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Alarma para el 2025

Por Jorge Ivan Gonzalez
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El panorama fiscal para 2025 es especialmente complejo. Este presupuesto, que se comenzará a diseñar desde los primeros meses de 2024, obliga a reflexionar sobre la fragilidad de las finanzas públicas.

El presupuesto de 2025, que será especialmente difícil, pone en evidencia las consecuencias de la pandemia en el terreno fiscal que no se han terminado y se manifiestan en los presupuestos de 2024 y de 2025.

En 2024, el gobierno Petro tuvo que asumir tres compromisos de la administración anterior. El mayor gasto derivado de las decisiones que se tomaron durante la administración Duque es, por lo menos, de $46 billones. El crecimiento del servicio de la deuda será de $20 billones. A esta cifra se le agregan los $20 billones destinados a la compensación del déficit del Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles. Y habría que sumar los $6 billones correspondientes a la “opción tarifaria”. No obstante la importancia que tienen estos pagos, se logró destinar $99,9 billones a la inversión. Es el monto más elevado en la historia del país.

En 2025, se seguirán sintiendo las consecuencias de la pandemia fiscal. Este año el servicio de la deuda podría llegar a $112,9 billones y la inversión apenas sería de $68,8 billones. En tales condiciones, el servicio de la deuda superaría a la inversión en 1,6 veces, y la diferencia sería de $44 billones. Esta brecha tan grande no tiene precedentes. En algunos años el servicio de la deuda ha superado a la inversión, pero el diferencial no ha sido tan significativo.

La estructura fiscal de 2025 será un obstáculo para el crecimiento de la economía. Si los recursos destinados al pago de compromisos de la deuda (amortizaciones a capital e intereses), superan el monto de la inversión, no es posible renovar los activos y fortalecer la actividad económica.

Desde los primeros meses del año próximo, cuando se comience a discutir el presupuesto de 2025, es necesario buscar alternativas que impidan que el servicio de la deuda ahogue la inversión.

Este aumento de la deuda no es un problema exclusivo de Colombia. El desbalance fiscal se ha acentuado en la mayoría de los países del mundo. En las naciones de ingreso altos entre 1991 y 2021 el saldo de la deuda pasó de 55% del PIB a 122,5%. En los países de ingresos medios (entre los que está Colombia) subió de 40,8% en 1997 a 65,1% en 2021. Y en los países de ingresos bajos, en el mismo período, pasó de 40,8% a 48,6%. En 2012, en Colombia, el porcentaje del saldo de la deuda pública con respecto al PIB era 33,2%. En 2024 será de 57,1%.

El aumento desbordado de la deuda en la mayoría de los países del mundo, es la expresión de un problema estructural, ya que los ingresos corrientes no son suficientes para compensar los gastos de funcionamiento y de inversión. También es una manifestación indirecta de la burbuja financiera que se ha ido consolidando a lo largo del tiempo, y que es alimentada por las dinámicas Ponzi de las deudas públicas. Los ingresos no han crecido a la par con el gasto. 

La única forma de ir reduciendo la brecha sería mediante un aumento de los impuestos. En Colombia no hay ambiente para una nueva reforma tributaria, así que habría que pensar en otras alternativas que permitan compensar el desbalance del 2025.

Jorge Iván González

Artículo publicado en La República, Colombia.

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Pedro Fernando Bejarano Ramirez (Gonzaga) 6 diciembre, 2023 - 6:59 am

CUANDO DEJA DE EXISTIR UN LIDERAZGO Y LAS COMPETENCIAS PARA AFRONTAR UNA CRISIS 2025:
Como ya lo deja bien claro el gobierno de planeación a través de su director (y autor de este escrito) el panorama económico a corto y mediano plazo descrito es muy negativo no sólo en cuanto “a los números”, sino también en cuanto al enorme desgaste de la imagen tanto del presidente de gobierno como de una buena parte de su equipo de gobierno, que desafortunadamente y en muchos casos ha demostrado una seria incompetencia a la hora de enfrentarse a la resistencia de una oposición – que si bien maneja efectivamente los medios de propaganda en contra- , no ha tenido que esforzarse mucho para dejar lucir las debilidades tanto de imagen como de conducta y preparación para sus cargos.
El daño ya está hecho, y bien sugiere su autor que la viabilidad para “lograr un equilibrio” no parecería ser otra que hacer una profunda reforma tributaria con todos los riesgos y consecuencias que sobre una económicamente vapuleada, ideológicamente fragmentada, y vitalmente amenazada sociedad muy al borde de lo que puede convertirse pronto en un fratricida conflicto civil, (aupada así por su presidente en alguno de sus discursos) va a tolerar una vuelta más de tuerca al “Garrote Vil” de nuestra Colombia.
En mi opinión, aquí los números no importan……. Sólo un cambio drástico de régimen a través de unas nuevas elecciones , podría en cualquier justo y honesto resultado, darle “Una nueva ilusión” que podría insuflar en nuestro espíritu la fortaleza y tenacidad de nuestra nación.

.

lo a muchos d incompetencia que parece haber abiertamente no solo parece y de sus sino también de la curva de resiliencia de una sociedad que parece no solo rechazar la aparente deriva de la desgastada imagen de su gobierno,

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