La rápida caída del precio del dólar hasta alrededor de $3.250 ha llevado la tasa de cambio a unos niveles que no guardan ninguna relación con los fundamentales de la economía y la está perjudicando, pues con esta revaluación son más los perdedores que los ganadores.
El dólar ha bajado tanto porque en el mercado de divisas la oferta ha sido mucho más grande que la demanda. Nadie sabe si este exceso de oferta va a continuar, bajando más el precio, ni cuándo se va a revertir la tendencia, pero si es claro que el Banco de la República y el Gobierno tienen instrumentos para intervenir en el mercado y controlar esta perjudicial revaluación del peso, ¿por qué no lo han hecho?
Un dólar demasiado barato
Hay varios indicadores que muestran que ha sido exagerado un desplome de la tasa de cambio desde los $4.400 registrados en diciembre de 2024, lo que significa una revaluación nominal del 26%, o del 13.5% en lo corrido de este año. El más fácil de entender es el índice de la hamburguesa (Big Mac) que usa la revista británica The Economist. Según este índice en diciembre pasado el peso estaba ligeramente sobrevalorado: con una tasa de $3.687, la hamburguesa valía solo 1.5% más en Colombia que en Estados Unidos.
Con la inflación interna y el dólar a $3.250, el precio doméstico ha subido a USD 8.28, mientras que allá es de USD 6.34, lo que indica una enorme sobrevaloración del peso, más del 30%. Si los bienes producidos en Colombia son mucho más caros que los del exterior, los importadores hacen fiestas y sufren los productores nacionales; por eso las ventas del comercio (sin combustibles) van creciendo 14.7%, mientras que la producción industrial cae 0.4%.
Otro indicador más técnico es el Índice de la Tasa de Cambio Real (ITCR) que calcula el Banco de la República y mide el valor del peso, ajustado por la inflación, frente a la canasta de monedas de nuestros socios comerciales. Un menor valor ITCR indica una que el peso colombiano ha ganado poder adquisitivo frente a las monedas de sus socios comerciales, es decir que se ha revaluado. Desde el cierre de 2024 la ITCR muestra una revaluación del peso, pues ha caído 22%, y solo en lo corrido de este año más del 10%.
Una razón que se aduce para la pasividad de las autoridades frente a esta tendencia perjudicial es que la debilidad del dólar es un fenómeno mundial frente al cual no se puede hacer nada, es decir que se ha devaluado frente a muchas otras monedas por las equivocadas políticas económicas y militares de Trump.
Fue cierto el año pasado, pero no este año tal como se aprecia en el gráfico siguiente, donde la línea roja es el ITCR de Colombia y la azul el índice DXY que mide el valor del dólar frente a una canasta de monedas, que cuando baja es porque el dólar se está debilitando, es decir que las otras monedas se están revaluando. Desde la posesión de Trump hasta julio de 2025 el DXY pasó de 133,5 a 123,1, es decir que la otras monedas se revaluaron 8.4% mientras que en el mismo período el ITCR colombiano se revaluó un poco menos, solo 4%.
Por el contrario, en los últimos doce meses el valor promedio del dólar se ha fortalecido un poco (pasó de 123,1 a 123,8) mientras que el ITCR ha caído de 125,4 a 102,3, es decir una revaluación del 18%. Son otros los factores que explican la gran oferta de dólares en el mercado cambiario y que ha generado la revaluación de la tasa de cambio del peso colombiano.

El Banco de la República debe comprar dólares
¿Pueden el Gobierno y el Banco de la República derrotar al mercado en la lucha por evitar la revaluación del peso y volver a una tasa de cambio que sea más competitiva para los productores nacionales? ¡Si y ya los han utilizado en otras ocasiones! Ellos no están por fuera del mercado cambiario, sino que son unos actores muy influyentes que pueden intervenir en el mercado para reducir la oferta de divisas y aumentar la demanda para que suba el precio del dólar.
Por el lado de la demanda de divisas, el único agente individual del mercado que tiene la capacidad de comprar una cantidad de dólares que modifique sustancialmente su precio son los bancos centrales. En la primera década de este siglo el Banco Central de Chile anunció la compra de 8.000 millones de dólares, que en ese momento equivalían al 50% de sus reservas internacionales; por la misma época el Banco de la República compró 4.500 millones de dólares en poco más de un año. Son intervenciones de estas magnitudes las que pueden derrotar al mercado y evitar la revaluación del peso, además de que sería un excelente negocio para el Banco acumular reservas a un precio tan bajo.
Para que la intervención sea más efectiva debe hacerse con compras discrecionales y aleatorias y no con las subastas de opciones utilizadas en pasadas ocasiones. Estas subastas son un mecanismo sofisticado para acumular reservas que consiste en que una persona adquiere el derecho de venderle dólares al Banco de la República a una tasa predeterminada si el promedio de la TRM de los últimos días fue inferior a esa tasa. Así anunciada, se convierte en una excelente oportunidad de ganancia para los especuladores, que pueden definir de antemano a qué tasa les conviene vender sus dólares, e inclusive comprarlos a una tasa más barata.
Desestimular los capitales golondrinos
Para reducir la oferta, que en estos momentos proviene en gran parte de los capitales golondrinos atraídos por las altas tasas de interés domésticas, también el Banco de la República podría actuar bajando su tasa, pero esto conlleva un debate más profundo sobre la conocida posición del Banco que no va a cambiar en los próximos meses.
El instrumento para reducir la oferta está en manos del gobierno nacional y consiste en imponer restricciones a los flujos de capitales golondrinos que entran y salen de los países en plazos muy cortos, generando gran volatilidad de las tasas de cambio y crisis financieras como ha sucedido en el sureste asiático, México, Rusia o Brasil.
No se trata de una prohibición, imposible de implementar dada la gran integración de los mercados de capitales mundiales, sino de un mecanismo de mercado como por ejemplo, imponer un sobrecosto que disminuya la rentabilidad de las inversiones de corto plazo haciéndolas menos atractivas, o poner impuestos a sus transacciones como los propuestos por Tobin o Soros.
Este tipo de mecanismos también se ha utilizado en el país. En 2007 el gobierno Uribe expidió el decreto 1801 que impuso un depósito previo del 40% a las inversiones de capital de corto plazo; no era una prohibición imposible de implementar, sino un mecanismo de mercado que consistía en imponer un sobrecosto que disminuye la rentabilidad de las inversiones de corto plazo haciéndolas menos atractivas.
Además, una restricción de este tipo compensa un poco el innecesario beneficio tributario que se les ha otorgado a los capitales golondrinos, que solo pagan en Colombia un impuesto del 5% por las utilidades obtenidas. De hecho, esta es una transferencia de impuestos a los países de origen de estos capitales, porque allá sí tienen que pagar una tarifa más alta, de la que podrían descontar los impuestos que paguen en Colombia.
Las autoridades colombianas sí tienen como frenar la funesta revaluación. Solo falta la voluntad política para hacerlo.
Mauricio Cabrera Galvis
Publicado en la revista CAMBIO, Colombia


1 comentario
Muy cierto lo que indica Mauricio. En alguna reunión de ex-jesuitas hace unos 15 años, surgió el comentario de algunos miembros del grupo que eran exportadores de flores, comentando que cada vez recibían menos pesos por sus exportaciones en dólares, pues el precio del dólar había bajado demasiado, en opinión de ellos.