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Christian Betancur

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Christian nos ofrece una segunda entrega sobre este tema de inquietante actualidad, traido desde su propio blog titulado “La punta del lápiz”. 

Venezuela: presión máxima sobre Maduro

En su primera presidencia Trump combinó sanciones petroleras, bloqueo financiero y reconocimiento de Juan Guaidó con amenazas verbales persistentes. 

Pero su presión no se ha limitado a lo económico: hoy está acompañada por una escalada militar sin precedentes en el Caribe, que incluye el despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford -el más grande del mundo- junto con un grupo de combate con destructores, bombarderos estratégicos B-52 y decenas de otros aviones; un submarino nuclear y miles de marines cerca de las costas venezolanas.

El operativo militar fue presentado oficialmente como parte de una campaña contra el narcotráfico (Operación Southern Spear), pero es claramente una señal de presión geopolítica contra el régimen de Maduro.

Maduro, por su parte, respondió con movilización interna, declarando que Venezuela estaba en “máxima preparación” para defender su soberanía ante lo que calificó de “amenaza imperial”.

Estados Unidos también ha destruido embarcaciones, matando a decenas de víctimas que, según la administración Trump, están vinculadas al narcotráfico. Todo este despliegue militar cuesta varios millones de dólares diarios. La ONU y muchos países condenan estos ataques y muertes sin juicio previo.

Resultado: Esta combinación de sanciones, presión mediática y demostración de fuerza militar ha intensificado el aislamiento de Maduro, quien ha perdido parte de su capacidad financiera y ha sido forzado a entablar negociaciones más formales con mediadores extranjeros. Pero aún no ha sido derrocado. Recientemente Trump anunció que hablaría directamente con él.

Lección: La “presión máxima” de Trump no ha sido solo económica, sino también exhibición de poder militar. Es un claro ejemplo de cómo su estilo negociador combina diplomacia dura con disuasión militar. Sin embargo, sin un plan claro para una transición de poder, esta presión puede generar graves tensiones y no garantiza un cambio inmediato de régimen.

Colombia: la diplomacia desde el micrófono

Con Colombia, Trump no despliega una estrategia clásica de negociación, sino un método de presión pública, donde la palabra —no los mensajes diplomáticos— es su principal arma, convertida en un símbolo dentro de su narrativa sobre crimen, fronteras y drogas. Colombia es usada más como ejemplo político que como socio estratégico.

1. Colombia como “caso de estudio” para su electorado

A lo largo de su carrera política, Trump utilizó a Colombia como ejemplo de:

  • Fracaso en la lucha antidrogas (“no están haciendo lo suficiente”).
  • Amenaza a la seguridad estadounidense por el flujo de cocaína.
  • Mal manejo de la migración regional, especialmente con la crisis venezolana.

Cada referencia tenía un destinatario claro: su base electoral republicana, especialmente votantes conservadores preocupados por la seguridad y el narcotráfico.

2. El capítulo Petro: confrontación sin diplomacia clásica

Trump mencionó a Gustavo Petro repetidamente:

  • Como candidato lo usó como símbolo del “peligro socialista”, comparándolo con Maduro y Fidel Castro.
  • Ya en el poder, usó a Petro como ejemplo de “lo que no debe hacerse” en América Latina.
  • Esta retórica complicó la relación bilateral, inclusive antes de cualquier conversación oficial.

No fue una negociación, ni siquiera una presión estructurada: fue un mensaje político interno disfrazado de política exterior.

3. 2025: presión renovada y advertencias públicas

Tras su regreso al poder, Trump reforzó su tono hacia Colombia:

  • Amenazó con recortes a la cooperación antidrogas si Colombia no aumentaba la erradicación y el control territorial.
  • Señaló en discursos que “algunos gobiernos de la región están permitiendo que el crimen internacional florezca”.
  • Sugirió que Colombia debía alinearse más firmemente con Washington en seguridad y comercio, o enfrentaría “consecuencias económicas”.

Aunque no hubo medidas concretas tan severas como los aranceles a China o México, el mensaje fue claro: la diplomacia con Colombia se haría desde el podio, no desde el Departamento de Estado.

4. Consecuencia central: política exterior como instrumento electoral

Para Colombia el mayor costo no fue económico, sino reputacional y estratégico:

  • La relación bilateral quedó condicionada a los ciclos políticos de EE. UU.
  • Los temas de drogas y seguridad se volvieron munición retórica más que agenda técnica.
  • Petro quedó colocado desde Washington, en un eje ideológico regional junto a Cuba, Venezuela y Nicaragua, aunque las realidades fueran distintas.

El patrón Trump

El caso colombiano encaja perfectamente en el patrón general del estilo Trump:

  • Presión pública antes que negociación privada.
  • Descalificaciones personales como herramienta política.
  • Uso de un país extranjero para enviar un mensaje doméstico.·
  • Diplomacia reactiva, no programática.

Trump no negoció con Colombia. La convirtió en un escenario secundario para su narrativa interna.

Christian Betancur Botero

Diciembre, 2025

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Según el American Heritage Dictionary, el verbo trump significa triunfar en un juego. Y como substantivo, se refiere a una persona confiable y admirable, Ya sabemos que para Donald Trump ganar en cada ocasión es una urgencia vitial. Basta con recordar que fue el primer presidente en empeñarse en desconocer su derrota en unas elecciones (2020). Ahora bien ¿qué tanto confían en él los países, hasta qué punto lo admiran? 

Donald Trump no negocia como un presidente o un diplomático tradicional. Negocia como un empresario que pone titulares, empuja al límite y define el pulso político global desde la escena pública. Sus críticos lo consideran errático; sus defensores, un estratega poco convencional. Pero nadie duda de que su estilo deja huella.

Muchos de los equilibrios que mueve siguen marcando la agenda internacional. Incluso el reciente alto al fuego en Gaza se da dentro de una arquitectura regional que él ayudó a mover.

Este es el mapa de su método con ejemplos recientes.

LA OTAN: la alianza militar bajo presión.

Trump llegó a las cumbres de la OTAN con un mensaje que irritó a Europa: O los países aumentan al 2% de su PIB el gasto militar o Estados Unidos dejará de “protegerlos”. Lo dijo en foros oficiales y en Twitter, rompiendo la cortesía diplomática.

El efecto fue inmediato. Varios gobiernos europeos aceleraron el aumento de sus presupuestos de defensa, temerosos de que Rusia derrotara a Ucrania y avanzara hacia Europa. No hubo ruptura, pero sí un reacomodo interno de prioridades.

Del NAFTA al USMCA: amenazar para renegociar.

Con México y Canadá, Trump eligió otra táctica: anunciar abiertamente que se retiraría del NAFTA. El mensaje buscaba obligar a ambos países a aceptar una renegociación desde cero. Funcionó. El nuevo pacto, -USMCA-, reformó sectores críticos como el automotor, el laboral y el agrícola. Fue un acuerdo de alto impacto, aunque surgido en un ambiente de tensión constante.

Corea del Norte: de la retórica incendiaria a las fotos históricas.

Pocos episodios muestran tanto la dualidad de Trump como la relación con Kim Jong-un. Primero vino el choque verbal: “fuego y furia”, “botón nuclear más grande”, amenazas de destrucción total.

Después, el giro inesperado: dos cumbres históricas —Singapur y Hanói— con sonrisas, apretones de mano y promesas de distensión. “Kim Jong-un es una gran persona”, dijo Trump, pasando como suele de la furia al elogio.

El programa nuclear norcoreano no se detuvo. Pero por un tiempo el mundo vio menos lanzamientos y más diplomacia. Un logro parcial construido sobre una montaña rusa retórica.

La guerra comercial: los aranceles como arma de negociación global.

La guerra comercial bajo Donald Trump no fue simplemente un pulso económico; fue una estrategia diplomática basada en el choque, usando los aranceles como instrumento central para moldear comportamientos estatales. Su alcance fue mundial.

