El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.
Cuando alguien ve que su destino está en otro país y resuelve emigrar, llega a una tierra extraña y siente que le cambian el himno Nacional y los colores de su bandera, se encuentra gente extraña que habla otra lengua, o el español con un acento diferente, las comidas son distintas, al hablar se encuentra muchos vocablos extraños, no tiene amigos ni familiares, y aunque esté rodeado de multitudes de gentes en una ciudad grande, se siente absolutamente solo.
Poco a poco uno se va adaptando al nuevo país, a medida que va adquiriendo lazos que lo amarren a él, como nuevas amistades, un buen trabajo, matrimonio con alguien del país, hijos nacidos allí, disfrutar de los atractivos turísticos, y lo puede llegar a sentir como una segunda patria.
Normalmente uno entra al nuevo país como turista, pero lo más pronto posible debe iniciar los trámites para normalizar su situación migratoria, para poder radicarse y trabajar legalmente. Cada país tiene sus propias leyes y normas, que van variando con el tiempo.
En mi caso cuando en 1963 emigré a Guatemala, llegué con un contrato como profesor de física y matemáticas en el Liceo Javier de los Jesuitas, y ellos se encargaron de todos los trámites migratorios para adquirir mi visa de residencia temporal. Hacia finales del año decidí dedicarme profesionalmente a la música como organista independiente y renuncié al magisterio al terminar el curso, dando previamente el preaviso; pero a principios de 1964 me pidió el rector del Liceo que siguiera únicamente con las clases de Física, pues no habían podido encontrar un remplazo, y ellos seguirían respondiendo por mí ante migración.
Así que seguí otro año con el problema migratorio resuelto, y mientras tanto tocaba en eventos sociales. Un día toqué en la fiesta de boda de la hija del Canciller, quien me dijo que veía que estaba teniendo mucho éxito en la sociedad guatemalteca y que pronto encontraría problemas con los músicos por ser extranjero, pero que era muy fácil sacar la nacionalidad guatemalteca, presentando una solicitud en Relaciones Exteriores.
Al concluir mi compromiso laboral con los Jesuitas, le consulté al embajador de Colombia, que era un buen amigo mío, la posibilidad de cambiar mi nacionalidad. El me dijo que como embajador no me lo podía recomendar, pero como amigo sí; pues me veía un gran porvenir en este país y que no lo dudara, pues si algún día regresara a Colombia, sería un trámite sencillo recuperar mi nacionalidad. Fui a una oficina de trámites para que me redactaran una solicitud para adquirir la nacionalidad guatemalteca, y ellos mismos se encargaron del trámite, convirténdome a los pocos días en Guatemalteco Naturalizado, y luego saqué mi cédula. Por ser el primero en tocar música popular en órgano, fui adquiriendo gran popularidad y muchos cambiaban la fecha de sus eventos para días en que estuviera disponible.
Mientras tocaba en un baile de gala en un elegante Club Social, llegó un grupo de gente a buscarme. Salí a la portería y encontré a los líderes del Sindicato de Músicos con una patrulla de la Policía y un abogado. El Licenciado preguntó si yo era Alberto Betancourt, y entonces leyó en voz alta un documento en papel sellado, que era una orden de captura para deportación, por ser un Colombiano que estaba en una situación ilegal, quitando el pan de la boca a centenares de músicos guatemaltecos. Al terminar le dije: “Ese no soy yo, porque yo soy más guatemalteco que todos ustedes, pues son guatemaltecos sin quererlo, simplemente porque su madre los parió aquí; en cambio yo vine a este país, me enamoré de él, pedí ser guatemalteco, y se me concedió”; y enseguida le mostré mi cédula. Finalmente les dijo a los del Sindicato: “Aquí no tenemos nada qué hacer, pues el Señor Betancourt es guatemalteco”.
Después en el sindicato decidieron bloquearme, estableciendo que ninguna orquesta aceptara alternar conmigo en los bailes. Esa fue mi mejor publicidad, pues los clientes venían a contratarme con mayor seguridad de éxito, pues según ellos mismos, las mejores orquestas se negaban a alternar porque me tenían miedo. Yo tenía ya una lista de grupos que me habían pedido trabajos que me sobraran, y los recomendaba para la alternancia. Pasado un tiempo, los músicos dejaron de negarse a la alternancia y se fueron convirtiendo en mis colegas y amigos.
