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Construcción de identidad y escuela

Por Francisco Cajiao
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La escuela es mucho más que un lugar de enseñanza académica: es un escenario de formación humana profunda.

Una pregunta que nos acompaña toda la vida es aquella que intenta definir quiénes somos frente a nosotros mismos, frente a los demás y frente al conjunto de circunstancias en las que se desenvuelve la vida. Eso es lo que se ha llamado la identidad, que en un sentido, nos hace únicos e irrepetibles y en otro nos hace parte de un grupo con el que compartimos valores, creencias o intereses comunes.

La identidad es el resultado de un proceso complejo, profundamente influido por las relaciones sociales, las experiencias vitales y los contextos culturales. En este proceso, la escuela es uno de los escenarios más significativos para la construcción de la identidad individual y colectiva, especialmente durante la infancia y la adolescencia.

En la infancia, señala Erik Erikson, especialmente entre los seis y doce años, el niño enfrenta el dilema entre la “laboriosidad” y el “sentimiento de inferioridad”. La escuela juega aquí un papel central, ya que es el espacio donde se reconocen el esfuerzo, la creatividad, el cumplimiento de objetivos y la capacidad para resolver problemas. 

Cuando la experiencia escolar es positiva –cuando se valida el esfuerzo, se celebran los logros y se brinda apoyo en las dificultades–, los niños desarrollan una imagen de sí mismos como competentes, capaces y valiosos. Esta imagen es clave para la autoestima y para la construcción de una identidad coherente. 

Por el contrario, experiencias escolares marcadas por el fracaso, la discriminación o la rigidez pueden generar sentimientos de ineptitud que afectan la confianza personal y limitan la exploración del propio potencial. La identidad en esta etapa también se relaciona con la percepción del niño como parte de grupos: la clase, el curso, el colegio, y más adelante, categorías más amplias como el género, la etnia o la clase social. La manera como la escuela nombra, agrupa o distingue a los estudiantes (por su rendimiento, conducta, habilidades, origen o apariencia) influye poderosamente en cómo ellos mismos se definen.

En la adolescencia, el proceso de construcción de identidad se intensifica. El adolescente se pregunta quién es, qué quiere ser, cuál es su lugar en el mundo, para qué es bueno. En esta búsqueda, la escuela se convierte en un espacio clave, pero también en un terreno de tensiones que actualmente se agudizan con las redes sociales y los paradigmas que desde allí se plantean con respecto al cuerpo, la sexualidad y el mismo sentido de la vida. Desde la psicología, se reconoce que el adolescente necesita explorar distintos roles y formas de expresión. La escuela, cuando es flexible, inclusiva y reconoce la diversidad, puede ofrecer oportunidades para esta exploración: grupos artísticos, científicos, deportivos, proyectos colaborativos y debates. Todo ello ayuda a que el joven pruebe distintas formas de ser y se apropie de aquellas con las que se identifica.

La escuela no forma únicamente identidades individuales, sino también identidades colectivas. La cultura escolar permite que los estudiantes se identifiquen con un nosotros, que se reconozcan como parte de una comunidad con historia, valores y propósitos. Cuando los estudiantes sienten que su escuela representa algo digno, que les habla de sus raíces y sus aspiraciones, se fortalece la identidad colectiva. Este sentimiento puede ser muy potente, especialmente en contextos de exclusión social, donde la escuela es uno de los pocos espacios que ofrecen estabilidad, respeto y posibilidad de futuro.

La escuela es mucho más que un lugar de enseñanza académica: es un escenario de formación humana profunda. Por ello, construir una escuela más humana, inclusiva, crítica y diversa no es solo una tarea pedagógica, sino una apuesta por una sociedad más justa. Cómo formamos la identidad en las aulas define, en última instancia, la clase de ciudadanos y ciudadanas que tendremos.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia

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2 Comentarios

John Arbeláez Ochoa 22 agosto, 2025 - 8:33 am

Excelente reflexión apreciado Pacho. Es una lástima tener la educación que tiene nuestro país especialmente en los sectores vulnerables pues de ahí saldrá nuestra identidad y la cultura general de la población.

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Edna Cristina Bonilla Sebá 25 agosto, 2025 - 2:45 pm

Profunda y pertinente reflexión querido Pacho… Gracias.

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