¿Qué hemos hecho bien?

Por: Vicente Alcala
101 Vistas
thumb, hand, arm

Los dos últimos capítulos de Los ángeles que llevamos dentro, de Steven Pinker[i], intentan responder esta pregunta, en el supuesto comprobado de que la violencia ha disminuido y quizás en la actualidad estemos viviendo en la época más pacífica de nuestra especie. Invito a reflexionar sobre las tesis de Pinker, muy importantes para el presente y futuro del mundo y de nuestro país (estemos viviendo o no la época más pacífica de la historia nacional), con el propósito de avanzar hacia ese momento deseable. El razonamiento es que si la violencia ha disminuido, algo habremos hecho bien. ¿Qué ha sido?


En los capítulos 1 a 7 de Los ángeles que llevamos dentro, Pinker expone y demuestra cómo ha disminuido la violencia en la historia humana, hasta afirmar que vivimos quizás en la época más pacífica de la existencia de nuestra especie, a pesar de las percepciones contrarias y de los hechos que parecen contradecirlo. Lo importante es, no solo que los hechos de violencia han disminuido, sino que la mentalidad y la actitud generalizada son de rechazo y condena de las múltiples formas de violencia que históricamente se sufrían y toleraban: nuestra cultura está cambiando positivamente. 

El capítulo 8° lo dedica a estudiar los rasgos de la mente humana que empujan a la violencia, a la depredación, la dominación, la venganza y el sadismo. El capítulo 9° analiza los rasgos de la mente humana que, por el contrario, nos impulsan a la paz, como son la compasión, la equidad, el autocontrol y la razón. A los ángeles que llevamos dentro no los conocemos bien y, mucho menos, los dejamos actuar suficientemente: “los mejores ángeles interiores”. El autor resalta algunos impulsos o rasgos que pueden alejarnos de la violencia y orientarnos hacia la cooperación y el altruismo, y que explican, en parte, la disminución de la violencia, que ha evidenciado en los siete capítulos primeros del voluminoso libro de 1146 páginas. En síntesis, enuncio esos rasgos positivos:

La empatía (como preocupación compasiva) nos empuja a sentir el dolor de otros y a alinear sus intereses con los nuestros. El autocontrol nos permite prever las consecuencias de actuar siguiendo nuestros impulsos violentos y, en consecuencia, inhibirlos. El sentido moral consagra una serie de valores y normas que rigen las interacciones entre las personas, de manera que muchas veces reducen la violencia. La facultad de razonar nos permite liberarnos de posiciones miopes o apasionadas, reflexionar sobre el modo en que vivimos, deducir maneras en que podríamos mejorar, y guiar los mejores impulsos de nuestra naturaleza. Un cambio en el genoma es posible pues, en la historia reciente, ha hecho que el Homo sapiens haya evolucionado para volverse menos violento.

En el capítulo 10° y final, el autor trata de identificar las diversas fuerzas que han hecho descender la violencia, es decir, no ya los factores “internos”, sino las circunstancias “externas” que activan los rasgos humanos “pacificadores”. Algunas de estas fuerzas, aunque son importantes, no han actuado de manera sistemática, mientras que otras sí han ejercido un influjo positivo desde fuera.

Pinker afirma que las fuerzas históricas que han impulsado la pacificación son:

1. Los Estados y sistemas jurídicos, con el monopolio del uso legítimo de la fuerza, han podido calmar la tentación del ataque descontrolado, del impulso de la venganza y de las inclinaciones depredadoras y sádicas. 

2. El comercio es un juego de suma positiva, en el que todo el mundo podría disfrutar del gana-gana. El progreso tecnológico permite el intercambio de bienes e ideas en distancias cada vez mayores y entre grupos más grandes de socios; en consecuencia, las demás personas llegan a ser más valiosas vivas que muertas y dejan de ser blanco de deshumanización.  

3. La feminización es el proceso por el que las culturas respetan cada vez más los intereses y valores de las mujeres. Como la violencia es, en buena medida, un pasatiempo masculino, las culturas que dan poder a las mujeres tienden a alejarse de la glorificación de la violencia y de la subcultura juvenil desarraigada. 

4. La globalización de la alfabetización, la movilidad y los medios masivos de comunicación pueden inducir a la gente a valorar y adoptar la perspectiva de gente distinta y a ampliar su círculo solidario. 

5. El aumento del conocimiento y la racionalidad pueden inducir a las personas a reconocer la inutilidad de los ciclos de violencia y a rebajar el privilegio de los intereses propios sobre los de los demás; también permiten redefinir la violencia como un problema por resolver y no como un combate que hay que ganar.

Será muy valioso descubrir el paralelo de los rasgos (internos) y fuerzas (externas), analizados por el autor, con los paradigmas y principios de la Declaración de una Ética Mundial[ii] ‒de los mínimos universales‒ que permitirían una paz entre las naciones y entre las comunidades. 

Hace poco me dijeron que la propuesta de una Ética Mundial había colapsado; en realidad, tanto la ética mundial como la ética personal siempre están en peligro de colapsar, pero la propuesta de una ética mundial es totalmente vigente y de alguna manera la promueve también el papa Francisco.

Los paradigmas para una Ética Mundial, que promuevan la paz, son cuatro:

No hay paz entre las naciones sin paz entre las religiones.

No hay paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones.

No hay diálogo entre las religiones sin normas globales éticas.

No hay supervivencia de nuestro globo sin una ética global, sin una ética universal.

