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Cambios de cocción lenta

Por Francisco Cajiao
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El crecimiento de las tasas de repetición y deserción en la educación básica, la desfinanciación de Icetex, el desastre del Icfes y, recientemente, los datos sobre deserción en la educación superior contrastan con las mil y una promesas a los jóvenes a quienes se invitó a votar por el cambio, ofreciendo ríos que manarían leche y miel, como en el Antiguo Testamento.

No es lo mismo repetir que la educación es un asunto prioritario con el más alto presupuesto del país, que conseguir avances significativos evidenciados en los resultados de aprendizaje de niños, niñas y jóvenes, dando verdaderas oportunidades de progreso a las comunidades menos favorecidas. 

Lo que muestran los datos es que los resultados están empeorando: la repetición escolar denota profundas fallas en la calidad y es mucho mayor en la educación pública y en las regiones más apartadas. Otro tanto ocurre con la deserción. Esto significa que los más pobres tendrán un futuro de pobreza garantizado, como lo han demostrado decenas de estudios realizados en todo el mundo.

Pero en los reclamos del Presidente por el bajo desempeño del ministerio no se menciona esto. Tampoco la modorra con que avanzan los programas de primera infancia. Hace bromas públicas sobre el fracaso académico del ministro, restando importancia al buen desempeño en los estudios de quienes asumen el destino de ese pueblo al que tanto invoca, pero quiere que, mágicamente, aparezcan edificios para inaugurar en regiones apartadas, como si ellos por sí solos fueran universidades.

Es claro que no se ha entendido que los cambios en educación requieren gente preparada, capacidad de liderazgo en un sistema muy descentralizado, continuidad y persistencia. Parece que sigue primando la idea de que cualquiera puede dirigir la educación si tiene buena voluntad, porque la ignorancia sobre las complejidades de este sector es enorme.

Por desgracia, la información que fluye desde las instituciones y las regiones hacia los que toman las decisiones no está mediada por organizaciones profesionales, sino por una única e interesada mediación sindical a la que poco le interesa el progreso de las comunidades, como lo demuestran los datos. Esto hace que las decisiones del alto gobierno, aun si son positivas, no lleguen a materializarse en la cotidianidad de la vida escolar. Si se acogieran las políticas de evaluación, por ejemplo, no habría los índices de repetición que tenemos. Pero a veces ni los propios funcionarios entienden las normas.

Además de conocimiento y liderazgo se requieren continuidad y persistencia. Con un ministro cada diez meses, y decenas de subalternos y contratistas de paso, lo que se consigue es una poderosa agencia de empleo y no un plan serio que suele requerir períodos que van de quinquenios a décadas. 

Un cambio curricular, la creación de una institución de educación superior o el montaje de un modelo de evaluación solo maduran en períodos de seis a diez años y no son susceptibles de inauguraciones y discursos altisonantes. Pero, en cambio, son los únicos caminos eficaces para transformar el curso de miles de vidas humanas y allí es donde reside su trascendencia política.

Resulta por eso muy cuestionable el tremendo descuido de la educación básica en un gobierno que pretende mostrarse revolucionario. Si ello fuera verdad, el Presidente y sus ministros estarían ocupados evaluando los resultados del aprendizaje con las mejores herramientas disponibles (como se hizo hasta hace unos años), y les estarían pidiendo a los maestros trabajar más horas diarias y conseguir mejores resultados, ya que habiendo manifestado su afinidad política, sería la gran oportunidad de mostrar el valor de la educación pública. Pero lo que vemos es un sistema que agranda las brechas que el cambio iba a eliminar, dejando el conocimiento en manos de quienes puedan pagar.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá

4 Comentarios
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4 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 2 abril, 2025 - 12:54 am

Pacho; Es imposible negar el enorme éxito de actual gobierno en lograr el deterioro de la educación, en todos los niveles y en todos los aspectos. No puede ser menos cuando al frente del sector no solo se le atribuye el mérito de nombramiento a quienes son analfabetas sino que se le da valor y poder a los que se comportan como “analfabestias”. Saludos. Hernando

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Edna Cristina Bonilla Sebá 2 abril, 2025 - 8:21 am

Excelente columna querido Pacho! Un abrazo.

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John Arbeláez Ochoa 2 abril, 2025 - 9:51 am

Pacho, tus conceptos sobre la educación en el país siempre son atinados y sabios. Yo pregunto, qué puede esperarse de un torpe Min Educación como el que nombró un presidente desenfocado, errátil e improvisador? Ese fue el producto del voto popular en el que se puede vislumbrar la “educación” del votante. (Me incluyo, apesadumbrado y arrepentido, entre esos votantes…)

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Vicente Alcalá 2 abril, 2025 - 12:12 pm

Pacho, no podemos esperar peras del olmo. Algunos esperaban… pero el “petral” resultó engañoso y esteril; peor, venenoso. Nuestros males ¿se deben a ignorancia o malevolencia? ¿O a las dos juntas?

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