¿El futuro de la sociedad y la sociedad del futuro? 

Por: Hernando Bernal Alarcón
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La distopía (3 de 3) *

Como señalé en un artículo anterior, la elaboración de la utopía de la sostenibilidad trae aparejada también la distopía de una transformación radical de la naturaleza humana, en razón del desbordamiento de los adelantos científicos que ha logrado la humanidad y su aplicación a la transformación del mismo ser humano. 

La elaboración de la utopía de la sostenibilidad está siendo trabajada y profundizada por la construcción y difusión de los conceptos de transhumanismo y poshumanismo. Es preciso señalar que el sentido de la distopía propio de estas dos tendencias se refiere principalmente al profundo riesgo que se corre con el fin del humanismo en sí mismo (es decir, la consideración propia del ser humano) y posiblemente ‒a la larga‒ con la desaparición de la humanidad como un todo. Es decir, se entiende la distopía como la utopía no deseada.

El transhumanismo tiene que ver con la potenciación del ser humano, no solo en lo que respecta al uso de sus sentidos corporales, sino también de su capacidad mental y su imaginación mediante el implante, remplazo y adecuación de órganos que no solo superen los deterioros producidos por la enfermedad y el envejecimiento, sino que sirvan para proyectar y ampliar la vida del hombre, como señalan algunos tratadistas, en busca de una vida más larga e, inclusive, con el logro de la inmortalidad.

El poshumanismo es una posición más audaz. Prevé la creación de una especie más-allá-del-hombre (cyborg), mediante la simbiosis entre lo biológico y lo tecnológico (biotecnología), que mediante la conjunción de los avances de la robótica y la inteligencia artificial, con el apoyo de la nanotecnología, supere las limitaciones actuales y permita la exploración física del universo. La mente, convertida en singularidad tecnológica, llega a ser un algo único y compartido por todos los seres, es decir, un ser en sí mismo, independiente de los individuos. Estos, a su vez, pueden guardar y transferir sus emociones y conocimientos al disco duro de esa matrix universal y recabarlos a nivel individual cuando se considere necesario (upload). 

No es solo una simbiosis máquina-individuo, sino la construcción de un espacio y un contexto que conjuga el concepto de “máquinas humanidad”; es decir, una visión diferente y compleja del humanismo que tiene efectos en la construcción de la institucionalidad social en lo referente a familia, grupos organizados, comunidades, creencias, valores, comportamientos, formas de organización democrática, trascendencia, religiosidad y todo lo que pueda concebirse o dejar de concebirse como vida y actitud o naturaleza humana. De ahí su característica como visión distópica, más que utópica. 

La pregunta de fondo no es si esta concepción es posible, sino hasta qué punto opere como un factor disruptivo y pueda influir en la desaparición de la humanidad. En el pensamiento innovador la disrupción ocurre cuando no solo se elaboran factores o condiciones de mejoramiento de una situación, sino cuando se crean nuevas formas de pensar, actuar y discurrir. 

Para muchos pensadores la distopía, es decir, el pensamiento utópico que se genera con las concepciones transhumanistas y poshumanistas, radica fundamentalmente en dos consideraciones: ¿serán dichas tendencias el fin de una visión humanística? O ¿servirán para fortalecer, ampliar y orientar el progreso de la humanidad en una forma nueva y diferente? 

En su dimensión conceptual estos cuestionamientos conllevan la consideración sobre el valor disruptivo de dichas concepciones, es decir, sobre su capacidad de transformar y posiblemente anular la concepción actual del hombre y de la humanidad. 

En un nivel de aceptación del transhumanismo es innegable el valor que tienen los adelantos de la biotecnología para suplir las necesidades y deterioros creados por las enfermedades, los accidentes y las circunstancias que afectan la vida del hombre. En el aspecto terapéutico sería inconcebible limitar o cuestionar el significado de dichos avances científicos. El aspecto limitante, para ser superado por la voluntad humana y por las políticas públicas, radica en la posibilidad que tendrían los miembros de los diferentes grupos sociales de acceder a dichos beneficios tecnológicos. ¿Se trataría de un privilegio o de un derecho?

Tema de mayor discusión ética y jurídica significa la posibilidad de la utilización de dichos avances científicos para potenciar el desempeño humano y la competitividad entre los sujetos en relación con comportamientos de poder y de diferenciación. En este segundo nivel de análisis es incuestionable definir las limitaciones que deberían imponerse para que los Estados y los grupos de poder pudieran crear situaciones de diferenciación biológica y comportamental mediante procesos de ingeniería genética en las decisiones sobre las generaciones futuras. Implica políticas colectivas a las cuales debería llegarse por consenso social y convergencia racional.

En el tercer nivel de análisis, la creación de una especie más-allá-del-hombre, tesis central del poshumanismo, para muchos es inaceptable. Es decir, se rechaza y se pone en cuestionamiento la sustitución del ser humano y sus capacidades por máquinas robóticas dotadas de inteligencia artificial, comportamiento autónomo y capacidad de reproducirse a sí mismas. Ahí más que un problema ético se da en realidad un desiderátum o una alternativa que pone en peligro la concepción misma de la humanidad. ¿Se trata simplemente de una posición “bioconservadora”, como han tendido a calificarla algunos que se consideran a sí mismos como “progresistas”? 

