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Pilar Balcázar

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¡Eso fue hoy New Delhi para mí!

Despertar a las 4.00 a.m., porque todavía mi cuerpo no entiende que tenemos más de 13 horas de diferencia. Empezamos a las 5.15 a.m. con té de jengibre y limón y nos pusimos un atuendo apropiado para ir a clase de yoga. 

Caminando en plena oscuridad hasta llegar al estudio de yoga, ver aquella luz tenue, escuchar música en mantras muy suaves y sentir la energía de ese lugar me produjo las primeras emociones de la jornada.

Una chica hindú nos recibió y empezó la primera clase de yoga para Darío y para mí, una sin fin… La sentí diferente a las que había tenido antes. Estaba en la India, como tantas veces lo habíamos soñado con mis amigas de yoga. Fue muy especial y duró de 6.00 a 7.00 de la mañana.Regresamos directamente al templo porque “…hoy, hoy es domingo..” (mi cancion favorita los domingos… resonaba en mi mente) y la ceremonia es única. ¡Oh Dios! ¡Qué ceremonia!  Bailamos y danzamos: mujeres en un lado y hombres en el otro.

Mujeres hermosas nos involucraron inmediatamente en su ritmo. La energía y la devoción brotaba por los poros de cada una y era contagioso. Me sentí igual a ellas y agradecí la fortuna de estar en medio de esta cultura milenaria que tiene tanto que enseñarnos.

Bailamos más de una hora, quizá. Fue un ejercicio más efectivo que el cardio en el gimnasio. Salimos a desayunar: por hoy, solo frutas.

Luego nos fuimos a explorar. Caminamos por un parque donde mujeres limpiaban los prados mientras sus hijos correteaban y se subían a los árboles. Fue una escena de película. Sí: de película de los años 50. 

Llegamos al templo Lotus, llamado así porque su diseño es una flor de loto que tiene 27 pétalos que están construidos en concreto blanco y recubiertos con mármol griego.

Entramos en silencio, con respeto y admiración a meditar y agradecer. Arquitectónicamente hermoso, sus nueve puntas representan las nueve religiones cuyas enseñanzas son similares, pues existe un mismo Dios para todos. Era un templo Baha’i. Me gustó su filosofía, que despertó en mí mucho interés. 

Después de la calma viene la tormenta (aunque el dicho es al contrario). Aquí se aplica así, al recorrer Delhi en “tuk tuk”. La polución la sentí en ojos y  garganta. Abundan el ruido, la gente, las motos. Hay movimiento por doquier.

India es caleidoscópica  y diversa: el que quiere ver pobreza, ve pobreza. El que quiere ver sabiduría, ve sabiduría; el que quiere ver espiritualidad, ve espiritualidad; el que quiere ver caos, ve caos…  Terminas viendo la India que lleves por dentro.

En la tarde visitamos el templo más antiguo de Delhi, el de Humayun, que fue el segundo emperador de la India en el siglo XVI. Dicen que esta construcción fue la fuente de inspiración para edificar el Taj Mahal.

Percibí mucha influencia musulmana. Volví a sentirme como en casa, con jardines extensos y árboles gigantes. Regresé a mi infancia y quizás a mis vidas pasadas, pues reconocí árboles ancestrales que me pedían que los abrazara…

De allí fuimos a visitar la tumba  de Gandhi. Recordé su filosofía ‒que comparto‒, lo cual nos dio pie a conversaciones muy profundas que me dejaron el corazón lleno.

De regreso a casa, después de un día pleno, a descansar y recibir el último regalo del día: un masaje ayurvédico.

¡Gracias, Anku, nuestra guia, por tu ser !

Pilar Balcázar

Marzo, 2020

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¡Santorini de mis amores, Santorini de mis recuerdos!

Igual que yo, habrás percibido mi sentir cuando pisé de nuevo tu suelo.  Mi alegría se desbordó en lágrimas y agradecí profundamente a la vida y a Dios por regalarme esta oportunidad una vez más. 

Vine en 1984 por primera vez. Quedé encantada y soñé con volver. 

