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AMPLIANDO LA MIRADA: HACIA LA EPOCA DEL CAMBIO CONTINUO

Por Luis Alberto Restrepo
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El mundo actual aparece como un gigantesco mosaico, cuyos miles de diminutas teselas hubieran saltado y volado por el aire. 

La lucha entre las grandes potencias y sus consecuencias

Todos los países del mundo se hallan hoy afectados por la lucha de poder entre las grandes potencias del momento, Estados Unidos, China y Rusia. Mientras los Estados Unidos de Trump o de Kamala aparecen inseguros, cambiantes e impredecibles, los dirigentes de China y Rusia se muestran serenos y firmes. Gran potencia en caída libre y potencias emergentes que confían en su imparable ascenso, así tarden algunos años. Europa ocupa en esa contienda un lugar aún no definido al que me referiré al final. 

Entre las potencias contrincantes existe un consenso fundamental: la adhesión al capitalismo financiero global, muy contaminado por capitales ilegales y criminales. La Oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito (2012), sostiene que unos 870 mil millones de dólares, son lavados mundialmente cada año. Las grandes potencias sólo luchan por definir quién conducirá la nave y cómo habrá que organizar a los pilotos y los pasajeros. La urgencia de los dilemas y la lentitud de la democracia para tomar decisiones en medio de un mundo en acelerado cambio inducen al capital financiero a buscar formas de administración más expeditas, incluso si son centralizadas y autoritarias; quizá le resulten más útiles.

La disputa entre las potencias afecta los mercados de todo el globo y estimula o agudiza las discrepancias y conflictos entre países del mundo entero y entre sectores sociales de toda condición. Recordemos algunos, casi al azar. El Israel de Netanyahu pretende apropiarse de Cisjordania “para borrar las simientes del pueblo palestino” según lo afirmó el criminal ministro de defensa del mismo movimiento sionista, Yoav Gallant. 

Simultáneamente, Netanyahu lleva a cabo una escalada contra Irán. Libia, uno de los principales productores de petróleo y gas, se encuentra en guerra latente. Desde hace diez años, Siria padece una guerra civil que ha producido 5 millones de desplazados, 2 millones de refugiados internos y varios millones de migrantes hacia Líbano, Irak y Turquía. El turco Erdogan ha enviado fuerzas militares para apoyar al gobierno de Trípoli, frente a la facción de Bengasi, apoyada por Egipto y Rusia. 

Por su parte, el llamado Ejército Islámico (EI) vuelve a expandirse por la geografía siria. Yemen lleva cinco años en una guerra civil que mantiene bloqueadas y sometidas a toda clase de privaciones a más de 20 millones de personas. Soldados indios y paquistaníes llevan años matándose. Tropas chinas e indias se enfrentan a palos y piedras por el Himalaya. En Colombia, la situación es aún más grave, pero es ignorada por casi todo el mundo. Diversas guerras cruzadas llevan acá bastante más de medio siglo generando miles de víctimas. 

El actual clima de inquietud y conflictividad se extiende también a muy diferentes sectores sociales. Los marginados protestan contra unas élites que los persiguen y reprimen con violencia; las poblaciones nativas se manifiestan contra los migrantes y estos contra aquellas; cada generación entra en conflicto con la antecedente y hasta los hijos se distancian de sus padres. Las diversas crisis y la inestabilidad general están empujando enormes olas migratorias del sur al norte y del oriente hacia el occidente, que circulan por el mundo como un doloroso tiovivo. En los países de destino, ya aquejados por el desempleo, generan reacciones de racismo, polarización política y fortalecimiento de las derechas. 

Una lectura más amplia

Con todo, la lectura de la situación actual sería muy limitada si sólo la atribuyéramos a las luchas por la reorganización del poder en el mundo. Más allá de eso, nos hallamos inmersos en un cambio de época o, más bien, damos los primeros pasos en la época del cambio incesante donde no habrá nada estable ni definido por largo tiempo. La tercera revolución industrial inventó la máquina, creó la fábrica y agilizó los procedimientos productivos. La cuarta, la cognitiva, que apenas iniciamos, nos anuncia que ya no habrá manera de clasificarla por alguna modificación particular. Entramos en un mundo líquido, donde todo pasa de carrera. A es reemplazado por B, y B por C, sin tregua alguna.