1. China: el adversario perfecto y la batalla más costosa.

Recientemente Trump reavivó la guerra comercial con China, llevando el enfrentamiento a un nuevo nivel:

  • En febrero de 2025, Trump impuso un arancel universal del 10% a las importaciones desde todo el mundo, y un arancel del 34% a China.
  • Como parte de este pulso, Trump usó la Ley de Poderes Económicos de Emergencia (IEEPA) para justificar las subidas arancelarias.
  • Pekín respondió con aranceles del 15 % sobre el carbón y el gas natural licuado (GNL), y un 10% adicional al petróleo, la maquinaria agrícola y las camionetas, entre otros productos.
  • En abril, Trump amenazó con subir otros aranceles al 50% si China no retrocedía, lo que generó una escalada: China contestó con nuevos impuestos del 34% a bienes estadounidenses.
  • Poco después, Trump anunció una pausa de 90 días en algunos de estos aranceles, pero mantuvo y hasta elevó los aranceles para China: en esa pausa, los gravámenes chinos fueron ajustados para varios países, menos para Pekín; Trump subió el arancel a China al 125%.
  • En otro giro, en abril 2025, Trump también modificó la regla de “de minimis” (envíos pequeños): con su nueva orden ejecutiva, muchos paquetes de bajo valor ya no podrán entrar libres de aranceles, lo que afecta directamente a importaciones chinas de bienes “baratos”

Analistas de PricewaterhouseCoopers estiman que estas políticas constituyen la mayor batería de medidas arancelarias desde hace cien años, con implicaciones profundas para cadenas globales de suministro.

Más recientemente, en un acercamiento diplomático, Trump anunció que reducirá “sustancialmente” algunos aranceles a China desde niveles muy altos, aunque dejó claro que no retirará todas las medidas.

El balance de este año es que la rivalidad con China no solo se reactivó, sino que escaló dramáticamente. Trump usó los aranceles como arma de negociación de máxima presión, combinando amenazas, pausas tácticas y revisión de reglas aduaneras para mantener ventaja estratégica. Pekín respondió con represalias fuertes, lo que ha transformado la disputa comercial en un frente geopolítico central para esta nueva etapa.

2. Europa: acero, aluminio y la amenaza al automóvil.

Europa tampoco escapó a la lógica del “shock arancelario”. Trump impuso aranceles al acero y al aluminioalegando motivos de “seguridad nacional”, una justificación que irritó profundamente a la Unión Europea. La UE respondió con contramedidas a productos emblemáticos estadounidenses: whisky, motocicletas, jeans.

Pero la amenaza más seria vino después:

  • Aranceles del 20% al automóvil europeo, especialmente al alemán.
  • Berlín entró en pánico: millones de empleos dependen de ese sector.
  • La amenaza logró concesiones parciales en temas tecnológicos, digitales y de gasto en defensa (vinculados indirectamente a la presión sobre la OTAN).

La lección europea: Trump no diferencia aliados ni rivales cuando se trata de obtener ventajas.

3. América Latina: la arremetida inesperada.

Aunque menos visible, varios países de la región también sintieron la presión:

  • Brasil y Argentina recibieron amenazas de aranceles por supuesta “manipulación monetaria”.
  • México, pese al USMCA (nuevo NAFTA), enfrentó la amenaza de aranceles del 5% si no contenía la migración hacia EE. UU.
  • Colombia y Ecuador fueron advertidos sobre requisitos más duros en materia antidrogas y comercio.

Trump convirtió los aranceles en una forma de chantaje diplomático, no solo económico.

4. El resultado: una arquitectura global transformada.

Al final de su mandato, esta guerra arancelaria habrá producido:

  • Un sistema internacional más proteccionista.
  • Países que entendieron que bajo Trump, EE. UU. negocia como un competidor, no como un socio.
  • China se orienta a fortalecer alianzas regionales alternativas con Asia y África.
  • Europa y Japón aceleran acuerdos comerciales entre ellos para reducir la dependencia de Washington.

El legado clave: Trump normalizó el uso de los aranceles como arma geopolítica, no simplemente fiscal. Este estilo rompe las reglas usuales de negociación y bajo cada acuerdo se esconde la desconfianza de sus socios y la precaución extrema ante futuros pactos.

Christian Betancur Botero

Diciembre, 2025


[1] Fuentes: RTVE, elconfidencial.com, The Guardian, Wikipedia, Europa Press, Deutsche Welle, Emol, EFE Noticias, economy.ac, abm.org.mx, scjn.gob.mx, geopolitica.iiec.unam.mx, y El País, recabadas con la ayuda de Chat GPT.

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Envigado, 9 de noviembre de 2024

A mi adorado nieto y amigo

Gustavo Wills Betancur

El Retiro, Antioquia

Adorado nieto:

Hace 17 años estabas a punto de nacer en Dubai y yo te escribí una carta desde mi corazón, que decía esto:

Hasta hoy sólo he tenido la oportunidad de verte en “fotos” y ecografías, dentro de la cunita tibia del vientre de tu hermosa madre de la que ya te preparas para salir.

Aún no te he visto en persona, no he tenido la alegría de cargarte en mis brazos, sentir tu peso ligero, acariciar tu suave piel, aspirar tu aroma a bebé, escuchar tu llanto y tu risa, latir al ritmo de tu precioso corazoncito.

Pero ya te conozco y te amo, pues sé quién eres y cómo eres. Eres una hermosa criatura de Dios, hijo de tus valiosos padres Tato (Luis Alberto) y Amalinda (Amalia), que heredas de ellos esa energía, ternura e inteligencia excepcional, ese amor por los que los rodean, ese permanente compromiso con los demás y esa inmensa claridad en los caminos que van emprendiendo en cada etapa.

Llegas a nuestra vida como una valiosa promesa de futuro, de amor y de renovados triunfos. Irás descubriendo paso a paso el mundo de la mano de tus padres, de tu abuela Cristina (quien hoy parte de mi lado para esperarte y acompañarte durante tus primeras semanas de vida), de tu otra abuela Elvira, de tu abuelo Gustavo (quien desde el cielo te mira con gran ternura) y, también de mi mano llena de amor para ti.

Irás encontrando día a día, año a año, todo lo que el mundo tiene, todo lo que te ofrece, y todo lo que espera de tu inteligencia y de tu compromiso. Te entregamos un mundo imperfecto, lleno de consecuencias de los errores de todos los que en él hemos vivido, pero también un mundo hermoso, lleno de regalos de Dios para todos los hombres. Y tú, con tu inteligencia, tu compromiso y tu gran corazón, irás dejando tu propia huella en él. Y los que tendremos la oportunidad de compartir contigo este tiempo y este espacio, hoy y en los años de tu vida, le diremos a Dios:

“¡Gracias por tener la oportunidad de conocer a Gustavo Wills Betancur, gracias por dejarnos disfrutar de sus risas, sus palabras y sus preguntas, sus miradas, sus caricias, y por su caminar diario, gracias por su inteligencia, su compromiso y su amor!”.

Hasta que tenga el gusto de estrecharte en mis brazos, adorado nieto. Tu abuelo que ya te conoce y te ama sin haberte visto.

Pues bien, hoy cuando estás a punto de graduarte de bachiller, veo que lo que dije de ti se cumple con exceso en tu muy grande inteligencia, en tu claridad mental ante la vida y en tu compromiso total con los seres humanos que te rodean.

Muchas felicitaciones por ser lo que eres y gracias a Dios por tan maravilloso regalo. Tu abuelo que te conoce y te ama por haberte visto.

Abutino (Así me llamas, así me llamo).

Christian Betancur

Noviembre, 2024

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O de la responsabilidad ética de los educadores.

