Home ¿En qué creo hoy? Crónicas de arriba desde abajo  – Amar a padre y madre

Crónicas de arriba desde abajo  – Amar a padre y madre

Por Alberto Echeverri
204 vistas
Download PDF

Para muchos, mujeres y hombres, resulta ser un problema mayúsculo, o cuando menos un desafío, eso de amar a los papás. 

El texto del catecismo habló siempre tan solo de honrarlos. Pero en el español latinoamericano la honra se nos quedó relegada a las honras fúnebres para cualquier persona y a la honorabilidad de la conducta propia o ajena; por eso hacemos equivalentes honra y amor. Y como el precepto figura entre los “mandamientos de la ley de Dios” que, si ignorados, nos ubican fuera del equipo de los salvados, el asunto genera una culpabilidad permanente. Porque, además y si queremos ser francos, abundan el padre y la madre que, en términos de merecimientos, solo son acreedores de ser dejados en el olvido hasta llegar a la negación de cualquier relación con ellos: lo testimonia en varios países la cifra creciente de parricidios, no pocas veces a manos de menores de edad.

Para mayor confusión en el evangelio, el mismo Jesús tiene tan solo un padre que se decía era el suyo -putativo, aunque la palabreja suene mal a algunos- y de la madre se ha dicho cada cosa poco amable o todavía viviente se la ha elevado a los cielos en cuerpo y alma. 

Corría el año 1893 cuando, en un contexto antimodernista y antisocialista, creó León XIII la fiesta de la Sagrada Familia, pero muchos siglos antes Jesús en su predicación invitaba, a quien quería ser discípulo suyo, a preferirlo a él mismo sobre el padre, la madre, los hermanos, la esposa, el esposo y hasta los propios hijos.

El texto bíblico nunca habla de amar a los padres, manda que los honremos. Más todavía, en esa honra no incluye a los hermanos ni a otros parientes que se nos asignan junto a los genes trasmitidos al concebirnos: con estos y aquellos tendremos que construir la familia, que nos llega predeterminada por las pequeñas y grandes decisiones de los progenitores. Hay pues todo un reto en el ideal de la fraternidad humana como base de una sociedad mejor.

De los padres nos viene la existencia misma: honrarlos significa estar prontos a reconocer activamente su (inevitable) papel en nuestra vida y por eso respetarlos. Más allá de lo ejemplares que sean en la vida pública o de su comportamiento con nosotros o con nuestros hermanos. En fin, más allá del amor que “sintamos” por ellos.

Y entonces, ¿qué pasa con el padre de Jesús, al que llamamos padre nuestro y a quien estamos convocados los cristianos a amar, no solo a honrar? Creo que la diferencia está en la desmesura del amor de ese padre por su hijo, cuyo rostro ve reflejado en cada uno de nosotros. El honrar a los que nos han traído al mundo se trasforma así en un camino para acoger el amor del Padre. 

5 Comentarios
0

También te gustara

5 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 16 febrero, 2026 - 6:38 am

Hermosa reflexión sobre temas que damos por conocidos pero que muy poco analizamos. Gracias

Respuesta
Rodolfo R. de Roux 16 febrero, 2026 - 10:02 am

El “padre nuestro” del “ne nos inducas in tentationem” me pone nervioso.

Respuesta
Alberto Echeverri 17 abril, 2026 - 5:07 am

Parece ser, Rodolfo, una mala traducciòn del original griego, escrito y pensado siempre con mentalidad semìtica. Un abrazo.

Respuesta
Vicente Alcalá 17 febrero, 2026 - 8:19 am

Alberto, a los que hemos tenido la bendición de unos padres amorosos y “completos” nos queda fácil entender y cumplir ese “mandamiento”. Tantos que “no tienen” padre ¿cómo podrán apreciar a Dios como Padre? y ¿cómo transmitirán la paternidad a sus hijos?
Hay de todo y, afortunadamente la historia no es necesario repetirla.

Respuesta
Julio Hidalgo 18 febrero, 2026 - 8:10 am

Gracias, Silvio, por tu aporter relativo a la muerte en diferentes tiempos y lugares; yo pienso que somos trascendentes y siempre buscamos la felicidad de ahi que, como no la encontramos en esta corporeidad la buscaremos en un estado superior. La muerte, en este sentido, es un momento de alegría y que debe ser celebrada sin que nos reunamosde manera sencilla sin tantos perendengues como se estila todavía.

Respuesta

Deja un comentario