Nota de la producción: Por un error olvidamos publicar este documento al comienzo del año y “se quedó en el tintero” … Gracias a su autor y su gran memoria, lo recuperamos hoy, pues bien que lo merece aunque no sea el comienzo del año.
Tenía la muy sana intención de corresponder a la gentil invitación de Darío Gamboa para compartir la evaluación personal de logros durante el año inmediatamente anterior, así como los sanos propósitos para el año 2025 que apenas comienza; nefasto imprevisto me privó de la presencia física en la tertulia, pero el registro de la sesión que con puntualidad londinense nos comparte Darío me permitió admirar y admirarme de los testimonios aportados por los contertulios. El recorrido por la grabación de los participantes me motivó a compartir, aunque sea de modo tardío, mis sentimientos en “este año que ya pasó y el nuevo que llega”.
A mediados del siglo pasado, en el colegio de S. Ignacio de Medellín estudiábamos español en los textos del P. Félix Restrepo, S.J. que, con acierto, desarrolló el tema basándose en el enfoque de “El castellano en los clásicos”; allí memorizamos aquellos versos “Grandes autores contaron / que en el país de los ceros / el uno y el dos entraron / y desde luego trataron, / de medrar y hacer dinero”. Reservemos el 2 para identificar el lenguaje binario del 1 y el 0 que están en la raíz misma de la informática que ha medrado y hecho dinero sin cuento en menos de un siglo.
Vida y Muerte es también el “lenguaje binario” de la existencia humana y fuente de inesperados desarrollos en la conducta humana en general y en la mía en particular, tal como lo comparto con la venia de todos cuantos tengan la generosidad de acercarse a husmear mi pasado.
Del 2024 rescato dos hechos que me llegan muy hondo en el acontecer rutinario de estos últimos 365 días: mi cumpleaños número 86 el día de la fiesta de S. Francisco Javier, aniversario de mi Ordenación Sacerdotal con garantía de “imprimir carácter”, y la celebración de los 50 años de matrimonio el pasado 29 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia, también con la promesa de “La Gracia de Estado”, conceptos teológicos en los que puedo dar testimonio de pleno cumplimiento.
Cumplir años y más cuando la cuenta va acentuando el deterioro físico, es ampliamente compensado por el afecto de amigos y conocidos que se hacen presentes y rejuvenecen al cumpleañero con felices augurios para lo que reste de vida y las promesas de mimo y cariños que llegan de todas partes el “día de los hechos”. Agradezco los mensajes que recibí en mi cumpleaños 86, en diciembre pasado; ése es mi primer importante acontecer del año anterior.
De especial recordación es la celebración familiar de los 50 años de matrimonio con Aurora, la mujer que no busqué; la atravesó la Divina Providencia en mi camino y que como su nombre lo anuncia, significó en mi vida de recién “reducido al estado laical” la promesa de días luminosos; Homero la llamó de “rosados brazos” a la aurora y mi compañera de camino cada día me hace cantar como José Alfredo Jiménez: “Amanecí otra vez entre tus brazos / y desperté llorando, de alegría; / me cobijé la cara, con tus manos / para seguirte amando, todavía”.
Intima fue la ceremonia del aniversario como íntimo fue el matrimonio, pues cuando llevé a la arquidiócesis el “restricto” correspondiente, monseñor Sarmiento Angulo, canciller de la época, me conminó, en tono papal, que el matrimonio tenía que celebrarse en estricta intimidad y mantenerme lejos de los lugares donde había sido visto como sacerdote.
En el apartamento de una cuñada, Esperanza, en las Torres Jiménez de Quesada en el centro de Bogotá y teniendo como testigos al P. Antonio Gómez Caycedo, S.J y a la misma dueña del apartamento, el P. Javier Osuna, S.J. presenció nuestro compromiso y lo ratificó con su bendición y con la Eucaristía subsiguiente. El P. Osuna fue clave en mi proceso ante la Santa Sede, pues gracias a sus contactos con personalidades claves en la Curia Romana, el proceso fue en extremo rápido.
