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EL SENTIDO DE MI PROFESION DURANTE MI VIDA

Por Jaime Escobar Fernandez
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Nuestra tertulia semanal 201 trató sobre un tema muy personal: “El significado de mi profesión en mi vida”. Aquí el testimonio de Jaime Escobar. 

No sabría precisar si la “docencia” que he practicado desde que tenía 12 años hasta los 83 cumplidos cabe dentro de la categoría “profesión” o más bien debería llamarse un “apostolado” por alguno de estos motivos: la casi “gratuidad” de la actividad, el sacrificio permanente de supeditar todo al cumplimiento de los compromisos adquiridos, incluyendo la permanente búsqueda de actualización sobre los temas objeto del ejercicio pedagógico, como también la preparación de materiales escritos en apoyo al acto “caritativo” de compartir conocimientos.  

Parodiando a S. Pablo en 1Cor. 19-23 “A pesar de que soy hombre libre y sin amo, me he hecho esclavo de todos para llevar a muchos” al Reino del Conocimiento, la superación personal y el proyecto de vida. 

Empecé mi “apostolado pedagógico” a los doce años, pocos meses después de ingresar al Colegio de S. Ignacio de Medellín en el año de 1950. Todos los días a la puerta del colegio nos esperaba “Mariposo” el H. Suárez, S.J. que se había ganado ese remoquete porque, según las malas lenguas, mantenía su cabellera de color rubio gracias a la aplicación de agua oxigenada, y se ayudaba un poco el merecimiento del apodo con algunos modales un poco “afectados”. 

“Mariposo” me hizo la propuesta de ingresar al grupo de “catequistas” que los sábados por la tarde, luego del canto de las letanías en la Iglesia, mientras todos iban a sus casas, los “catequistas” quedábamos a las órdenes del H. Labiano, S.J. bondadoso y querendón hermano Coadjutor de origen vasco que se había hecho cargo de enseñar el catecismo a los niños y jóvenes de los “guayabales” cercanos al aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. 

Previo el permiso familiar me inscribieron como “catequista” y cuando soñaba mi primera salida al campo, tuve que refrenar mi entusiasmo porque debía primero hacer “el curso” que acreditaría mi condición de tal. En el San Ignacio de aquellos tiempos, y lo confirmé años más tarde durante la etapa de filosofía en Chapinero, la “catequesis” se apoyaba en “pendones” que recogían pasajes de la Biblia y se lustraban practicando la técnica que vine a saber muchos años después se llamaba “lectura de imagen”. Los mangones de guayabos aledaños al Río Medellín fueron mi primer “Campos de Montiel” de ese “Ingenioso Hidalgo” en que me convertiría para “desfacer entuertos” propios del analfabetismo real o funcional. 

Recorrí a lo largo de 70 años todos los niveles de la educación formal, de primaria a doctorados y en las modalidades de presencial, virtual, a distancia, audiovisual. Debo incluir actividades como cursos, seminarios, conferencias sobre tal infinidad de temas que se me puede aplicar aquello de que me ocupé “de omni re scibili et quibusdam aliis” porque siempre mi vida ha estado a cargo de la urgencia de satisfacer mi inagotable curiosidad. 

La justificación que se nos daba para dedicarnos a la catequesis se apoyaba en las obras de misericordia espirituales: “dar consejo al que lo necesite, corregir al que yerre y enseñar al que no sabe”; este último modificado con malicia perversa: “enseñar lo que no sabe”. En cierta ocasión el P. Antonio Gómez S.J. mi amigo de muchos años y desde hace cincuenta mi cuñado, alguna vez afirmó en público: “Jaime Escobar no sabe ni griego ni latín pero lo vende muy bien vendido”. 

Dedicado a contemplar los arreboles con los que me premia el sol en el ocaso de mi periplo vital, creo tener suficientes argumentos para creer que mi vida ha cobrado casi todo su sentido en los desiertos y oasis propios del ejercicio pedagógico.  

¡Qué más se puede exigir en favor propio! 

Jaime Escobar Fernández

dults teacherJulio, 2024

5 Comentarios
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5 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 1 agosto, 2024 - 6:41 am

Jaime: Hermoso testimonio de un verdadero Maestro, que siente la docencia como un acto vital y profundo. Puedo dar testimonio real, no solo por haber compartido con él escenarios académicos innovadores, sino también por haber conocido de primera mano los manuales y las metodologías pedagógicas creadas con enorme creatividad e implementadas con generosa entrega. Gracias Jaime por lo que nos has enseñado mucho, no solo sobre temas humanos sino con la muestra vital de tu profundo humanismo. . Hernando

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Vicente Alcalá 1 agosto, 2024 - 6:58 am

Jaime,los pendones de tu catequesis me recordaron los mosaicos bizantinos de la iglesia de San Salvador de Chora (campo) que servian para la “catequesis” pues los fieles no sabían leer. Debes “vender” muy bien el griego y latin, desde que te lo compran hasta tus 85 y más…

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Guillermo Sanz 1 agosto, 2024 - 7:07 am

He aprendido a tomar cafe, dinamizando el cafe del dia con el nombre “coffea” con mi dedo indice ..
Algunos diran que estoy aplicando un rito pagano cristianizando el cafe. Yo simplemente incorporo en mi ser material los beneficios saludables del cafe…( que son muchos ) como lo comprueba Jaime con su persistencia en cultivar cafe…
Que hariamos sin ti buen amigo Jaime:::? No creo que hubiera ingenioso hidalgo bajo los cielos de Medellin o Bogota que hubiera tenido el atrevimiento de inventarte. Así que bendigo una y muchas veces que la vida te haya parido oh atrevido y audaz entre los que más… Que sigas aromatizando con tu bonhomía prados y praderas de nuestra America joven y aun fértil de ingenio y alegría …!

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Rodolfo de Roux 1 agosto, 2024 - 8:16 am

Bravo, Jaime. Ninguna IA ejercerá el ” apostolado pedagógico ” con la “inteligencia natural” y el humanístico celo con los que llevaste a muchos al “Reino del Conocimiento, la superación personal y el proyecto de vida”.

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Juan Gregorio Vélez 1 agosto, 2024 - 11:36 am

Gracias Jaime por tu vida dedicada a la pedagogía. Si bien recuerdo un día nos ayudarte en Ecopetrol con el tema Salud Ocupacional. Otra competencia de servicio.

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