Una educación para tiempos confusos

Por: Francisco Cajiao
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Sin una visión de lo que será el mundo dentro de treinta o cuarenta años no es posible saber la educación que necesitaremos, teniendo en cuenta las enormes transformaciones que se vienen dando en diferentes partes.

“La humanidad y el planeta Tierra están amenazados. La pandemia solo ha servido para demostrar nuestra fragilidad y nuestra interconexión. Ahora es necesario actuar urgentemente, de forma conjunta, para cambiar el rumbo y reimaginar nuestros futuros”.

Así inicia el documento Un nuevo contrato social para la educación, elaborado por la Unesco, tras dos años de trabajo durante los cuales la Comisión encargada consultó con más de un millón de personas y organizaciones de todo el mundo. Señala que no se pretende ofrecer un modelo de validez universal, sino un punto de partida para identificar transformaciones que ya se vienen dando en diferentes partes y para animar una conversación sobre asuntos fundamentales del futuro inmediato de todas las naciones.

Como todos los documentos que se producen en estos organismos, este intenta una visión positiva y esperanzadora, fundada en la posibilidad de que las naciones logren llegar a un gran acuerdo cuyo objetivo es reconstruir las relaciones entre nosotros, con el planeta y la tecnología, pero entre líneas hay un diagnóstico mucho menos optimista sobre los tres aspectos.

El recuento sobre el estado actual de la educación y los logros de los últimos cincuenta años muestra que no obstante los enormes esfuerzos mundiales que han logrado mejoras en los indicadores de escolarización primaria, persisten brechas enormes de calidad entre las regiones con mayores y menores niveles de desarrollo. Se dice que cerca de 60 % de los estudiantes de secundaria en países de renta media baja y baja abandonan los estudios antes de completar la secundaria. Eso puede explicarse, entre otras razones, por la escasa relevancia de los contenidos de aprendizaje, las dificultades económicas y la falta de adecuación de los métodos y procesos pedagógicos a las realidades de los jóvenes. Se trata de una dimensión ampliamente ignorada de lo que se ha denominado una “crisis de aprendizaje global”.

Los gobiernos parecen inmunes a estas realidades y prefieren seguir apegados a las estructuras y los currículos que se diseñaron a mediados del siglo pasado para otra sociedad.

Las líneas anteriores reproducen lo que dice el informe y es claro que ahí no hay optimismo ni esperanza. Esa crisis de aprendizaje global, así como los índices de repetición y abandono escolar, agravados por el largo confinamiento de la pandemia, están identificados y medidos hace décadas. Sin embargo, los gobiernos parecen inmunes a estas realidades y prefieren seguir apegados a las estructuras y los currículos que se diseñaron a mediados del siglo pasado para otra sociedad.

El capítulo segundo se titula ‘Perturbaciones y transformaciones emergentes’. Dice que sin una visión de lo que será el mundo dentro de treinta o cuarenta años no es posible saber la educación que necesitaremos, teniendo en cuenta las enormes transformaciones y diferencias que habrá en las familias, las comunidades, los países y las regiones.

Cada vez, la amenaza del desastre ecológico y la supervivencia de la humanidad pesarán más; los avances de la informática, la inteligencia artificial, la biotecnología y la robótica invadirán de manera creciente los hábitos cotidianos, los modelos de aprendizaje y la toma de decisiones; el crecimiento demográfico, las nuevas visiones de libertad y la fuerza de movimientos e identidades de diversa índole hacen más complejo el ejercicio del poder, y por efecto de todo esto, el mundo del trabajo se viene modificando de manera muy rápida, afectando la estabilidad de las personas, así como sus relaciones sociales.

El informe plantea todo este panorama de confusión, dejando abiertas muchas opciones de discusión y diálogo, pero lo que resulta claro es que gobiernos responsables no pueden seguir echando carbón a una caldera insostenible, cuya fecha de vencimiento expiró hace décadas. Mientras se gestiona el presente con sus urgencias y demandas, es necesario trabajar para un futuro que parece lejano, pero es el de los niños que hoy están naciendo.

Francisco Cajiao

Noviembre, 2022

1 Comentario

Jorge Luis Puerta Perez 18 noviembre, 2022 - 10:41 am

Cómo ayuda la visión de alguien que ha dedicado con pasión su vida a este tema, para entender lineamientos globales!!!

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