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Crónicas de arriba desde abajo – El arte del suicidio

Por Alberto Echeverri
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Todavía recuerdo el primer instructivo que logré medio leer cuando estudiaba el alemán, hoy olvidado en buena parte por falta de ejercicio. Era un pequeño electrodoméstico. “Tome el dispositivo en las manos…”. Solté la risa, pues me parecía obvio que era ese el primer paso, pero aprendí que no resultaba tan evidente.

Hoy abundan los manuales de instrucciones para todos los gustos. Se me ocurre ofrecer uno… sobre las tantas formas de suicidarse. Espero no ser acusado de inmoralidad ante la competente autoridad por algún guardián de la ortodoxia cristiana o de las derechas políticas. 

Lo llamo arte porque no cualquier persona sabe tomar entre sus manos un pincel, un escalpelo, un simple lápiz para el diseño o dar a la luz una melodía. Se necesita talento. Y son pocos quienes lo tienen. A continuación van algunas de las contribuciones que se me ocurren a este curioso tipo de arte que asegura el ingreso en la eternidad.

Primer camino. Ya que entre sus catorce y dieciséis años, o aún menos, ha llegado al convencimiento de haberse topado con su deslumbrante media naranja, colabore para que él o ella controle su teléfono celular, su computador y otros “dispositivos”. Continúe así hasta el día del intercambio de argollas. No habrá pasado demasiado tiempo para que el día que el feliz Adonis o la alegre Popea arme una pelea de alquilar balcón porque el celo de la propiedad privada devora sus entrañas. Si en el intento por sobrevivir usted dejó de respirar, sepa que encontró la muerte de común acuerdo.  

Segundo camino. Si todavía no ha contraído nupcias, cásese enamorado hasta los tuétanos. Ud. encontró al ángel del paraíso y sería un tonto o una tonta si le permitiera volver al cielo donde reclaman su presencia. Si logra una separación o un divorcio civilizados, habrá evitado su deceso. De lo contrario, que Dios se apiade de su alma. 

Tercer camino, que nunca falla (¡a la tercera va la vencida!). Apéguese en tal forma a su cónyuge o a su pretendiente, que ni vea ni oiga ni entienda que uno de los dos – a veces ambos- es un violento o una violenta de quien hay que poner pies en polvorosa. Y prosiga compartiendo su casa y su cama con él o con ella. En poco tiempo el suicidio será efectivo, pues el otro habrá ganado la partida cuando ustede termine en el cementerio.  

Cuarto camino, ame a sus hijos con furia, es decir, protéjalos sin medida alguna, no les permita relacionarse con el mundo cruel en el que corren tantos peligros: logrará que vivan ciegos, sordos y mudos en el lugar del que hacen parte a pesar de Ud. Se lo devolverán con creces: Ud. se quedará solo o sola, y el odio filial le procurará una tumba temprana con el epitafio “Al padre amoroso”, “A la madre amorosa”. 

Quinto camino, trabaje, trabaje, trabaje sin descanso. No se pensione nunca porque no lo permiten ni el honor masculino ni la responsabilidad femenina, variaciones sofisticadas del miedo ante la enfermedad o la vejez o la muerte que están siempre al acecho. Al final, Ud. morirá antes de tiempo para consuelo de quienes podrán aprovecharse de los bienes que tuvo que abandonar. 

Sexto camino, póngase al timón del carro cuando esté bebido o drogado. Si sus amigos lo han acompañado en la fiesta, apueste una o varias carreras a la velocidad del rayo. Cumpla, eso sí, con el deber cívico de fijar una recompensa en contante para los que extraigan sus cenizas de entre las latas chamuscadas del vehículo. 

Séptimo camino. Engorde sin preocuparse de lo que come y bebe porque cualquier cosa es bienvenida a su boca, como cuando usted era bebé y tenía que saborear cuanto llegaba a sus manos para reconocerle una identidad. Los otros protestarán al comprobar que su cuerpo ocupa demasiado espacio en todas partes y sus desplazamientos son demasiado lentos. Además, evite moverse porque la quietud se ha vuelto virtud en este mundo tan complejo. Por favor, sea gentil con sus deudos y disponga desde ya una modesta suma de dinero para una sepultura digna del cincuentón o sesentón que falleció de repente. 

Octavo camino, consuma plástico en todas las formas posibles y deshágase de él cuanto antes para poder adquirir nuevas versiones de lo mismo. Ud. bien sabe que ya hemos logrado almacenar tanto plástico en el cerebro cuanto se requiere para fabricar una cucharita. No se asuste del alzheimer: hay sitios -solo que cada vez más costosos- donde lo cuidarán hasta la muerte, que le saldrá al encuentro sin que Ud. se dé cuenta de su llegada. 

Noveno camino, no pida ayuda cuando sepa que la necesita. Los hombres nacieron tales para luchar y las mujeres para tomar el planeta tierra en serio. Poco a poco sus problemas personales crecerán sin medida y Ud. ingresará con paso firme en ese mundo del desequilibrio mental que solemos llamar, gentilmente eso sí, depresión. Así anticipará Ud. su deceso.  No hay pues necesidad alguna de acudir a las leyes que en tantos países permiten el suicidio asistido. Todo es cuestión de creatividad artística. Los anteriores nueve caminos (el 9 es uno de los números de las esferas celestes y también el de los círculos infernales) han sido solo sugerencias que le permiten a Ud. generar otros aún más originales.  Sócrates y los grandes suicidas de todas las épocas lo envidiarían si hubieran gozado el privilegio de conocerlo.

Alberto Echeverri

Enero, 2026

4 Comentarios
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4 Comentarios

Rodolfo R. de Roux 28 enero, 2026 - 5:13 am

Alberto, muy simpáticos tus caminos para “suicidarse”. Estos otros caminos también son de gran ayuda:
– Confiar en todo el mundo;
– No confiar en nadie.
– Vivir sólo para los demás.
– Vivir únicamente para si mismo.

Respuesta
Alberto Echeverri 28 enero, 2026 - 11:51 am

Me inspiras, Rodolfo. Espwro aprovechar el empujón. Un abrazo.

Respuesta
Reynaldo Pareja 31 enero, 2026 - 12:35 pm

Alberto, ¿quién iba a pensar que el vivir como lo has descrito es camino seguro de suicidio no buscado, pero sí vivido? Que tu imaginación no pare de crear escenarios como estos para darnos cuenta de la contradicción con la que vivimos a cada rato.

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Alberto Echeverri 6 febrero, 2026 - 1:20 pm

Sigo tratando de hacer eso que deseas, Reynaldo. Como tú mismo lo haces. Un abrazo.

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