Para nuestro blog de “Exjesuitas en tertulia” es siempre un orgullo que antiguos amigos o profesores nuestros que fueron, se animen a enviarnos sus producciones. Este es el caso de Gerardo Remolina, emérito profesor de filosofía y superior Jesuíta de muchos de nosotros. Agradecidos.
Nadie cuestiona la importancia y la necesidad imperiosa del diálogo para resolver conflictos o para llegar a acuerdos.
Conversatorio, Debate, Negociación y Diálogo
Universalmente suele proponerse como solución, el diálogo. La guerra de Rusia contra Ucrania, la de Hamás y Hesbolá contra Israel y viceversa; la del ELN o la segunda Marquetalia contra el estado colombiano; la del gobierno con los empresarios, la polarización, etc. etc., ciertamente podrían resolverse con el diálogo. Pero precisamente, el empleo casi universal de la “palabra” diálogo en estos casos, exige una adecuada comprensión de lo que ella significa, y saber distinguirla de procedimientos con los cuales se suele confundir.
Inspirado en la filosofía de Karl Jaspers sobre la comunicación existencial, me parece necesario precisar los conceptos de conversación, debate, negociación y diálogo. La “conversación” es un intercambio de experiencias, conceptos o actitudes personales sin un objetivo pretendido, fuera de pasar un rato agradable con los amigos o contertulios.
El “debate”, por el contrario, es una discusión (“discutere” =”sacudir ,“ventilar”) de ideas o de posiciones que pretende demostrar ante un auditorio, o un público determinado, la superioridad de uno de los participantes (persona o grupos). En el debate debe haber un “vencedor” y un “vencido” ¿Quién fue el vencedor: Trump o Harris?
La “negociación” es la medición de fuerzas entre dos negociantes o “negociadores”. En la negociación cada una de las partes busca sacar la mayor ventaja posible sobre la otra. En una negociación habrá un “ganador” y un “perdedor”: ¿Quién es el ganador o el perdedor? ¿Quién cedió más, el sindicato o la empresa? ¿El gobierno o la guerrilla?
El diálogo, por su parte, busca la “mutua comprensión y colaboración” de las partes en un “propósito compartido”. Pero el “diálogo auténtico” exige de los participantes un “compromiso ético previo” que consiste en escuchar al otro no solo con atención y respeto, sino buscando sinceramente comprender a fondo sus planteamientos, y estar en la disposición honesta de “cambiar el parecer propio” y asumir la verdad del otro, si sus argumentos son convincentes.
Lo anterior exige también exponer con todo su vigor la postura propia para hacerla comprender razonablemente. El diálogo (diá-logo) busca el mutuo enriquecimiento de los participantes; por esta razón, en el diálogo auténtico no hay un vencedor y un vencido, ni un ganador y un perdedor: los dialogantes serán ambos “ganadores y vencedores” porque los dos han salido mutuamente enriquecidos con la verdad del otro.
Jaspers ilustra la comunicación existencial con un par de imágenes; es un “combate amoroso” por la verdad y la autenticidad; es un “juego con las cartas abiertas sobre la mesa ”; más aún: ¨es un combate con “intercambio de armas”.
El extremo opuesto al “diá-logo” es el “monó-logo”, construido exclusivamente sobre la base de una ideología social, política, económica, religiosa o nacionalista etc., –“anacrónica” o “progresista-”, pero sin la colaboración de un pensamiento diferente, y por consiguiente sin la capacidad de la superación (“Aufhebung”) que proviene de la “dia-léctica (dia-leguein)” entre opuestos: como la de “el amo” y el “esclavo” según Hegel, que se va superando en forma de espiral, integrando siempre las fases anteriores.
El “monólogo” es el discurso ideológico propio de los gobiernos dictatoriales y tiránicos.
Gerardo Remolina Vargas S.J.
Octubre, 2024


5 Comentarios
Gerardo, bienvenido al blog y muchas gracias por la claridad de tu contribución: una cosa es la palabra diálogo, fácil de pronunciar y otra cosa es el diálogo auténtico, difícil de realizar; exige mutua comprensión y colaboración, escucha atenta y profunda, deponer los prejuicios y posiciones cerradas, exponer los motivos conscientes y descubrir los móviles inconscientes, compromiso eficaz con un bien común.
Excelente el planteamiento de Gerardo Remolina, muy propio de su brillante inteligencia por todos admirada.
Cuando habla del “diálogo” dice que se debe “est ar en la disposición honesta de “cambiar el parecer propio” y asumir la verdad del otro, si sus argumentos son convincentes”. Quizás me atrevería añadir que también se debería estar dispuesto a que, entre los dos, se descubra una nueva verdad, diferente de la que ambos tenían al iniciar el diálogo, y con la cual los dos, con sinceridad, se sientan ganadores.
Gracias, P. Gerardo por las distinciones tan claras y pertinentes en momentos de polarización y enfrentamiento como los que padecemos en la actualidad. Esperamos seguir contando con tus valiosos aportes. Saluds. Hernando
En una ocasión, en la universidad en la que trabajé por 30 años, tuve una una reunión bastante tensa con varios académicos, incluído uno con el que no esperaba ningún acuerdo. Sin embargo, en el momento más álgido de la reunión, le pedí a este profesor que me detallara bien su posición con respecto al tema sobre el que tratábamos, porque creí que si no lo entendía, no tenía piso para progresar en la búsqueda de un acuerdo. Recuerdo que , cuando él empezó a hablar, decidí poner mi contradicción en blanco y escuchar cada una de sus ideas y argumentos, con el efecto de que descubrí que su pensamiento no sólo se parecía al mío, sino que lo enriquecía lo suficiente para construir una decisión colectiva entre los asistentes sobre el asunto que nos había reunido. Ese día descubrí el significado de la palabra diálogo…
Un abrazo,
Arturo
Profesor fundador de la Univwersidad de los Llanos.
Como de costumbre en Gerardo, una reflexión serísima. Y muy precisa. No es posible sino estar de acuerdo con él y totalmente. Es mucho lo que muchos le debemos a ese hombre que continúa siendo testigo de un mundo tan distinto al que conocimos. Gracias, Gerardo, por tu persona toda.