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Educación y movilidad social. El caso de Francia

by Eduardo Pardo
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Después de contarnos hace unas semanas su experiencia en un viñedo francés, Eduardo nos relata la historia de su amigo René para ilustrarnos cómo opera la educación en Francia.

Algunos recordarán a mi amigo René, a quien fui a ayudar durante la vendimia. Esta es su historia: él y sus dos hermanos nacieron en una vereda (para los que conocen Santa Rosa de Viterbo podría ser algo así como Quebrada Grande, camino arriba) de padres campesinos. Cursaron los años de primaria en la escuela veredal. Entraron luego al colegio en el pueblo más cercano (imaginen Santa Rosa de Viterbo) y terminaron el liceo en el internado de la ciudad más cercana (hagan de cuenta Duitama). Aprendieron a leer cuidando las vacas en el potrero.

Graduados de bachilleres ingresaron a la universidad. Uno de ellos se graduó en medicina, otro en ingeniería y René en economía. Este, en su vida profesional, llegó a ser director de una de las ramas del Ministerio de Economía, pagóimpuestos sobre la riqueza y recibió la Legión de Honor. Actualmente jubilado, dirige la Cooperativa Vinícola en la región donde nació.

Los tres hermanos salieron adelante en la vida gracias al sistema educativo francés que describo a continuación. Y como la historia educativa de ellos, podría citar el caso del expresidente François Mitterrand, que nació en Jarnac, un pueblito de apenas 4000 habitantes.

La educación en Francia es obligatoria a partir del «maternal» (equivalente a nuestro pre-escolar). Es gratuito, pero los padres deben pagar los útiles escolares, el almuerzo y el transporte. Para los útiles, el Estado brinda una ayuda a todos los estudiantes cada año escolar.

Casi la totalidad de la educación francesa es pública. Actualmente solo hay 12.500 establecimientos privados con 2.200.000 estudiantes, que son apenas el 17 % de la población estudiantil. También hay 600 internados privados que atienden a 63.000 alumnos.

El presupuesto más alto de la nación está dedicado a la educación. Después siguen Defensa y Seguridad, Políticas Sociales, Desarrollo Sostenible y Justicia. 

En las grandes ciudades los estudiantes se inscriben en los colegios ubicados en sus barrios. Esto permite la mezcla social, pues cada barrio debe tener un mínimo de casas o apartamentos para personas de bajos recursos. Otra ventaja es la cercanía: los recorridos al lugar de estudio son cortos. Naturalmente, los que van a colegios privados pueden vivir más lejos.

Las etapas educativas están distribuidas de esta manera:

  • Escuela maternal, de 3 a 5 años.
  • Primaria, de 6 a 10.
  • Colegio, de 11 a 14. Se obtiene el diploma denominado Brevet.
  • Liceo, de 15 a 18. Se otorga el diploma de bachiller.

Lo más interesante de esta última etapa es que, para iniciarla, cada alumno ha tenido que escoger una de las diferentes ramas del liceo. El bachillerato clásico tiene tres ramas: científica, literaria, socioeconómica. Para esta escogencia se tienen en cuenta los intereses y deseos del alumno, de sus padres, sus calificaciones y la evaluación de los profesores. 

Por su parte, el bachillerato técnico ofrece múltiples opciones. Por ejemplo, industria y desarrollo sostenible, administración y gestión, dibujo y artes aplicadas, salud y social, laboratorios, hotelería, restauración, teatro, música y danza, agronomía y ganadería, etc. Hay también un bachillerato profesional, con alternativas como comercio y ventas, cosmetología y perfumería, aparatos ortopédicos, culinaria, horticultura, servicios personalizados, etc. 

En el último año del bachillerato técnico y profesional, además de los cursos académicos, se tienen prácticas, lo que permite que muchos, al obtener el diploma, consigan un empleo en donde hicieron la práctica. También les permite continuar sus estudios en las universidades.

Personalmente, esta diversidad me parece muy realista, pues tiene en cuenta las inclinaciones de cada persona y sus capacidades. Al final del colegio ya se tienen las bases de una cultura general. ¿Para que desperdiciar tiempo y fuerzas con materias para las que son nulos o no les gustan y que no les servirán en la vida profesional? ¿Por qué esa presión social para que todos tengan el mismo bachillerato y después sean «doctores», universitarios? 