El juez insobornable

Un campesino que tenía un pleito de linderos con su vecino le anunció a su abogado que le iba a regalar un cerdito al juez. Este le advirtió enfático: “Ni se le ocurra, este juez es tan estricto y recto que si usted hace esto, él rechazará el regalo, sospechará que usted no tiene la razón y perderá el pleito”. Más tarde, tras el fallo favorable, el campesino le confesó al abogado: “Dotor, yo al fin sí le mandé el marranito”. El abogado lo miró con ojos de gran asombro e incredulidad… hasta que el cliente le aclaró: “Pero tranquilo, dotor, yo se lo mandé jue a nombre de mi vecino, la contraparte”.

¡Cuánto deseamos todos que la honestidad e integridad de este juez rija la conducta de todos nosotros! Lamentablemente no es así, como veremos.

Mi puente roto

Hace algunos años, un odontólogo que ofrecía sus servicios al diario El Tiempo de Bogotá cuando yo era su Director de Marketing, me hizo un puente dental fijo, que se rompió en dos semanas. Me lo reparó, no muy bien. Para mi buena suerte (y la mala de él) tuve como alumno luego al dueño del laboratorio dental, quien me confesó que este “profesional de la salud” le pedía materiales baratos para tratar de mejorar sus utilidades. Su prioridad no era ganar clientes satisfechos, sino explotarlos para su beneficio. Finalmente perdí todo lo pagado, y él perdió los clientes del periódico. Lo denuncié al cura de mi parroquia pues supe que era su tío, pero no a la justicia: no sabía cómo hacerlo ni qué lograría. Y empecé desde cero con otra odontóloga. Su trabajo me duró más de 25 años.

Los puentes rotos

¿Y qué pasa con los ingenieros? Hace años no veíamos tantos puentes y edificios que se caen matando personas inocentes, afectando a las comunidades y al estado y arruinando a los propietarios. ¿Qué hacen entonces las universidades que forman a estos ingenieros? ¿Es falta de educación ética o de ciencia y matemática estricta… o de ambas?

¿Y qué sucede con aquellos abogados que permiten que inocentes paguen cárcel o se arruinen por su  ignorancia de las leyes y los procedimientos o por su negligencia y mala fe? ¿O los jueces y aun altos magistrados que se corrompen por dinero y regalos? ¿Qué están haciendo sus universidades? ¿Es falta de enseñanza de la ética o de formación en la constitución y las leyes… o de ambas?

¿Y qué está ocurriendo con los médicos y profesionales de la salud (como aquel nefasto odontólogo) que hacen trabajos mediocres o dejan morir a sus pacientes por negligencia o por codicia, al realizar procedimientos innecesarios o gravemente errados? ¿Qué hacen sus universidades?

Estos son solo tres ejemplos. ¿Qué pasa además con los periodistas, los políticos o los empresarios y con muchas otras profesiones? Invito a mis lectores a enriquecer este análisis.

Una pregunta fundamental: ¿para qué sirve la ética?

Sin ética, nuestra sociedad y nuestras vidas se vuelven un caos invivible. Veamos.

En una entrevista de María Jimena Duzán publicada en la revista Semana del 26 de agosto de 2011, el politólogo venezolano J. J. Rendón le responde así a una pregunta, cuando asegura que todo lo que hace es legal. Ella le contrapregunta: Pero no todo lo legal es ético….J.J.R.: Un momentito, eso de la ética es para los filósofos. Soy pragmático de nueve a cinco y hago poesía, filosofía y letras de las cinco para adelante.

Lo curioso es que este mismo politólogo se quejaba en esa entrevista de la competencia “desleal” por parte de sus propios colegas que le construyeron “esa mala fama” de ser el rey de la propaganda negra. ¡Ahí vemos la perniciosa doble moral! Si es “desleal” como afirma Rendón, es antiética y lo afecta, así que la ética no es solo una guía abstracta ni solo para las horas de descanso. Es en el trabajo, no en el descanso, donde más se necesita el espíritu ético. 

Pues bien, intentaré compartir mi enfoque filosófico pero también práctico de la ética y su enseñanza.

Nadie duda de que la ética y la justicia, junto con el compromiso y la solidaridad, son los pegamentos esenciales que mantienen las sociedades unidas y funcionando y ayudan a superar los desacuerdos y aun los conflictos que suelen surgir cuando cada quien busca ante todo su propio interés. Si faltan esos pegamentos, las sociedades, desde la familia y el barrio hasta los países y la comunidad internacional, terminan en un grave fracaso, sin armonía ni paz.

La enseñanza de la ética

Leo en este momento un diploma de una universidad de los Estados Unidos, que confiere el título de doctora a su estudiante, “con todos sus derechos, privilegios y dignidades”. ¿Por qué no encuentro por ningún lado mención a “sus obligaciones, compromisos y deberes”? ¿Qué profesionales pretenden entregar a la sociedad?

Los educadores, desde las primeras etapas hasta la formación universitaria, tienen la responsabilidad de cultivar en los estudiantes no solo conocimientos científicos y habilidades, sino también valores éticos sólidos. En colaboración con las familias y la comunidad, deben fomentar el desarrollo de un carácter íntegro y un sentido de responsabilidad cívica, esenciales para el bienestar de la sociedad. Y recordemos que la mejor enseñanza es el ejemplo.

Las universidades, como yo las veo, tienen tres misiones vitales:

1. Investigar y crear ciencia y tecnología: Generar conocimiento innovador y relevante que contribuya al avance de la sociedad.

2. Enseñar lo que investigan a la luz de los conocimientos acumulados por la humanidad: Transmitir la ciencia y las habilidades a los estudiantes, preparándolos para enfrentar los desafíos del futuro.

3. (La más importante y a veces olvidada): Otorgar un sello notarial de calidad a cada alumno egresado, para que la sociedad pueda confiar en él, en su ciencia y en su comportamiento ético. Esta misión implica:

– Certificar la competencia y habilidades de los egresados.

– Garantizar su integridad y ética profesional.

– Fomentar su responsabilidad social y su compromiso cívico.

Al cumplir con estas tres misiones, las universidades desempeñan un papel fundamental en la formación de líderes, innovadores y ciudadanos comprometidos con el bienestar de la sociedad.

Por eso, es insensato que algunas universidades prescindan de profesores por ser “muy exigentes” con los alumnos (como me confesaba hace poco un ingeniero de prestigio internacional, despedido por dos universidades por poner “exámenes muy difíciles”). Claro que la misión del profesor no es reprobar a sus alumnos, sino acompañarlos a aprender. Pero debe hacerlo con firmeza y comprensión, no con alcahuetería. 

Conclusión

La sociedad necesita profesionales y servidores responsables, éticos y comprometidos que mantengan la confianza en las instituciones, que contribuyan a una mayor igualdad y al bienestar general y nos ayuden a construir juntos un país más justo, amable y rico para todos. Para formarlos a cabalidad, los educadores deben ser personas éticas, sabias y exigentes (no solo pacientes y comprensivas con sus alumnos), que nos garanticen esos profesionales de altísima calidad. Sin ellos, nuestro país y nuestro mundo ya no tendrían futuro. 

Además, cada uno de nosotros tiene el poder de marcar la diferencia, denunciando la corrupción y exigiendo al estado y a las instituciones, medidas para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas. Y en lo personal, actuando con integridad y ocupándonos de cuidar nuestra ética y la de los nuestros como un gran tesoro que alimenta una sociedad sana y vigorosa.

A manera de posdata: ¿cómo impulsar la ética y el buen servicio en el estado?

Recuerdo ahora a un gracioso personaje de la radio de los años 50, el pícaro Trespatines de El Tremendo Juez, quien cada noche era acusado por una trampa diferente. (Aún se disfrutan algunas de sus historias en las plataformas de audio). A veces se quejaba ante el juez pues no le gustaba que lo condenara… y le decía que iba a llevar su caso a otro juzgado. Obviamente, esto es imposible.

No hay duda de que la falta de ética de algunos funcionarios y usuarios lleva el servicio público a un deterioro grave de la justicia y del progreso de la sociedad.

