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Jorge Ivan Gonzalez

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La visión estratégica del Plan Nacional de Desarrollo y las decisiones del gobierno a corto plazo demuestran una gran asimetría. Descubra las cinco transformaciones que busca el plan y los avances y retos que tiene el gobierno por delante. 

Desde la perspectiva de la planeación, estos dos años de la administración Petro han mostrado la profunda asimetría entre la visión estratégica expresada en el plan de desarrollo Colombia Potencia Mundial de la Vida y las decisiones de corto plazo que ha ido tomando el gobierno. Los retos estratégicos se están ahogando en decisiones de corto plazo que obstaculizan el logro de las apuestas ambiciosas consignadas en el programa de gobierno. 

Las cinco grandes transformaciones que se plantean en el plan de desarrollo son una invitación para que la sociedad colombiana avance en procesos estratégicos de mediano y largo plazo. Se busca que durante este gobierno se sienten las bases de un proceso que necesariamente toma tiempo. Los cambios estructurales son de tal naturaleza, que no se pueden conseguir en cuatro años. 

Ordenamiento del territorio 

La primera transformación es el ordenamiento del territorio alrededor del agua. Este es el principal problema del país. El tema estuvo presente en la Constituyente de 1991, y se trató de concretar años después, en el 2011, en la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (Loot). La norma no ha cumplido con sus propósitos iniciales, y el país vive un caos en materia de ordenamiento territorial.  

El plan de desarrollo llama la atención sobre la necesidad de colocar la geografía en primer lugar y de buscar alternativas que permitan que el desarrollo económico y social sean compatibles con la sostenibilidad ambiental. Es el principal llamado del programa de gobierno del presidente Petro. 

Es evidente que este propósito que toca asuntos estructurales no se puede conseguir en el corto plazo. Lo sucedido en La Guajira es muy ilustrativo. Ni este gobierno, ni los anteriores, han reconocido que los problemas no se solucionarán si se continúa desconociendo la asimetría en el uso del suelo. En las áreas de los territorios colectivos, el conflicto en el uso del suelo es de 19%, en las tierras con aptitud agrícola es del 42% y en las áreas de protección es del 26%. En el departamento, el 93% de los planes de ordenamiento territorial no se ha actualizado.  

En su desespero, los gobiernos toman medidas de cortísimo plazo que no resuelven los problemas de fondo. Antes de los carrotanques, otros gobiernos le dieron prelación a las motobombas. Estas soluciones inmediatistas se han desconectado de cualquier proyecto estratégico. El fracaso ha sido rotundo. 

Consideraciones similares se podrían hacer a propósito de La Mojana. Las improvisaciones han sido evidentes. Mientras tanto, se pierde la oportunidad de consolidar proyectos estratégicos, como la modernización de todas las plantas de tratamiento de agua potable (Ptar), de tal manera que no se vuelva a contaminar un solo río. 

El ordenamiento del territorio guarda una estrecha relación con la paz. El control de los grupos armados de extensas zonas dedicadas al narcotráfico y a la minería ilegal, está íntimamente ligado a la falta de alternativas productivas que sean más atractivas que las economías ilegales. La paz total, como la paz perpetua, es un ideal kantiano que nunca se alcanzará. Si en regiones como el Cañón de Micay o Bajo Calima se estructuran inversiones audaces, se podrán crear condiciones propicias para el logro de una paz parcial. 

La seguridad humana 

La segunda transformación es la seguridad humana. Y, de nuevo, es una tarea que toma tiempo. El ideal ético final es lograr que cada persona pueda llevar el tipo de vida que considera valioso. Se busca que alrededor de este propósito converjan las acciones de los diferentes actores. En el plan plurianual de inversiones se busca la coordinación entre ministerios y entre el gobierno central y los municipios y departamentos. También se insiste en la necesidad de articular las actividades de los sectores público y privado. 

Por los afanes, se siguen cometiendo graves errores. En el campo de la salud se están tomando decisiones improvisadas que han empeorado las dificultades que ya existían. Y en la educación, el desespero por consolidar el movimiento estudiantil a través de la llamada “constituyente universitaria” está ocultado los verdaderos problemas del sistema. De manera ingenua se pretende que las ambiciosas metas del plan de desarrollo se puedan lograr sin el concurso del sector privado. 

El derecho humano a la alimentación 

Esta tercera transformación es la concreción de los acuerdos de La Habana y el camino para modernizar el sector agropecuario. El instrumento estratégico para lograr este objetivo es el catastro multipropósito. La reforma agraria es complementaria y depende de los avances que se vayan logrando en la actualización de los avalúos.  

Las angustias del corto plazo han llevado al gobierno a priorizar la compra de tierra, minimizando los aspectos relacionados con el desarrollo agropecuario y con el examen de las disfuncionalidades entre las aptitudes y usos del suelo. La información básica para que se pueda avanzar en la reforma rural integral depende del catastro. Por sí misma, la compra de tierras no resuelve el problema. 

El plan de desarrollo se ha propuesto una meta ambiciosa que es la actualización del catastro en 660 municipios. Este proceso es complejo y no se ha evolucionado al ritmo que sería deseable. Los énfasis del gobierno deberían centrarse en la actualización del catastro. 

El error de óptica se refleja muy bien en la falta de ejecución del Ministerio de Agricultura, que para el 2024 tiene un presupuesto sin precedentes de $8 billones. El ministro de Hacienda ha reconocido que difícilmente se ejecutará la mitad. La equivocación estuvo en asignar la mayor parte de los recursos a la compra de tierras, sin darle suficiente relevancia a los instrumentos relacionados con el catastro y con el diseño de proyectos agroindustriales ambiciosos. 

La transformación energética hacia una economía verde 

Este cambio solamente se puede lograr en el mediano y largo plazo. Y en Colombia únicamente se puede alcanzar aumentando la producción de petróleo y reduciendo lentamente la dependencia del carbón. Los mensajes iniciales del gobierno sobre no exploración tuvieron un impacto negativo en las inversiones nuevas. 

Apenas recientemente, el presidente de Ecopetrol reconoció que el país tiene que aumentar su producción de 775 mil barriles diarios a un millón. Efectivamente, no tiene sentido reducir la producción en Colombia, mientras que en las vecindades, la Guyana pasó de 380 mil barriles en 2023 a 650 mil este año. Y rápidamente llegará al millón. 

El mensaje a favor de las energías alternativas es muy positivo, pero las dinámicas no serán tan rápidas como se pensó inicialmente. Mientras tanto, hay tareas que no se están haciendo y que tienen repercusiones directas en el cambio de la matriz energética. La congestión vehicular aumenta sin que nadie se atreva a castigar el carro privado, la economía circular no se concreta, y las nuevas construcciones no son ambientalmente sostenibles. 

La estructura de las exportaciones del país se reprimarizó y el 60% depende del petróleo y minerales. La propuesta de re-industrialización que ha hecho el gobierno es positiva, pero requiere tiempo. 

La convergencia regional 

Las brechas entre las regiones son significativas. El mal se ha reconocido desde hace mucho tiempo. A mediados de los setenta, de manera explícita, el gobierno de López insistía en la necesidad de cerrar las brechas. Con el paso de los años las diferencias continúan aumentando. 

Este gobierno vuelve a llamar la atención sobre las profundas inequidades y reconoce la necesidad de modificar el Sistema General de Participaciones (SGP), de tal manera que se logre mayor autonomía regional. Ahora la prioridad debería ser la discusión de las conclusiones de la Misión de Descentralización, que acaba de entregar el informe final.  

Allí se proponen caminos que permitan distribuir mejor los recursos. El punto de partida es el reconocimiento de la heterogeneidad regional, ya que el actual SGP no acepta que las diferencias sean sustantivas. 