En efecto, la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas nos arrastran cada día hacia mundos desconocidos en todos los ámbitos: informática, telemática, física, genética, nanotecnología, biotecnología, etc., y cada una de ellas es una nueva fuente de inagotables aplicaciones que, con frecuencia, no pueden ser plenamente controladas por el capital ni por los gobiernos. 

El desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), cuyo potencial no parece tener límites, promete seguir robotizando aceleradamente el trabajo y obligando a todos los humanos a una continua actualización de sus conocimientos. Las labores repetitivas – de las fábricas, sus directivos y operarios, los abogados y los jueces, sus asesores y secretarios, los comerciantes, los funcionarios, y hasta de los médicos  – irán siendo sustituidos por dispositivos inteligentes y grandes centros de cómputo. Al mismo tiempo, el mundo entero tiende a hacerse ‘inteligente’: la nevera, la calefacción, la casa, la arquitectura, el urbanismo, el ordenamiento territorial. 

Hasta el orden social y político de las aún llamadas “naciones”, queda supeditado a la información que aporten los Big-Data y el manejo que se les sepa dar. En otro campo, las blockchain han hecho posible los bitcoin cuya circulación podría tomar fuerza en algún momento y poner en cuestión el sistema financiero internacional. Las impresoras 3D se disponen a producir tejidos y órganos humanos como el corazón, el hígado o los riñones. La genética tiende a la producción del ser humano a la carta y la manipulación de su género. 

En fin, las súbitas alteraciones están modificando tan profundamente todas nuestras formas de vida que podemos decir incluso que estamos ante un cambio de civilización que incluye la trasformación de los valores que han guiado a occidente por lo menos desde los inicios de la modernidad o incluso desde más atrás: desde el orden jurídico del imperio romano y los valores predicados por la cristiandad y secularizados luego por la modernidad democrática. 

La informática y la telemática han ido cambiando las formas de relacionamiento íntimo, desde el enamoramiento, el erotismo y la sexualidad, hasta la formación de parejas o grupos de “sexting”. La genética está induciendo una descolonización de todos los seres vivos hasta ahora discriminados, oprimidos o esclavizados como de los “discapacitados”, las trabajadoras sexuales, los transgénero, los animales, las plantas.

Si a lo anterior añadimos los sorpresivos retos que nos plantean el cambio climático y las sacudidas de la naturaleza, interrogantes cada día más perentorios – de los que el COVID-19 es apenas uno más – no podemos aspirar a un nuevo periodo de estabilidad y paz. Más bien, se cierne sobre la humanidad un horizonte de incertidumbres y conflictos de todo orden, con los que tendremos que aprender a vivir. Si la certeza y la seguridad han sido valores fundamentales de las sociedades modernas y posmodernas, la inseguridad y la incertidumbre se van instalando en su lugar.

América Latina y Colombia

A pesar de su atraso y su actual aislamiento internacional, América Latina no escapa a esta situación. La ilusión de fines del siglo XX de alcanzar una integración latinoamericana (inspirada sin confesarlo en la UE), se esfumó desde comienzos de este siglo. Las devastadoras exigencias del consenso de Washington –el “ajuste” de los estados y la “apertura” de las economías– hicieron que cada país latinoamericano se disparara en su propia dirección, bien fuese de acomodamiento al consenso o de rebelión. Para Latinoamérica será un éxito si al menos logra evitar los conflictos armados entre naciones vecinas. 

Colombia es un laboratorio de muchos de los conflictos que hemos señalado. El país sigue padeciendo la violencia y la corrupción generadas por la ilegalización de las drogas, ahora reforzadas por otras actividades delictivas como la minería ilegal, la trata de personas, el comercio de especies en extinción, etc. 

En la inútil guerra contra la cocaína llevamos más de medio siglo, miles de muertos y miles de millones de dólares dilapidados, mientras los mercados de la droga aumentan o se mantienen. Si esa fortuna hubiera sido invertida en desarrollo de las zonas más abandonadas del país, otra sería quizá la situación. Pero continuamos sometidos a una guerra impuesta por los gobiernos de Estados Unidos que buscan mantener el apoyo de sus electores. 

