Convicción y tolerancia

Por: Luis Alberto Restrepo
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Libertad, igualdad, fraternidad, el lema que compendiaba los ideales de los revolucionarios franceses, que todavía se menciona hoy, fracasó en el siglo XX. Hemos dejado atrás las ilusiones de la modernidad y ahora nos encontramos en el territorio líquido de la posmodernidad. Allí se incluye el equívoco valor de la tolerancia.

Es interesante reflexionar sobre nuestra situación vital en el mundo de hoy. Como se sabe, el pensador francés Jean-François Lyotard aseguró que los ideales de la modernidad –tardíamente compendiados en el lema la revolución francesa: liberté, egalité, fraternité‒, fracasaron estruendosamente durante el siglo XX. 

Los relatos globales que impulsaban esos buenos propósitos ‒como el cristianismo, el marxismo o el liberalismo‒, mostraron su profunda ambigüedad. Con frecuencia estimularon o encubrieron todo lo contrario, la persecución, tortura y muerte del contrario: la Inquisición, las guerras mundiales y nacionales, el fascismo, el nazismo, la desigualdad e inequidad rampantes. Así, pues, hemos dejado atrás las vanas ilusiones de la modernidad y nos encontramos en el territorio “líquido” de la posmodernidad. 

La actitud fundamental, el valor principal y casi el único frente a las convicciones políticas existenciales de los demás es hoy la tolerancia. Se repite como si fuese una verdad de Perogrullo que si hay violencia es por falta de tolerancia. Hasta la Iglesia católica, que en el pasado no vaciló en quemar, colgar y decapitar en público a los diferentes, invita ahora sin descanso a tolerar al otro. 

La tolerancia supone un cierto escepticismo desconfiado y crítico ante cualquier planteamiento que proponga un sentido de la existencia individual o colectiva, aunque induzca a respetar convicciones que no se comparten e incluso a elogiarlas y aplaudirlas. No es hipocresía. Se hace así por respeto a la persona que las sustenta y el respeto se extiende a las convicciones más íntimas que desnudan su alma. Pero si diversas convicciones políticas o existenciales diferentes o encontradas reclaman algún grado de verdad, se neutralizan e invalidan entre sí. Pretendiendo todas tener la razón, ninguna la posee. 

Es necesario, entonces, preguntarse qué es una convicción. Quien la expone, intenta de algún modo persuadir. Considera que es la conclusión lógica de sólidos argumentos históricos y hasta científicos, pero ¿es la lógica de los argumentos el verdadero fondo y el alma de las convicciones? ¿O son apenas su traje de gala, la “racionalización” de la que se revisten emociones primigenias que subyacen a los argumentos quizá desde la infancia, como la incertidumbre, la perplejidad, la inseguridad y hasta el miedo ante los azares de la vida? 

Bien vale la pena reflexionarlo.

Luis Alberto Restrepo

Julio, 2021

5 Comentarios

Álvaro Guerra 31 julio, 2021 - 10:18 am

Serio cuestionamiento para un entorno en el cual hay, a mi juicio, una sobrevaloración de la habilidad argumental, que termina, como bien dice Luis Alberto, en ser un traje de gala para encubrir la dificultad de respetar y aceptar “convicciones”.

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Javier Escobar Isaza 1 agosto, 2021 - 10:41 am

Largo,, muy inquietante tu comentario, comp ocurre con cuánto escribes. Necesitamos que nos des más línea a quienes ya tragamos el anzuelo.¿En qué quedan nuestras convicciones, si es que queda alguna? ¿O nos quedará solo el “credo quita ansurdum” de Kierkegaard?
Un abrazo,
Javier

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LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 31 julio, 2021 - 11:11 am

Certeras preguntas, LARpo. Cuando dos personas sostienen opiniones encontradas o al menos, diferentes, y desean compartir sus respectivos argumentos abriéndose con sinceridad al otro, pero ninguno de los dos queda convencido de los argumentos contrarios, ambos dicen: Respeto tu punto de viste, pero no lo comparto. ¿Es esto tolerancia? ¿La tolerancia sería, entonces, un declarar, tácita o soterradamente, que ninguno de los dos cambió de opinión o, peor aún, darse por vencido? ¿La tolerancia sería un tirar la toalla para evitar que ese diálogo pase a mayores?
En lenguaje del ajedrez, ¿la tolerancia sería un “Me retiro” o una elegante manera de declarar “QUEDAMOS EN TABLAS” y seguimos tan amigos?

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Luis Alberto Restrepo 31 julio, 2021 - 4:33 pm

Me comento y corrijo mi texto. En realidad, quería referirme, no a cualquier opinión, sino a las más profundas convicciones filosóficas de cada uno sobre el sentido de la existencia y, por extensión, a las convicciones políticas, casi tan hondas como las que define la filosofía o la fe personal. Desafortunadamente, no quedó claro. No me di cuenta y quedó un trabalenguas sobre “convicciones políticas existenciales”. Y no se trata del hecho que cada uno se retire de cualquier discusión cotidiana sin haber cambiado de opinión solo para evitar disgustos mayores, sino de dos hechos mayores: el primero, cuando varios plantean diferentes convicciones existenciales o políticas, se invalidan las unas a las otras. Y el segundo: me siento incómodo cuando se aplauden por igual cualquier tipo de convicciones. Lo siento como un ejercicio de respeto, amabilidad y cortesía artificiales, que expresa mas bien una alta dosis de escepticismo.

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Hernando+Bernal+A. 1 agosto, 2021 - 8:24 am

Luis Alberto: gracias por tus comentarios. Creo que en el tema de las convicciones juega también un papel importante lo relacionado con la Fe. Es el contrapunto entre creencias y convicciones, en el cual las creencias juegan el papel de un bajo continuo (tal como lo expresara Alberto Betancur cuando nos habló de la música). Un cordial saludo.

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