Desde que se publicó el informe del Sistema de Ciudades, el Departamento Nacional de Planeación ha llamado la atención sobre la necesidad de reconocer las diferencias entre las regiones, asociándolas a las densidades, distancias y flujos (de carga y pasajeros). Los municipios del litoral Pacífico, la Amazonía y la Orinoquía no se pueden comparar con los de la zona Andina o Caribe. La geografía marca diferencias sustantivas. A los primeros se les tiene que transferir recursos porque tienen activos ambientales valiosos. No es apropiado compararlos en términos poblacionales. 

El debate sobre la descentralización está ganando espacio. En este contexto, se debe tener claro que las ciudades grandes e intermedias tienen una amplia autonomía fiscal, gracias a la ley 388 de 1997. Los municipios pequeños sí necesitan un tratamiento especial por parte del gobierno central. 

El caso de los departamentos es muy diferente al de los municipios. Su falta de recursos fiscales es evidente. Se les tiene que dar un mayor margen de maniobra porque sus potencialidades fiscales son muy limitadas. Los cambios en la descentralización tienen que enfocarse en los departamentos, más que en los municipios. 

La estabilidad macro 

Las finanzas públicas pasan por una situación difícil. En gran parte, ocasionada por los compromisos que se adquirieron durante los meses de la pandemia. Los más significativos son: el déficit del Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (Fepc), las obligaciones de pago de los créditos de corto plazo que se contrataron durante los meses del COVID, el desbalance ocasionado por la opción tarifaria y la compensación que debe hacer el gobierno para responder por el riesgo de demanda de las concesiones viales. 

Estas obligaciones han reducido el margen de inversión y el panorama para el 2025 es preocupante. En el Presupuesto General de la Nación, entre 2024 y 2025 el servicio de la deuda pasará de $94,5 billones a $112,6 billones. El crecimiento de 19,1% es significativo. Al mismo tiempo, la inversión caerá en un 17,4%, de $99,9 b. a $82,4 b. Este contraste tan fuerte, entre un mayor servicio de la deuda, y una menor inversión tendrá un efecto negativo en el crecimiento, el empleo y, finalmente, en la estabilidad de las finanzas públicas. 

La situación es insostenible. Ha llegado el momento para reflexionar, de manera cuidadosa, sobre la eficiencia del gasto y la conveniencia de flexibilizar la regla fiscal. La inversión se sigue dispersando en proyectos sin articulación y sin perspectiva regional. En cuanto al balance presupuestal, se debe indagar por la posibilidad de una regla fiscal verde. Las inversiones ambientales, debidamente certificadas, no se deberían incluir en el cálculo del déficit fiscal. 

Jorge Iván González 

Publicado en Razón Pública 

Agosto 4, 2024 

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Las alternativas formuladas en el plan de desarrollo resultaron de un consenso y deberían ser la base para nuevos acuerdos. 

Es incomprensible que las apuestas del plan de desarrollo Colombia Potencia Mundial de la Vida, no se hayan convertido en los ejes de la discusión pública. Y lo más sorprendente es que esta desidia comience por el propio Gobierno. La agenda de estos días tiene muy poco que ver con el plan de desarrollo. Esta brecha entre las estrategias de medio plazo del plan y la miopía del debate coyuntural está llevando a decisiones erráticas. Es notoria la confusión y la pérdida de perspectiva. 

El abandono de la brújula no tiene justificación. Primero, porque el plan de desarrollo fue el resultado de un proceso complejo que incluyó el programa de gobierno, los diálogos regionales vinculantes, los comentarios del Consejo Nacional de Planeación, las discusiones con los gremios, las propuestas de los ministros y el intenso trabajo del Congreso. Segundo, porque el Gobierno está en la mitad del camino y puede reorientar las prioridades. Tercero, porque el plan toca temas estructurales que claramente van más allá de un gobierno. Y, cuarto, porque las estrategias definidas en el plan son la base para un acuerdo nacional. 

Las alternativas formuladas en el plan de desarrollo resultaron de un consenso, y deberían ser la base para nuevos acuerdos. 

Ordenamiento del territorio alrededor del agua. Este es el principal problema estructural de la sociedad colombiana. Tiene que ver con el conflicto armado, la sostenibilidad ambiental, la no contaminación de los ríos, la revisión de la ley orgánica de ordenamiento territorial. 

El derecho humano a la alimentación. Este capítulo del plan de desarrollo es la concreción de los compromisos de la Habana. Es la modernización del sector agropecuario, que tiene como principal instrumento el catastro multipropósito. Allí se consignan los mecanismos del plan de choque para recuperar el proceso de paz. 

La transición energética y la reindustrialización. El Conpes sobre reindustrialización concreta las líneas fundamentales de la transición hacia una economía verde. 

La convergencia regional. Las diferencias son inaceptables. Los cambios del Sistema General de Participaciones deberían: i) Reconocer la heterogeneidad de los municipios y departamentos. ii) Distribuir los recursos con criterios que vayan más allá de la población y tengan en cuenta la conservación de la riqueza ambiental. iii) Darle mayor autonomía financiera a los gobiernos locales. 

El mejoramiento de la calidad de vida. El instrumento básico es el registro universal de ingresos que permitirá modificar de manera sustantiva toda la política de focalización y distribución de subsidios y permitirá hacer más eficientes los gastos en salud, educación y servicios sociales. 

Estos ejercicios se tienen que articular en el presupuesto por programa, aprobado en el plan de desarrollo, y que permitirá diseñar proyectos estratégicos de impacto regional y nacional. 

Si estas grandes líneas de acción ya están aprobadas en la ley del plan, valdría la pena retomarlas y ver cómo se van concretando en el acuerdo nacional. No se puede abandonar una ruta que ya está definida. 

Jorge Iván González  

Publicado en El Espectador, Bogotá  

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Entre junio del 2023 y junio del 2024 la inflación bajó de 12,13% a 7,18%. El ritmo de caída se está haciendo más lento. Las causas de la inflación son heterogéneas. No hay un solo determinante. 

1. La composición sectorial de la inflación 

Durante el año (junio 2023-junio 2024) los precios que crecieron por encima del promedio (7,18 %) fueron: educación (11,21 %); restaurantes (9,57 %); alojamiento y servicios públicos (9,25 %); bebidas alcohólicas y tabaco (8,15 %) y transporte (8,10 %). 

Si los precios de la educación aumentan por encima del promedio, no será posible cumplir con las metas de ampliación de cobertura, sobre todo en secundaria y terciaria. El incremento de las matrículas de los colegios privados agudiza las brechas entre ricos y pobres, ya que el acceso se restringe a quienes tienen capacidad de pago. 

Desde que comenzó este gobierno se ha insistido en la importancia de reducir el costo de la educación, con el fin de ampliar la cobertura. En universitaria, técnica y tecnológica, el plan de desarrollo, Colombia Potencia Mundial de la Vida, es ambicioso y propone la meta de 500 mil nuevos estudiantes. Para que este objetivo se pueda alcanzar se requiere la participación de las entidades públicas y privadas. Esta alianza es necesaria porque las públicas no son capaces de aumentar su oferta de manera significativa. No basta con construir nuevas sedes, ya que hay limitaciones estructurales, relacionadas con la contratación de profesores de calidad, el diseño de programas pertinentes, la suficiencia de estudiantes de cada región, etc. 

Aunque el gasto público destinado a la educación ha ido creciendo, los costos han avanzado a un mayor ritmo. Esta tendencia, que también es internacional, obliga a que las familias destinen a la educación una mayor parte de su ingreso, reduciendo la disponibilidad para otros bienes valiosos, como la alimentación o el arriendo. 

