El conflicto entre el estado de Israel (que no de los judíos) y los palestinos no empezó con la espantosa masacre cometida por Hamas hace dos años, ni va a terminar con el acuerdo de cese al fuego (que no de paz) impulsado por Trump. Sus raíces son mucho más antiguas y profundas y las consecuencias del genocidio se sentirán por generaciones.
El origen bíblico del conflicto
Para los sionistas, toda la Palestina le pertenece a Israel porque es la tierra prometida por Yahvé a Abraham hace más de tres mil años, después de hacerlo salir de su hogar en Ur de Caldea, tal como lo dice el libro del Génesis: “Aquel día firmó Yahvé una alianza con Abram diciendo: A tu descendencia he dado esta tierra desde el rio de Egipto hasta el rio grande, el Éufrates” (Gen. 15, 18).
Abraham se asentó pacíficamente en ese territorio, llamado entonces Canaán, pero sus descendientes tuvieron que abandonarlo y emigrar a Egipto donde fueron esclavizados. Moisés los liberó del yugo del Faraón y los guio 40 años en el desierto, pero fue castigado por Yahvé y no pudo entrar a la tierra prometida, solo pudo verla desde las montañas del Sinaí.
A su sucesor, Josué, le fue repetida la promesa: “Habló Yahvé a Josué y le dijo: les doy todo el territorio que conquisten como le prometí a Moisés. Desde el desierto y desde el Líbano hasta el río grande, el Éufrates, y al occidente hasta el mar Grande” (Jos. 1, 3-4). El único problema es que para entonces Canaán ya estaba habitada por miles de personas; por eso la promesa se refiere ahora a ”todo el territorio que conquisten”.
Y en esta ocasión el asentamiento no fue pacífico, como el de Abraham, sino que fue una conquista a sangre y fuego, un verdadero genocidio. Son terroríficos los textos del Antiguo Testamento que describen lo que hicieron los israelitas con los palestinos de esa época. Para la muestra un botón:
“Atacaron a Madián como había mandado Yahvé a Moisés y mataron a todos los varones. Los hijos de Israel hicieron cautivas a las mujeres de Madián y a sus niños, saquearon su ganado y todas sus pertenencias. Prendieron fuego a todos los pueblos en que vivían y a sus campamentos. (…) Moisés se enojó y les dijo: ¿por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres? (…) Maten pues a todos los niños varones y a toda mujer que haya dormido con un hombre” (Num. 32, 15-17)
Relatos tan espeluznantes como este se repiten varias veces, con matanzas donde no queda un solo sobreviviente, y el libro de Josué hace una lista de los 31 reinos que “fueron derrotados por los hijos de Israel y despojados de sus tierras en Transjordania, desde el río Arnón hasta el monte Hermón, incluida toda la Arabia oriental” (…) “Se apoderó Josué de todos aquellos reyes y de sus territorios en una sola ofensiva, porque Yhavé, el Dios de Israel, peleaba en favor de Israel”. (Jos. 10, 42)
Un anhelo de supervivencia que terminó en genocidio
Hoy se vive una situación similar a la que encontraron los israelitas al regresar de Egipto al descubrir que su tierra prometida ya estaba habitada. A lo largo de la historia, el pueblo judío ha sido sometido a violencias semejantes o peores, desde las invasiones de asirios y babilonios, la diáspora durante 20 siglos, hasta los 6 millones asesinados por los nazis en el holocausto.
Por eso es totalmente justificable su anhelo de volver a tener un territorio propio y defenderlo como garantía de supervivencia. Pero solo una minoría se aferra a los relatos bíblicos de la tierra prometida por Yahvé y solo unos extremistas, encabezados por Netanyahu, están dispuestos a repetir los métodos genocidas de Josué para conquistar el territorio palestino.
El conflicto reciente comenzó en noviembre de 1947, cuando la ONU aprobó la partición de Palestina en dos estados, uno judío con el 56% del territorio y el otro árabe. Antes de esa fecha la población árabe duplicaba a los judíos en Palestina, pero convivían en relativa paz.
En 1948 se dio la primera guerra entre los palestinos con el apoyo de los países árabes vecinos que no aceptaron la partición y los israelíes que tenían milicias bien organizadas con las que habían combatido a los ingleses para expulsarlos del territorio. El desenlace de este primer enfrentamiento fue la “Nakba” (catástrofe palestina): la destrucción de cientos de pueblos palestinos y el desplazamiento de más de 700.000 personas que desde entonces han vivido como refugiados sin país.