Eses es el componente “Vida”, en el enfoque binario Vida-Muerte; comparto ahora el aspecto “Muerte” por estar cada vez más cercana. Me es difícil expresar mis sentimientos en este campo y por ello renuncio a mis propias palabras y me pongo en manos de los poetas que saben expresar en palabras las honduras del sentimiento humano.
La ya avanzada edad me ha vuelto más sentimental y “llorón” que nunca, terreno fértil en lágrimas por la partida de jesuitas muy queridos, de exjesuitas o de sus hermanos por igual y la mayoría de ellos más jóvenes que yo. Que el primer treno que salga sea de la voz autorizada de León de Greiff: “Señora Muerte que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa… / Solos, -en un rincón- vamos quedando / los demás… gente mísera de tropa”.
Ernesto Noboa y Caamaño en su Aria de Olvido, refleja bien los sentimientos que me van floreciendo a mis 86 años: “Mi corazón es como un cementerio / que pueblan las cruces de lo que he perdido… / ¡Lo que no ha sepultado el Misterio, / va teniendo que hacerlo el Olvido! // Fraternal cariño que hoy se pudre inerte, / ternuras lejanas, pasión extinguida; / a los unos los segó la Muerte, / a los otros… los mató la Vida. […] Mi alma está poblada como un cementerio / con las negras cruces de lo que he perdido; /
¡Lo que no ha sepultado el Misterio, / va enterrando, piadoso, el Olvido”!
Al atardecer de la vida escucho nítido el eco de los sentimientos que embargaron al P. Emilio Arango, S.J. quizás el mejor superior que haya tenido la Provincia: “Ábreme una fosa buen sepulturero. / Si vienes tú sólo, Padre, ¿Para quién? / Ya muere la tarde, cávala en silencio / y no me preguntes, hijo, ¿para qué”?
Tal el inventario luctuoso del acápite “Muerte” en la “Evaluación” del año corrido pero ¿cuál el propósito para el 2025? Mi opción ante el porvenir también la encomiendo a esos hijos predilectos de la Divina Erato que inspira y corona de rosas a sus protegidos.
El propósito para el 2025 también está en préstamo: ¡“Muerte, hemos de conversar todos los días”! No de otra manera podré atender con la dignidad que se merece la visita de aquella ¡“Señora la muerte que estás meditando / en la noche negra, la mano en la sien/ ¡Hace mucho tiempo te estoy esperando / divina enlutada de ojos que no ven”!
Si bien se trata de propósitos bastante luctuoso, busco la fuerza que me ofrece Miguel Hernández para confesar que: ¿“Morir?… ¿Podré resistir / tamaño acontecimiento, / o moriré en el momento / en que me vaya a morir / de pena y de sentimiento? // ¡Morir!, ¡Morir!… No quisiera / morir para siempre, no… / ¡Espérate, muerte!, ¡Espera! / ¡Y déjame que me muera / cuando te lo pida yo! / […] Sea, Señor, cuando quiera / tu poder: a él me sujeto. / ¡Si toda mi vida espera, / alerta, mi calavera / apoyada en mi esqueleto”!
Mi propósito para el 2025 está alentado por esperanzas que animó al palmirano Ricardo Nieto: ¡“Señor, cuando Tú quieras!… ¿Adónde irá la nave? / Lo ignoro, ¡mas tus brazos abiertos siempre están! / […] ¿A dónde? ¿A la lejana estrella que titila / en el espacio inmenso?… Al sur o al septentrión? No sé, mas mi esperanza en ti se halla tranquila; / yo sé que he de encontrarte / en medio de la nube o en la constelación”.
Jaime Escobar Fernández
Enero, 2025


2 Comentarios
Más vale tarde que nunca. Gracias, Jaime, por tan inspirada y sentida meditación sobre Vida y Muerte.
Jaime siempre nos acompaña con bellas poesías. _Esos años que han pasado han enriquecido tu inspiración y ahora, enriquece nuestro sentir fraterno. Con tanta poesía, hay mucha vida por delante.