La segunda inflación más alta fue la de restaurantes. Las razones del aumento de los precios pueden estar relacionadas con el crecimiento de los precios de los insumos importados, de los arriendos, y de otros factores de producción. 

La presión sobre los inmuebles continúa intensificándose, y ello se manifiesta en un aumento de los precios. En las grandes ciudades están subiendo los costos de la vivienda y del arriendo. También han aumentado las tarifas de los servicios públicos. Los incrementos han sido especialmente altos en energía en la costa caribe. Las dos empresas que prestan el servicio allí, Air-E y Afinia, han tenido que aumentar las tarifas porque, por un lado, las pérdidas, especialmente el robo de energía, son elevadas y, por el otro, porque están realizando las inversiones que nunca hizo Electricaribe. El gobierno no ha encontrado la fórmula para reducir tarifas. Se acaba de anunciar, con demasiado bombo, una modesta disminución del 4 %. 

También han tenido una inflación superior al promedio, las bebidas alcohólicas, el tabaco y el transporte. Este último tiene un componente que es público. Sería ideal que el valor del pasaje sea subsidiado para los hogares más pobres. 

2.  Algunas causas de la inflación 

La figura muestra que a lo largo del tiempo la inflación ha tenido comportamientos muy diferentes. Y podría argumentarse, además, que las causas cambian según las coyunturas. Al principio de la serie cuando la inflación fue muy baja, habría explicaciones asociadas a la revaluación del peso, como resultado de la bonanza de los hidrocarburos y de la minería. Además, las tasas de interés internacionales todavía eran bajas. 

El posterior aumento de la inflación tiene explicaciones complejas relacionadas con los mayores costos que se presentaron durante los meses de pandemia. A nivel internacional, la cadena de suministros se rompió. En el aumento de los precios también tuvo que ver la devaluación del peso y su impacto negativo en el precio de los alimentos importados. El país está importando 12 millones de toneladas año, equivalentes al 30 % de los alimentos que se consumen cada año. Este volumen de importaciones tan elevado, lleva a que el precio esté muy determinado por la tasa de cambio. Adicionalmente, es inaceptable que el país esté importando alimentos porque tiene todas las potencialidades para producirlos. Esta dinámica se convierte, de facto, en un debilitamiento de la estructura agropecuaria del país. 

Otro factor que también incide en la inflación es la política restrictiva del Banco de la República, que se tradujo en aumentos excesivos de la tasa de interés de referencia. El encarecimiento del crédito desestimula la inversión privada y conduce a un estancamiento de la economía. 

Recientemente han ido ganando espacio los ejercicios analíticos que muestran una clara relación entre la inflación y el poder monopólico de grandes empresas como Google, Amazon, etc. La búsqueda de un mayor excedente termina afectando negativamente al consumidor por la vía de precios más elevados. 

Para luchar contra la inflación y acelerar su ritmo de descenso, es importante actuar sobre determinantes estructurales como la poca producción de alimentos. Si mejora la productividad agropecuaria, se reducen los precios y, además, se avanza en la seguridad alimentaria. Hay otros factores sobre los que se podría actuar, y que tocan la matriz de costos de las empresas, como el mejoramiento de la logística de transporte. 

Las miradas estructurales se han dejado de lado, y las autoridades monetarias le han dado demasiada relevancia al control de la inflación a través de los aumentos de la tasa de interés. ¡Esta vía es equivocada! 

Jorge Iván González 

Publicado en Revista SUR 15 julio, 2024   

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El Dane acaba de publicar los datos sobre la incidencia de la pobreza multidimensional en 2023.  

Es una medida que incluye 15 variables incorporadas en 5 dimensiones: condiciones educativas, situación de la niñez y juventud, trabajo (informalidad y desempleo), acceso a la salud y características de la vivienda. No incluye ninguna medida de ingreso, y por esta razón no es un indicador de las fluctuaciones de las condiciones de vida en el corto plazo. Refleja, más bien, tendencias de tipo estructural. 

La pobreza se está reduciendo de manera continua desde 2010, cuando era 29,7%, hasta 2023 cuando llegó a 12,1%. Durante estos años, el número de personas en condiciones de pobreza pasó de 12,9 a 6,3 millones. Entre 2022 y 2023 salieron de la pobreza 338.000 personas. 

Con excepción de 2020, la tendencia descendente se ha mantenido. Por razones de la pandemia, entre 2019 y 2020, la incidencia de la pobreza subió de 17,5% a 18,1%. La principal causa de este aumento fue la inasistencia escolar, que pasó de 2,7% de los hogares a 16,4%. En 2021, una vez que se fue superando la pandemia, la inasistencia escolar se redujo a 5,5%. Y en 2023 bajó a 2,3%. Además de los indicadores relacionados con la educación, durante los meses de covid también se deterioraron las condiciones de trabajo. Aumentó la informalidad y el desempleo de larga duración. 

La tendencia decreciente de la pobreza multidimensional muestra que en el país se ha ido construyendo una institucionalidad que ha contribuido al mejoramiento de las 15 variables que componen la pobreza multidimensional. Esta dinámica se ha mantenido en el mediano plazo (2010-2023), independientemente de que en estos años se hayan presentado importantes cambios en el ritmo de la economía y en la orientación política de los gobernantes. La pobreza disminuye independientemente de los ciclos, y este es un logro relevante de la política pública. 

Pero frente a este hecho positivo que abre las puertas al optimismo, también se presentan dos brechas que son preocupantes. La urbano/rural y la regional. En 2023 la incidencia de la pobreza rural fue de 25,1%, y la urbana de 8,3%. Esta diferencia de 16,8 puntos es inaceptable. Las condiciones de vida en el campo son considerablemente inferiores a las de las ciudades. 

Y las diferencias entre regiones es escandalosa. Mientras que en 2023 la pobreza en Bogotá fue de 3,6% en la región Caribe era de 20,1%, y en la Pacífica (sin el Valle del Cauca) 19,4%. El panorama se complica si se tiene presente que al interior de cada región son evidentes las desigualdades entre las áreas urbanas y las rurales. 

Las divergencias entre regiones no son justificables. Más aún, es censurable que una sola persona viva en condiciones de pobreza. Pero mientras se logra el ideal lejano de pobreza cero, por lo menos se debería presentar convergencia alrededor de la región con menor pobreza. Así que la incidencia de la pobreza multidimensional debería estar alrededor de 3,5%-4%, que es nivel alcanzado por Bogotá. 

Desde el punto de vista de la política pública, las dimensiones y las variables que se incluyen en la pobreza multidimensional, permiten dirigir las decisiones de los gobiernos hacia los sectores que requieren más atención para ir reduciendo las brechas. Es posible, entonces, hacer una asignación eficiente de la inversión pública de tal forma que se reduzcan las brechas. 

Jorge Ivan González

Publicado en La República, Bogotá. 

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Durante nuestra reciente tertulia, nuestro compañero y amigo Jorge Iván González compartió con nosotros sus ideas sobre la Colombia que todos soñamos a la luz de sus experiencias dentro del gobierno actual de Colombia. Esta conferencia inolvidable la queremos compartir con nuestros lectores del blog.

Exjesuitas en tertulia- 18 de Abril, 2024
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Acaba de morir Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía en 2002. En su lectura sobre la “racionalidad limitada” muestra la importancia que tienen los juicios intuitivos en el proceso de elección.

Junto con Amos Tversky mostró la importancia que tiene la “heurística del juicio” en las decisiones individuales. Todas las personas nos movemos en Sistema I. Ello significa que la gran mayoría de nuestras decisiones las realizamos pensando rápido. La heurística nos lleva a tomar atajos.