Recorriendo tus caminos

Lo hice en 2003 y otra vez soñé con regresar de nuevo. Pude volver en 2014, acompañada de un dolor físico que me hizo despedirme para siempre de tu tierra, de tu suelo, de tu sol, de tus escaleras, de tus subidas, de tus bajadas, de tu gente, de tu viento, de tu mar y de tu cielo. 

Sin embargo, nunca digas nunca. Cuando pones tus deseos en tus sueños y los trabajas, siempre todo resulta posible.  

¡Hoy estoy aquí de nuevo, Santorini! 

Recorriendo por tus caminos recién pintados para que yo los mire y los admire. Hoy estoy oliendo tus aromas y disfrutando tu mar Egeo. Hoy estoy aquí con tiempo y sin reloj para disfrutarte y admirarte largamente.

Hoy estoy aquí levantándome con tus amaneceres y acostándome con tu luna.  Hoy agradezco tu existencia, Santorini. 

Tus amaneceres y tu luna..

¡Qué feliz me siento! ¡Cómo me regalas este sentir! ¡Qué más puedo expresar que no sea gratitud! A ti, Santorini, a la vida, a ese mar que te rodea, a este planeta Tierra que tiene tantas maravillas que a veces no valoramos. 

¡Dios creador, regálame un corazón repleto de agradecimiento ! 

Gratitud eterna!

¡Gracias, gracias, gracias!, mi amado Santorini! 

Y así, me despedí…, esta vez completamente satisfecha.

Pilar Balcázar

Junio, 2019

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Despertar en Granada, frente a la Alhambra, fue una sensación de agradecimiento total.

Quiero caminar por la vida muy agradecida.

Tomamos el bus que nos llevó al centro de Granada, al monumento de la Reina Isabel. Allí caminamos hacia la plaza grande donde nos encontramos con el free walking tour.  Comenzó la aventura. Más de una historia, recorriendo esas calles, metro a metro, por donde vehículos y peatones circulan al mismo tiempo y uno tiene que pegarse a las puertas y ventanas, metiendo la barriga para que el carro no se la lleve. 

La ciudad tiene un encanto que te mantiene con los ojos en admiración permanente. La historia de los musulmanes, la crueldad de los cristianos. Ayer como hoy se repiten las mismas memorias, porque la religión nos ha hecho creer que somos diferentes y que la religión verdadera es la nuestra. En consecuencia, guerras en nombre de Dios. 

Las calles estrechas de Granada

Aprendí mucho de esta parte del reino de Granada.

Caminamos por diversas subidas; después fuimos a las cuevas del sacro monte y luego a miradores desde donde se veía la Alhambra desde diferentes ángulos. Aquí mi corazón palpitó con fuerza. La emoción fue tanta como la primera vez que la vi frente a mí, que se me empañaron las gafas. Ese momento lo había deseado con toda mi alma.   

Después de tres horas de recorido fuimos a almorzar comida árabe al restaurante El Sultán. Disfrutamos cada bocado.    

Descansamos un poco y al atardecer tomamos otro walking tour, pero esta vez a la parte más alta de la ciudad, donde vimos la caída del sol en una terraza-restaurante. Teníamos al frente la Alhambra. Disfrutamos la vista, tomándonos un vino de verano y brindando por esta hermosa oportunidad. 

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El espectáculo nocturno de la víspera …

Al día siguiente, lunes 20 de mayo, tuvimos nuestro tour especial de tres horas de recorrido por los palacios nazaríes, los jardines y sus historias que nos envolvían en magia. Estuve muy atenta, pues el relato del último sultán me hizo vibrar. Sentí cómo el viento desnudaba el pasado de mi alma y volví a creérmelo, con una reacción más a las tantas coincidencias  que me acompañan. En esa historia, Darío y Pilar fueron el último sultán y su esposa, Boabdil y Morayma.   

