Home Cultura HISTORIAS PARA PENSAR1 (2)

HISTORIAS PARA PENSAR1 (2)

Por Samuel Arango
56 vistas
Download PDF

Son historias recogidas en los libros, en la calle, en Internet, en el hogar. Son historias que enseñan, que ponen a reflexionar. Positivas, didácticas, impactantes. No es posible identificar a todos los autores, así que en este sentido hay que dar excusas. Pero las historias valen la pena.

Continúan…

4. Quizás sí

El soldado regresaba a casa después de un día de intenso trabajo en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Las calles estaban desiertas y las ruinas se veían por todas partes. Un frío intenso se metía al cuerpo por todos lados. El soldado entró a la panadería a comprar unos pedazos de pan. Cuando ya iba a pagar, observó a través de la vitrina, que en la calle un niño miraba lelo los panes exhibidos. El soldado entonces llamó al niño y le regaló un pedazo de pan y una bolsa con otras porciones para que llevara a casa. Cuando salían juntos de la panadería escuchó la tierna voz infantil que preguntaba:

– Oiga señor, ¿usted es Dios?

(Anónimo)

5. Imaginación

El niño emergió del agua y exclamó emocionado:

– Mamá, vi un pescado adentro de la piscina.

La madre, para seguirle el juego, se sumerge y al salir exclama:

– Hijo, no vi nada allá adentro.

– Pero mami, ¡tienes que cerrar los ojos!

(Samuel Arango M.)

6. La verdad

Cuatro ciegos se encontraron por primera vez con un elefante. Uno de ellos palpó el enorme objeto y exclamó:

– ¡Un elefante es como una enorme pared!

Otro que tomó la trompa dijo:

– ¡Un elefante es como una inmensa culebra!

El tercero palpó las patas y aseguró:

– ¡El elefante es como una columna ancha!

El cuarto tocaba una oreja y afirmó:

– No, están equivocados, ¡el elefante es como una tela gruesa!

El elefante continuó su camino asustado.

(Enciclopedia juvenil)

7. Autoconocimiento

Un pato pide una cerveza en un bar.

El camarero le dice, “Usted es un pato”

“No, padece de la vista,” le responde el pato.

“Sí, pero lo que quiero decir es que puede hablar” le dice el camarero. “Tampoco, padece de los oídos,” le responde el pato. “¿Ahora, me hace el favor de darme una cerveza?

El camarero le da una cerveza y le pregunta lo que está haciendo por allí…

“Bueno,” le dice el pato, “soy carpintero y voy a estar trabajando en la casa de enfrente durante unas semanas y por lo tanto cada día vendré a tomarme una cerveza.”

Y cada día el pato cruza la carretera al bar a tomarse una cerveza a la hora de comer.

Durante la siguiente semana, un circo llega al pueblo. El dueño del circo llega al mismo bar y pide una cerveza. El camarero le cuenta del pato. “¿Por qué no lo usa en su circo?” le dice. “Un pato que habla sí que le haría mucho dinero. Le hablaré de esto la próxima vez que lo vea.” El próximo día, el pato llega al bar y el camarero le dice, “Sabe, el circo ha llegado al pueblo y ayer estaba hablando con el dueño y está muy interesado en hablar con usted.” “¿De veras? dice el pato.

“Sí. Podría ganarse mucho dinero y yo puedo organizarle todo fácilmente.” “Espere un minuto,” le dice el pato. “Ha dicho un CIRCO ¿No?

“Eso es. Le puedo conseguir un trabajo empezando mañana si quiere.” El pato lo piensa un poco y luego dice, “Pero ¿Qué quiere un circo con un carpintero?”

(Anónimo)

8. Una pregunta importante

En la universidad, el profesor nos pidió sacar papel y lápiz para un quiz rápido. La última pregunta decía: ¿Cuál es el nombre de la señora que hace el aseo en este salón? Parecía un chiste, era una señora de unos 60 años, gordita, pero cómo se llamaba era un misterio. Dejé la respuesta en blanco. Al terminar la clase, un estudiante preguntó: Profesor, ¿la última pregunta será tenida en cuenta? Claro, dijo el profesor. En su profesión, ustedes van a conocer mucha gente y todos son importantes así lo único que hagan sea saludarse. Nunca olvido esa lección. La señora se llamaba Eugenia.

(Samuel Arango M.)

9. Una noche de lluvia

Una señora negra, de edad avanzada, echaba dedo a la orilla de una carretera, llovía copiosamente. Su carro estaba varado. Un humilde granjero pasaba en su destartalada camioneta por el lugar y la recogió.

El la arrimó a la ciudad y la dejó al lado de un taxi; ella parecía estar de afán y anotó la dirección del samaritano. A la semana, un mensajero con un inmenso televisor tocó a la puerta del amable conductor.

El televisor llevaba una nota: “Gracias por ayudarme. La lluvia empapó no solo mis vestidos, sino mi alma. Gracias a su ayuda pude llegar al lecho de mi esposo enfermo que falleció a los pocos minutos.

Dios lo bendiga, sinceramente: La señora Nat King Cole”

Samuel Arango

Mayo, 2024

2 Comentarios
0

También te gustara

2 Comentarios

VICENTE ALCALA 6 mayo, 2024 - 6:17 am

Mezcla de humor, suspenso, sencillez, sabiduría… Gracias, Samuel.

Respuesta
John Arbeláez Ochoa 6 mayo, 2024 - 7:11 pm

Tus historias, apreciado Samuel, no me pusieron a pensar pero me permitieron soñar. Excelentes.

Respuesta

Deja un comentario