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Diálogos de Ultratumba – Los débiles comienzos del poder papal

Por Rodolfo Ramon de Roux
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Las religiones tienen poder porque otorgan sentido a la vida y a la muerte. Pero el poder que les da ese control de sentido se adquiere y se estructura de manera diferente según sea la religión de la cual se trate. La versión católica del cristianismo es el único ejemplo de confesión religiosa que posee un Estado -el Vaticano- y que está estructurada en torno a un gobierno central -la Santa Sede-, a cuya cabeza se encuentra el Papa como Soberano Pontífice, monarca reinante a título vitalicio.

Habiendo sido educadas en el catolicismo mientras deambulaban por el terrenal “valle de lágrimas”, Sofrosina y Linguacuta desearon saber un poco más sobre cómo los sucesores de Pedro -un humilde pescador de Galilea- terminaron adquiriendo desmesurados poderes, y no sólo espirituales. Para empezar por el comienzo se fueron a buscar al bueno de Pedro, a quien encontraron charlando con Clemente Romano, uno de los primeros obispos de Roma. 

SAN PEDRO.- Cuando miro hacia Roma veo la suntuosa basílica que lleva mi nombre y me restriego los ojos: ¿cómo ha sido posible que los representantes de aquél que “no tenía dónde reposar su cabeza” hayan obtenido tanto poder y gloria? 

LINGUACUTA.- ¿Cómo ha sido posible? Te lo explico con un sencillo silogismo: para los católicos, Cristo es Dios; los papas son los vicarios de Cristo; luego los papas son los vicarios de Dios, sus representantes en la Tierra. ¿Te parece poco?

SAN PEDRO.- No lo hubiera imaginado. En vida, nadie me llamó “Vicario de Cristo”, “Sumo pontífice” o “Papa de la Iglesia universal”. 

SOFROSINA.- Tampoco habrías imaginado -pues los primeros cristianos esperaban el inminente fin del mundo- que, a lo largo de los siglos, el papado soñara con convertirse en la cabeza de una Res publica cristiana, entendida no solo como una fe religiosa, sino también como un gobierno, un principio de organización social basado en normas y leyes que se extendieran hasta los confines del mundo.

LINGUACUTA.- Así es, Pedro. Siglo tras siglo, el papado fue desarrollando la idea de una Iglesia mundial, dedicada a reunir a toda la humanidad y a servir de enlace entre este mundo y el otro, con la “Santa Sede romana” como piedra angular.

SOFROSINA.- Sin embargo, en ese esfuerzo por moldear la sociedad –instaurare omnia in Christo[1]– el papado ha sido, a su vez, moldeado por ella.

LINGUACUTA.-  Al que anda entre la miel, algo se le pega.

SAN PEDRO.- Al observar las riquezas acumuladas en el Vaticano veo que a mis sucesores se les pegó la miel, y en abundancia.

SOFROSINA.- Difícil es resistir a las sirenas del dinero, el poder y la gloria.

LINGUACUTA.- Lo fácil no es meritorio.

SAN PEDRO.- Ni por asomo hubiera sospechado en qué iba a parar la Iglesia de mi señor Jesús dos mil años después de ser ajusticiado.

SOFROSINA.- Eso es lo interesante de la Historia: las circunstancias y contextos son tan variados que no podemos saber a ciencia cierta qué futuros nos esperan.

LINGUACUTA.- Puede que la Historia se repita, pero de manera diferente. Por eso está llena de sorpresas.

SAN PEDRO.- Sorpresas las que me he llevado viendo el poder que ha terminado adquiriendo el papado. 

LINGUACUTA.- ¿Acaso no tuviste poder durante tu reinado? 

SAN PEDRO.- ¿Cuál reinado? ¿Cuál poder? Terminé crucificado. De Nerón era el reinado. Además, en mis tiempos, las diferencias entre nosotros se resolvían llegando a algún consenso después de muchos debates.

LINGUACUTA.- ¿No eras tú el encargado de zanjar cualquier discusión entre cristianos?