Ahora bien, si una empresa nos falla, dejamos de comprarle y de recomendarla. Por eso las leyes favorecen la competencia. Pero esta no se puede aplicar fácilmente al estado. No tenemos la opción de elegir la que más nos convenga entre dos o más alcaldías en nuestro municipio y no podemos cambiar de juez a capricho. Y esta falta de libertad del público favorece la mediocridad y también la corrupción. 

¿Cómo resolver este dilema? Analicemos  esta propuesta:

¿Qué tal si impulsamos una ley que obligue al estado a medir científicamente la satisfacción de sus usuarios con un consorcio formado por las firmas de evaluación más reconocidas? Algunos lo hacen hoy, no todos. Si cada funcionario que atiende por ventanilla al público y quienes los apoyan o dirigen saben que están siendo evaluados y que por ley esto influirá en su calificación y en su próximo incremento salarial o asignación de bonificacicones, se romperá esa barrera absurda de que “yo trabajo para quien me contrató, no tanto para el público”. 

Y también por ley se debería crear una veeduría ciudadana obligatoria para el estado, con poder de acusar ante los fiscales o los jueces y ante las asociaciones de profesionales.Queda la idea para consideración de lectores más ilustrados.

Christian Betancur Botero

Noviembre, 2024

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Las coincidencias suceden en la vida. El nombre de una cantante famosa, cuya madre en una ocasión no pagó un taxi, quedó debiéndolo muchos años y jamás lo canceló con creces, se convierte en salvación para la esposa del autor, ante una situación desesperada con una funcionaria del aeropuerto de Dubai.

Shakira a sus 13 años

Esa mañana de mayo de 1999, después de saludar a mis alumnos de un curso de posgrado en la Universidad del Norte en Barranquilla, les pregunté: 

–¿Ustedes conocen a Himerio de la Cruz?

–No –me dijeron.

Entonces, les narré lo que me había ocurrido la víspera en la noche.

–Himerio fue quien me recogió en su taxi en el aeropuerto –les expliqué.

Himerio, un hombre amable, de complexión recia, que pasaba de los 50 años, era uno más entre los cientos de taxistas de la ciudad, pero tenía una historia muy especial que me compartió, y yo se las conté a mis alumnos.

Al comenzar el viaje hacia el hotel, Himerio y yo hablamos de Barranquilla. Le comenté que tenía buenos amigos allí: algunos fueron mis compañeros de estudio en Bogotá o Medellín, y otros eran empresarios o directores de gremios. 

En nuestra charla, hablamos de personajes famosos, como la inolvidable compositora y cantante Esthercita Forero (llamada “La Novia de Barranquilla”), quien pronto cumpliría 80 años. Himerio y yo fuimos también recordando varios nombres (él mencionaba uno, yo continuaba con el siguiente, como en un juego de ping-pong). 

Hablamos del cantante Mario Gareña, autor de la popular canción “Yo me llamo cumbia”; también de la prestigiosa diseñadora de modas Silvia Tcherassi, y de algunas estrellas de la pantalla: la reconocida Judy Henríquez y Sofía Vergara, una de las mejores actrices cómicas de la televisión estadounidense.

Yo le expresé mi admiración por Alejandro Obregón, nacido en Barcelona, pero criado en la ciudad, famoso por sus pinturas, muchas sobre el mismo tema. “Es difícil decidir cuál de sus cóndores, a pesar de su aparente repetición, es más original y bello que los otros”, le comenté a Himerio. 

En ese momento él, que era un gran aficionado al futbol, me habló de los jugadores Efraín Sánchez (lo llamaban el Caimán) y de Iván René Valenciano. 

Himerio aún recordaba al barranquillero Marcos Coll, el único que ha marcado un gol olímpico en toda la historia de los campeonatos mundiales: fue en el partido de Colombia contra Rusia en aquel lejano torneo de Chile en 1962, cuando el juego quedó empatado a cuatro goles. 

Himerio era muy niño en esos tiempos, pero esta historia se recordaba y disfrutaba con frecuencia en las reuniones de amigos: ya era casi un mito fundacional de la ciudad. 

–¡Todos ellos son también barranquilleros! –me explicó con orgullo.

Y es que desde comienzos del siglo XX Barranquilla fue la puerta de entrada de muchas innovaciones a Colombia: no solo el fútbol, sino también la aviación, la radio comercial, la telefonía… 

Finalmente, le expresé mi admiración por nuestra talentosa Shakira. 

Y fue entonces cuando Himerio me confió su historia con la destacada cantante, ocurrida diez años antes, en 1989.

–Ella tenía 12 o 13 años. Su madre, Nidia Ripoll, me pedía que las llevara a visitar las empresas de Barranquilla, en busca de un patrocinio para la carrera que desde niña ya quería emprender –me explicó Himerio, y luego se lamentó:

–La verdad es que no le fue muy bien, no consiguieron ningún apoyo, y muchas veces me quedaron debiendo el costo de mi servicio. 

Comprendí la situación: eran los años de la bancarrota de William Mebarak, el papá de Shakira. Le expresé a Himerio mi admiración por su generosidad, y le pregunté si los había vuelto a ver. Me contó lo siguiente:

–Sí, hace dos años (era 1997) llegaron al aeropuerto, y el automóvil que los debía llevar a la ciudad tuvo un problema mecánico, entonces me contrataron a mí.

Mientras Himerio me narraba su historia, yo iba rememorando el arrollador triunfo de Shakira durante los años recientes, gracias a sus exitosos álbumes Pies Descalzos y ¿Dónde están los ladrones? y a sus giras internacionales de conciertos, en los que casi siempre se agotaba la boletería. Porque la cantante es un gran ejemplo de fe en sí misma y en su inmenso talento, y también de superación de los difíciles obstáculos que tuvo que enfrentar en los primeros años de su carrera. Esa dura experiencia la animó a crear en 1997 la fundación Pies Descalzos que con sus cinco escuelas en Colombia educa y apoya con alimentación a 4000 niños.

Entonces, yo quise saber:

–Himerio: ¿ellas se acordaban de ti cuando te pidieron que las llevaras a la ciudad?

–Sí, Shakira y su madre me saludaron muy amablemente.

–¡Y me imagino que te pagaron el triple por tu servicio!

–No, solo me pagaron la tarifa normal –me confesó.

–¿No se les ocurrió pagar con creces todos esos servicios que te habían quedado debiendo hacía tantos años? ¡Porque para Shakira, en ese momento, su único problema de plata era decidir qué hacer con ella!

–No, señor –me contestó escuetamente.

Y así seguimos charlando hasta llegar al hotel. Cuando él me ayudó a bajar mi maleta, se me ocurrió una broma. Lo miré y le propuse este negocio:

–Himerio, no me cobres nada, y cuando yo sea tan famoso como Shakira, te pago el triple.

Él me miró, tomando mi frase mitad en serio y mitad en broma, me contestó que no, yo le pagué y nos despedimos.

-o-o-o-o-o-o-

Años después, en abril de 2007 y en otra ciudad muy lejana de allí, ocurrió algo también relacionado con un aeropuerto y con Shakira. 

Fue la cantante quien entonces “salvó” a mi esposa Cristina de un grave problema en Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, a más de 13.000 kilómetros de Colombia. Nuestra hija y su esposo (profesores en la American University), la habían invitado por varias semanas al vecino Emirato de Sharjah. Querían que los acompañara en ese momento tan importante del nacimiento de nuestro primer nieto. 

Un par de semanas después de la llegada del niño, la llevaron al aeropuerto de Dubái, desde donde debería regresar a Medellín, con escala en Nueva York. A ellos no les permitieron entrar a acompañarla mientras esperaba la salida de su vuelo, pues aún no habían ampliado la zona de pasajeros que ya se quedaba muy corta. 

Y allí empezó el problema.

