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Nunca he tenido que dormir debajo de un puente o en una pieza por noche

by Bernardo Nieto
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El número de desplazados por el conflicto armado en Colombia ronda alrededor de ocho millones de personas. Quienes no lo hemos sido, ¿nos hemos preguntado qué sentimientos experimenta un desplazado?

El número de desplazados por el conflicto armado en Colombia ronda alrededor de ocho millones de personas. Quienes nunca hemos tenido que dormir en un zaguán, debajo de un puente o en plena calle, reciclando basuras y vendiendo residuos por unas monedas para sobrevivir, posiblemente miramos sus vidas con algo de desdén, con molestia, con dudas y, en ocasiones, con verdadera sospecha. Pero, ¿nos hemos preguntado qué sentimientos experimenta un desplazado?

Antes de la pandemia y aun ahora algunos sobrevivían vendiendo dulces, cachivaches, tratando de mal cantar y de explicar su tragedia en los buses y extendiendo su mano esperando una limosna. Con lo que recogen tienen que comer, pagar una habitación para ellos y para sus hijos. Muchos otros vienen del destruido país vecino que los expulsa por falta de oportunidades y aquí buscan mejores alternativas. Muchos desplazados son campesinos que se ganaban la vida honradamente cultivando la tierra. Huyeron dejando su casa y su trabajo, porque se los arrebataron o los amenazaron y tuvieron que partir. Son seres humanos que tratan de reconstruir su vida, golpeados por situaciones que jamás escogieron para sí mismos o para sus hijos. Hoy tienen que ganársela a pulso en plena calle, desafiando la enfermedad, el contagio y la muerte en plena pandemia.

Tratando de entender su dura realidad, encontré un estudio realizado por psicólogos investigadores de la Universidad Javeriana[1] que muestra lo que sucede en la mente y el corazón de los desplazados sin papeles, que enfrentan la soledad, el miedo, la vergüenza, la tristeza, la angustia y la desesperación en un mundo hostil y sin corazón. A pesar de haber sido publicada hace 15 años, la seriedad del análisis sigue vigente y me movió a escribir estas líneas. 

El miedo y la ansiedad lo causan las amenazas. En los niños esa situación ocasiona pesadillas, tristeza y sentimientos de abandono. Los sobrecoge una sensación de indefensión y vulnerabilidad. Los adultos se sienten observados y amenazados por doquier. Es el temor y el trauma del desplazado que ha perdido a sus padres, hijos, hermanos, familiares o amigos por asesinatos y masacres, agredidos por matones sin corazón que les causaron heridas profundas de difícil cicatrización. 

La tristeza invade a la madre que se desvela hasta el amanecer viendo a sus hijos dormidos y con el estómago vacío y sin nada para darles. La vergüenza ataca la autoestima cuando hay que presentarse ante otros a contar su historia y a suplicar una oportunidad para ganarse la vida con un trabajo honrado. Hay quienes intentan quitarse la vida abrumados por la desesperación y el miedo patológico que les impide encontrar salidas a su desesperanza. 

Con ayuda seria y profesional, sin embargo, es posible salir adelante. El acompañamiento psicosocial y el encuentro con otros en igual condición y con deseos de superación brinda confianza y deseos de recuperación. Cuando se es capaz de decir “tengo que salir adelante”, comienza el fin de su terrible drama. Para ello es necesaria la solidaridad real que convierte el sufrimiento en esperanza. 

El desplazado tiene que encontrar soluciones reales, un trabajo productivo y debe reconocer sus resortes espirituales y morales. La fe en Dios, cualquiera que sea el nivel de su experiencia espiritual, es un soporte valioso y reconstructor. Nuestra solidaridad con los desplazados es una obligación que va más allá de la más sofisticada filantropía. Es una condición para vivir en paz en un país que todavía debe recorrer caminos difíciles para encontrarla. 

El apoyo de todos a las personas y entidades que se dedican a ver al emigrante en su auténtica dimensión y grandeza humana con seriedad, responsabilidad y generosidad debe ser real, concreto y generoso. Es la labor que adelantan entidades como el Servicio jesuita para los refugiados. 

[1] Stella Sacipa, Vidales Raúl, Galindo Luisa et Tovar Claudia (2005). Venus d’ailleurs. Sentimientos asociados a la vivencia del desplazamiento (Colombia). Cahiers de Psychologie Politique. Disponible en http://lodel.irevues.inist.fr/cahierspsychologiepolitique/index.php?id=704

Bernardo Nieto Sotomayor

Enero, 2021


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