El jueves 6 de marzo tuvimos la idea de volver a encontrarnos para compartir un momento poético como el primero que tuvimos el año pasado. La particularidad fue que propusimos sacar algunos poemas del “baúl de los recuerdos” y nos llevamos muchas buenas sorpresas. En este blog iremos publicando a quienes en algún momento “cometieron” poesía, para el placer de todos.
De la época del Juniorado
I
Llegó el verano.
Los negros surcos
que se alistaron para la siembra
están sonrientes
y están maduros para la siega.
Los campesinos, agradecidos,
a Dios se acercan.
Y entre sus manos,
por azadones encallecidas,
con alegría llevan la ofrenda
de sus dolores, de sus trabajos
y sus tristezas.
Todo ha pasado.
Días sin lluvia que amenazaron
el fértil fruto de las cosechas,
mañanas frías en que la escarcha
con mano rígida
feroz asecha,
sin darse cuenta,
‒¿no le importaba?‒
que en sí llevase
aquel germen blanco
que ataca impune
a su débil presa.
II
Sembrar tan solo.
Sin que se sepa
si la semilla
que con fatigas
y con sudores hoy fue sembrada
y cubre la tierra,
mañana nazca
y entre los aires, sobre las otras,
surja derecha
mirando a un cielo
que alegre azule
su ágil belleza.
Sembrar sin ruido…
mientras los hombres
no se dan cuenta
de ese trabajo
que bajo lluvias y bajo soles
a diario quema.
Sembrar constante,
aunque los granos fructificados
no lo agradezcan,
o la ganancia de sus labores
jamás se vea.
Sembrar eterno
que allá en los cielos
perpetuamente
su paga tenga.
Abril de 1966.
Y de la época de Filosofía
Llega sin anunciarse en la recepción
Y no saluda a la secretaria.
Entra como Pedro por su casa.
Se infiltra como periodista acucioso
o como chisme,
como zapador o contraespía.
Nunca pide permiso la advenediza.
Si es requerida, no carga papeles.
Falsea su nombre
Si la expulsan, se ríe
y regresa de nuevo,
burlando todas las fronteras.
Se las sabe todas la indocumentada.
Se presenta a cualquier hora
y con cualquier motivo.
O sin motivo.
Creo que la llaman angustia.
Junio 1970
Algunos años después
Absurdo…
Como ser atropellado por la espalda
en una noche oscura,
por un carro sin luces
que, veloz en la noche
y silencioso,
avanza en contravía.
William Mejía