La funcionaria de la aerolínea que atendió a mi esposa, una mujer de mirada adusta y voz recia, se empeñaba en negarle la posibilidad de abordar el avión.

–No puede viajar: su rostro no corresponde a la foto del pasaporte –le dijo secamente. 

Discutieron durante un rato tan largo que se hizo casi interminable. Cristina, en su angustia y temerosa de perder el vuelo, le señalaba los sellos de inmigración en su documento: 

–Ahí lo puede ver: yo viajé desde Medellín a Nueva York y de allí vine a Dubái con ese mismo pasaporte, y sin ningún problema.

Pero la funcionaria, inflexible, se negaba a permitirle el viaje. Mi esposa, al borde del desespero, gritó en español:

–¿Es que aquí no hay nadie que le ayude a una colombiana?Text Box:  (Foto propiedad de iStock, Getty Images)

Entonces se sorprendió al ver a un funcionario emiratí que se acercó a ella sonriendo, mientras exclamaba entusiasmado en español:

–¡Oh, sí, Colombia, Shakira, Colombia!

“Me llamó la atención su perfume suave y agradable y la limpieza impecable de su vestimenta”, me dijo después mi esposa.

El funcionario ordenó que le entregaran el pasaporte y las maletas. Él mismo las llevó al siguiente puesto, donde dio instrucciones precisas. Luego se ofreció a acompañarla hasta el avión. En el trayecto, le contó que había vivido en España, donde aprendió el idioma. 

–¿Pero por qué me habla de Shakira? –le preguntó ella agradecida.

–¡Ah, es que hace tres meses ella dio aquí un concierto maravilloso –le confesó el funcionario –y quedé enamorado de Colombia! 

¡Y así fue como nuestra cantante, sin saberlo, “salvó” a mi esposa de esa situación tan molesta!

Christian Betancur Botero 

Mayo, 2021

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En el artículo anterior exploré la relación de la calidad con el marketing, con la misión y asesoría del vendedor, con su enfoque en sus clientes, con su autoevaluación en el modelo NAICDASE de la venta y el aprovechamiento de la tecnología. Ahora expondré su relación con el compromiso de todos, con la autoevaluación de la empresa y el manejo estratégico de las quejas, siempre de la mano de la calidad de los productos y el apoyo y aprendizaje continuo desde todas las áreas de la empresa.

Este martes, cuando se encontró el vendedor Chimpancé con su mentor, el Halcón, de nuevo revisaron los avances y obstáculos y cómo los enfrentaron. 

‒Ya has iniciado el ciclo de revisión, ajuste y crecimiento— lo animó Halcón. 

‒¿Y a dónde me llevará? 

‒¡Hasta pertenecer al selecto grupo de Halcones, la pequeña minoría que los clientes prefieren! 

‒¡Eso me entusiasma! 

‒Pero no te harás Halcón sin apoyo de tus clientes, tu familia y toda tu empresa. Tu líder trabajará con el equipo gerencial para asegurarse de que el direccionamiento estratégico en producto, precio, distribución y promoción (off-line on-line) se orienten a ganar y mantener clientes fieles, dando respuestas de calidad a sus expectativas y superándolas en los beneficios importantes para ellos, según las fortalezas y recursos disponibles. 

‒La relación con cada cliente ‒concluyó Halcón‒, con el apoyo de la tecnología y el CRM (Gestión de las relaciones con los clientes) es misión de todos, liderado por el área comercial, pero son tú y tus compañeros quienes deben aprovechar estas valiosas herramientas, muchas veces subutilizadas. 

Al despedirse, Chimpancé se comprometió a observar y proponer nuevas mejoras a su empresa en todas estas guías.

El siguiente martes Halcón le explicó cómo, al llegar a este punto y para continuar mejorando y creciendo, su líder y la empresa deben reservar una sesión para plantearse a fondo preguntas fundamentales como estas: 

  1. ¿Nos apoyamos en la tecnología y el trato personal para conocer a nuestros clientes en forma íntima, más allá de descripciones frías?
  2. ¿Identificamos a nuestros clientes potenciales, participamos en sus búsquedas en redes sociales y en páginas web?  
  3. ¿Damos respuestas adecuadas a sus actitudes, necesidades, expectativas y deseos? ¿Cómo las identificamos? 
  4. ¿Definimos nuestras normas de calidad, no desde nuestro punto de vista técnico, sino a partir de los clientes? (¡La verdad en marketing no es lo que nuestro producto hace o es en sí mismo, sino lo que los clientes sienten y piensan de él!).
  5. ¿Qué indicadores nos guían para saber que nuestras respuestas son adecuadas?

Tras preparar ideas sobre cada punto y acordar compromisos, terminó esta reunión. 

Llegó otro martes. Halcón y su amigo revisaron los nuevos logros.

‒Has progresado mucho ‒explicó Halcón‒, pero hay algo más: se trata del manejo de las inconformidades y quejas. Para las Marmotas y Chimpancés son algo que incomoda y cuesta tiempo y dinero, y tratan de ignorarlas o solucionarlas con poca calidad. Pero cada Halcón ve en ellas una excelente oportunidad de crecer su reputación.

‒¿Cómo es eso? ‒interrogó Chimpancé.

‒¿En algunas ocasiones has quedado inconforme con un producto? Si esa empresa te da una respuesta inadecuada o tardía, tu malestar te impulsará a contarlo a tus conocidos, y a comentarlo en las redes: ¡así la empresa pierde mucho más! Pero si recibes una respuesta adecuada, o una compensación generosa, querrás comentarlo con muchos. Así, en vez de perder dinero al compensarte, habrán ganado una “campaña publicitaria” efectiva, pues al cliente le creen más que a los vendedores y a los anuncios, que cuestan más que la solución a la queja.

‒¿Debemos, pues, animar a los clientes para que expresen sus inconformidades y darles una solución que los satisfaga y aun los sorprenda?

‒¡Esa es la clave!

El penúltimo martes Chimpancé narró algunas experiencias suyas y de su equipo al escuchar las quejas y solucionarlas. Halcón lo felicitó y le explicó:

‒Pero hay mucho más: las quejas son una excelente fuente de innovación, y tu organización debe gestionarlas, encargando a alguien con autoridad (el líder del servicio de Halcón), quien supervisa la respuesta. Si la queja involucra a áreas como ventas, producción, jurídica y cartera, pedirá al que tenga la principal responsabilidad que coordine la respuesta de todos, con presupuesto y autonomía para tomar una decisión equilibrada que tenga en cuenta los intereses de la empresa y esté más comprometida aún con los clientes. Cada respuesta debe darse en máximo 24 horas. Si el encargado no cumple, el líder solicita a su superior (¡puede ser incluso el presidente!) que tome la decisión, excluyendo temporalmente del caso a quien incumplió. 

‒Y hay algo más ‒advirtió Halcón‒: no basta con responder a las quejas. Además, son la mejor escuela para mejorar y crecer en el camino de la calidad.

‒Dime más de esto.

‒Toda organización debe estar permanentemente comprometida con la calidad, innovando y desarrollando estrategias con la información captada. Y una de sus mejores fuentes son las quejas: no basta con solucionarlas y coleccionar cientos de datos sobre ellas. Se deben organizar y analizar, buscando patrones y tendencias (minería de datos apoyada en la tecnología). Y esta información debe generar conocimiento que ayude a crear nuevas estrategias exitosas, tal como explica el libro (segundo camino). Ese conocimiento consiste ante todo en entender la estructura y relaciones que existen en el mercado de la organización (= hoy), en comprender qué ha causado esa estructura (= ayer) y en prever cómo puede evolucionar (= mañana). Así estará en capacidad de mejorar sus productos y procesos, anticipándose a su industria y superando a sus colegas Marmotas, Chimpancés o Liebres. Esta continua indagación guiará su direccionamiento estratégico. 

‒¿Puedes darme ejemplos?