Así como dije que es mejor ser un buen budista que un mal católico, también pienso que es mejor ser un buen mecánico, tornero o panadero, que un mal médico o arquitecto. ¿Qué es más importante: el desarrollo y realización como personas integrales o dedicarle toda la vida a un cargo y a un salario mejores? ¿Son más felices a nivel personal y familiar los directivos más ricos? ¿Han tenido tiempo de disfrutar la vida con sus familias? ¿Por qué la sociedad califica de falta de ambición a los que no escogen carreras «llamativas»? ¿Es condenable vivir feliz y en paz con una de las llamadas«profesiones secundarias»?

Ahora veamos los estudios universitarios y sus costos anuales:

Licenciatura, tres años. 170 euros.

Maestría, dos años más. 243 euros.

Doctorado, dos o tres años más. 380 euros.

Ingeniero, 600 euros.

Como si fuera poco, el gobierno otorga becas, de acuerdo con la situación económica del estudiante. 

Dado que la mayoría de jóvenes se van de la casa familiar, hay muchas residencias universitarias. Si no consiguen cupo en ellas y tienen que arrendar, también hay una ayuda específica para pagar el alquiler y entregar el depósito que se exige en garantía. De este subsidio también se benefician los estudiantes extranjeros. 

En los restaurantes universitarios los becados pagan un euro por el menú, que se compone de entrada, plato fuerte, postre y pan. Los no becarios pagan €3.30. Los estudiantes tienen automáticamente derecho a la Seguridad Social (salud) y a una tarifa preferencial en los transportes. 

Es claro que el Estado sí cumple una de sus obligaciones fundamentales: la educación de sus ciudadanos.

Aunque no vivo en Colombia hace muchos años, me indignan muchos comentarios en Facebook en los que tratan cualquier reivindicación social de comunismo, socialismo criollo o de vagos que quieren todo gratis. Me pregunto: si como privilegiados ‒pues lo somos‒, cuando el DANE dice que en 2019 (¡antes de la pandemia!) el 60 % de colombianos vivía en condiciones de pobreza o vulnerabilidad, ¿que opinaríamos si hubiéramos nacido en Ciudad Bolívar o en Guainía? ¿Estaríamos donde estamos? Antes que juzgar, se debería trabajar por implantar un sistema educativo como el que acabo de describir, que prepara para conseguir un trabajo y lograr una vida digna y productiva. Después, que critiquen todo lo que quieran, que yo los acompaño. 

Evidentemente, no se trata de copiar a la letra el sistema de otra nación, sino ver cómo y qué adaptar a las circunstancias de cada país. Si a alguien le puede servir alguno de estos comentarios, me sentiré contento. 

Eduardo Pardo Mercado

Enero, 2021

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6 comments

Eduardo Jimenez 22 enero, 2021 - 7:38 am

Muy pero muy interesante el artículo del tocayo sobre el sistema educativo francés. Me recuerda lo que viví en Venezuela los 80 y los 90 antes del embrutecimiento global que trajo a Venezuela el mal llamado socialismo. Saludos

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Hernando Bernal A. Hermosa historia. 22 enero, 2021 - 7:43 am

Eduardo: es muy clara y muy contrastante la descripción del sistema educativo francés cuando se hace una comparación con el Colombiano. Considero que la prioridad que se le da en el presupuesto nacional y la posibilidad de un acceso abierto en relación con el carácter público son factores decisivos de diferenciación y de logro social. Gracias por este valioso aporte. Saludos

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Bernardo Nieto Sotomayor 22 enero, 2021 - 7:59 am

Me gusta mucho tu forma de narrar, clara, ordenada y sin adjetivos rinbombantes. Además, el ejemolo educativo francés hace mucho tiempo deberíamos haberlo adoptado en Colombia. Alemania tiene algo parecido y debemos ver el resultado de su enfoque y de su trabajo, para seguir el ejemplo de los mejores. Gracias por tus aportes tan valiosos.

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John Arbeláez 22 enero, 2021 - 8:12 am

Muy ilustrativo tu escrito sobre la educación en Francia. Da envidia y a la vez, da coraje constatar la podredumbre de nuestros gobernantes que le apuestan a desfalcar el Estado antes que pensar en mejorar a nuestro pobre país.

Este país necesita, con urgencia, una vacuna contra la ignorancia y la corrupción.

Mil gracias Eduardo por el tiempo que invertiste en la investigación.

Abrazos

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Vicente Alcala 22 enero, 2021 - 9:37 am

Excelente cronica realista, Eduardo.
¿Todavia funcionan bien La Escuelas Familiares Agrarias?

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Rosario Carrizosa 22 enero, 2021 - 1:37 pm

Me parece muy interesante su comentario, ojalá logremos pronto educación pública de calidad! ¡Hay que lñtrabajar para lograrla!

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