Esta ética universal es la mejor base de un ecumenismo global.

Los principios universales mínimos de una Ética Mundial son estos cinco:

• Cultura de la no-violencia y respeto a toda vida. “Respeta la vida – No matarás”.

• Cultura de la solidaridad y de un orden económico justo. “Obra con justicia y honradez – No robarás”.

• Cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrado y veraz. “Habla y actúa desde la verdad – No mentirás”.

• Cultura de igualdad de derechos y de la corresponsabilidad de hombre y mujer. “Respeten y amen, unos a otros – No harás mal uso de la sexualidad”. 

• Cultura del buen trato. Todo ser humano debe recibir un trato humano. “No hagas a los demás lo que no quieras para ti. Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti”. 

Resumiendo, los movimientos por la paz son: en pro de las mujeres, ecológico y ecuménico. Son fuerzas sociales que frenarán la violencia, crearán nueva actitud con respecto a la guerra y al desarme, a la colaboración entre hombre y mujer, a las relaciones entre economía y ecología, entre las confesiones cristianas y las demás religiones del mundo. Estos movimientos impulsan el rechazo a la violencia, al racismo y la discriminación. El movimiento por una Ética Mundial es otra de las cosas que hemos hecho bien.

¿Qué necesitamos todavía hacer bien en Colombia para disminuir la violencia? Es importante revisar ‒pensando en Colombia‒ los puntos expresados por Pinker: 

– Rasgos de la mente que impulsen hacia la paz en Colombia.

– Fuerzas históricas en Colombia que impulsan hacia la pacificación.

– Paradigmas para una Ética Mundial que promuevan la paz en Colombia.

– Principios universales mínimos de una Ética Mundial también válidos en Colombia.

Para concretar más las lecciones de esta obra, vale la pena, a nivel personal, examinar cómo están en nosotros los rasgos mentales enunciados; cómo adherimos a las fuerzas históricas “pacificadoras” y, con respecto a los principios mínimos de una Ética Mundial, cómo se alinean con ellos nuestros valores y actitudes.

Podemos ampliar también la pregunta inicial, cambiándola por esta: ¿qué bien he hecho?

Simplificando al máximo los principios éticos, el precepto básico es: “haz el bien y evita el mal”. Es más fácil evitarlo que hacer el bien, porque evitar el mal es como trazar una línea inferior que no debemos traspasar. En cambio, hacer el bien no tiene límite hacia arriba: siempre podremos hacer más. Por eso, la pregunta inicial ‒¿Qué hemos hecho bien?‒ podemos completarla y preguntarnos ¿Qué bien he hecho? y qué puedo hacer aún…


[i] Pinker, Steven (2018). Los ángeles que llevamos dentro: el declive de la violencia y sus implicaciones. Bogotá: Paidós.

[ii] Küng, Hans (2008). Ética mundial en América Latina. Madrid: Trotta. En 1993, el Parlamento de las Religiones del Mundo, en Chicago, suscribió la Declaración de una Ética Mundial. Desde 1995, la Fundación Ética Mundial viene promoviendo mediante sus tres pilares (investigación, formación y encuentro) la difusión y el cumplimiento de la idea de una ética mundial. 

Vicente Alcalá C.

Abril, 2021

5 Comentarios

Carlos Posada 27 abril, 2021 - 7:45 am

Gracias Vicente por tus comentarios sobre el libro de S. Pinker

Responder
Octavio Rodriguez 27 abril, 2021 - 10:11 am

Valioso artículo y que, en su segunda parte, puede tomarse como homenaje a Hans Kung, importante teólogo suizo, católico, quien murió el pasado 7 de abril de 2021, a los 93 años.

Responder
Dario Gamboa 27 abril, 2021 - 4:56 pm

Excelente articulo Vicente y de muchisima actualidad! Gracias por tus permanentes contribuciones que nos ayudan a reflexionar sobre nuestras vidas en el contexto de la sociedad que vivimos.

Responder
Hernando Bernal A. 28 abril, 2021 - 6:56 am

Vicente: muchas gracias por la síntesis del trabajo de Pinker con el sabio complemento de la Etica Mundial de Kúng. Que bueno poder estudiar y dialogar sobre estos asuntos y tratar de aplicarlos al caso Colombiano. Saludos

Responder
Dario Gamboa 28 abril, 2021 - 1:14 pm

Vicente: Comentario de John Arbeláez a tu articulo: (Lo colocó cuando tuvimos brevemente una interrupción de la sección de comentarios).Vicentillo, buenos días.

Oportuno y aleccionador el artículo de Vicente: Qué hemos hecho bien? que demanda la necesidad imperiosa de una
etica de mínimos como postula Adela Cortina, pero que en nuestro país parece estár bien lejos del horizonte nacional.

Muchas veces me he preguntado el porqué de nuestra cultura violenta y no sé si atribuirlo a nuestro mestizaje, a nuestra falta de educación, a las condiciones socioeconómicas de nuestro país, de ese país profundo a donde no llega el Estado con educación, salud, propuestas dignas de vida, o será nuestra historia de subyugación perpetua de las élites?

Ortega y Gasset afirmaba que todos somos morales, pero que unos están más altos de moralidad y otros más bajos de moralidad. A qué se debe que en nuestro país se vean tan abismales diferencias en moralidad? La corrupción de las élites cuyo mal ejemplo cunde por doquier será una de las causas?

Me sigo preguntando y creo que jamás encontraré una respuesta que me satisfaga…

Abrazos

JOHN

Responder

Dejar un comentario