A finales de 1971 en la época de dictaduras militares, el Presidente General Arana, impuso toque de queda a las 6 p.m., ordenando al ejército disparar a cualquiera que estuviera en la calle, acabando así con el trabajo de los músicos. En Enero de 1972 emigré a México junto con mi esposa y dos pequeños, con la ilusión de conquistar un gran país y de grabar discos, pero me encontré con múltiples dificultades para arreglar la situación migratoria. Después de cuatro meses de lucha en vano y de trámites frustrados, me llamó Guillermo Acosta, el famoso director artístico que había lanzado a la fama las grandes estrellas de Discos Muzart, quien se había independizado y había fundado su empresa de Discos GAS, para que fuera a su oficina con mi equipo para una audición. Le dije que mi equipo era muy pesado y que mejor lo invitaba a almorzar en mi casa para la audición. Estuvo 2 horas escuchándome y pidiéndome distintos tipos de música y al final me dijo: “Mañana llega a la oficina de mi secretaria para firmar un contrato de artista exclusivo, y ese contrato te sirve para la visa FM3, y si te piden un fiador ante migración, cuenta conmigo.” Así pronto obtuve mi visa para poder trabajar en México.
En México todos los oficios y empleos están sindicalizados. Para trabajar como empleado en cualquier tipo de empresa hay que tener carnet del sindicato correspondiente. En el caso del Sindicato de Músicos, quien contrata a un músico extranjero debe pagar al sindicato un sueldo de desplazamiento, correspondiente a lo que ganaría un músico nacional por dicho trabajo, según tarifas establecidas. El extranjero debe cotizar un 10% de cada contrato, mientras el nacional cotiza el 5%. Para obtener la visa FM3 un músico extranjero debe presentar en Gobernación cada 6 meses una anuencia del sindicato, que cuesta un buen dinero y no es fácil que la concedan. La visa FM3 era individual y no cubría a la familia, que cada 6 meses debía salir del país e ingresar con nueva visa de turista.
Cuando mi hija mayor terminó la primaria, me dijo la Rectora que para la secundaria debería presentar un permiso extendido por la Secretaría de Gobernación cada año. Entonces vi que mis dos hijos mayores por ser extranjeros iban a tener muchos problemas, pues además las Universidades Públicas solo admiten extranjeros si quedan cupos libres. Y también mi visa FM3 debía renovarse cada 6 meses, creando una gran inestabilidad en mi vida en México.
Después de grabar 13 discos de larga duración y de tener un nombre artístico reconocido en México, decidí repatriarme y buscar nuevos horizontes en mi tierra, a donde llegué a finales de 1980 para arrancar de cero de nuevo. Al llegar a Bogotá fui a Relaciones Exteriores para recuperar mi nacionalidad y a los pocos días renací en Colombia, donde me expidieron una nueva cédula con un número correspondiente a muchachos mucho menores que yo. Luego me llegaron mi esposa y mis tres hijos, quienes se habían quedado en casa de mi suegra en Guatemala, mientras yo arreglaba mis papeles. Inscribí a mis 3 hijos en la Notaría primera de Bogotá, como colombianos nacidos en el exterior, y finalizaron mis problemas con papeles migratorios.
Después de vivir 27 años en Bogotá, en 2008 nos trasladamos con mi esposa a Guatemala, disfrutando de mi doble nacionalidad colombo-guatemalteca. Mis hijos, además de esas nacionalidades, tienen pasaporte español, pues la mamá es hija de catalanes, y yo gozo de varios privilegios como cónyugue de española.
Si alguien desea conocer los gajes y logros de mi carrera musical, le invito a leer el blog Mis Vivencias Musicales en Exjesuitas en tertulia.
Alberto Betancourt
Julio de 2025, desde Guatemala.


2 Comentarios
Maravilloso tu relato y tu trasegar por Centro América. No supe si estaba leyendo tu biografía o la del loco de Dios en el fin del mundo… jejeje. Un abrazo para tí y tu familia.
Gracias John por tu comentario. Abrazos!