Esta forma de actuar es constitutiva de la sicología humana. La reflexión pausada, el pensar despacio, es propia del Sistema II. Esta modalidad del pensamiento es menos usual que la del Sistema I. La sociedad ha creado espacios, como el monasterio y la universidad, que favorecen la reflexión en Sistema II. El desarrollo de la ciencia se mueve en Sistema II, y requiere un análisis sistemático y ordenado. Este quehacer pausado exige instituciones que favorezcan la reflexión.

Las versiones ingenuas de la economía, muy alimentadas por el libro de texto, suelen afirmar que el empresario o el consumidor actúan de manera racional, como homo economicus. Esta apreciación es falsa. Para los grandes economistas, el sentimiento y la pasión juegan un papel determinante en la decisión del individuo. La relación entre economía, biología y sicología, tiene una larga tradición. Autores como Smith, Bentham, Edgeworth, Marshall, Keynes, etc., ponen en primer lugar el sentimiento.

Kahneman recupera la preocupación de Marshall por la relación de la economía con la biología. De la misma manera que los seguidores de Mahoma se inclinan en dirección de la Mecca, dice Marshall, la economía debe mirar a la biología, y no tanto a las matemáticas que sirven para explicar procesos muy sencillos, pero no son útiles para entender las complejidades del comportamiento humano.

Animados por la necesidad de comprender la acción humana, a mediados de los años 40, Von Neumann y Morgenstern proponen la Teoría de Juegos como un método apropiado para sistematizar las relaciones entre las personas. También por esos años, el principal texto de Mises, ‘La Acción Humana’, pone en evidencia los límites intrínsecos de la razón. Y Hayek destaca el “orden sensorial”, mostrando la forma como los sentimientos inciden en la decisión racional. La ciencia, dice, se construye a partir de los prejuicios de los individuos. El estudio de los límites de la razón es la obra magistral de Simon, otro premio Nobel de Economía.

Kahneman explicita los aportes de Popper y Taleb. El conocimiento, en cualquier disciplina, no puede ser ingenuo. Las afirmaciones con pretensión de universalidad no son aceptables. El futuro es incierto, y las apreciaciones subjetivas – limitadas, sesgadas y parciales – son inevitables en toda elección. Puesto que hay limitaciones intrínsecas en el proceso de conocer, la sociedad tiene que consolidar instituciones que permitan superar la miopía de los sujetos, y creen las condiciones necesarias para pensar despacio. Kahneman muestra que las dinámicas económicas están marcadas por las concepciones subjetivas de los sujetos.

La teoría económica estándar le sigue temiendo a la biología y a la sicología, porque estas disciplinas obligan a explicitar el desequilibrio y la incertidumbre. Se niega a reconocer, con humildad, que frente al comportamiento futuro de los individuos, sencillamente, no sabemos!

Jorge Iván González

Publicado en La República, Bogotá

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La tensión entre facticidad y validez ha sido analizada por Habermas. Se presenta en todas las sociedades democráticas.

El discurso del programa de gobierno del presidente Petro es intrínsecamente válido. Se trata de un mensaje novedoso en el que se hacen explícitas dimensiones estructurales tan relevantes como la recuperación de los activos ambientales, la transición energética, la modernización del sector agropecuario, la búsqueda de la seguridad humana y la convergencia social y regional. 

En la lógica habermaniana el discurso es un elemento constitutivo de la acción comunicativa, que permite ir diseñando nuevos tipos de sociedad. Por su misma naturaleza, el discurso es transformador. Y este es el gran mérito de la lógica argumentativa del presidente. La fuerza de estos mensajes se expresó en las urnas.

Todos los discursos, dice Aristóteles, son retóricos. Y ello no les resta valor. Este tipo de formulación permite construir silogismos incompletos, los entimemas, que movilizan y generan pasión. Estimulan los sentimientos y son instrumentos poderosos de la persuasión. La retórica es un componente sustantivo del quehacer político.

Pero más allá de la validez intrínseca del discurso, la puesta en acción de las ideas requiere de la facticidad. El Plan de Desarrollo es una apuesta por la concreción del ideal discursivo. Es la formulación de programas de inversión específicos, que puedan ser financiables. El plan plurianual de inversión se queda cortísimo frente a los ideales del discurso. Es inevitable que así sea. Entre la validez del discurso y la facticidad de la planeación hay una brecha insoluble, que es profundamente dolorosa. Es la angustia, que en mayor o menor medida, sienten todos los gobernantes. Las limitaciones intrínsecas alimentan desesperanzas y generan frustraciones. Los electores sienten que las promesas no se cumplen y que las realizaciones no llenan sus expectativas.

Es el drama que resulta de las numerosas limitaciones institucionales, sociales, económicas, jurídicas y políticas. En lugar de aceptar los hechos fácticos como una realidad sobre la que es necesario actuar, el gobernante cae en la tentación de negarlos.

No obstante los alcances limitados de cualquier plan de desarrollo, en ‘Colombia, Potencia Mundial de la Vida’, se proponen cambios estructurales profundos, comenzando por el ordenamiento del territorio y la consolidación del catastro multipropósito. Después de medio siglo de guerra con las Farc, en La Habana se llegó a la conclusión que en el país se necesita una reforma rural integral. Este tipo de mecanismo apenas es un paso para lograr los ambiciosos ideales planteados en el programa de gobierno. Los sueños comienzan a ser posibles con cambios que en otros países se podrían calificar como reformistas, pero que en Colombia son revolucionarios. Si el territorio se ordena se avanza hacia la paz, se mejora la productividad de las empresas, se moderniza el sector agropecuario, se disminuye la divergencia regional.

Durante estos meses, la inevitable tensión entre facticidad y validez no se pudo resolver. El conflicto se volvió insalvable. La absolutización de la bondad del discurso llevó a desconocer la complejidad de su realización práctica. Quizás allí radique el motivo último que hizo inviable mi continuidad en la dirección del Departamento Nacional de Planeación.

Jorge Iván González

Publicado en La República, Bogotá.

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Las obras por impuestos no son un incentivo tributario, sino una modalidad de pago del impuesto. Se trata, entonces, de recursos públicos que son ejecutados por las empresas.

Hasta el momento, el balance de este mecanismo ha sido positivo. Tanto los empresarios como el gobierno han considerado que el instrumento ha cumplido con sus propósitos.

Desde la perspectiva de los empresarios, el mecanismo ha sido exitoso porque contribuye a mejorar su imagen institucional y les permite crear un ambiente amable con las comunidades. Aunque para la empresa sea más sencillo hacer un giro y consignarle los impuestos a la DIAN1, prefiere hacer la obra a pesar de los costos que ello implica. Esta decisión se toma porque la empresa valora otras dimensiones, de naturaleza reputacional, que van más allá de los aspectos puramente financieros.

Y por el lado del gobierno, las obras por impuestos han sido favorables porque la capacidad de gestión de las empresas es considerablemente mayor que la del Estado y las inversiones realizadas han sido oportunas y de calidad. La empresa se encarga de todo el proceso de la inversión, desde el diseño hasta su ejecución final. Las etapas de contratación en el sector público son engorrosas y toman más tiempo. Además, es positivo que el gobierno (local o nacional) sea el que decide el tipo de obra y sus características.

Entre 2018 y 2024, el monto de los recursos destinados a las obras por impuestos pasaría de $219.000 millones de pesos a $1 billón. El CONFIS2 acaba de aprobar este último cupo. Y si se ejecuta el presupuesto, el monto total a lo largo del período ascendería a $3,1 billones. La ampliación de estos cupos es una expresión de la bondad del mecanismo. Hasta ahora se han aprobado 297 proyectos en los que han participados 160 empresas y 238 municipios. La mayoría de los proyectos han sido en educación (156), le sigue transporte (75), vivienda (32) y energía (23).