A partir de la clarificación de estos escenarios alternativos sobre el futuro de la sociedad podría  ocurrir que el futuro, especialmente cuando se piensa en lo que puede ocurrir a partir del año 2050, sea el de un planeta Tierra con la aparición de nuevos sujetos pensantes, algunos de los cuales serán fruto de construcción y/o generación biotecnológica, como resultado del uso de los avances científicos y de la manera como quieran y vayan a ser utilizados de acuerdo con el posicionamiento ideológico del transhumanismo y del poshumanismo. Esta es una decisión que corresponde tomar a la humanidad en conjunto, usando su racionalidad y su voluntad, como características propias del ser humano. 

En resumen, hay un alto nivel de duda y cuestionamiento sobre los resultados para la sociedad del futuro en razón de las diferentes posiciones que se tomen a nivel filosófico y político, y que pueden ser muy distintas según las características de los diferentes protagonistas que desempeñen un papel en la forja del porvenir de la humanidad. Lo que sí es incuestionable es que la sociedad del futuro será el resultado de las decisiones y de la voluntad humana y que, como fundamento de cada una de ellas, es necesario adoptar, tener y defender una posición ética sobre la base del reconocimiento de los valores propios del ser humano. Clarificarlos y respetarlos es la tarea que nos corresponde. 

Futuros previsibles: una nueva dimensión

Las ideas expuestas conducen a una última consideración. Hablar de futuro de la humanidad en singular parece no ser lo correcto. Preferiblemente, debe hablarse de futuros, en plural, señalando con ello la multiplicidad de tendencias y, por lo tanto, los resultados complejos y variados que pueden ocurrir por la interacción de los factores que intervienen en su realización, por la superación de los problemas que afectan al hombre actual y por la dirección y uso de las oportunidades que están a su alcance. 

La tarea para asegurar la sostenibilidad en sus múltiples concepciones tiende a ser performativa, es decir, a concretarse en programas realizables y medibles, con esperanza de éxito. En esta concepción performativa, la utopía de sostenibilidad propia del siglo XXI pretende estos logros: 

• Sostenibilidad de las instituciones y adelantos de la sociedad moderna, mediante políticas gubernamentales que favorezcan el desarrollo e implementación de programas y proyectos, y los servicios que prestan. 

• Sostenibilidad ecológica para el mantenimiento del capital natural, es decir, para vivir dentro de la capacidad productiva del planeta. 

• Sostenibilidad económica mediante el desarrollo de la capacidad de los países para administrar sus recursos y generar rentabilidad y consumo, de manera responsable, circular y en el largo plazo. 

• Sostenibilidad social mediante el favorecimiento de la equidad, la inclusión, la salud, el bienestar y la participación social en un ámbito democrático y mediante el aprendizaje para el manejo constructivo del conflicto. 

• Sostenibilidad empresarial, entendida como la capacidad de realizar las actividades productivas a nivel competitivo, durante un tiempo prolongado, teniendo en cuenta criterios sociales, económicos y ambientales.

Por su parte, la visión de una humanidad transformada y potenciada en sus condiciones naturales y biológicas, como resultado de los adelantos en biotecnología, nanotecnología e ingeniería genética tiene como premisa un acento disruptivo, de efectos imprevisibles. 

Para vislumbrar efectos previsibles dentro de esta dimensión disruptiva sería necesario elaborar respuestas para estas preguntas:

  • ¿Convendrá imponer límites al desarrollo del conocimiento?
  • ¿Podrán marcarse fronteras para la investigación?
  • ¿Podrán estipularse regulaciones para la implantación de las tecnologías en el cuerpo humano?
  • ¿Deberían establecerse mecanismos para la difusión del conocimiento y para el acceso a los avances tecnológicos, de suerte que beneficien a toda la humanidad?

En función de la potenciación del ser humano, si bien ya se ha señalado sus posibles

limitaciones éticas, en vías de su justificación valdría la pena preguntarse si se considera la potenciación del ser humano como un factor que ayuda (o desfavorece) el incremento de la capacidad de la humanidad para resolver problemas humanos relacionados con calentamiento global, defensa ecológica, solución de la pobreza y las desigualdades, equidad y justicia social, violencia, corrupción, etc.

Responder estas preguntas significa asumir una tarea en función de posibles futuros, entendiendo como tales el futuro de la sociedad actual con sus características, dimensiones y limitaciones y la posible sociedad biotecnológica del futuro en su dimensión alternativa de convivencia entre dos posibles especies humanas.

Bibliografía

Esta bibliografía corresponde a este y a los dos artículos anteriores:

Attali, Jacques (2006). Breve historia del futuro. Barcelona: Paidós.

Agustín de Hipona (2008). La ciudad de Dios. México: Porrúa.

Bacon, Francis (1902). Novum Organon. New York: Colliers & Son.

Bernal, Hernando (2017). Utopía y transformación cultural. Bogotá: UNAD.

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Este texto forma parte de los documentos que se prepararon para la participación de la Asociación Colombiana de Universidades ASCUN para su intervención en la III Conferencia Mundial de Educación Superior de la Unesco. Esta conferencia, reunida en Barcelona en mayo de 2022, tuvo por objeto reformular las ideas y prácticas de la educación superior para garantizar el desarrollo sostenible del planeta y la humanidad.

Hernando Bernal Alarcón

Julio, 2022

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