SAN PEDRO.- Ya se los dije, no fui “sumo pontífice” de nadie. Hasta tuve que justificar varias veces mis actuaciones, como cuando convertí al centurión romano Cornelio, en Cesarea de Palestina, y mis hermanos de Jerusalén me reprocharon haber entrado en casa de incircuncisos y comido con ellos.[2]

SAN CLEMENTE.- En Antioquía, Pablo de Tarso te reprendió, por lo contrario: por no compartir su comida con los conversos “gentiles” que no seguían las prohibiciones alimentarias de los judíos.[3]

SAN PEDRO.- ¿Lo vieron? Mi autoridad no era absoluta. Pero mi martirio, y el de Pablo de Tarso, le dieron prestigio a la Iglesia romana. 

SAN CLEMENTE.- Y contribuyeron a hacer de Roma el centro de gravedad del poder papal.

SAN PEDRO.- Pero para eso se necesitó mucho tiempo. Durante tres siglos, ni yo ni mis sucesores fuimos considerados papas ni soberanos pontífices de toda la Iglesia. 

SAN CLEMENTE.- Eramos, simplemente, los obispos de Roma. Recuerden que en todas las ciudades del imperio, las comunidades cristianas se organizaban en torno a la figura del “vigilante” –episcopos en griego-, que asumía un liderazgo, pero local. 

LINGUACUTA.- Lo cual ya es un signo de institucionalización del naciente cristianismo.

SAN CLEMENTE.- Así es. Al irnos abriendo a personas de todos los orígenes, que seguían llevando una vida social normal, se requirió una organización creciente en torno a una jerarquía de sacerdotes y obispos, supuestamente herederos más directos de los carismas de Pentecostés.[4]

SOFROSINA.- He sabido que, aunque las comunidades nacientes estaban relacionadas entre sí, estos vínculos difícilmente podían institucionalizarse en una estructura única, centralizada y permanente, sobre todo en un contexto de precariedad que las obligaba a pasar de vez en cuando a la clandestinidad. 

SAN CLEMENTE.- Me haces pensar en las persecuciones en tiempos de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Yo mismo recibí la palma del martirio en el año 99, reinando Trajano.

SAN PEDRO.- La Iglesia de los primeros tiempos solo pudo federar pequeñas comunidades en gran medida autónomas entre sí, cada una con sus propias costumbres. Además, como las disputas no eran infrecuentes, las diferentes partes acostumbraban solicitar el arbitraje de comunidades vecinas más prestigiosas. 

SOFROSINA.- Me han dicho que, en esas circunstancias, la fuente de legitimidad era el concepto de “apostolicidad”, es decir, el hecho de que una comunidad pudiera remontar sus orígenes a los apóstoles o a sus discípulos directos.

SAN PEDRO.- De ahí la importancia para la Iglesia de Roma de hacer valer que yo había sido martirizado allí, lo que la convertía en “apostólica”.

SAN CLEMENTE.- No lo duden. La presencia de Pedro y Pablo en la “Urbs” contribuyó al rol de primer plano que, para fines del siglo I, ya tenía la Iglesia de Roma. 

SAN PEDRO.- Pero no se trataba de un centro de gobierno de toda la Iglesia. 

SAN CLEMENTE.- Hacia el año 95, escribí una larga carta a la comunidad de Corinto, que estaba dividida por las disputas. Sin embargo, no reivindiqué una superioridad jerárquica como si yo fuera la cabeza de la Iglesia en todas partes.

SAN PEDRO.- Supe, estando en Ultratumba, que tu carta tuvo gran repercusión pues, aún en el siglo IV, se leía en numerosas iglesias durante la liturgia. 

SAN CLEMENTE.- Ni siquiera escribí la carta en mi nombre, ni me atribuí título alguno. La escribí en nombre de la Iglesia de Roma, que se dirigía a una Iglesia hermana en términos de igualdad. 

SAN PEDRO.- Te cuento que un siglo más tarde, alrededor del año 180, el gran Ireneo de Lyon en su famosa obra Adversus haereses (Contra las herejías), seguía refiriéndose a mi persona simplemente como el obispo de Roma.