Las bondades del mecanismo son indiscutibles desde la perspectiva micro, así que cuando se examina cada uno de los proyectos el balance es positivo. Pero desde la óptica macro vale la pena hacer consideraciones de tipo estratégico, que ponen en evidencia limitaciones de las obras por impuestos. Desde esta mirada global, el mecanismo se puede mejorar.

Primero, la jerarquización de los proyectos se debe realizar en función de programas estratégicos. Sería ideal que cada una de las inversiones se pudiera inscribir en líneas de acción con una perspectiva regional de mediano y largo plazo.

Segundo, el mecanismo se debe ampliar a cualquier tipo de municipio. La normatividad actual obliga a que los proyectos se realicen en los 344 municipios Zomac (Zonas más Afectadas por el Conflicto Armado), que incluyen 170 municipios Pdet (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial). Para que los proyectos de inversión sean estratégicos y de carácter regional, no se deberían restringir a los municipios Zomac, porque su dispersión reduce las posibilidades de articulación estratégica.

Tercero, se debe buscar una mayor diversificación, tanto desde la perspectiva de las empresas, como de los sectores. Sería conveniente que aumentaran los proyectos relacionados con el ambiente, las TIC, o la salud. También es conveniente que participe un mayor número de empresas.

Cuarto, en las evaluaciones futuras del instrumento se le debería dar mayor énfasis al impacto estratégico que a los análisis micro.

Jorge Iván González

Publicado en La República, Bogotá

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Presentamos a nuestros lectores esta interesante entrevista de Lina Quiroga Rubio a nuestro compañero exjesuita y actualmente Director Nacional de Planeación, en El Tiempo, 20 de Enero de 2024.

En abril se darán a conocer las propuestas que planteará la Misión de Descentralización para lograr una mayor autonomía regional y disminuir la diferencia entre grandes ciudades y pequeños municipios.

En entrevista, el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Jorge Iván González, sostiene que es necesario buscar “recursos estables” para los departamentos y una opción para ello es entregarles un porcentaje del impuesto de renta, del IVA o del predial.

Además, se refiere a cómo será la implementación del Registro Universal de Ingresos (RUI), que llegará para reemplazar los estratos sociales en el país.

¿Cómo avanza la propuesta para la descentralización del Gobierno?

Estamos terminando lo que en el gobierno de Iván Duque se llamó la Misión de Descentralización, la cual termina a mediados de marzo, y a principios o mediados de abril estaremos haciendo el lanzamiento de las conclusiones.

Efectivamente, en Planeación Nacional estamos de acuerdo en que hay que avanzar en la descentralización y darles más autonomía a las regiones, en ese sentido van muchas de las propuestas de la misión.

Hay que avanzar en la descentralización y darles más autonomía a las regiones

Yo no estoy de acuerdo con decir que hay que descentralizar desde el punto de vista de la ciudad. Las ciudades grandes e intermedias no tienen problemas de recursos, lo que tienen es una pasividad para generar recursos a partir de la captura de las rentas que generan las dinámicas inmobiliarias.

Pero hay dificultades con los municipios pequeños y con los departamentos. Estoy de acuerdo con los gobernadores frente a que la estructura fiscal del país dejó a los departamentos sin recursos, y en que necesitamos buscar recursos estables para las gobernaciones.

Por ejemplo, darles unos puntos del impuesto de renta, del IVA, e incluso darles unos puntos del predial si efectivamente seguimos avanzando en el mejoramiento de los catastros y en el aumento de las tarifas.

La Amazonía y el Pacífico tienen que recibir recursos por una sola razón y es que tienen los grandes activos ambientales de la humanidad. Esos recursos tienen que venir desde las grandes ciudades porque son las que consumen el agua.

¿Para entregar esos puntos se necesita una reforma tributaria?

En la misión hay unas propuestas que no necesitan ninguna reforma. Por ejemplo, que les pidamos cuentas a las ciudades de por qué están cobrando en algunos casos unas tarifas de predial tan bajas, que revisemos por qué no estamos avanzando en avalúos catastrales y por qué no hay concurrencia de recursos.

Creo que hay unos elementos que podemos poner en práctica ahora mismo. Yo encuentro en los nuevos alcaldes y gobernadores una disposición muy favorable para trabajar.

Hay otros cambios que implican modificaciones en normas ordinarias que existen actualmente y hay otros cambios muy complicados que involucrarían transformaciones constitucionales.

Por ejemplo, hemos dicho en la misión que hay que hacer una nueva ley orgánica de ordenamiento territorial. Esto implica un debate muy complicado e importante en el Congreso de la República, pero es absolutamente necesario.

El tema de descentralización es el problema de gobernabilidad del país. Yo les he dicho a todos los alcaldes y gobernadores que el Plan de Desarrollo se hace con alcaldes y gobernadores, es que no hay otra forma.

¿Cómo van los cambios en el Ocad Paz?

Hay unos artículos del Plan Nacional de Desarrollo (PND) que avalaron unos cambios sustantivos. Nosotros encontramos que había una concentración de proyectos, el 70 por ciento estaba concentrado en 56 de los 170 municipios que deberían haber recibido recursos del Ocad Paz.

No vamos a seguir concentrando recursos en los municipios que ya habían tenido la mayor parte de recursos

Lo segundo que encontramos fue una lógica con la que nunca estuvimos de acuerdo y era asignarle los proyectos a quien primero llegara. Nosotros rompimos ese esquema, volvimos a abrir convocatorias con dos criterios.

El primero es que no vamos a seguir concentrando recursos en los municipios que ya habían tenido la mayor parte de recursos. La idea es hacer las convocatorias más equitativas y para eso asignamos unos cupos por regiones.

Lo segundo es que los componentes de los proyectos contribuyan a cerrar brechas, que favorezcan la integración y que tengan impacto. Esto significa hacer una evaluación de proyectos mucho más juiciosa y que no solo gane el que llegó primero.

Nosotros hicimos unos cambios muy importantes en todos los equipos de regalías buscando que efectivamente estos proyectos correspondan a los de mayor impacto. Ya se aprobó una primera convocatoria por 585.000 millones de pesos, y este año vamos a hacer cuatro convocatorias por 1,3 billones de pesos.

¿Cuándo se comienza a implementar el Registro Universal de Ingresos (RUI)?

Para esto tenemos tres etapas. La primera es el alistamiento, que es la integración de bases de datos que estamos haciendo ahora. Hemos avanzado muchísimo, por las bases de datos que ya existían.

La segunda fase es el tema metodológico, que son unos pilotos que esperamos empezar a hacer a finales de este año con Bogotá. Ninguno de nosotros piensa que esto es fácil, somos absolutamente realistas.

Si a una persona le fue mal todo el año pasado desde el punto de vista económico, todo el año le damos subsidios.

Si lográramos hacer esto en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, ya tendríamos más de la mitad de la población del país. En el 2025 esperamos ensayar el proceso de transición, esto es una conversación con todo mundo, con las empresas de servicios públicos.

El hogar es la capacidad de pago, y la vivienda son los ladrillos, el problema es que la facturación la hacemos por la dirección de vivienda, pero la vivienda no te dice las dificultades del hogar.

Si a una persona le fue mal todo el año pasado desde el punto de vista económico, todo el año le damos subsidios. Si le fue muy mal porque tuvo créditos, el papá se le murió y tuvo que pagar un montón de médicos, pero afortunadamente en febrero de 2024 encontró trabajo y le fue muy bien en el año, durante todo el 2024 las empresas le siguen tarifando como le fue en el 2023, y en 2025 le tarifan distinto porque ya le fue muy bien.

Esta lógica implica un trabajo colectivo, pero cuando entremos a pagos electrónicos eso irá avanzando muy rápido y tendremos mucha más información.

