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Crónicas de arriba desde abajo – Otro san José

Por Alberto Echeverri
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En la Italia católica se celebra el 19 de marzo la “fiesta del padre”. Pero en la liturgia es la fiesta de san José. He pensado en el significado para los católicos del rol que tuvo el padre putativo de Jesús (la palabreja, que tiene mal sabor entre nosotros, indica que “se decía que era su padre”) en el pequeño trío del que hizo parte. Y he descubierto que los cristianos de hoy sabemos poquísimo sobre él. 

Nota de la Redacción: Por un error editorial, este artículo debería haber sido publicado el 19 de Marzo, la “fiesta del Padre” como lo dice su autor. Lo hacemos hoy, día de “San José Obrero”, para celebrar su faceta de trabajador y carpintero.

Como de costumbre, los nombres de los personajes importantes de la segunda alianza (el Nuevo Testamento) son simbólicos. Nos reenvían a la primera alianza, al así llamado Antiguo Testamento. Nuestro José entra así en la órbita de su homónimo de la época de los viejos patriarcas. Este último era hijo de Jacob, un nombre que quiere decir Israel, y por eso el padre de los hebreos que llegaron a ser israelitas. José de Nazaret estaría entonces al origen de la prolongación del pueblo de Dios del que hace parte la Iglesia.  

El José antiguo era muy joven, el más pequeño de los doce hijos de Jacob. Nada tiene que ver entonces san José con las tantas imágenes que lo figuran como un hermoso viejecito (que fuese bello o feo nadie lo sabe), semejante más a un abuelo que tiene en brazos un nietecito, no un hijo. La hipótesis de que María fue confiada a un marido entrado en años para proteger su virginidad, quizá costumbre de la época, no parece tener fundamento evangélico. Pero, ante todo, estoy convencido de que María y sus padres no eligieron para ella como novio un anciano: ¡también la futura madre de Jesús, al igual que las normales muchachas de su tiempo, tenía un mínimo de buen gusto!… con respeto de los lectores ancianos, incluido yo mismo.

Perdonó el primigenio José a sus hermanos que, celosos ante las evidencias de la preferencia de Jacob por ese hijo, lo vendieron a unos desconocidos mercaderes. Caídos los once en desgracia, prófugos en Egipto para escapar de una tremenda carestía en Israel mientras José detentaba el segundo lugar en la corte del Faraón, reconoció a sus hermanos desde el inicio del reencuentro, pero ellos no a él. Y si san José se une a María para colaborar en la extensión del pueblo de Dios, también es uno que perdona: tuvo que “perdonar” a Dios que le confiaba una misión para él incomprensible (¡ser padre de un niño nacido del Espíritu Santo!). Y todo, como en los años del antepasado José, a través de sueños. 

¿Podría por tanto obligarse a san José a continuar siendo el patrono de esos padres que no cumplen sus responsabilidades para con los hijos? Estamos demasiado habituados a verlo como prototipo de los buenos papás, de los que parecieran existir cada día menos. Por otra parte, los santos cristianos no resultan propuestos de modelos imitables solo para los justos, sino sobre todo para los pecadores: como los hermanos del primer José. 

Alberto Echeverri

Marzo, 2026

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2 Comentarios

Rodolfo Ramon de Roux 1 mayo, 2026 - 5:15 am

Alberto, simpática evocación del Pater Putativus por antonomasia y santo patrón de los Pepes, a quien los santandereanos dedican esta copla:
Los cotudos del Socorro
le piden a San José
que les ponga el coto abajo
porque arriba se les ve.

Respuesta
HA 2 mayo, 2026 - 6:03 am

Alberto; Muy interesante el paralelo entre los dos Josés. Saludos. Hernando

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