Con más frecuencia de lo deseable, escuchamos en las noticias, contemplamos en los noticieros e incluso, registran los medios escritos, que determinada comunidad sin techo o tierra, en algún punto de la geografía nacional, resuelve tomar posesión de predios que en apariencia están abandonados o al menos sin propietario o sin cuidados manifiestos.
Siempre tuvimos la sensación de que, si bien el asunto daba voces de alerta, poco o nada nos preocupaba porque al parecer, no habría posibilidad alguna de que el fenómeno de “invasión de terrenos” afectara el predio familiar a catorce kilómetros antes de la cabecera municipal de Pacho, en una de sus veredas que se conoce con el nombre de La Cabrera, otrora zona de influencia de Rodríguez Gacha[1] y ahora convertida en paraíso terrenal por gracia y virtud de moradores de trabajo incansable, emprendedores de trato amigable que han establecido cierta cultura de respeto por lo ajeno y afecto por el terruño..
De seis meses a esta parte, nuestra heredad ha sido, sin consentimiento nuestro, invadida por una comunidad advenediza, un enjambre de abejas de la especie denominada “sin aguijón”, una de cuyas ramas es conocida como “abejitas del café” o también, “abejitas del naranjo”.
Tal como suele suceder por parecidas vías de hecho en predios del país, llegó nutrida comunidad de abejas sin aguijón hasta la canasta de orquídeas que pende del techo, en el porche, a la entrada de la casa; allí cuidamos la especie conocida como “banderita” (Masdevalia). Con la mayor tranquilidad, las “invasoras” empezaron a armar su cambuche al abrigo generoso de una muy fértil y prometedora orquídea a la espera, a veces eterna, de floración generosa.
La comunidad “invasora” fue tomando cada vez más terreno hasta el punto de adueñarse de casi toda la canasta y la orquídea empezó a manifestar deterioro suficiente como para tomar la decisión de ofrecerles, a quienes se ubicaron sin permiso, habitación aunque fuera provisional para evitar su ruina definitiva.
Hemos desarrollado buenas relaciones con vecinos y colaboradores en el entorno predial; uno de ellos que observó el estado ruinoso de la orquídea, al día siguiente se apareció con una pequeña caja cuadrada de madera de unos 20 cm de lado y otro tanto de altura que había fabricado la tarde anterior y ayudó con el “desalojo” de la comunidad que manifestaba su inconformidad invadiendo cabeza y manos de los intrusos con leves mordiscos, por no tener aguijón para defenderse; inesperado ejemplo de cómo recurrir a medios “disuasivos no violentos” en conflictos con agentes externos a la comunidad; de poco sirvió su “defensa” pues continuamos con el procedimiento, quedando advertidos para futuras intervenciones.
La recién llegada comunidad al predio familiar quedó instalada en su nueva “casa de interés social” y pronto pudimos observar que las “invasoras” ya con el consentimiento de los dueños del predio familiar, construyeron la puerta de entrada a la nueva mansión valiéndose de cera elaborada por ellas misas y diseñaron la puerta de acceso con dicho material para dejar ingreso por la pequeña abertura en forma ovalada que según parece, originó que en otros lugares las bautizaran como abejas “boqu´e sapo”.
Decidimos, entonces, hacerle seguimiento a las nuevas vecinas y ello nos permitió identificar varios rasgos de su “modus vivendi”, su “tradición ancestral”, su “hábitat”, su “cultura” o como quiera llamarse a la presencia y actividad de estas colonias de laboriosas polinizadoras de la vegetación circundante.
Los investigadores brasileños llevan la delantera en el estudio del comportamiento de las abejas sin aguijón y el Instituto Humboldt en Colombia identificó en 2020, al parecer en forma preliminar, 120 especies “nativas” de abejas sin aguijón y 40 de ellas estaban a cargo de 175 cultores de esa especie.
La observación permanente de nuestras “abejas nativas” nos está aportando valiosas enseñanzas sobre el manejo del medio ambiente y la forma como ellas, a la vez que se benefician de la vegetación circundante, devuelven a la misma la simiente necesaria para sobrevivir y multiplicarse en ciclos incansables de vida y muerte.
Puede que no se acomode del todo a mis “señoritas” que también les llaman así, pero me viene a la memoria el poema de Enrique Álvarez Henao a la abeja con aguijón; los dos primer cuartetos del poema en forma de soneto nos enteran del modo de pensar el vate bogotano cuya casa quedaba junto al actual templo de S. Francisco en el centro de la capital.
Miniatura del bosque soberano
Y consentida del vergel y el viento;
Los campos cruza en busca del sustento
Sin perder nunca el colmenar lejano.
De aquí a la cumbre, de la cumbre al llano
Siempre en ágil constante movimiento;
Va y torna cual lo hace el pensamiento
En la colmena del cerebro humano.