‒Imagina a un constructor, comerciante o fabricante que ignora o soluciona a medias las quejas y no aprende de ellas, mientras un colega sí lo hace. En tres años el primero será aún una pequeña empresa Chimpancé, empeñada en un duro esfuerzo por sobrevivir, o habrá desaparecido. En cambio, su colega, el empresario Halcón, será cada vez más exitoso y apreciado por sus clientes, pues está constantemente comprometido en mejorar sus diseños, métodos de compra, construcción o fabricación y procedimientos de asesoría, venta y servicio para ofrecer la mejor calidad y anticipar y liderar los cambios de su industria.

‒¡Pues me has mostrado nuevas y valiosas ideas! ‒agradeció Chimpancé.

‒Hemos trabajado solo unas cuantas claves de la venta exitosa. Debes seguir investigando y observando. Y te daré una última sugerencia ‒dijo Halcón en su última reunión‒: los vendedores son el mejor radar de la empresa; están en continuo contacto con los clientes actuales y posibles y con quienes no compraron. Pueden averiguar lo que ellos esperan y piensan de la organización y sus productos, y lo que encuentran en los colegas o competidores. Pero las empresas Marmotas o Chimpancés toman los comentarios de los vendedores como molestias, desperdiciando la oportunidad de aprender y mejorar. Por esto, una de las principales responsabilidades del líder Halcón es escuchar y generar conocimiento y nuevas estrategias que garanticen la calidad y el éxito. 

Esta es, por ahora, nuestra última reunión en mi acompañamiento como mentor ‒añadió.

‒¡Muchas gracias por regalarme tu valiosa experiencia para mejorar! ‒dijo Chimpancé.

‒Veo en ti una excelente disposición de aprender. Te felicito, pues ya eres un Halcón en crecimiento y pronto te convertirás en mentor de otros para beneficio de tu empresa y de nuestra sociedad ‒concluyó su amigo.

Christian Betancur B.

Abril, 2021

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La calidad y el compromiso con el cliente tienen varias claves que son vitales para ganar clientes satisfechos. 

Esa tarde el vendedor Chimpancé le preguntó, preocupado, a su amigo Halcón:

‒¿Por qué pierdo tantas ventas, mientras tus clientes y los de tu empresa aumentan cada día? 

El vendedor Halcón había aceptado ser su mentor en la aplicación de las enseñanzas del libro El vendedor Halcón: sus estrategias*. Para ello, se reunirían durante ocho martes. Días antes del primer encuentro, Halcón lo acompañó en su trabajo, conversó con tres de sus clientes y observó algunos aciertos, pero también muchos problemas en el débil compromiso con la calidad por parte de varios vendedores y algunas áreas de su empresa. 

El mentor le explicó cómo podía ayudarle a mejorar sus pobres resultados y transformarse en un nuevo Halcón. Comenzó por señalarle cómo algunos clientes no se decidían a comprarle por la calidad inconsistente en su asesoría o por problemas con sus productos o con el servicio de otras áreas, pues la satisfacción del cliente es responsabilidad de toda la empresa.

Luego, le mostró cómo la filosofía del mercadeo coincide con los principios de la calidad: permanecer atento a las necesidades, deseos y requerimientos de los clientes actuales y potenciales, y diseñar productos y procesos que logren satisfacer (o superar) sus expectativas, teniendo siempre en mente lo que decía Peter Drucker: “La calidad en un producto o servicio no es lo que el proveedor pone en él. Es lo que el cliente obtiene de él y por lo que desea pagar”.

Chimpancé comprendió así cómo este concepto guía todas las estrategias, desde la creación de los productos, pasando por la asesoría en ventas y culminando con la entrega y el apoyo para el uso, disfrute y mantenimiento. Halcón le propuso una tarea práctica: observar hasta qué punto todo esto se aplicaba en su trabajo y en el de toda su empresa.

‒He observado que nuestra calidad es débil en muchos aspectos, reconoció Chimpancé el martes siguiente. Pero, ¿qué debemos hacer mi empresa y yo para garantizar a nuestros clientes la satisfacción que esperan? 

Halcón le explicó:

‒Primero, debes redefinir tu misión con gran cuidado y amor, no en términos de “vender productos”, sino cómo “ganar clientes satisfechos, fieles, rentables y crecientes”. A partir de allí debes comprometerte con esa misión, aplicando el modelo NAICDASE (Necesidad, Atención, Interés, Confianza, Deseo, Acción, Satisfacción, Evaluación) en la preparación y desarrollo de cada encuentro con los clientes. Ya no tratarás de “cazar clientes”; mejor te concentrarás en quienes, al comprarte, pueden recibir los beneficios que anhelan, identificando sus necesidades, deseos, actitudes y creencias, ganando su confianza y buscando con ellos su satisfacción. Así estarán deseosos de volver a comprarte y recomendarte a otros. 

‒¿Y cómo ese modelo NAICDASE me ayudará a mejorar la calidad en mi trabajo y la evaluación de mis clientes? ‒preguntó Chimpancé. 

‒Te propongo esto: comienza hoy a desarrollar con gran cuidado el plan de ocho semanas que aparece en el libro, observando, midiendo, mejorando. Pregunta a tus compañeros, a tu líder y a tus clientes qué calificación mereces en cada etapa, desde 1 (pésimo) hasta 5 (excelente). Proponte metas de mejoramiento, leyendo el libro que te sugerí, desarrollando sus ejercicios y teatros, realizando sus meditaciones e indagando en otros libros y artículos, y con tus amigos, en busca de las mejores ideas que te ayuden a aplicar el modelo y se acomoden a tu propia personalidad. 

‒Me imagino que, si trabajo así, mis ventas crecerán continuamente ‒comentó Chimpancé con gran interés.

‒Estoy seguro. Además, el manejo estratégico de tus herramientas tecnológicas te ayudará en el proceso. Pero también debes cuidar la calidad de la venta desde el punto de vista de tu empresa, como veremos luego.

El martes siguiente, Halcón le explicó:

‒Un Halcón no vende por vender, ni acepta que cualquiera le “compre”. Asegúrate, no solo de mostrar a los clientes a quienes tu empresa busca servir (tus segmentos y nichos) cómo tu producto responde a sus actitudes, necesidades y deseos. Preocúpate también de que cada cliente esté en capacidad y se sienta deseoso de pagar el precio. 

‒¿Ya no debo tratar de venderle a todo el mundo?

‒Tratar de venderle a todos es un error de principiante, pues pierdes tu enfoque en tus segmentos. Te contaré algo más: si tu producto es muy atractivo, algunos desearán tenerlo, aunque no puedan pagarlo. Esto traerá dificultades para el cliente, para la empresa y para ti, pues deberás devolver tu comisión.

‒¡Qué gran problema! ‒aceptó Chimpancé.

‒Recuerda que cliente es aquel con el cual podemos hacer negocios continuos para beneficio mutuo. ¡Cliente no es quien desea que yo pierda para ganar él! Por eso, debes averiguar en tu asesoría si él cumple los requisitos financieros, evitando el error de presentar los documentos a ver si los aprueban.

‒¡Qué bueno que me ayudes a revisar la calidad de mis clientes!

‒También debes considerar las expectativas de quienes ya te han comprado ‒añadió Halcón. Entonces, le puso este ejemplo: 

‒Imagina que vendes un plan turístico en grupo, o la membresía de un club deportivo, o un proyecto de vivienda. Alguien desea comprarte y puede pagar, pero muestra un comportamiento y normas éticas muy diferentes al resto de clientes. 

‒¡Todo un lío! ‒reconoció Chimpancé.

‒La convivencia con él será difícil y afectará tu imagen y la de tu empresa. Debes, pues, estar atento a los valores éticos y culturales de cada posible cliente. 

Chimpancé le agradeció y se despidió con el compromiso de seguir observando y mejorando.