¿Cómo evitarán que haya colados en el RUI?

Para cumplir el propósito del RUI de convertirse en el único instrumento de focalización del gasto público social, incluyendo no solo transferencias monetarias sino los subsidios cruzados de los servicios públicos domiciliarios, es necesario contar con la distribución de la capacidad de generación de ingresos de todos los habitantes de Colombia.

Por lo tanto, hablar de colados en el RUI no es apropiado, aunque sí es posible que se presenten errores de inclusión o de exclusión similares a los que se presentaban con el Sisbén, es decir, personas u hogares mal clasificados.

Para evitar esto, el RUI se actualizará frecuentemente con base en registros administrativos e información autodeclarada por los hogares, de tal forma que se pueda garantizar que mensualmente se cuente con una clasificación que refleje las condiciones socioeconómicas reales de todas las personas.

¿Cómo avanza la ejecución del PND?

Nosotros tenemos unos cálculos por ministerio, pero la dificultad ha sido que en el primer año los logros son menores mientras se adecúa el presupuesto.

En el consejo de ministros que tuvimos en diciembre hicimos una evaluación de cada uno de los sectores y de cada uno de los ministerios.

En general, el promedio no lo recuerdo, pero es necesario avanzar mucho más en ejecución. Hacia marzo vamos a tener el primer informe consolidado.

¿Cuándo definen los indicadores para medir la ejecución del PND?

El DNP y el Ministerio de Hacienda son las entidades encargadas de la coordinación y conceptualización de las bases del PND, en conjunto con los sectores gubernamentales.

Durante la construcción del documento se definen indicadores trazadores para la ejecución del PND. Una vez establecidos, los sectores de Gobierno, en colaboración con las direcciones técnicas del DNP, llevan a cabo un ejercicio técnico para definir la línea de base y la meta de cada indicador, consignándolas en la ficha técnica correspondiente.

Estos indicadores, que abarcan áreas como desarrollo económico, social y ambiental, se determinan durante la preparación del plan. Durante este proceso se establecen metas e indicadores que permiten evaluar el progreso e impacto de las acciones planificadas, contribuyendo así a una evaluación exhaustiva de la ejecución del PND y en la que próximamente los colombianos podrán consultarlos.

¿Y la ejecución del Presupuesto de 2023 en cuánto cerró?

Nosotros en el DNP tenemos competencia sobre la inversión pública, y aquí le puedo decir que al cierre de diciembre de 2023 el presupuesto de inversión asciende a 83,3 billones de pesos, de los cuales se han comprometido 75,2 billones de pesos (90,3 por ciento), obligado 59,4 billones de pesos (71,3 por ciento) y pagado 58,8 billones de pesos (70,5 por ciento).

Los sectores con mayor ejecución fueron educación (91,3 por ciento); trabajo (89,2 por ciento); TIC (88,8 por ciento); inclusión social y reconciliación (88,6 por ciento); Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (85,7 por ciento); minas y energía (85,6 por ciento) y transporte (76,5 por ciento).

¿Cuánto va a costar la transición energética?

Hicimos unos cálculos preliminares, pero esto depende mucho de cómo se mida

Nosotros hicimos unos cálculos preliminares, pero esto depende mucho de cómo se mida. Estamos hablando como del 7 u 8 por ciento del producto interno bruto (PIB).

Planeación ha venido trabajando en los escenarios que debe surtir el país para la transición energética. Es muy difícil hablar de una cifra o un costo absoluto porque dependiendo de las variables que usted tiene en los modelos técnicos, verá también los diferentes escenarios. Hay unas estimaciones que hablan de un costo anual de la transición como porcentaje del PIB a 2030.

Algunos estudios plantean la necesidad de invertir hasta cinco puntos del PIB en inversión pública y privada, pero eso lo estamos determinando y quiero ser enfático en que no es una fórmula absoluta, sino son escenarios de acuerdo a la decisión con evidencia que tome el país. Lo que es claro es que debemos avanzar hacia la transición.

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El Departamento Nacional de Planeación (DNP) ha ido avanzando hacia la consolidación del registro universal de ingreso, que fue aprobado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND).

Cuando se haya logrado esta meta, ya no será necesario focalizar subsidios a través de la estratificación. Tampoco tendrá sentido continuar con encuestas que ahora se utilizan para la focalización, como las del Sisben, o Familias en Acción.

La estratificación tiene dos limitaciones estructurales. La primera tiene que ver con el espacio analítico. El estrato se refiere a la vivienda, e informa de manera muy imperfecta sobre las condiciones socioeconómicas del hogar. Entre la vivienda y el hogar existe una brecha conceptual insalvable. La segunda limitación tiene que ver con el costo político de subir el estrato. Ningún grupo de vecinos permite que se le cambie el estrato porque ello se reflejaría en menores subsidios.

El campo analítico del estrato es la vivienda, y el de la capacidad de pago es el hogar. Esta diferencia esencial no se puede modificar. La metodología de la estratificación gira alrededor de la vivienda, bien sea considerada desde la perspectiva de la manzana, o del predio. El estrato no puede dar cuenta de la capacidad de pago del hogar. La características de la vivienda y las condiciones socioeconómicas del hogar responden a espacios analíticos específicos. No es pertinente evaluar el ingreso del hogar a partir de la vivienda. Esta imposibilidad es insuperable, ya que se trata de una diferencia sustantiva.

La aproximación a través del predio, y no de la manzana, fue un ejercicio realizado por la Secretaría Distrital de Planeación, mediante la estimación del Valor Unitario Integral (VUI). A pesar de los avances que se lograron al relacionar el estrato con el predio, no se superaron las limitaciones intrínsecas, que impiden captar las condiciones socioeconómicas de los hogares.

La segunda limitación del estrato es de naturaleza política. Nadie se deja subir el estrato. Los vecinos se ponen de acuerdo y no admiten que se suba el estrato porque ello se refleja en menor subsidio o en una tarifa más alta. Esta inmovilidad del estrato ha llevado a que en Bogotá, por ejemplo, 69% de hogares está concentrado en los estratos 2 y 3. En otras palabras, el estrato perdió su capacidad de discriminar y ya no permite diferenciar.

Puesto que la brecha entre la vivienda y el hogar es insuperable, la atención se debe ir centrando en la capacidad de pago del hogar. El punto de llegada se definió en el PND, que formaliza el registro universal de ingresos (RUI).

El paso intermedio entre el estrato y el RUI es el Registro Social de Hogares (RSH), que ya se está utilizando como un complemento al Sisben en el proceso de selección de beneficiarios. Actualmente, el RSH cuenta con 55 millones de registros. A medida que la información administrativa se vaya consolidando y si el pago electrónico avanza, será posible conocer el ingreso de las personas de menores recursos. Poco a poco se han ido integrando los registros administrativos que existen en el país.

Además, en el PND se estimula al Banco de la República para que avance en la formalización de los pagos electrónicos. Ello permitirá mejorar la información sobre las transacciones de todos los ciudadanos y se irá consolidando el RUI. En tales circunstancias, ya no será necesario el estrato.

Jorge Iván González

Publicado en La República, Bogotá

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Hace una semana, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) hizo el anuncio del renacimiento de la revista Planeación y Desarrollo (PyD), que fue emblemática y se constituyó en un punto de referencia para el debate académico nacional. Se busca que la revista, ahora en formato digital, sea el espacio analítico para reflexionar sobre problemas fundamentales de la sociedad colombiana.

PyD facilita la construcción de una razón pública. Este proceso tiene tres características. Primero, supera la “incompletitud” y la miopía del sujeto. Segundo, elige la evidencia relevante, a partir de percepciones que nunca son objetivas en el sentido positivista, sino que dependen de una decisión marcada por “lo político”. Y tercero, cualquier análisis de la evidencia es retórico en el sentido aristotélico.

