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Configuraciones de la experiencia 

Por Vicente Alcala
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La experiencia tiene que ver con el sentido común y con la consciencia. Su expresión es “rara”, pero se puede aclarar; el tema es sencillo y práctico. 

Está uno leyendo para entender algo o escribiendo para expresar ideas, sentimientos, hechos… de pronto, cambia uno de actividad para arreglar una brilladora que dejó de funcionar.  

En la primera actividad se está en una configuración intelectual de la experiencia, mientras que, en la segunda, se pasó a una configuración práctica de la experiencia. En lenguaje actual, diríamos que se está “en modo…”  

En ambos casos se trata de expresiones que indican que una persona o cosa está operando bajo ciertas condiciones, características o comportamientos específicos. Por ejemplo: estar “en modo vacaciones” o estar “en modo trabajo” o cuando un celular se coloca “en modo avión”. 

Una sensación se configura con diferentes componentes. Una sensación implica un órgano de los sentidos, pero también una base corporal más amplia, como los movimientos corporales que la acompañan. Además, hay un control que organiza dichos movimientos. Sin ojos no se puede ver, pero cuando quiero ver, abro los ojos, vuelvo la cabeza, me acerco, agudizo la mirada…  

Al hablar de la consciencia, tenemos una corriente que no sólo involucra la sucesión temporal de contenidos diversos, sino también una dirección, una tendencia, un esfuerzo. Y esa dirección de la corriente es variable. En toda experiencia hay un factor inmanente que se puede nombrar como: conato, interés, atención, propósito. No es lo mismo querer escribir una novela que desear que la brilladora funcione. La atención, el propósito y los comportamientos son diferentes en cada uno de los dos casos.  

Se dice pues, configuración de la experiencia, porque confluyen varios factores que intervienen en cualquier experiencia determinada.  

En la experiencia humana, se pueden distinguir diversas configuraciones: una configuración biológica, una configuración estética, una configuración dramática, una configuración intelectual, una configuración económica, entre otras.  

La configuración de la experiencia puede ser temporal, pasajera, momentánea, pero puede adquirir un carácter más permanente, como el de una profesión, una ocupación, una dedicación o afición duraderas.  

Hay personas con una propensión, tendencia o inclinación práctica, ejecutiva, activa; hay otras personas con propensión artística o musical; algunas muestran una propensión intelectual. El temperamento, el ambiente familiar y social, la educación, los deseos, la personalidad, las necesidades externas e interiores influyen, entre otros factores, en la inclinación y dedicación de cada persona; sin que eso quiera decir que una misma persona no pueda combinar o realizar más de una vocación.   

Tampoco significa que una profesión, o dedicación humana sea más importante que otra; más valiosa, más necesaria, más privilegiada, más digna u honrosa. Esto es parte de la diversidad y variedad que requieren respeto, complementación y colaboración de unos con otros.  

Se debe evitar la “tentación” casi automática de ignorar o menospreciar a los otros por su ocupación, así como se minusvalora por la raza, el género, el nivel educativo, o la manera de pensar. 

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2024

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