* En el libro aparecen, en siete fábulas, cuatro personajes: Marmota (ni planea ni actúa), Chimpancé (actúa sin planear), Liebre (planea, pero no actúa) y Halcón (planea estratégicamente y actúa con decisión para triunfar).

En la segunda y última parte de este artículo hablaré de la relación de la calidad con el compromiso de todos, con la autoevaluación de la empresa, con el manejo estratégico de las quejas, siempre de la mano de la calidad de los productos y el apoyo y aprendizaje continuo desde todas las áreas. 

Christian Betancur B.

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Invité a mi esposa a un crucero delicioso por el Nilo, pero mi maleta no me llegaba.
Íbamos de templo en templo y de ciudad en ciudad, entre Luxor y Asuán. Yo llamaba cada
día a la aerolínea, hasta que…

Nuestra hija Amalia y su esposo Luis Alberto eran profesores en la American University de Dubái. Allí nació Gustavo, nuestro primer nieto. Mi esposa María Cristina y yo fuimos en 2007 a visitarlos para celebrar la Navidad. Nos acompañó nuestro hijo Ricardo, estudiante de doctorado en biología molecular en la Universidad de Auburn. Después de las fiestas de fin de año, Ricardo se fue a París y María Cristina y yo viajamos a Egipto para tomar un inolvidable crucero por el Nilo. 

La aerolínea egipcia extravió mi maleta. Mientras la buscaban, debí comprar algunas camisas y ropa interior. La primera camisa en Luxor me costó 4 libras (1 libra egipcia hoy = 25 centavos de dólar). La maleta seguía perdida y compré nuevas camisas en Edfu (en un pobre pasaje comercial con piso de tierra entre el templo y al barco). Me pidieron 40 libras por cada una. Cuando les respondí que la primera me había costado cuatro, me dijeron: “se las dejo en cuatro”: ¡90 % de descuento! Así es Egipto, un país rico en turismo y petróleo, con un pueblo pobre y vendedores engañosos.

La maleta continuaba extraviada, pero el barco-hotel era un ejemplo de excelente servicio y muy buena comida. En la terraza y en las alcobas nos regalaban “esculturas” hechas con verduras o con las toallas. La vista del Nilo era tan espectacular, que me olvidé por un día más del problema.

Disfrutamos la visita al templo de Luxor, que mide casi un kilómetro:, hermoso, lleno de historia. Al fondo, un guardia con fusil vigilaba un pequeño montículo de tierra. Me dijo: “usted puede subir cuando baje la persona que está allí”. Cuando bajé, me pidió propina, algo muy frecuente en Egipto.

¿Y la maleta? ¡Otro día más sin ella!

En Egipto nos sentíamos como metidos dentro de un pesebre, con las mismas vestimentas y casas de la época de Cristo. Se acercaban al barco vendedores en lanchas, que les arrojaban a los clientes la mercancía por la ventana del camarote e intentaban “negociar”. 

–¿Cuál es su nombre? –me preguntó el vendedor. Como ya conocía sus trucos, le tomé el pelo.

–Me llamo Mustafa.

–No, Mustafa soy yo. Usted, ¿cómo se llama?

–Mustafa –insistí.

–Está bien, Mustafa, mire esta alfombra –y me la arrojó por la ventana del camarote.

Se la devolví, cerré la cortina y subí a la azotea del barco para ver cómo “negociaban” con otros pasajeros.

La franja del Nilo mostraba la vegetación, pero metros más allá de cada orilla todo era un desierto inacabable. ¿De la maleta?… Nada de nada, hasta ahora

Nos llevaron en un coche tirado por caballos al templo de Horus. Al salir, uno de los caballos comenzó a orinar, y alcanzó a salpicar a una turista europea. Le pregunté a los cocheros y a los guardias con fusil: 

 ¿Este espectáculo también lo cobran… o es gratis? 

Todos rieron.

Desde el primer día nos asignaron una mesa en el restaurante, al lado de otros “americanos” (una gringa con su novio egipcio, que vivía en Nueva York, una pareja de brasileños… y nosotros). Hicimos una gran amistad. 

En la mesa siguiente, una familia costarricense de ocho personas. Las demás mesas, todas ocupadas por europeos. El barco nos ofreció una fiesta de “jalabilla” (traje árabe). Durante esta, el gerente del barco se me acercó para informarme que mi hija Amalia me llamaba al teléfono desde los Emiratos Árabes: le había preguntado de nuevo a la aerolínea… ¡pero nada de la maleta!

El último día, ya en El Cairo, nos llevaron en un lujoso carro Mercedes Benz con chofer y guía a conocer las pirámides y la esfinge. 

No pude menos que recordar la arenga que, 210 años atrás (julio 21 de 1798), Napoleón dirigió a sus soldados en ese mismo sitio, antes de la batalla: “¡Soldados de Francia, 40 siglos de historia os observan desde lo alto de estas pirámides!”.

 ¿Y la maleta? Nunca apareció. Al final me dieron unos cuantos dólares…, pero el paseo fue inolvidable.

Christian Betancur Botero

Marzo, 2021 


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Este cuento, publicado en el anuario Juventud Ignaciana de mi colegio (San Ignacio, de Medellín), se basa en hechos reales. Lo oí referir a un sacerdote que participó en la Santa Misión en el departamento de Antioquia en 1961. Le sucedió a un compañero suyo. Los hechos ocurrieron durante los últimos años del período de “La Violencia”, cuando grupos de bandoleros, que se transformarían en guerrillas fuertemente armadas, se enfrentaban al gobierno y la población civil. El relato reproduce las diversas evoluciones del terror a través de una noche en espera de la muerte.

‒ ¿Lo matamos ya, Pedro?

‒ Todavía no, Enrique; es apenas la una de la mañana.

‒ Entonces, ¿cuándo?                      

‒ Más tarde, cuando todos duerman.

Este quedo cuchicheo que percibí de repente, cuando todo estaba en silencio y trataba de dormirme, me sorprendió mucho, sorpresa que inmediatamente se convirtió en temor y en duda. Duda de si esas palabras se referían a mí. Por una parte, mis anfitriones eran los bandoleros más sanguinarios de aquella región y habían matado a decenas de campesinos, violado a sus mujeres e hijas, martirizado atrozmente a sus niños, robado sus pertenencias e incendiado sus casas. Pero, por otra, Pedro y Enrique habían mostrado la más buena voluntad en la misión que allí comenzaba y con gran gusto me habían invitado a hospedarme en su casa, situada en un lugar un poco retirado del pueblo.

Sin embargo, mis pensamientos me condujeron inmediatamente a la certeza de que yo era la víctima elegida, pues no había en aquella casa más personas fuera de los hermanos Suárez y yo. Esta serie de ideas y recuerdos transcurrió en una fracción de segundo y, de inmediato, mi temor se convirtió en pánico. Toda mi vida desfiló por mi memoria en un instante: mis travesuras de chiquillo, mi adolescencia con sus maravillosas aventuras, mi ingreso al seminario, el aplomo de mi primera juventud, mis largos estudios, la muerte de mi querida madre, mi ordenación sacerdotal, la primera misa celebrada con el alba que ella alcanzó a tejer, mi apostolado, mis misiones…

Súbitamente, mis pensamientos desembocaron en el momento presente. Recordé a Dios. Por fin, pues el pánico y el instinto de conservación me habían obnubilado, pero lo recordé. Y con la llegada de Dios a mi alma, volvió la tranquilidad: el temor se convirtió en amor y el pánico en inmensa alegría, pues estaba al fin de mi camino y allí me esperaba Dios con los brazos abiertos. 

“Oh, Dios mío, ¡qué bello es, después de haberte ofrecido toda mi vida, ofrecerte también mi muerte! Por ti gustoso moriré, y si tuviera no una, sino mil vidas, todas las perdería por ti. Tú lo eres todo, tú vales más que nada. Yo, por ti, con gusto dejé el mundo; ahora, por ti, me alejo de él”. Estos fueron mis pensamientos en aquel momento. En seguida, me dispuse a hacer un examen de toda mi vida, a pedir perdón por mis acciones y, sobre todo, por mis omisiones. Luego, comencé a rezar el oficio de difuntos. 