Primero, el sujeto es miope y su percepción del mundo es intrínsecamente incompleta. El individuo tiene una mirada estrecha, que está intrínsecamente vinculada a la condición humana. Retomando el planteamiento de Kahneman, la persona tiende a pensar “rápido”. Difícilmente tiene la oportunidad de pensar “despacio”. Este privilegio es propio de las instituciones. El monasterio y la universidad son los espacios que, a lo largo del tiempo, crearon condiciones para pensar despacio.

Una entidad como el DNP tiene una misión favorable a la reflexión analítica. La construcción de un orden institucional es un proceso complejo, en el que se requiere ir más allá de la mirada del individuo. Por ejemplo, es difícil que una persona se preocupe por el futuro del clima del planeta en 200 años. Este tipo de percepción no es factible en la gran mayoría de los individuos. Para ir más allá de la visión estrecha y miope de la persona, se requiere una racionalidad técnica, que toma decisiones y prioriza con criterios diferentes a la agregación de preferencias individuales.

Segundo, las evidencias son múltiples, y cubren dimensiones muy diversas. La selección de la evidencia que se considera pertinente, no puede ser el resultado de un análisis técnico pretendidamente neutro. La escogencia de la evidencia relevante es un asunto político. El afán positivista lleva a la ilusión de que la evidencia es una realidad objetiva, que está por fuera del sujeto. La priorización de la evidencia está marcada por prejuicios y estos sesgos son inevitables. La escogencia de la evidencia por parte del DNP se refleja en el plan de desarrollo que, a su vez, es la expresión, así sea imperfecta, del programa de gobierno.

Y tercero, el ejercicio interpretativo es, por su misma naturaleza, retórico. La retórica en Aristóteles conjuga la evidencia y el discurso convincente a partir de la construcción de entimemas, que son silogismos incompletos. Los economistas, dice McCloskey, somos novelistas. La construcción del relato es inevitable. Cada gobierno pone a consideración de la sociedad un relato sobre las evidencias que juzga relevantes. Planeación y Desarrollo abre la oportunidad para que esta narrativa sea conocida de manera explícita, y se abran las posibilidades de ser discutidas.

La presentación de las discusiones tiene que realizarse de una manera pedagógica que dialogue con el sentido común. El debate que se plantea en PyD tiene que ser comprensible. La comunicación es un elemento central del debate público. Los resultados de los ejercicios técnicos se tienen que comunicar de una forma sencilla.

Jorge Iván González

Publicado en La República, Colombia

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El panorama fiscal para 2025 es especialmente complejo. Este presupuesto, que se comenzará a diseñar desde los primeros meses de 2024, obliga a reflexionar sobre la fragilidad de las finanzas públicas.

El presupuesto de 2025, que será especialmente difícil, pone en evidencia las consecuencias de la pandemia en el terreno fiscal que no se han terminado y se manifiestan en los presupuestos de 2024 y de 2025.

En 2024, el gobierno Petro tuvo que asumir tres compromisos de la administración anterior. El mayor gasto derivado de las decisiones que se tomaron durante la administración Duque es, por lo menos, de $46 billones. El crecimiento del servicio de la deuda será de $20 billones. A esta cifra se le agregan los $20 billones destinados a la compensación del déficit del Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles. Y habría que sumar los $6 billones correspondientes a la “opción tarifaria”. No obstante la importancia que tienen estos pagos, se logró destinar $99,9 billones a la inversión. Es el monto más elevado en la historia del país.

En 2025, se seguirán sintiendo las consecuencias de la pandemia fiscal. Este año el servicio de la deuda podría llegar a $112,9 billones y la inversión apenas sería de $68,8 billones. En tales condiciones, el servicio de la deuda superaría a la inversión en 1,6 veces, y la diferencia sería de $44 billones. Esta brecha tan grande no tiene precedentes. En algunos años el servicio de la deuda ha superado a la inversión, pero el diferencial no ha sido tan significativo.

La estructura fiscal de 2025 será un obstáculo para el crecimiento de la economía. Si los recursos destinados al pago de compromisos de la deuda (amortizaciones a capital e intereses), superan el monto de la inversión, no es posible renovar los activos y fortalecer la actividad económica.

Desde los primeros meses del año próximo, cuando se comience a discutir el presupuesto de 2025, es necesario buscar alternativas que impidan que el servicio de la deuda ahogue la inversión.

Este aumento de la deuda no es un problema exclusivo de Colombia. El desbalance fiscal se ha acentuado en la mayoría de los países del mundo. En las naciones de ingreso altos entre 1991 y 2021 el saldo de la deuda pasó de 55% del PIB a 122,5%. En los países de ingresos medios (entre los que está Colombia) subió de 40,8% en 1997 a 65,1% en 2021. Y en los países de ingresos bajos, en el mismo período, pasó de 40,8% a 48,6%. En 2012, en Colombia, el porcentaje del saldo de la deuda pública con respecto al PIB era 33,2%. En 2024 será de 57,1%.

El aumento desbordado de la deuda en la mayoría de los países del mundo, es la expresión de un problema estructural, ya que los ingresos corrientes no son suficientes para compensar los gastos de funcionamiento y de inversión. También es una manifestación indirecta de la burbuja financiera que se ha ido consolidando a lo largo del tiempo, y que es alimentada por las dinámicas Ponzi de las deudas públicas. Los ingresos no han crecido a la par con el gasto. 

La única forma de ir reduciendo la brecha sería mediante un aumento de los impuestos. En Colombia no hay ambiente para una nueva reforma tributaria, así que habría que pensar en otras alternativas que permitan compensar el desbalance del 2025.

Jorge Iván González

Artículo publicado en La República, Colombia.

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En el proceso que está llevando a cabo Planeación Nacional (DNP) para ir consolidando el registro universal de ingresos, se ha hecho una evaluación de los errores de inclusión del Sisbén[1].

El error de inclusión se presenta cuando se incluye en una categoría a quien no debería estar allí. Y el error de exclusión se presenta cuando se deja por fuera a quien debería estar incluido. En el Sisbén los errores más frecuentes son de inclusión, porque existen mecanismos endógenos para corregir los errores de exclusión. 

El hogar que considera que debe ser incluido y no lo está, pide que se le haga la encuesta. Este mecanismo intrínseco permite que los errores de exclusión se pueden auto-corregir. No sucede lo mismo con los errores de inclusión, porque la persona que está mal calificada no tiene incentivos para modificar su situación.

Para evaluar los errores de inclusión, el DNP contrasta la calificación del Sisbén con la información disponible en los registros administrativos. El registro social de hogares es una base muy completa, incluye 55 millones de registros y ofrece un panorama más completo que las encuestas Sisbén. Los registros administrativos son una fuente de información valiosa.

Actualmente en el grupo A del Sisbén, que correspondería a los más pobres, hay 4 millones de personas y, después de hacer los cruces de bases de datos, solamente debería haber 2,9 millones.El error de inclusión es de 1,1 millones de personas. Estas personas que están en el grupo A son candidatos privilegiados de diversos programas sociales, incluyendo los que entregan subsidios monetarios.

Estas personas estarían recibiendo beneficios que no se merecen. Deberían estar por fuera del Sisbén, o calificadas en otros grupos diferentes, como Sisbén B, C, D. En estas categorías los beneficios son menores a los que corresponderían a quienes están en el grupo A.

Las diferencias entre ciudades son significativas. Las ciudades con más errores de inclusión en el grupo A son, en su orden, Cartagena (38.000 personas), Bogotá (34.000), Soledad (26.000), Barranquilla (26.000), Cali (23.000).