LINGUACUTA.- Díganme entonces, de una vez por todas, ¿cuándo se atribuyeron tus sucesores el título de “soberanos pontífices”? ¿cuándo se les subió el poder a la cabeza?

SAN PEDRO.- Hija mía, habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo IV. Fue Dámaso el primero en atribuirse el título de Pontifex maximus, después de que el emperador Graciano renunciara a esa dignidad pagana en el año 382. 

SAN CLEMENTE.- Y el sucesor de Dámaso, Siricio, será el primero en proclamarse Papa.

LINGUACUTA.- Menudo cambio con respecto a los humildes comienzos. ¿Qué fue lo que pasó?

SAN PEDRO.- El giro constantiniano, hija, el giro constantiniano. Eso lo cambió todo. 

SAN CLEMENTE.- Que te cuente esa historia el papa Silvestre, que conoció a Constantino. 

SAN PEDRO.- La sola mención del tal “giro” me perturba. Voy a calmar los nervios con una copa de “Lacrima Christi“. ¿Me acompañan?


[1]   Restaurar todas las cosas en Cristo.

[2]   Hechos de los Apóstoles, caps. 10 y 11.

[3]   Epístola a los Gálatas, 2, 11-14.

[4]   Hechos de los Apóstoles,2, 1-47.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre, 2025

Post scriptum. Me place compartirles que acaba de ser publicado en versión papel y en versión digital el tomo V de los Diálogos de Ultratumba. Se puede adquirir en Internet en la plataforma “Amazon”. 

Quien desee ver el prólogo del libro, lo mismo que algunas de sus páginas, puede hacerlo poniendo en el “buscador” de Amazon: Diálogos de Ultratumba, o, simplemente, Rodolfo de Roux.

14 Comentarios
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14 Comentarios

Alberto Echeverri 23 noviembre, 2025 - 6:40 am

Como de costumbre, excelente tu artìculo. Documentado, original y simpàtico.Y felicitaciones por el libro, recomendable urbi et orbi.

Respuesta
Rodolfo Ramon de Roux 23 noviembre, 2025 - 6:43 am

Gracias, amigo Alberto. Estoy a la espera de tu siguiente crónica.

Respuesta
Alberto Echeverri 23 noviembre, 2025 - 6:47 am

Conste que a pesar de su constantinismo (o debido a eso?) el buen Dàmaso es santo. Y que afortunadamente casi 2000 años despuès Francisco dijo en su primer saludo al ser elegido que sus hermanos obispos lo habìn elegido OBISPO DE ROMA: al fin un papa cristiano, comentè con muchos.

Respuesta
Rodolfo Ramon de Roux 23 noviembre, 2025 - 7:08 am

La elección de Dámaso fue bastante agitada. Una parte del clero romano se reunió en la iglesia de Santa María in Trastevere y eligió como obispo de Roma al diácono Ursino. Ursino, perseguido por el prefecto favorable a Dámaso, se alejó de la ciudad. En un momento dado, un grupo de agitadores partidarios de Dámaso irrumpió, al parecer con la aprobación de este último, en una reunión de los partidarios de su rival, provocando un centenar de muertos. Dámaso, que parecía gozar de mayor apoyo en Roma, pronto fue considerado, tanto dentro como fuera de la ciudad, el papa legítimo reconocido por el emperador. Pero la rivalidad continuó hasta la muerte de Ursino, unos ocho o nueve años después. O tempora, o mores! Tomo estos datos de la Historia de los papas escrita por el serio historiador jesuita John O’Malley.

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Gonzalo Cataño 23 noviembre, 2025 - 8:27 am

La historia de la Iglesia es un relato de “pecados”, de ambiciones materiales de “santos” padres arropados en lo “espiritual”. Que linguacuta y su amiga descubran más hechos para que nos narren lo que realmente sucedió (Ranke).

Respuesta
Rodolfo Ramon de Roux 23 noviembre, 2025 - 9:15 am

La impertinente Linguacuta ya le está jalando la lengua a Eusebio de Cesarea y a Silvestre para que hablen sobre Constantino.