Nuestras nuevas vecinas establecen en donde lleguen, parámetros de convivencia social muy definidos porque son comunidades grandes que no pueden subsistir sin “orden perfecto” manifestado en procedimientos tan bien calculados que podrían convertirse en paradigmas y propuestas de comportamientos deseables para cualquier comunidad humana.
- Son comunidades numerosas porque necesitan de ellas para sobrevivir.
- Identidad. Todas las abejas sin aguijón gozan de “registro civil” en el que figuran como paratrigona paltata debiéndose añadir que son miembros destacados de esa mancomunidad de 120 especies registradas en Colombia en el año 2020.
- Mejoran sus viviendas. En posesión de su nueva mansión, se dedicaron a cerrarla por completo, no solamente para librarla de curiosos indeseables, sino también para mantener la temperatura interior, de mucha importancia para ellas.
- Sociedades complejas. Hormigueros, enjambres y avisperos albergan sociedades numerosas con alto grado de organización comunitaria.
- Conviven por virtud de un “orden justo”. Del “orden” surge la organización avanzada en estos reinos de los himenópteros.
- Organización avanzada. La distribución de tareas y responsabilidades comunales se da como si se enmarcaran en las líneas estructurantes de cualquier organigrama.
- Tienen jerarquías internas sin exclusión. Sin jerarquías parecería que la organización se hace inviable; abejas, hormigas y avispas las establecen con precisión.
- Respeto mutuo. Sin respeto no solamente desaparecen las jerarquías, sino que se destruye la convivencia social.
- La distribución del trabajo. La asignación de tareas y responsabilidades de estricto e irrenunciable cumplimiento sustentan la jerarquía y el respeto en las sociedades complejas. Se vuelven realidad las utopías en la naturaleza.
- Laboriosidad. “Manual de funciones” y “jerarquía” es la condición principal en el emprendimiento de la acción. Nuestras “señoritas” vecinas, abren la puerta de su casa hacia las 8 de la mañana y la vuelven a cerrar al atardecer; trabajan de sol a sol.
- Se nutren del medio ambiente. Abejas, avispas y hormigas se nutren de la naturaleza que prospera en su entorno con la ventaja de que no la destruyen
- No depredan. Pareciera que los productores de agroquímicos nunca se asomaran a la naturaleza para diseñar “operaciones rastrillo”; sólo hasta años recientes y todavía con timidez se explora el recurso a “expoliadores” naturales que, viviendo los unos de los otros, cumplen con el ciclo de vida natural de los seres vivos.
- Extractivas y retributivas. El accionar de este reino inmenso de los himenópteros es de naturaleza “extractiva”, pero retribuye los efectos de su trabajo con las bendiciones de la polinización que mantiene vivo el medio ambiente.
- Diligentes en su trabajo. Laborar es ley de la naturaleza susceptible de emprenderse con distintos grados de energía; las abejas sin aguijón lo realizan con evidente diligencia.
- Disuaden enemigos por medios no violentos. Sin aguijón, estas abejitas no tienen más opción que recurrir a medios disuasivos. Nuestras vecinas las “trigonas” muerden la piel que encuentren expuesta.
Por fortuna los investigadores han ido identificando y compartiendo las condiciones de vida dentro de estas comunidades de abejas sin aguijón que a la postre se convierten en ejemplo vivo y modelo, difícil de alcanzar, de convivencia social en comunidades numerosas. ¿Cómo serían nuestras familias, vecinos, colegas, barrios, veredas, municipios, departamentos, países y continentes si además de cuidar el medio ambiente, diéramos igual o mayor importancia a imitarlo
Jaime Escobar Fernández
Marzo, 2025
[1] Famoso narcotraficante de la zona, ya fallecido.


4 Comentarios
Jaime amigo, cual un nuevo Virgilio observas con cariño a las abejas que “recorren gándaras y selvas, cortan flores purpúreas y, en leve vuelo sobre el río, liban la flor del agua; y en tal sazón, no sé con qué dulzura, jovialmente, hacen sus celdas y sus hijos crían; en tal sazón, con arte no aprendido, amasan la cera virgen y estilan la miel tenaz”. Pero algo me queda por decir: ojalá todos supiéramos sacar tan sabias enseñanzas con solo mirar a las abejas.
Hermoso, ilustrativo y ejemplarizante el comentario que haces sobre tus visitantes e invasoras benéficas. Mucho que aprender. Gracias. Saludos
Excelente tu descripción de estas amables y maestras invasoras. Ojalá siguiéramos sus ejemplos.La Naturaleza siempre nos enseña.
Saludos
Jaime, muy poética tu descripción de las “invasoras” que ocuparon tu predio, sin permiso de las autoridades competentes.(autoridades competentes? mmm…) Como bien describes, ojalá algún día la especie humana se comportara como unos “verdaderos animales”. Mil gracias por tu sentido de hospitalidad con tan bellos seres.