Entre las causas de estos errores de inclusión vale la pena señalar cuatro: la desactualización de la información, la manipulación, los problemas metodológicos, y la diferencia entre las pobrezas subjetiva y objetiva.

La información del Sisbén se desactualiza porque las encuestas no son periódicas. Los registros administrativos se mantienen al día más fácil que las encuestas Sisbén. El error de inclusión se origina en el desfase entre la información pasada del Sisbén y la actual del registro administrativo. Esta asimetría es inevitable mientras se mantenga la actual metodología del Sisbén.

La manipulación de información se explica por razones políticas o por intereses corruptos. La oferta de beneficios en los programas sociales se expresa en apoyo político.

Existen problemas metodológicos. Se ha avanzado en cuatro versiones del Sisbén. Entre el Sisbén I y el IV hay mejoras significativas, pero a pesar de los avances técnicos, es imposible eliminar los errores de inclusión y exclusión.

La brecha entre la percepción de la pobreza y la pobreza objetiva crea una asimetría que genera tensiones y dificulta la administración de los programas sociales.

Los errores de inclusión se reflejan en una asignación inadecuada de los recursos públicos. Es necesario irlos corrigiendo de tal manera que reciban los beneficios quienes realmente los necesitan.

Jorge Iván González

Publicado en La República, Colombia


[1] Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales de Colombia.

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Pasó el covid y, aunque la actividad económica se está recuperando, la pandemia sigue afectando a las finanzas públicas. Los efectos del mal continúan, y el daño fiscal tiene un impacto negativo en la inversión y en el crecimiento.

Durante la pandemia, el gobierno Duque tomó decisiones que siguen teniendo impactos fiscales significativos, incorporados en el presupuesto de 2024. Sin pretender hacer una evaluación de las medidas tomadas para responder al covid, es innegable que los mayores gastos hechos entonces, están reduciendo el margen fiscal. Los efectos más notorios tienen que ver con el servicio de la deuda, el fondo de estabilización de los precios de los combustibles y la opción tarifaria.

Entre 2023 y 2024, el servicio de la deuda aumentó $20 billones. Durante 2024 es necesario cumplir con los compromisos adquiridos por el gobierno anterior. Para solucionar los problemas causados por el covid se contrataron créditos de corto plazo, que es necesario pagar ahora. Entre 2023 y 2024, el servicio de la deuda pasa de $72,3 billones a $92,3 billones.

La relación entre el servicio de la deuda y la inversión está llegando a límites preocupantes. En las primeras versiones del presupuesto 2024, el servicio de la deuda era superior a la inversión. Durante estos dos meses, con el apoyo del Congreso, se hicieron cambios que permitieron que la inversión por valor de $99,4 billones supere al servicio de la deuda. Pero se ha llegado a una situación preocupante y sería muy inconveniente que en 2025, el servicio de la deuda supere a la inversión, ya que se verían seriamente comprometidas las posibilidades de crecimiento.

El déficit del Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles (Fepc) es la segunda consecuencia de las decisiones que tomó el gobierno anterior, que no aumentó los precios de los combustibles, con el fin de proteger la capacidad de pago de los hogares. Para mantener un buen equilibrio de las finanzas de Ecopetrol, se decidió que el precio interno debería ser similar al internacional. Como la brecha entre los dos precios se amplió, la administración Petro ha tomado dos decisiones dolorosas.

Por un lado, compensar el déficit y financiarlo. Y, por el otro, aumentar el precio de la gasolina, de tal forma que se vaya reduciendo la distancia entre los precios doméstico e internacional.

En el Marco Fiscal de Mediano Plazo se estimó un déficit de $17,8 billones, pero durante la discusión del presupuesto, se decidió aumentarlo a $20 billones. Al cerrar la brecha con respecto al precio internacional se logran varios propósitos. Por un lado, se eliminan los subsidios indiscriminados, y gracias a los mayores ingresos de Ecopetrol, el Estado recibirá recursos que se pueden asignar en función de los preferencias del gobierno.

Y, finalmente, la opción tarifaria puede tener un costo cercano a los $6 billones. Las tarifas de los servicios públicos no aumentaron durante los meses del covid, y ahora es necesario corregir el desbalance. Las empresas comercializadoras reclaman, con razón, que se les transfieran los recursos adeudados. La cifra podría ser de $6 billones.

En total, el gobierno Petro ha tenido que asumir estos compromisos que llegan a $46 billones. Son más de dos reformas tributarias. A pesar de estas limitaciones, el monto de la inversión para 2024 es el mayor de la historia del país.

Jorge Iván González

Noviembre, 2023

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En Michigan, Biden se unió a los huelguistas del sector del automóvil. Este hecho sin precedentes pone en evidencia la asimetría entre el ritmo de crecimiento de las ganancias y el de los salarios.

La remuneración a los trabajadores se ha ido rezagando y no avanza a la misma velocidad que los excedentes en manos de los propietarios de las empresas y de sus dirigentes. Biden se une a la indignación sindical, porque considera inaceptable la ampliación de esta brecha. Los huelguistas piden un aumento salarial del 40%.

La denuncia de Biden está respaldada por dos estudios recientes del FMI y de la OCDE. De acuerdo con estas investigaciones, entre 2020 y 2021, las ganancias de las empresas aumentaron 53,9%, mientras que los salarios crecieron 7,9%. Las dos consecuencias más claras de esta disparidad son el aumento de la desigualdad del ingreso y el deterioro de la demanda. Pero lo más significativo del análisis del FMI y de la OCDE es poner en evidencia la relación directa entre las ganancias corporativas y la inflación.

Estas ganancias excesivas han sido el resultado de un control monopólico de los precios. Las grandes corporaciones no han permitido que los precios se ajusten a los costos y, entonces, el precio termina siendo artificialmente alto. Este excedente únicamente se justifica por el afán de ganancia. La falta de competencia permite que los capitalistas aumenten sus ganancias en un porcentaje considerablemente más alto que el de los trabajadores. El excedente derivado del control monopólico es perjudicial para el conjunto de la sociedad.

En los análisis convencionales de la inflación se le suele dar relevancia a la incidencia que tienen los aumentos salariales en los precios. Es el argumento que se ha utilizado para frenar las aspiraciones de los trabajadores en las negociaciones anuales del salario mínimo. El FMI y la OCDE invitan a cambiar la óptica de análisis.

Primero, porque muestran que la ausencia de competencia termina expresándose en una mayor inflación, y el control indica que hay debilidades institucionales, que han permitido la consolidación de monopolios con mucho poder.

Segundo, porque es una invitación a los bancos centrales para que modifiquen de manera sustantiva su visión de la política monetaria y de los determinantes de la inflación. Los bancos siguen obsesionados con su pretensión de frenar la inflación por la vía de las tasas de interés. 

La inflación actual no es un fenómeno de demanda. Sus causas son más complejas. Algunas están relacionadas, sobre todo después de la pandemia, con los mayores costos. Pero otras tienen que ver con factores institucionales complejos, como la imposibilidad de controlar el monopolio y de reducir el poder de mercado de las grandes empresas y corporaciones. Esta mirada es integral y supera la perspectiva estrecha que asocia la inflación con el aumento de la cantidad de dinero. Este diagnóstico estrecho no permite explicar la inflación actual.

La relación entre la concentración de la riqueza y la inflación abre una puerta de análisis novedosa, que debería llevar a que los bancos centrales modifiquen de manera sustantiva su percepción de los factores determinantes de la inflación. La regulación de la inflación obliga a realizar cambios estructurales, comenzando por la eliminación del poder monopólico de las grandes corporaciones.

Jorge Iván González

Octubre, 2023

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