Los acuerdos de paz firmados por el estado en el 2016 con las Farc -la mayor guerrilla del país, sustentada en el narcotráfico, el secuestro y la extorsión como todos los demás grupos armados- fueron combatidos por los enemigos del gobierno y del acuerdo y convertidos en estandarte de polarización política. Ante la incierta situación, una parte de las antiguas Farc ha vuelto a las armas, mientras el ELN, instalado de tiempo atrás en Venezuela, continúa su lucha y se expande también en Colombia. Los intentos de negociación vacilan, se rompen, se retoman. En suma, nada. Ni para adelante ni para atrás. 

Entre el gobierno del país vecino y el de Colombia la relación es muy tensa, tensión estimulada desde Venezuela por Rusia e Irán y, desde Colombia, por Estados Unidos. Rusia le ha vendido grandes cantidades de armas a ese país. Irán tiene presencia a través de Hezbolá. Mientras agentes de inteligencia cubana vigilan y controlan al ejército venezolano, agentes de inteligencia rusa entrenan a la propia inteligencia venezolana. 

Del lado colombiano, marines estadounidenses desembarcaron en el territorio, enviados supuestamente para entrenar al ejército colombiano en la lucha contra el narcotráfico. El ejército acaba de adquirir al parecer (la información es semisecreta) unos 144 minitanques con el real o supuesto propósito de luchar contra el narcotráfico y los grupos armados.

La crisis de Venezuela ha obligado a miles de venezolanos y veneto-colombianos a migrar hacia Colombia y otros países del entorno, donde el empleo, ya escaso, fue masivamente destruido por el Covid. El gobierno colombiano se mostró inicialmente acogedor con los migrantes, pero la masiva incursión cotidiana de caminantes ha suscitado una creciente estigmatización y discriminación en la población y en el estado. Se comprende el reclamo de venezolanos por su plena integración, pero no se tiene en cuenta el desempleo y la exclusión de casi el 50% de los colombianos. El gobierno de Nicolás Maduro ha cerrado los pasos fronterizos formales pero los migrantes se las arreglan para cruzar por trochas controladas por bandas criminales armadas que los explotan. 

A pesar de todos estos graves problemas, en Colombia se mantienen hasta ahora las formas de la democracia, gracias talvez, a que se trata desde siempre de una democracia legalista y cada vez más corrupta, cuyas complejas reglas de juego son manipuladas a su amaño por antiguas y nuevas élites de diverso cuño y cuyos arreglos flotan por encima de los problemas de fondo. La solución de los conflictos en el país se ha dado entre élites, con la relativa excepción de la Asamblea Constituyente y la Constitución de 1991, la mayoría de cuyos mandatos no se han convertido en ley o se los ha transformado. Con la profundización de las crisis que causó la pandemia no sabemos qué curso tomará Colombia. Quizás las comunidades de indígenas, afros y campesinos de regiones apartadas estén siendo arrastradas de nuevo por algún caudillo, sean guerrillas, disidencias o el Clan del Golfo o hasta el mismo gobierno.

Y Europa?

En todo este contexto, ¿qué lugar ocupa Europa? Como es sabido, la renovación del liberalismo desde los tiempos de Reagan, terminó presionando también a Europa y abriendo grietas en la Unión Europea. El estado de bienestar se debilitó, las estructuras no democráticas de Bruselas le dieron argumentos al Brexit y siguen alimentando tendencias hacia la fragmentación de la Unión. Las olas migratorias que le llegan de Siria, del Yemen y del Sur exacerban el racismo, la xenofobia y la polarización política del Viejo Continente. Crecen las derechas nacionalistas y racistas en Alemania y Francia y, con ello, crecen también las amenazas de punto final a la UE. Por fortuna, la reciente y muy inesperada creación por Francia y Alemania de un generoso fondo común europeo para el rescate de los países más afectados por la crisis enciende una luz de esperanza. Al mismo tiempo, Europa toma distancia de Estados Unidos y se percibe allí una creciente reacción inspirada en nuevos valores. Se fortalece el movimiento verde europeo y se aproxima a una izquierda reverdecida. Crecen el antiimperialismo, la descolonización, el antirracismo. Europa no podrá volver a imponer su ley en el mundo, pero sí podría llegar a ser un importante bastión de resistencia y humanidad. 