Estaba por terminar el oficio, cuando nuevamente oí aquellas palabras quedas:

‒ ¿Ya, Pedro?

El intervalo entre esta pregunta y su respuesta se me hizo una eternidad.

‒ No, Enrique, a las cuatro. Son solo las dos y media.

Creo que había detenido ansioso, no solo mi respiración, sino aun mi circulación.

Sentí un gran alivio, pero mi intranquilidad aumentó muchísimo al escuchar este diálogo. Aunque de manera consciente estaba en mis oraciones, subconscientemente esperaba con ansiedad aquellas palabras que me sobresaltaron mucho cuando fueron pronunciadas.

Cuando terminé el oficio de difuntos, poco antes de las tres de la mañana, recé las letanías de la buena muerte y algunas otras oraciones. Sin embargo, se iba acercando mi hora y una fuerte intranquilidad se fue apoderando de mi ánimo. Mi imaginación empezó a divagar alocadamente, presentándome las imágenes más descabelladas: panorama de mi muerte en medio de una brutal carnicería; visiones infernales, apariciones dantescas, amenazas de los tormentos más pavorosos.

Dominado por estas fantasiosas imágenes pasé un poco más de una hora, que para mí fue como un día. Por último, con la ayuda divina, salí de esta afiebrada pesadilla y logré volver a la realidad. Cuando miré el reloj, faltaban diez minutos para las cuatro.

Entonces vi con toda claridad el problema del bien y del mal. Se me presentó la disyuntiva: con Dios o contra Él. Las arremetidas del enemigo fueron terribles, en verdad, en aquellos últimos minutos: me presentaba tentaciones de orgullo, de pereza, de ambición, de la carne, y me las mostraba con una atracción casi irresistible. Pero solo “casi irresistible”, pues la gracia divina también en aquel momento fue inmensísima y mis esfuerzos heroicos. 

La lucha continuó hasta el último instante. Y pronto llegó este. Eran las cuatro cuando oí el diálogo esperado con tanta ansiedad:

‒ Ya es la hora, Enrique.

‒ Vamos, pues, Pedro, matémoslo ya.

‒ Bien. Yo llevaré el cuchillo de matarife y tú la escopeta.   

‒ De acuerdo.

Y tras estas palabras entreví a la leve luz de la lamparita del Sagrado Corazón, que uno de ellos se dirigió a mi habitación. Al llegar a la puerta se detuvo a un lado, y vi que cogió algo de la pared: era la escopeta que estaba allí colgada. Una gran calma reinaba en mi espíritu, por la gracia de Dios. Hice un último acto de contrición, y empecé a rezar el “Señor mío, Jesucristo”, cuando oí que abrieron la puerta de la casa y salieron. Esto me sorprendió bastante: ¿qué extraños ritos iban a realizar antes de darme muerte?, pues es sabido que los bandoleros colombianos son gente sumamente supersticiosa.

De repente oí un extraño chillido, que más parecía de bestia que de hombre. ¿Qué sucedía? ¿Sería que la víctima era el vecino? Salté apresuradamente de la cama y al llegar a la puerta me encontré con Enrique, quien traía las manos ensangrentadas. Al verme, se sorprendió mucho, y me dijo:

‒ Padre, ¿por qué se levanta tan temprano? Acabamos de matar un marrano de nuestro vecino. Es para darle a usted hoy al almuerzo.

Christian Betancur B. 

Febrero, 2021

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En el segundo camino del libro El vendedor Halcón: sus estrategias mostramos la importancia de que el vendedor, como investigador y estratega de marketing, perciba e interprete adecuadamente los mensajes del entorno y especialmente de sus clientes, como paso previo para ganar su confianza, su aceptación y su fidelidad.

Cierta anécdota que me ocurrió durante un vuelo en avión (y la forma como la analicé con mis alumnos de investigación), nos ayudará a comprender mejor el asunto.

La turbulencia en el avión: ¿cómo interpretar esta historia?

‒ Esta mañana volaba hacia acá ‒le comenté a mis alumnos de investigación de marketing‒. El cielo se veía despejado y hermoso. De repente el avión se sacudió con fuerza. Una persona que viajaba cerca de mí, al otro lado del pasillo, gritó algo.

Mis alumnos me escuchaban con gran interés. Entonces les pregunté:

‒ ¿Qué piensan que exclamó esa persona?

La mayoría me habló de expresiones de susto, de angustia, de preocupación. Luego les pedí que describieran a esa persona. Muchos la imaginaban como una mujer (¿o tal vez un hombre?), de 45 o más años, de temperamento algo nervioso. Finalmente les aclaré:

‒ Sí, era una mujer. Muy bella, de ojos color miel y largos cabellos rubios. Pero solo tenía unos nueve años. Y su reacción no fue de susto. Más bien de emoción, pues exclamó con una gran sonrisa en su rostro: 

‒ ¡Uy, qué chévere!

Quienes la escuchamos, no pudimos menos que sonreír al tiempo que sentíamos alivio. ¡La niña esperaba que el piloto repitiera “el juego”, pues lo había disfrutado mucho!

La moraleja: conquistarnos mutuamente

Finalmente les pregunté a mis alumnos: 

‒ ¿Qué parte de nuestras propias personalidades revelamos con nuestras respuestas? Nadie habló, pero todos reflexionaron en silencio y comprendieron mi objetivo real con esa historia. Y es que, como nos enseña un sabio:

Si tú le pides a alguien que te cuente SU historia, te contará UNA historia. Pero si tú le pides a alguien que te cuente UNA historia, te contará SU historia.

Mi reflexión final para los vendedores (y para los expertos en investigación) es esta: si deseo superar las barreras y frenos psicológicos para indagar sobre la mente y el corazón de mi cliente y comprender las motivaciones de su comportamiento (con frecuencia recónditas y misteriosas), no puedo plantearle preguntas directas. Y aunque algunas herramientas de la investigación, como el neuromarketing, tal vez nos ayuden a conocer o predecir sus reacciones, no son suficientes para tocar su alma, verdadero secreto para su fidelidad. Ya nos lo advertía el economista y ambientalista chileno Manfred Max Neef: 

Sabemos mucho, muchísimo, pero comprendemos muy poco, o casi nada. Nuestro error consiste en creer que describir más explicar es igual a comprender.

¡Así pues, el camino es más simple y bello! Mejor debo acercarme a mi cliente y a nuestro común asunto en forma indirecta, Si al comienzo desisto de preguntarle por mi producto y mi marca, y más bien lo invito a contarme historias (o a interpretar las que yo le presento) alrededor de su vida, sus necesidades, sus sueños y sus angustias, estaré mejor preparado para entrarme hasta su alma (sin atajos angostos o “difíciles”), observar el mundo con sus ojos y sentirlo con su misma piel. 

Y así, una vez conquistada su confianza, con gusto me abrirá su corazón para compartir sus pensamientos y experiencias alrededor de mi marca y de otras marcas y opciones. Y si yo soy prudente, respetuoso y comprometido, tal vez hasta sienta deseos de “conquistarme” como su vendedor y proveedor. Pero, como le advertía el zorro a su recién conocido amigo, el Principito, cuando le rogaba que lo domesticara (en aquel hermoso relato de Antoine de Saint-Exupéry): “el lenguaje es fuente de malentendidos”. 

Por eso, el secreto es ir más allá de sus palabras, para intentar acercarme, con gran respeto, a sus sentimientos y emociones. Solo así el cliente y yo podremos “conquistarnos” (¿“domesticarnos”?) mutuamente como amigos para establecer una relación de aprendizaje, grata satisfacción y fidelidad duradera.

Christian Betancur Botero

Octubre,2020

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