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Zenayda Silva de Galindo 23 noviembre, 2025 - 9:01 am

Excelente escrito primer vez que lo leo y me encanto, gracias Stella Galindo por tan hermosa recomendación.

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Hernando+Bernal+A. 23 noviembre, 2025 - 9:21 am

Importante y admirable el conocimiento que tiene ustedes sobre la historia del papado. Gracias por compartirlo. Saludos.

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DARIO HERRERA MURGUEITIO 23 noviembre, 2025 - 11:50 am

Dr. Rodolfo donde consigo el Volumen I?. En Amazon encontre II,III y IV. Excelente noticia la del V volumen.

Respuesta
Rodolfo Ramon de Roux 23 noviembre, 2025 - 12:01 pm

Por el momento está indisponible. Cuando vuelva a estar a la venta lo comunicaré. Le agradezco su interés por los Diálogos.

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Alberto Echeverri 28 noviembre, 2025 - 12:19 pm

No hay seguridad històrica sobre SAN PEDRO como primer papa. De hecho, la màs antigua lista de papas comienza con SAN LINO (67-76). No aparece Pedro porque era un apòstol, categorìa superior a la de papa u obispo.
Hay que dejar constancia de que SAN DÁMASO, que tendrá predilección por la definición de Roma como Sede apostólica, competía en ambición por el obispado de Roma -no papado por entonces- con su rival Ursinio. Español el primero, romano el segundo, hubo revueltas entre los mutuos partidarios, con muertos incluidos. Ursinio era preferido por el clero fiel a LIBERIO , su predecesor; fue entonces elegido obispo de Roma. Pero el clero fiel a Félix II, un obispo designado para Roma por los arrianos, partidarios del emperador Costanzo en ausencia temporal de LIBERIO, eligió a DÁMASO, declarado siempre antiarriano. Los romanos revoltosos arengaron: “Un solo Dios, un solo Cristo, un solo obispo”. Reconocido finalmente DÁMASO (366-384) por el emperador, tendrá predilección por Roma como “sede apostólica” y ya no llamará a sus fieles “hermanos” sino “hijos”. Fue su secretario san Jerónimo, no solo autor de la Vulgata (texto bíblico oficial para los católicos romanos hasta mediados del siglo XX) sino también conductor de masas fiel a su obispo. San DAMASO, hoy patrono de los arqueólogos, fue el primer papa mecenas de los artistas.
Fue el buen INOCENCIO III (1198-1216), familia papal (tio fue Clemente III, predecesor de Celestino III, a su vez el de Inocencio; sobrino fue Gregorio IX, sucesor a su vez de Inocencio; sobrino politìco fue Alejandro III, elegido 15 aòos despuès de Inocencio) quien proclamò: “Nosotros somos el sucesor del prìncipe de los Apòstolesm pero no somos ni su vicario ni el vicario de cualquier hombre o apòstol. Somos el vicario del mismo Jesucristo” (Patrologia latina, 214-292). No olvidar que fue precedido tiempo antes por GREGORIO VII (1073-1085), canonizado por Pablo V en 1606, fiesta el 25 de mayo; autor de la “reforma gregoriana”, puso de rodillas delantre de èl a ENRIQUE II emperador. Y recordar que màs humildemente LEON III, al coronar emperador a CARLO MAGNO (800), besò la tierra delante de èl, un gesto reservado solo al emperador mismo.

Respuesta
Rodolfo Ramon de Roux 28 noviembre, 2025 - 1:01 pm

Alberto, gracias por tus precisiones que, sin duda, ayudarán a nuestros lectores a apreciar mejor la edificante historia de muchos papas.

Respuesta
Alberto Echeverri 28 noviembre, 2025 - 12:22 pm

Corrección: el emperador arrodillado delante de Gregorio VII fue ENRIQUE IV.

Respuesta
Marin Richard 12 diciembre, 2025 - 11:54 am

El papado: sin duda el mayor logro de una multinacional multimilenaria

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