Epílogo

No podría concluir este breve ensayo sin destacar dos fenómenos. El primero: si desde la prehistoria hasta ayer, la fuerza física masculina se impuso siempre en el trabajo, lo que le permitió al varón extender su imperio a la economía, la vida familiar, la sexualidad y la política, hoy, la creciente informatización del trabajo tiende a equilibrar los roles entre mujer y hombre, e incluso el papel directivo podría pasar a manos de la mujer, en promedio más atenta, más minuciosa, más cuidadosa del detalle, más protectora de la vida.

Y dos: en medio de las tendencias a la fragmentación de la humanidad y el conflicto entre países y sectores sociales, avanza silenciosamente un mutuo conocimiento mucho más estrecho y un inevitable entrelazamiento de todos los seres humanos. El internet y las redes sociales no sólo dan espacio al insulto y el enfrentamiento, sino también al acercamiento y la cooperación. Y aun en el enfrentamiento, las distancias se reducen o desaparecen. 

La pugnacidad podría ser, en parte, la reacción defensiva de los inseguros ante un vecindario antes ignorado. Una televisión cada vez más inteligente nos trae al hogar las vivas imágenes del mundo en tiempo real. Seguimos casi en vivo y en directo la tragedia de Gaza, de los palestinos, la brutalidad del ataque de Hamás y la respuesta desproporcionada de Netanyahu, que más parece un nuevo genocidio pero a la inversa. 

En el fondo de todos los graves conflictos actuales se encuentra la peligrosa disputa de poder mundial entre Irán y Occidente, sobre todo los Estados Unidos, que podría conducir al Armagedón nuclear. 

Queriéndolo o sin quererlo, todos vamos quedando atados a un destino similar a través de las mallas globales de información, comercio y finanzas. ¿Caminamos quizás a tientas hacia alguna forma de unidad? ¿La resistirá la especie humana? ¿Seremos capaces de convivir en una relativa paz, así sea inestable y muy limitada?

Luis Alberto Restrepo

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5 Comentarios
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5 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 8 noviembre, 2024 - 7:18 am

Minuciosa descripción de una muy compleja situación mundial, con una visión detallada de lo que pasa en nuestro país. Definitivamente nos tocó presenciar y participar en un CAMBIO DE CIVILIZACION. Gracias Luis Alberto! Importante leerte de nuevo. Hernando

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Eduardo Jimenez 8 noviembre, 2024 - 10:33 am

Muy buena descripción de la situación actual, aunque Luis Alberto no nos indica cuales son, en su opinión, las posibles soluciones o remedios.
Por otra parte, aunque el comentario está fechado hoy 8, parece haber sido escrito antes de conocerse el resultado de las elecciones en Estados Unidos. Aunque la elección de Trump podría ser una buena noticia para quienes están sufriendo de gobiernos corruptos y, supuestamente izquierdistas, y quieren salir de ellos, no parece que haya mucha esperanza de que Trump le preste alguna atención a América Latina. Al parecer Maduro y Cabello, y los demás, pueden seguir tranquilos. Saludos

Respuesta
LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 8 noviembre, 2024 - 10:50 am

Excelente tu análisis. Muy claro. Querámoslo o no, tendremos que irnos acostumbrando a vivir en un cambio permanente y veloz. Ojalá lo logremos para poder vivir en paz y con optimismo.

Respuesta
Daniel Romero 8 noviembre, 2024 - 11:04 am

Luis Alberto cordial saludo. Excelente tu discernimiento sobre el CAMBIO que experimentamos a nivel mundial. Muy alentador tu epílogo

Respuesta
JUAN L GOMEZ C 8 noviembre, 2024 - 9:35 pm

Buen resumen de la situación actual. No perdamos la fe en tiempos mejores que vendrán pues la humanidad ha pasado por peores momentos como las dos guerras mundiales y la inteligencia artificial contribuirá a encontrar soluciones

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