Los jardines del Generalife

Esto comenzó hace más de 30 años, cuando Darío vivió solo la magia de la Alhambra. Luego, en 2006 el turno fue para mí. Somos lo que no vemos, pero ¿y lo que sentimos? Desde ese primer viaje me ha perseguido una sensación inolvidable, que en esta segunda visita se repitió. Muy atenta, muy consciente de mis emociones, muy alerta hasta cuando entré al palacio del Generalife. Aquí es, este es el lugar que tiene magia en mi cuerpo físico y en mi memoria celular. Aquí mi alma se encogió y vivió diferentes sensaciones: alegría y gozo, pero también pesadez y tristeza…, sin precisar mucho esos estados anímicos. Bastaba con saber que de nuevo estaba allí.

El Palacio Nazari

He leído sobre la historia del sultán en el Manuscrito carmesí, de Antonio Gala, y he encontrado coincidencias y más y más “Dios-incidencias” que me han hecho pensar…

Salimos del sitio donde nos alojamos cerca a la Alhambra, llenos de gozo y agradecidos por las reconfortantes experiencias de esos días. 

Nos subimos al carro y manejamos hasta Marbella. Allí nos esperaba Mireya, una prima de Darío, quien ha formado parte de mi vida desde que tengo 13 años. Otra coincidencia más en nuestra vida. Creo que los círculos se repiten, casi como en el mito del eterno retorno de los griegos. 

¡Gracias a la vida, que nos ha dado tanto!

Pilar Balcázar

Granada, España, mayo de 2019

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Mi corazón latía y mi cuerpo estaba ansioso, como si tuviera una cita importante. ¡Claro que sí! Había venido a la India con muchas ganas de conocer la séptima maravilla del mundo. 

Entrando al Taj Mahal

Llegamos ansiosos al lugar indicado. Vas caminando y encuentras la puerta de entrada. Es rojiza, pues es de arena rocosa roja, con algunas partes de mármol. De este mismo material son las dos construcciones que están a la izquierda y a la derecha del majestuoso Taj Mahal: una era la casa de huéspedes ilustres y la otra una mezquita. Dice la historia que el emperador musulmán Shah Jahan mandó construir este mausoleo de amor y dolor cuando murió su segunda esposa, al dar a luz a su decimocuarto hijo. La construcción empezó en 1632 y se terminó 21 años después. 

Desde la Mezquita lateral

Esta puerta da acceso a una primera visión. ¡Qué maravilla!  Y sí que lo es: imponente, de mármol blanco, brillante, lleno de luz. Ese día llegamos hacia las 5.00 p.m., cuando el sol comenzaba a caer y nos regalaba el más hermoso atardecer a la izquierda, mientras que a la derecha se levantaba la luna llena. ¡Qué mejor espectáculo! ¡Qué regalo de Dios, de la naturaleza y de mis amigos Anku y Sam. Ellos planearon que la visión de la luna llena fuera en el Taj Mahal.  Y todo salió perfecto. Dios está ahí siempre.

¡Fui tan feliz! Mi cuerpo, mi alma, mi espíritu, mi mente, todos estaban conectados en agradecimiento. No puedo explicar esta felicidad con palabras.  Observé cada detalle, cada pared con incrustaciones de lapislázuli, malaquitas, turquesas, jade, jaspe, coral y alguna otra piedra más. Un trabajo maravilloso. Y en el mármol, cada talla tenía exquisitos detalles mínimos.  ¿Se imaginan los días de dedicación para hacer esas tallas? Hermosas, realmente hermosas. El Taj Mahal es una enorme joya, es arte grandioso, es único, es simbólico, es mágico, es extraordinario… y mucho más. 

Los detalles de la talla en el Mármol

Fuimos los últimos en salir. La guardia nos sacó a punta de “pito”. Es lo usual. Todo lo resuelven con el pito. Hicimos poco caso, caminamos lento y pudimos tomar las mejores fotos, ya sin personas. La luna nos siguió hasta el final. 

Terminamos en el hotel en una ceremonia del fuego, porque era la bienvenida del Holy, que es la celebración del triunfo del bien sobre el mal después del invierno.

Final del dia en Taj Mahal

Pilar Balcazar

Agra, India, Marzo 2020

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