadores que se entregan como guerreros por su país, por la tierra que los vio nacer o por la que los adoptó para su vida!  

Entonces, mi conciencia me pregunta: ¿por qué no utilizamos esa misma pasión para construir lo que hemos destruido? ¿Por qué seguimos matándonos unos a otros, por qué las invasiones y las guerras llenan de nubes nuestro porvenir? ¿Por qué seguimos descuidando y destruyendo la naturaleza? ¿Por qué no utilizamos la misma pasión que sentimos por nuestros equipos para devolverle a la Tierra y a nuestros semejantes el júbilo de construir juntos, de perdonarnos unos a otros, de trabajar en equipo por el bien colectivo?

¡Ojalá aprendiéramos del fútbol!

Dario Gamboa Henao

Diciembre, 2022

7 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 11 diciembre, 2022 - 8:50 am

Darío: tu tratas un tema por demás complejo y qu yo me atrevería a formular en una sola pregunta: ¿cómo orientar la pasión humana en búsqueda de objetivos comunes?. Ganar en futbol es sin lugar un objetivo común de un país, pero que o va más allá de la satisfacción personal “momentánea” y que solo se refiere a satisfacciones internas sin mayores repercusiones materiales o monetarias. Pero lograr que un país se una alrededor de un objetivo realmente común – como lo hizo Kennedy con el primer paso del hombre en la luna – son palabras mayores, que por su parte la Mazzucato está proponiendo como solución para países como los latinoamericanos. El asunto es que en estos casos no se dan los orgullos heridos por la guerra fría, ni los problemas aledaños de seguridad nacional. Ahí es donde falla la propuesta del remedio… Saludos. Hernando

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Dario Gamboa 11 diciembre, 2022 - 9:01 am

Gracias Hernando por tu comentario. De la emocion tenemos que bajar a la realidad de unirnos por causas comunes que resuelvan nuestras dificultades, a la pasion por resolverlas para el bienestar de las grandes mayorias. Gracias de nuevo.

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EDUARDO JIMENEZ 11 diciembre, 2022 - 11:41 am

Gracias a Dario por su comentario.
Sobre el hecho de la armonía que hasta cierto punto se nota en el actual torneo de futbol, tengamos en cuenta que, por ejemplo, de los 23 jugadores del equipo de futbol de Marruecos, 17 no nacieron en Marruecos (https://as.com/futbol/2018/06/24/seleccion/1529799052_203365.html)
Creo que esto explica en parte el que, a pesar del entusiasmo de los hinchas, la sangre no llegue al río en estos torneos.
Gran parte de los problemas entre naciones, se deben a la fortuita circunstancia de la persona haber nacido unos metros más allá o más acá. James por ejemplo, nació en Cúcuta, a unos metros de la frontera con Venezuela. Si unos días antes se hubiera trasladado unos metros más al este, James sería un astro del futbol venezolano.
Además, James también tiene nacionalidad española, así que perfectamente hubiera podido jugar en la selección española.
¿Talvez debiéramos aprender de los jugadores de este mundial, que tienen varias nacionalidades, y que en su momento escogen con cual equipo jugar, y reducir así la animosidad y el nacionalismo?
Cordiales Saludos

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Dario Gamboa 11 diciembre, 2022 - 2:08 pm

Gracias Eduardo por tu comentario. Precisamente el articulo que tu citas del origen de los jugadores de Marruecos dice textualmente: “Los jugadores de Marruecos reflejan la situación actual de su país, donde muchos buscan en Europa las oportunidades que no encuentran en África. La selección marroquí representa también el amor por sus raíces. Sus familias buscaron lejos de casa una vida mejor, pero ahora ellos acuden a la llamada de su país de origen para defender sus colores en el Mundial. Sólo seis jugadores (Tagnaouti, Dirar, Mendyl, En-Nesyri, Bouhaddouz y El Kaabi) nacieron en Marruecos. El resto tienen otras nacionalidades de nacimiento: ocho franceses, cinco holandeses, dos españoles, un belga y un canadiense.” Eso confirma mi comentario sobre la emocionalidad del evento y como su pudiera encauzar en causas comunes constructivas que no sean el simple nacionalismo, sino la construccion de un mundo mejor por encima de las fronteras del lugar donde se nacio. Gracias por tu aporte!

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Humberto Sánchez Asseff 12 diciembre, 2022 - 11:49 am

Excelente artículo y comentario. Me uno a lo expresado por el autor y los comentaristas. Cuál era el equipo de Darío en La Apostólica?

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Dario Gamboa 12 diciembre, 2022 - 9:38 pm

Juventus, Humberto!!

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EDUARDO JIMENEZ 12 diciembre, 2022 - 12:42 pm

Muy de acuerdo con el comentario de Darío.
Sobre los equipos de futbol que teniamos en El Mortiño, si la memoria no me falla, los equipos eran Huracán, Liverpool y creo que San Lorenzo y otros,, aunque puedo estar equivocado.
Yo en El Mortiño era portero, por lo que me idientifico más con jugadores como Bono (el arquero de Marruecos nacido por cierto en Canadá) que con Messi. Al irme al Noviciado me reemplazó en la portería, si no estoy mal, Rafa Jaramillo.
Abrazo

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