En 1958, 1957, 1973 se dieron tres guerras entre el naciente estado israelí y los países árabes que se negaban a reconocerlo. En todas venció Israel, lo que generó la admiración de toda una generación que veíamos la victoria del pequeño David lograba consolidar un estado que era el hogar de un pueblo perseguido durante siglos.
De nuevo el gran perdedor de estas guerras fue el pueblo palestino, pero pocos se preocupaban por su situación y los mismos países vecinos lo abandonaron. Además, los sionistas judíos seguían convencidos que todo el territorio palestino era la tierra prometida por Yahvé y continuaron invadiendo tierras y poblaciones palestinas.
En los años siguientes hubo masacres en campos de refugiados palestinos, como Sabra y Chatila, rebeliones (intifadas) que fueron reprimidas a sangre y fuego por los israelitas y surgimiento de grupos terroristas palestinos, como Hamas que tiene el control de Gaza desde 2008, que han mantenido ataques constantes contra poblaciones israelíes. El más sangriento y salvaje, el de octubre de 2023 con 1 200 muertos y 250 secuestrados, que no fue prevenido por el ejército israelí, aunque se sabía que iba a suceder.
La reacción del gobierno de Netanyahu ha sido un verdadero genocidio en Gaza: 70.000 asesinados, en su mayoría civiles inocentes, de los cuales 19.000 niños; 2 millones de desplazados; el 90% de la infraestructura de la franja demolida o inutilizada; hambruna y enfermedades por el bloqueo a la ayuda humanitaria. Las imágenes de la destrucción de Gaza después de los bombardeos israelíes son trágicamente similares a lo que quedó del gueto de Varsovia después de que los nazis lo incendiaran y arrasaran para sofocar la heroica rebelión judía.

Si Netanyahu y Hamas aceptan el cese al fuego se detendrá el genocidio y Hamas perderá el control de Gaza. Esta vez también Israel puede haber ganado la guerra, pero perdió la batalla moral pues pasó de víctima a genocida. Lo preocupantes es que el conflicto continuará alimentado por la ambición de los sionistas de ocupar todo el territorio y el dolor reprimido de los miles de niños que vieron cómo sus padres y familiares eran asesinados por un ejército invasor. Es urgente parar el genocidio, pero eso no garantiza la Paz; solo se alcanzará cuando todos acepten la existencia de dos estados.
Mauricio Cabrera Galvis
Publicado en la revista Cambio, Colombia


7 Comentarios
Aunque no veo claro en el artículo de Mauricio a quien o quienes considera genocidas, si nos remitimos a la definición de genocidio de la ONU “la intención deliberada de eliminar un grupo específico” parece que es el grupo Hamas, y no el estado de Israel, quienes llevan años siendo son los genocidas.
Finalmente, como dice Mauricio, la paz solo se alcanzará cuando todos acepten la existencia de dos estados, algo que no se ha logrado que acepten muchos de los vecinos de Israel.
Saludos
Eduardo, me había demorado en responder tu comentario sobre el genocidio en Gaza. Es cierto que hay una discusión sobre el uso del término genocidio, pero la mayoría de los estudiosos dl tema si consideran que lo que ha hecho el gobierno de Netanyahu es un verdadero genocidio. Por ejemplo este profesor judio experto en estudios sobre eo genocidio: Listen to Amos Goldberg an Israeli professor of Holocaust Studies = “https://www.linkedin.com/posts/garrett-w-2a913023_listen-to-amos-goldberg-an-israeli-professor-activity-7372013607385051136-J_VU.
De todas maneras, más allá de la cuestión semántica, creo que estamos de acuerdo en que es una masacre y un crimen de lesa humanidad, y que la única absolución posible es la de los dos estados.
Saludos y gracias por el comentario
Mauricio, muy realista tu artículo. La obra “El Judaísmo” de Hans Küng es muy valiosa para comprender el conflicto desde sus raíces y su evolución hasta nuestros días. Ofrezco hoy una reseña sobre la obra, que pongo a disposición del blog.
Vicente, muchas grscias por tu lectura. ¿Donde puedo ver la reseña del libro de Kung?
Mauricio, te adelanto a tu correo la reseña, que espero se publique pronto en el blog. Muchas gracias por tus artículos ilustrativos y orientadores.
Sale esta misma semana..
Un resumen interesante y valioso, que da luz sobre las raíces históricas y porque no decirlo, bíblicas, del conflicto. Habría que complementarlo, hoy, con los intereses geopolíticos de actores externos, no Israelíes, no Palestinos, que manejan otra agenda, la propia, que tiene un efecto adverso sobre la aceptación de la existencia de los dos Estados como condición para la paz.